5 de octubre de 2012

Estar a lo que Dios quiere




Viernes XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,13-16

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.


COMENTARIO

Jesús sentía mucho que hubiera personas que no acabasen de entenderle y de que, al fin y al cabo, no le siguiesen. Como Hijo de Dios que era y Dios mismo hecho hombre conocía a la perfección que está preparado para quien rechaza, conscientemente y a sabiendas, al Creador.

El destino deparado para quien se opone a Dios de forma persistente y perseverante no es muy agradable. Como bien sabemos Dios es bueno pero también es justo. Así, dará a cada uno según haya hecho o creído y a todo el que tiene poca fe se le quitará hasta la poca fe que tenga porque no quiso tener más y mejor.

Rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Por eso Jesús insiste tanto en que no se puede decidir no seguirle y que eso no tenga consecuencias para quien así actúa. Manifestar un parecer tan en contra de Dios sólo puede redundar en perjuicio de quien así hace y así se comporta.

JESÚS, por muy terrible que pueda parecernos, actuar contra Dios no admitiendo en nuestra vida su presencia y su ser tiene consecuencias muy negativas par nuestra vida eterna. Por eso extraña que, a pesar de conocer tal realidad, no sigamos sus mandatos.




Eleuterio Fernández Guzmán


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