13 de octubre de 2012

Llevar a nuestra vida la Palabra de Dios







Sábado XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,27-28

“En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan’”.

COMENTARIO

Los que vivían con Jesús atribuían lo bueno que hacía a su propia familia. Era la forma de proceder del pueblo elegido por Dios pues tenía la costumbre de creer que lo bueno y lo malo que a una persona sucedía tenía relación directa con lo que hubieran o no hecho los suyos.

Jesús pone las cosas en su sitio. Una cosa es que la familia haya podido influir en el proceder de una persona pero otra muy distinta es la consideración que Dios tiene del ser humano. Hay, por eso mismo, que escuchar, querer escuchar, la Palabra de Dios para poder decir que se es dichoso.

También es necesario hacer algo más. Quien escucha la Palabra de Dios pero no lleva a su corazón lo que escucha no hace grandes cosas por sí mismo pero tampoco las hará por el prójimo porque no acaba de asumir lo que el Creador quiere que se haga y lleve a cabo. En tal caso no es dichoso sino todo lo contrario.

JESÚS,  los que te siguen han de comprender que no importa decir que se te sigue sino que, en efecto, se te sigue si se hace lo que dices que es lo mismo que decir que es hacer lo que Dios quiere que hagamos. Pero nosotros no solemos hacer tal cosa.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2012

María, pilar de la Fe


 






Para los cristianos y, en concreto los católicos, tenemos en mucho a la Madre de Dios y la amamos de una forma por la que, muchas veces, se nos tilda de exagerados. Sin embargo, bien sabemos que todo el amor que mostremos por María, la Virgen Santísima e Inmaculada, será poco.  

¿Por qué hacemos esto?

Dijo el Beato Juan Pablo II, en su último viaje a España, al despedirse, que nuestra patria es, en efecto, “tierra de María”. Y lo es porque aquí se nos ofreció la Madre como Madre y la aceptamos como Madre al igual que hiciera el discípulo Juan al pie de la cruz.

Tenemos muchas razones para tener a María como pilar de la Fe que tenemos. Las mismas tienen mucho que ver con lo que aquella joven judía ha sido para millones de creyentes, es para millones de creyentes y será para millones de creyentes.

Por ejemplo, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium (LG), dice en su número 58, que “La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)”.

Por tanto, la Virgen María nos antecede en la voluntad de seguir a Cristo y es, así, ejemplo de perseverancia y de sufrimiento aceptado por la gracia de Dios. Es, digamos, un espejo donde mirar lo que quien cree en el Creador puede llegar a llevar a cabo y a sentir en su corazón.

Pero, por su parte, el Catecismo de la Iglesia católica, nos dice que María es nuestra Madre en el orden de la gracia porque (967) “Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es ‘miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia’ (LG 53), incluso constituye ‘la figura’ [typus] de la Iglesia (LG 63).”

Si procuramos, pues, imitar a María haremos todo lo posible para mantener nuestra fe y creencia en Dios y para ser, con el prójimo, caritativos en extremo. Así la tomaremos como lo que es: icono de esperanza en Cristo.

Dice, por otra parte, Horacio Bojorge, S.J. en “La Virgen María en los Evangelios” (editado por la Fundación Gratis Date)  lo siguiente:

“Se comprende así lo bien fundada en la Sagrada Escritura que está la contemplación eclesial de la figura de María como nueva Eva, esposa del Mesías y Madre de una humanidad nueva de Hijos de Dios. En efecto, en la tradición de la Iglesia se ha interpretado que en el apelativo Mujer está la revelación de grandes misterios acerca de la identidad de María. Por un lado, se ha reconocido en ella a la Nueva Eva que nace del costado del Nuevo Adán, abierto en la cruz por la lanza del soldado. Como nueva Eva ella celebra a los pies de la cruz un misterioso desposorio con el Nuevo Adán, que la hace Esposa del Mesías en las Bodas del Cordero. Allí por fin, Jesús la hace y proclama Madre, parturienta por los mismos dolores de la redención que fundan su título de corredentora. Madre de una nueva humanidad, de la cual Juan será el primogénito y el representante de todos los creyentes.”

Vemos, pues, que María no es, con serlo, una mujer sin más sino que es la que suscita en Dios un amor tal que, por su intervención, entró la salvación al mundo al decir sí a la petición del Ángel Gabriel y, luego, al dar a luz a su Hijo Jesús. Madre, como bien dice el P. Bojorge, de una humanidad que ya no es la pecadora sino la limpia de pecado y la que hace un nuevo pacto con  Dios.

María es, también, mediadora como reconoció Pío XI en el número 15 de su Carta Encíclica “Miserentissimus Redemptor” (8 de mayo de 1928) al escribir que “Nos, confiados en su intercesión con Cristo, que siendo el ‘único Mediador entre Dios y los hombres’ (52), quiso asociarse a su Madre como abogada de los pecadores, dispensadora de la gracia y mediadora” o como, por ejemplo, deja dicho la Constitución citada arriba Lumen Gentium (62) cuando dice que “Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”.
María es, pues, mediadora y como tal es pilar de una creencia que la tiene como apoyo espiritual al que dirigirse en los momentos de tribulación como muy bien nos recuerda el Santo Rosario en las Letanías que dedica a la Theotokos desde que así fuese llamada en el Concilio celebrado en Éfeso en el año de Nuestro Señor de 431.

María, pilar de la Fe; María, pilar de la creencia en  Dios Todopoderoso, en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo, ruega por nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

Estar con Cristo




Viernes XXVII del tiempo ordinario


Lc 11, 15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.

COMENTARIO

Para aquellos que no estaban de acuerdo con lo que decía y hacía Jesús toda persecución contra su persona estaba justificada y todo intento de hacerlo que dar mal también lo estaba. Con preguntas, por ejemplo, que pudieran ponerlo en evidencia.

Jesús, sabe, sin embargo, más que nadie. En realidad lo sabe todo porque es Dios mismo. Por eso Cristo expulsa demonios con el poder del Creador y por eso mismo debían estar con Él y no contra Él. Ellos que, como muy diría después el Hijo de Dios, no sabían lo que hacían.

La tentación de hacer el mal y no seguir el bien puede, sin embargo, rechazarse. Cuando se es capaz de volver la cara a lo que se propone que no es bueno sino malo para nuestra vida, se gana al Mal y se hace lo mejor para el Bien. Ahora bien, si no hay rechazo total y absoluto es más que probable que la tentación acabe prevaleciendo.


JESÚS, los que te persiguen buscan hacerte daño pero los conoces muy bien y por eso les planteas lo que, de verdad, es importante para ellos. Nosotros, sin embargo, aún sabiéndolo ya, hacemos como si no te conociéramos.




Eleuterio Fernández Guzmán


11 de octubre de 2012

Amor se escribe con mayúscula







Durante el rezo del Ángelus del domingo 26 de septiembre de 2010, Benedicto XVI dijo que “¡Sólo el Amor con mayúscula da la verdadera felicidad!” dando a entender que hay, por decirlo así, dos tipos de amor: el ordinario y el extraordinario que bien podemos escribirlo, por lo que supone y por lo que es, con mayúscula.

La letra mayúscula, llamada también capital, se utiliza, como bien sabemos, en ocasiones diversas. Una de ellas es la que privilegia el sentido de lo que se quiere decir por el que lo es común u ordinario. Así, cuando hablamos de Amor, con mayúscula ¿qué queremos decir o a qué nos referimos?

Al fin y al cabo, el Amor bien se puede expresar a través de lo escrito, en el número 969 de Camino por S. Josemaría: “Los que, dejando la acción para otros, oran y sufren, no brillarán aquí, pero ¡cómo lucirá su corona en el Reino de la Vida! -¡Bendito sea el ‘apostolado del sufrimiento’!”.

Por tanto, vemos que el Amor, expresado como dolor y expresado como sufrimiento por otros hermanos (todos somos hijos de Dios) es buen ejemplo de lo que tal expresión puede llegar a ser.

Pero el Amor también se vive de otras formas.

Por ejemplo, es servicio a los demás que nos libera de nuestros egoísmos y encauza, nuestra vida, por la senda recta y comprometida que nos lleva al definitivo reino de Dios. Servicio que con Amor se hace, seguro que es recompensado por Dios cuando llegue el momento oportuno que sólo Él conoce y sabe.

Pero, sobre todo, lo que entendemos como Amor es, propiamente, el amor de Dios que, como extensión, aunque sea mínima del mismo, expresamos sus criaturas o creación.

Así, tal Amor es:

-Misericordioso.

-Comprensivo.

-Perdonador.

-Bondadoso.

-Cercano.

-Abierto.

-Liberador.

-Ejemplo de franqueza porque no engaña sobre lo que supone considerarse hijo suyo.

Y así hasta una, seguro, innumerable relación de formas a través de las cuales se manifiesta el Amor de Dios, Padre que, no conforme con crearnos, nos dio libertad para no amarlo que es una forma de Amor llevada hasta el extremo.

Bien podemos decir, al respecto de lo minimamente escrito aquí, que el Amor de Dios es, por eso mismo, Caridad en estado puro, esencia que debemos tratar de captar si es que, acaso, pretendemos que se nos vea como lo que somos: descendencia Suya y, entonces, herederos de Su reino del que tantas veces nos alejamos con nuestros egoísmos y amores en minúscula consideración humanizada.

Siempre, sin embargo, ante nuestras tribulaciones y caídas en manos del Maligno, sabemos que nos socorre el Amor, el verdadero Amor, aquel que, naciendo de Dios acogemos en nuestro corazón.

Y como expresión del Amor, María, que, con su Fiat supo decir sí a Quien la buscaba. Vayamos, pues, de la mano de la Madre de Dios hacia donde nos llama el Padre, Amor.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Pedir y ser escuchados


Jueves XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,5-13

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

‘Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!’”.

COMENTARIO

Es cierto que aquellos que seguían a Jesús podían tener algo de miedo si sabían que se podían dirigir a Dios de una forma directa y no, seguramente, como antes lo hacían en su religión judía. Por eso Jesús insiste en la cercanía que deben tener con el Creador.

Jesús dice y, por lo tanto, dice Dios, que hay que pedir y que, pidiendo, se obtiene lo que se pide. Sin embargo, no se puede pedir de cualquiera manera y sin tener en cuenta el amor que se le debe, de deber grave, a Quien nos ha creado. Se pide, por lo tanto, con confianza y, así, con fe.

Hay, también, que llamar a la puerta de Dios para que nos deje entrar. Y esto porque no hay que adoptar una actitud de pasividad. Muy al contrario… hay que pedir y buscar porque pidiendo y buscando se demuestra que se tiene en cuenta al Creador y que por eso le buscamos.


JESÚS, pedir y llamar a la puerta de tu Padre es la mejor forma de demostrar que sabemos que existe y que, por eso mismo, sabemos que nos escucha. Nosotros, sin embargo, solemos hacer como si nos escuchara.




Eleuterio Fernández Guzmán


10 de octubre de 2012

Padre Nuestro


Miércoles XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,1-4


“Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’".



COMENTARIO

Señor, enséñanos a orar

Los discípulos de Cristo le piden al Maestro que les diga cómo dirigirse al Padre porque no les servía con lo que, hasta entonces, tenían. Ahora están seguros de poder mantener una relación más directa con Dios y así se dirigen a Jesús.

Cuando oréis

Jesús sabe que Dios no gusta de oraciones entretejidas con exceso verbal. Le basta con una serie de peticiones que dirigimos al Creador para manifestar que le amamos y que estamos con Él siempre.


Dirigirse a Dios

El Creador siempre espera nuestra atención y si la misma se traslada a través de la oración, es el Padre que, atento, está a lo bueno de los hijos y olvida lo malo. Dirigirse a Dios es garantía, a su vez, de ser escuchado.



JESÚS,  nos enseñas a dirigirnos al Padre con una oración en la que le pedimos mucho y mucho esperamos del Creador. Sin embargo, ¡cuántas veces no cumplimos con la parte que nos corresponde!



Eleuterio Fernández Guzmán


9 de octubre de 2012

Ser Marta o ser María




Martes XXVII del tiempo ordinario


Lc 10, 38-42


“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.


COMENTARIO

Los cristianos tenemos muchas de comportarnos con arreglo a la fe que decimos seguir. Hacer lo que Dios quiere que hagamos o, por el contrario, mirar para otro lado como si, en realidad, poco nos importara que el Creador crea que lo debemos hacer es lo mejor para nosotros.

Marta trabaja mucho. Es, en tales momentos, mujer entregada al prójimo que, en cierto sentido, la necesita y ella se entrega haciendo lo mejor que puede en tal momento. Sin embargo, se olvida de lo más importante que es, precisamente, escuchar a Jesús.

María, sin embargo, parece que no hace nada por el prójimo. Sin embargo está llenando su corazón con lo mejor que es escuchar al Señor. Dice, además, Jesús, que lo que hace María no le será quitado porque demuestra creer en Él de una forma preferente a las cosas del mundo.


JESÚS, cuando decimos que somos discípulos tuyos  queremos dar a entender que hacemos según es tu voluntad. Sin embargo, muchas veces, tristemente, lo hacemos más que nada para aparentar que te seguimos pero mirando demasiadas veces hacia atrás.




Eleuterio Fernández Guzmán


8 de octubre de 2012

Hacer el bien



Lunes XXVII del tiempo ordinario

Lc 10,25-37

“En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: ‘Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’. Respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo’. Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás’.

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’. Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’. Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’".

 

COMENTARIO

Era lógico que aquellos que perseguían a Jesús para apartarlo de la vida pública le planteasen pruebas para ver qué respondía y, así, si consideraban que no respondía conforme a la ley humana judía, acusarlo ante las autoridades. Pero Jesús era mucho más inteligente que ellos.

Lo hecho por aquel samaritano que socorre a quien, según se pensaba entonces, no podía quererlo, era el ejemplo que mejor podía poner Jesús para que aprendiesen, en aquellas otras carnes, qué era la caridad que se debía tener, sobre todo (otra cosa no tiene mérito alguno) con quien no se quería.

Todos los presentes saben, al parecer, la parte teórica de aquello que contaba Jesús. Tenían claro que lo bueno y el bien hacer era socorrer a quien lo necesitaba. Sin embargo, no parecía que hiciesen lo mismo y lo esperable era que en sus vidas ordinarias despreciaran a quien no era de los suyos.



JESÚS,  seguirte supone, además de conocer la Ley de Dios, algo que muchos en tu tiempo no llevaban a cabo: cumplirla. Muchos predicaban pero no daban trigo que es la forma en la que, demasiadas veces, nos comportamos contigo.



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de octubre de 2012

Esto es lo que quiere Dios





Domingo XXVII (B) del tiempo ordinario

Mc 10,2-16

“En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’. Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él». Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos".


COMENTARIO

Las leyes que hacen los hombres no suelen ser, ni mucho menos, las que cumplen la voluntad de Dios. Es más, la mayoría de las veces se alejan tanto de la misma que la  impresión de que nunca han sabido que existe una norma que está por encima de las humanas.

Dice Jesús que lo que Dios une no lo puede separar el hombre. Por eso se extrañan aquellos que le preguntan acerca de que sí pueden separarse, gracias a Moisés, aquellos hijos de Dios. En efecto, así es pero es por la dureza del corazón de aquellos que se sabían pueblo elegido por el Creador.

Es más, Jesús pone muy por encima de la consideración que entonces tenían los niños a los pequeños. Ser como niño que tiene a su padre como alguien que siempre le defenderá ante la adversidad es una forma de comportarse con confianza y, en realidad, como Dios quiere. Por eso quien no actúe como un niño no entrará en el definitivo Reino de Dios.


JESÚS,  aquellos que te siguen tienen que comprender que la ley de Dios no es la que ellos, muchas veces, creen que es sino otra muy distinta. Pero eso, otras tantas veces, no nos conviene a nosotros y miramos para otro lado.



Eleuterio Fernández Guzmán


6 de octubre de 2012

Entender lo que dice Jesús



  
Sábado XXVI del tiempo ordinario

Lc 10, 17-24

”En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’. Él les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos’.

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’”.

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

Aquellos que envió Jesús para que llevaran la Palabra de Dios al mundo conocido regresan gozosos de haber realizado la misión para la que habían sido elegidos. Jesús sabe que ha sido Dios quien ha hecho aquello por haber revelado lo bueno a los más pequeños.

Jesús revela algo que es muy importante: no está allí para no hacer nada sino para cumplir la misión que Dios le ha hecho cumplir. Sólo Cristo conoce al Creador y, así, quien acepte a Cristo aceptará también a Dios.

Sabe Jesús que lo que está diciendo es de mucha importancia y por eso trata de hacerles entender que han de creer en lo que dice porque muchas generaciones han querido verlo y, queriendo de verdad, no han podido. Es una oportunidad que no podían perder.



JESÚS, los que vieron en el tiempo que tuviste una vida pública no alcanzaban a entender lo que les decías. Sin embargo, incluso ahora hay muchos de nosotros que no acabamos de llevar a nuestro corazón tus palabras.




Eleuterio Fernández Guzmán


5 de octubre de 2012

Rosario Santo

 






Cada mes de octubre nos trae a la memoria, por si acaso lo hubiéramos olvidado (que de todo habrá), una oración muy especial que tiene como causa el recuerdo de muchos pasajes de la vida de Jesucristo y de su Madre María.  

El Santo Rosario es un remedio espiritual, instrumento divino, muy bueno para, por ejemplo, evitar la tibieza en la que nos hayamos podido instalar por conveniencias particulares. Por eso en el mes de octubre cobra un valor aún más importante del que ya tiene.

En “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario” dice, San Luis María Grignion de Montfort que los beneficios del Santo Rosario son, a saber, que:
1- Nos eleva gradualmente al perfecto conocimiento de Jesucristo.
2- Purifica nuestras almas del pecado.
3- Nos permite vencer a todos nuestros enemigos.
4- Nos facilita la práctica de las virtudes.
5- Nos abrasa en amor de Jesucristo.
6- Nos enriquece con gracias y meritos.
7- Nos proporciona con qué pagar todas nuestras deudas con Dios y con los hombres, y finalmente, nos consigue de Dios toda clase de gracias.
Por su parte, en sus apariciones en Fátima, al respecto del rezo del Santo Rosario, hizo ver la Madre de Dios lo siguiente:

Primera Aparición – 13 de mayo de 1917:

Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra.

Segunda Aparición – 13 de junio de 1917:

Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene y que recéis el Rosario todos los días.

Tercera Aparición – 13 de julio de 1917:

Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene, que continuéis rezando el Rosario todos los días a Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella puede obtenerlo.

Cuarta Aparición – 15 de agosto de 1917:

Quiero que continuéis yendo a Cova da Iria en los días 13 y que continuéis rezando el Rosario todos los días.

Quinta Aparición – 13 de septiembre de 1917:

Continuad rezando el Rosario para alcanzar el fin de la guerra.

Sexta Aparición – 13 de octubre de 1917:

Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor, que soy la Señora del Rosario, que continúen siempre rezando el Rosario todos los días.

Vemos, pues, que la Santísima Virgen María mostraba un gran interés por hacernos ver que el Santo Rosario es muy importante para la vida de un hijo de Dios y, así, de un hijo suyo.

Y, por su parte, San Pío de Pietrelcina, nos dice (en su Testamento Espiritual): “Este es mi testamento y mi herencia: ‘Amad a la Virgen y hacedla amar. Rezad siempre el Rosario’” porque entendió, a lo largo de su gozosa y sufriente vida, que acercarse de tal manera a Jesús y a María sólo podía tener buenas consecuencias espirituales.

También San Josemaría, en el prólogo de su “Santo Rosario” nos dice que “Como en otros días —¡Lepanto!—, ha de ser hoy el Rosario arma poderosa, para vencer a los enemigos de la Santa Iglesia Romana y de la Patria”.

Y es que, en realidad, saber que María está en cada oración que le dedicamos y que Jesús está en cada momento del rezo del Santo Rosario, deberían ser razones más que suficientes como para que nunca se nos cayese de las manos pero, sobre todo, del corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Análisis Digital

Estar a lo que Dios quiere




Viernes XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,13-16

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.


COMENTARIO

Jesús sentía mucho que hubiera personas que no acabasen de entenderle y de que, al fin y al cabo, no le siguiesen. Como Hijo de Dios que era y Dios mismo hecho hombre conocía a la perfección que está preparado para quien rechaza, conscientemente y a sabiendas, al Creador.

El destino deparado para quien se opone a Dios de forma persistente y perseverante no es muy agradable. Como bien sabemos Dios es bueno pero también es justo. Así, dará a cada uno según haya hecho o creído y a todo el que tiene poca fe se le quitará hasta la poca fe que tenga porque no quiso tener más y mejor.

Rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Por eso Jesús insiste tanto en que no se puede decidir no seguirle y que eso no tenga consecuencias para quien así actúa. Manifestar un parecer tan en contra de Dios sólo puede redundar en perjuicio de quien así hace y así se comporta.

JESÚS, por muy terrible que pueda parecernos, actuar contra Dios no admitiendo en nuestra vida su presencia y su ser tiene consecuencias muy negativas par nuestra vida eterna. Por eso extraña que, a pesar de conocer tal realidad, no sigamos sus mandatos.




Eleuterio Fernández Guzmán


4 de octubre de 2012

Recibir a Cristo en nuestro corazón




Jueves XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,1-12


“En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.


‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’.


‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.


COMENTARIO


Jesús envía a más discípulos suyos a evangelizar. No les pide que vayan haciendo alarde de riqueza material ni de ostentación. Sí les pide que tengan cuidado porque van a caminar entre personas que no aceptan, muchas, la doctrina del Maestro.


Jesús pide también que se ruegue para que Dios envíe trabajadores a su mies porque el trabajo es mucho y los obreros no tantos como deberían ser y como se necesitan.


El anuncio se ha de hacer a aquellos que, en verdad, quieren ser iluminados por la luz del Creador. A las personas que se manifiestan en contra nada se puede hacer por ellas porque ha ya sido juzgadas. Por eso recibir a Cristo era, y es, el mejor negocio espiritual que podemos hacer.



JESÚS, aquellos que no te querían, nada hacían para recibir a los tuyos. Es, eso, exactamente, lo mismo que nos pasa a los que, hoy día, no aceptamos a quien Dios envío para salvarnos.




Eleuterio Fernández Guzmán


3 de octubre de 2012

Octubre del Santo Rosario




A lo largo del año litúrgico hay periodos de tiempo, tomados por meses, que tienen una dedicación especial. Así, por ejemplo, el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús o el mes de mayo lo está a la Virgen María.

Entre estos especiales momentos espirituales no podemos dejar de mencionar el que se dedica al Santo Rosario. En el mes de octubre traemos al recuerdo a María, Madre de Dios y, también, Madre nuestra, en relación muy cercana con la vida de su Hijo Jesús.

Misterios entre Madre e Hijo

En el rezo del Santo Rosario, a lo largo de sus Misterios, existen momentos de especial relación entre Jesús y María. En ellos, la Madre de Dios se manifiesta, en todo su amor, como ejemplo, de humildad, entrega y, sobre todo, perdón.

De gozo

El gozo de sentirse madre, desde que el Gabriel le comunicara a María que Dios se había fijado en ella, sólo lo supo aquella joven judía y, claro, Quien la había elegido.

Pero al anunciar tuvo que suceder un querer, un amar antes de ver que la criatura que llevaría en su seno iba a ver la luz del día como le había prometido aquel enviado de Dios.

Y, como fruto de aquel anuncio, camino de Aim Karem, donde su prima Isabel había quedado embarazada. La estéril, como la llamaban, había concebido por especial gracia de Dios porque en su seno llevaba, seis meses ya, al que sería último gran profeta del Antiguo Testamento, allanador del camino que lleva al Reino de Dios y bautista de su primo Jesús.

Pero María tenía que volver al origen. El Hijo de Dios tenía que ver la luz y, como pobre entre los pobres y humilde entre los humildes, sólo podía hacerlo en un lugar pobre y humilde pero lleno de la majestad que el Rey del mundo representaba y era. Así lo reconocerían aquellos que, desde oriente, vinieron a adorarlo.
Nacimiento entre hermanos del Hijo de Creador pues una estrella marcó el camino que nunca debemos olvidar: desde el pasado hasta la infinita eternidad del definitivo Reino de Dios.

Para eso nació Jesús... para hacer nuevas  todas las cosas.

Por eso, aquel anciano que esperaba ser consolado por Israel dijo lo que tenía que decir a María. Y ella guardó en su corazón lo bueno y lo malo: sería, su hijo, alguien a tener en cuenta; ella sufriría, con dolor de madre, el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Y todo esto para bien del mundo... ¡Qué difícil debió resultar para una joven que presenta a su hijo en el Templo y lo espera todo de él!

No es de extrañar que tanto se enfadara María cuando Jesús los abandonó de camino a casa y se quedó en el Templo. Ella era la Madre de Dios pero era, sobre todo, madre. No le debió doler, seguramente, reprender a Jesús cuando lo encontraron hablando con aquellas personas tan sabias que en nada quedaban frente al Hijo de Dios, admiradas con la sabiduría que mostraba aquel joven de 12 años, edad crucial para un judío.

De luz

Por otra parte, no podemos olvidar que, como luz para el mundo, María ejerció el poder que tenía sobre Jesús. No iba a consentir que escaseara el vino en aquella boda.

Y Caná de Galilea fue el primer aviso de Quién era aquella persona que asistía, como invitado, a la fiesta de unión de los novios. Era la Madre de Dios y eso le daba el derecho de exigir una intervención del Hijo de Dios.

Y Él, como no podía ser de otra forma, no defrauda a quien consintió lo que Gabriel le dijera y a quien le había llevado en su seno, ya, en recuerdo que siempre se hace presente, para toda la eternidad.

De dolor

Y se cumplió lo que le había dicho Simeón. Espadas, no una sola,  atraviesan el corazón de María en los momentos de Pasión de Jesucristo que al recaer sobre su Hijo se transforma en una gran pena no exenta de esperanza en lo porvenir.

Gethsemaní... oración sangrienta: primera espada.

Flagelación como castigo inmerecido: segunda espada.

Coronación de espinas a Quien era Rey: tercera espada.

Camino del Calvario... la cruz acuestas: cuarta espada que se mitiga con el encuentro entre Madre e Hijo.
Crucifixión de Jesús: quinta espada.

Y luego, Cristo, en la última agonía, entrega a María a Juan, el discípulo amado y, así, a todos nosotros. Ahora, desde entonces, es, por eso mismo, madre, la Madre de todo hijo de Dios.

Y nosotros, desde aquel momento eterno recibimos, con gozo, el aliento de quien, desde el cielo al que se ascendió, se hace, siempre, Madre nuestra.

Por eso, el mes de octubre es, también, un mes dedicado especialmente a María porque nos permite saber que, a pesar de lo sufrido y vivido como amargo por aquella joven que lo fuera al concebir al Hijo de Dios, supo decir sí, con su Fiat, y ser, para siempre, un espejo de luz donde mirarnos y aprender lo que significa, al fin y al cabo, darse a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina