25 de enero de 2020

Creer y salvarse


Mc 16, 15-18

15 Y les dijo: ‘Id por el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’”.

COMENTARIO

Aunque haya pasado mucho tiempo desde que el Hijo de Dios dijera estas palabras y quedaran recogidas, por ejemplo, en el Evangelio de San Marcos, nada de lo que las mismas suponen ha pasado sino que cada instante se hace realidad.
Jesucristo no dice nada que tenga sentido y en este caso particular es tan importante que nunca lo deberíamos olvidar porque supone algo más que un aviso y es, en realidad, lo único que debería importarnos.
El Hijo de Dios no lo duda en absoluto. Y es que nos dice que quien cree y se bautice se salvará y quien no crea… pues se condenará. Por tanto, nada más claro y sencillo de entender se puede decir ni hace falta que se diga.

JESÚS, gracias por ser tan claro en tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de enero de 2020

Apóstoles


Mc 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.”

COMENTARIO

Jesús había salido, como en alguna ocasión lo dice Él mismo, para traer la Palabra de Dios y para atraer hacía el Padre a todo aquel que se hubiera desviado del camino que lleva a su definitivo Reino.

Para cumplir aquella misión, que no era nada fácil dado el punto al que había llegado, como poco, el pueblo elegido por Dios para hacer lo que tenía que hacer ahora Jesucristo, debía escoger, en principio, a unos creyentes judíos que le ayudasen a llevar el Reino a todo aquel a quien pudieran llegar.

Cuando Jesús ha de escoger a sus primeros discípulos sube al monte. Lo hacer para acercarse a Dios y tener por bueno y mejor para su vida y para la del mundo, aquello que le pudiera transmitir el Padre. Así escoge a los discípulos que serán sus apóstoles, incluso a quien sabía le iba a traicionar.
  


JESÚS, cuando escoges a tus apóstoles lo haces confiando en ellos. Ayúdanos a hacerte ver que puedes confiar en nosotros. 



Eleuterio Fernández Guzmán


22 de enero de 2020

Contra el bien de Dios


Mc 3,1-6

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.”


COMENTARIO

Para muchos judíos el respeto a las tradiciones legales era lo más importante que se podía hacer y llevar a cabo. Por eso, hacer algo que estaba prohibido hacer, por ejemplo, en sábado, no era muy bien visto.

Jesús, que era Dios hecho hombre, sabía que había algo más importante que el sábado y que era la misericordia. Por eso cura a la persona que tenía una mano seca. Sabía que era lo que Dios quería que hiciera y lo hizo sin preocuparse por las consecuencias mundanas que eso pudiera tener.

Muchos, sin embargo, que buscaban cogerlo en un renuncio, están seguros que aquello puede ser elemento probatorio de su mala actuación en contra de la ley. Y se confabulan, dice el texto evangélico, para acabar con Él. Nada más lógico cuando no entendía nada de lo que hacía Jesús.




JESÚS, sabes que es más importante tener piedad por quien lo necesita. Ayúdanos a no poner por encima de la voluntad de Dios lo que creemos los hombres que es más importante.





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de enero de 2020

El Hijo del hombre es Señor de todo

Mc 2, 23-28
"Y sucedió que un sábado cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: 'Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?' Él les dice: '¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?' Y les dijo: 'El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.'" 
COMENTARIO

No es nada extraño que hubiese quien quisiese afear la conducta de Jesucristo y de sus discípulos. Y esto lo decimos porque muchas veces no eran políticamente correctos y otras tantas parecía que actuaban contra las “buenas” costumbres.
En realidad, hacer algo en sábado que estaba prohibido no era nada recomendable porque la ley podía actuar con una dureza extrema por cierto tipo de conductas. Y eso es lo que hacen, al parecer, los discípulos del Maestro.
El Hijo de Dios les tenía preparada una sorpresa. Y estaba dentro de la propia Sagrada Escritura judía. Algo había, por tanto, que no acababan de entender del todo acerca de la verdadera Voluntad de Dios.

JESÚS, gracias por poner sobre la mesa lo que verdaderamente importa.

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2020

Vino nuevo y vino viejo

Mc 2, 18, 22

“Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.’” 


COMENTARIO

Es cierto que el pueblo judío, en tiempos de Jesucristo, seguía más que bien ciertas tradiciones que tenía por buenas y mejores. Y muchos no comprendían como era posible que hubiera quien no las respetaba. Y eso pasa, a tenor de lo que aquí se dice, con los discípulos de Jesucristo.

El problema es que no acababan de comprender, primero, que su Reino no era de este mundo y, luego, que su doctrina era la de Dios y no la suya propia. Por eso andaban a lo que andaban…

El caso es que lo dice con toda claridad el Hijo de Dios con esto de los odres o pellejos para el vino: quien quiera recibir la Buena Noticia deberá cambiar su corazón porque, de otra forma, no podrá recibir bien lo que Dios quiere que reciba.


JESÚS,  gracias por decir las cosas como son.

19 de enero de 2020

El Cordero de Dios



Jn 1, 29-34

“29 El día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. 31 Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea Manifestado a Israel.’
32 Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. 33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.’ 34 Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.’”

COMENTARIO

Juan, llamado Bautista porque tal era la labor que llevaba a cabo, tenía conocimiento de que, en un determinado momento el Hijo de Dios acudiría a ser bautizado. Y no por tener pecado sino para mostrar el camino que se debía seguir hasta que llegara el bautizo con fuego y Espíritu Santo que Él iba a traer al mundo.

Es síntoma de saber algo más de lo normal, que Juan diga lo que dice de su primo Jesús.  Y es que sabía que era, Jesús, el Cordero de Dios que había enviado Dios al mundo para que el mundo se salvase. Y es cierto que aún no sabía Juan que Jesús era tal Cordero. Ahora, sin embargo, lo sabe y lo comunica a los que están cerca del río Jordán.

Todo se cumplió en cuanto la Paloma, el Espíritu Santo en tal forma, se posó sobre el Hijo de Dios. Y Juan ni quería ni podía callarlo.


JESÚS,  gracias por ansiar ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de enero de 2020

Los que necesitamos ser curados


Mc 2, 13-17
"Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: 'Sígueme.' Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: 'Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?' Al oír esto Jesús, les dice: 'No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.'"
COMENTARIO

Es lógico creer que, en tiempos del Hijo de Dios, cuando se esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a su pueblo elegido, hubiese quien creyese que Jesús, el hijo de María y adoptivo de José, no era la persona que ellos esperaban.
De todas formas, lo que hace Jesucristo es lo que se dice en las Sagradas Escrituras que ha de hacer el Mesías. Y eso debería haberles hecho pensar que sí, que era él el Enviado.
Jesucristo no se anda con cosas de poca importancia. Es decir, en cuanto conoce a quien sufre hace lo posible para curarlo. Por eso debía mirar con extrañeza a los que lo miraban porque hacía vida, por así decirlo, con muchos pecadores. Pero eran los que necesitaban ser salvados.

JESÚS, gracias por cumplir con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2020

Lo que hace la fe

Mc 2, 1-12
"Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: 'Hijo, tus pecados te son perdonados.' Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: '¿Por qué éste habla así? Está blasfemando.¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?' Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: '¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?' Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.' Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: 'Jamás vimos cosa parecida.'" 

COMENTARIO

En determinadas ocasiones, como podemos ver en este texto bíblico del Evangelio de San Marcos, la fe va más allá, la confianza llega más lejos, cuando son otros los que se preocupan por el prójimo. Y es lo que pasa en este caso.
Aquellos amigos confiaban en el Hijo de Dios. Y la prueba de su confianza es hacen lo imposible para acercar la camilla de aquel paralítico a Quien está predicando y curando.
El Hijo de Dios, que conoce el pensar de algunos de los allí presentes, no se conforma con curar al paralítico sino que, además, le perdona los pecados porque ellos creían que era lo primero por causa de lo segundo. Y eso le puso a muchos en su contra.

JESÚS, gracias por demostrar que eres Dios hecho hombre.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de enero de 2020

Curado por su fe

Mc 1, 40-45
"Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: 'Si quieres, puedes limpiarme.' Enternecido, extendió su mano, le tocó y le dijo: 'Quiero; queda limpio.' Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 'Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.' Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes. "

COMENTARIO

Es casi seguro que aquel hombre no fuera consciente de la forma en la que pedía al Maestro que lo curara. Es decir, sí, quería ser curado pero no debía saber lo importante que era, en el fondo, la forma de pedir tal cosa.
Le dice al Hijo de Dios que, si quiere, puede limpiar la lepra de su cuerpo. Y cuando dice eso no está usando un expresión como otra cualquiera. Y no lo hace porque tal forma de pedir es, exactamente, perfecta y adecuada.
Jesucristo siempre tuvo muy en cuenta la fe, la confianza, que se tenía en Él. Por eso en muchas ocasiones tal forma de hacer las cosas llenaba su corazón de gozo. Y no queremos decir que no hubiera curado a quien no la tuviera pero ayudar, ayudaba y mucho tenerla. Era, al fin y al cabo, lo que había venido a enseñar y a predicar: la bienaventuranza de los que creen sin ver.

JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso con los que tienen fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2020

Para eso había venido al mundo

Mc 1, 29-39

"Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: 'Todos te buscan.' Él les dice: Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.' Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios." 
COMENTARIO

Hay quien es capaz de sostener que aquel hombre, de nombre Jesús e hijo de María y adoptivo de José, no sabía que era el Hijo de Dios. Sin embargo, un texto bíblico como el de hoy desmiente una creencia tan absurda como la que eso sostiene. Y es que aquel hombre, Jesús, sabía más que bien Quien era y lo que debía hacer. Por eso, en ocasiones como las que hoy nos trae la Sagrada Escritura, dice lo que debe decir y que desmiente opiniones como las anteriores e, incluso, las que podía haber en su tiempo: es el Ungido de Dios, el Enviado del Todopoderoso, el Mesías. Y ha venido al mundo, vino entonces por primera vez, porque debía transmitir la Buena Noticia según la cual el Reino de Dios había llegado con Él y con Él la salvación de la humanidad caída en desgracia por sus egoísmos y malas actuaciones.
Y eso, como bien sabemos, no fue creído por muchos.

JESÚS, gracias por ser Quien eras.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2020

Con el poder de Dios

Mc 1, 21b-28
"Llegan a Cafarnaún. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: '¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.' Jesús, entonces, le conminó diciendo: 'Cállate y sal de él.' Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: '¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.'Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
 

COMENTARIO
Nosotros, hoy día, sabemos mucho acerca de lo que pasó con aquel Maestro de nombre Jesucristo y, a la sazón, Hijo de Dios. Sin embargo, cuando dice lo que dice entre aquellos de entones para hacer salir al demonio que llevaba dentro aquel hombre, muchos sólo se fijaron en esos.
Podemos estar seguros de que quien tenía el demonio dentro no lo estaba pasando nada bien. Y Jesucristo, como no podía ser de otra manera, lo expulsa de donde está refugiado y libera al endemoniado de llevar una vida miserable y triste.
Estamos seguros de que muchos de los presentes se dieron cuenta de que sí, de que aquel Maestro enseñaba con verdadera autoridad ni no, pensaban los mismos, como los escribas hacían. Y eso, seguramente, le granjeó muchos enemigos a Jesucristo.

JESÚS, gracias por hacer lo que sabías hacer sin esconder tu poder.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de enero de 2020

Los buscó y respondieron

Mc 1, 14-20

“Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’

Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.’ Al instante, dejando las redes, le siguieron.

Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios cuando se da cuenta de que ha llegado el momento de cumplir con la misión para la que había sido enviado al mundo es bastante claro y no deja lugar a dudas: debemos convertir nuestro corazón y creer en el Evangelio.

Aquellas palabras es seguro que se las dijera a los que serían sus Apóstoles. Y ellos, que debieron ver en los ojos de Jesucristo algo más de una llamada, lo dejaron todo y le siguieron.

El caso es que el pueblo judío había esperado que Dios cumpliese con su promesa de enviar a su Ungido, al Mesías Salvador. Y ahora, cuando había lo había llevado a cabo había muchos que, como sabemos, no querían escucharlo.


JESÚS,  gracias por cumplir perfectamente con la misión que te había encomendado Dios Todopoderoso.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de enero de 2020

Domingo, 12 de enero de 2020 – Saber cumplir, cada cual, con su misión


Mt 3,13-17

“13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ 15 Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.’» Entonces le dejó. 16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. 17 Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.’”

COMENTARIO

Ya podemos imaginar la situación por la que estaba pasando Juan el Bautista. Y es que aunque Jesús era su primo también sabía que era en enviado de Dios y eso debía pesarle mucho en el corazón.

Juan no quería bautizar a Jesús. Y no es que se quisiera mostrar rebeldía o algo por el estilo, no, sino que, por saber que era el Hijo de Dios Aquel a quien debía bautizar creía que la cosa debía ser al revés.

El Hijo de Dios sabía a la perfección que era, eso, el Hijo de Dios. Por eso no podía impedir lo que Dios quería que se hiciese. Y por eso se oyeron aquellas palabras del Todopoderoso sobre su amor hacia Jesús y sobre su complacencia con Él.


JESÚS,  gracias por haber sabido cumplir con la misión que tenías encomendada.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de enero de 2020

La fe mueve el corazón de Dios

Lc 5, 12-16
"Estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra y le rogó diciendo: 'Señor, si quieres, puedes limpiarme.' Él extendió la  mano, le tocó y dijo: 'Quiero, queda limpio.' Y al instante le desapareció la lepra. Le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: 'Vete, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.'
Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba."

COMENTARIO

Ya podemos imaginar que aquel hombre, que era leproso, no llevaba una vida demasiado buena. Y es que aquella enfermedad era socialmente incapacitante porque apartaba a la persona que la padecía no sólo de los núcleos de población sino de mucho más.
Aquel hombre confiaba en el Maestro del que, seguramente, había escuchado mucho y bueno. Y se dirige a su persona porque sabe que, si quiere, puede curarlo. Y eso, precisamente, le salva.
Aquel “Si quieres” dice mucho de lo que supone tener fe en Quien ha venido al mundo para traer la Buena Noticia. Y por eso Jesús le quita aquella enfermedad aunque creemos que lo hubiera hecho de todas formas… la fe ayudó más que mucho a aquel hombre leproso.

JESÚS, gracias por tener un corazón tan misericordioso.

Eleuterio Fernández Guzmán

10 de enero de 2020

Se ha cumplido todo

Lc 4, 14-22
"Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
Vino a Nazaret, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito:

'El Espíritu del Señor sobre mí,
porque me ha ungido
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.'

Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy.» Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

COMENTARIO

Ya podemos imaginar que cuando el Hijo de Dios iba a su tierra, a Galilea, sería recibido con admiración porque uno de los suyos había alcanzado justa fama con aquello que hacía y decía. Por eso esperaban algo de sus palabras.
Jesucristo acude a la sinagoga que era un lugar más que apropiado para enseñar. Y, como harían otros muchos, lee la Sagrada Escritura judía y la comenta. Lo que pasa es que lo que le había tocado leer apuntaba directamente hacia su persona.
Cuando Jesucristo admite que lo que ha leído se ha cumplido en este momento quería decir que sí, que había llegado el Mesías, que era Él el Ungido de Dios y, en fin, que había venido a cumplir su misión. Y nos dice el texto bíblico que todos expresaban su aprobación aunque sabemos, por lo que luego pasó, que no todos acabaron de entender lo que quería decir...

JESÚS, gracias por ser tan franco y directo con tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de enero de 2020

No tengamos la mente embotada

Mc 6, 45-52
"Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.

Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra. Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos, viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: '¡Ánimo!, que soy yo, no temáis.' Subió entonces junto a ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada."

COMENTARIO

Hay textos bíblicos que, como este de hoy, nos muestran a la perfección hasta dónde podemos llegar o, mejor, hasta donde no podemos negar. Y es que, una cosa es lo que decimos creer y otra muy distinta lo que, de verdad, creemos.
Aquellos hombres conocían a Jesús perfectamente. Es decir, a la altura en la que se encontraban de su relación con el Hijo de Dios, nadie podía sostener que no lo conocían. Sin embargo, en el episodio de andar sobre las aguas muchos de ellos, seguramente todos, dudaron de lo que veían sus ojos. Incluso después de haber visto la multiplicación de los panes y los peces no acababan de creer.
Es síntoma de fe corta o escasa cuando no se cree, siquiera, lo que ven los ojos.

JESÚS, gracias por mostrar hasta qué punto podemos llegar a no tener fe y a no confiar en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de enero de 2020

Pronunció la bendición

Mc 6, 34-44
"Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: 'El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.' Él les contestó: 'Dadles vosotros de comer.' Ellos le dicen: '¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?' Él les dice: ''¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.' Después de haberse cerciorado, le dicen: 'Cinco, y dos peces.' Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres."
COMENTARIO

Es bien cierto que este milagro suscita no pocas controvertidas versiones. Y es que hay quien no cree que, en realidad, lo fuera sino que, simplemente, como muchos de los allí presentes vieron que había quien repartía lo suyo… ellos hicieron lo mismo.
Es de pensar que aquella multitud no se había llevado comida ni nada por el estilo para seguir a su Maestro. Simplemente… lo seguían. Y por eso mismo el Hijo de Dios sintió lástima de tantos que le seguían y no tenían qué comer.
Entonces pronunció la bendición. Es decir, antes de dar de comer a miles de personas se dirigió a Dios, su Padre y el nuestro, para que hiciera posible aquello. Y, pese a quien pese, fue capaz de hacer lo que hizo Él y sólo Él.

JESÚS, gracias por ser misericordioso.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de enero de 2020

Convertirse


Mt 4, 12-17.23-25

"12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. 13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; 14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: 15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! 16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: 'Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado'. 23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. 25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.”


COMENTARIO

Jesucristo, que sabía más que bien que era el Mesías por mucho que haya quien dude sobre eso, sabe que, cuando llegue el momento oportuno, sabrá que debe dar comienzo su misión predicadora.

La misma llega cuando conoce que su primo Juan, llamado Bautista porque tal era su misión, había sido apresado porque sabe que su futuro no puede ser muy alentador al haber caído en manos de un pecador. Y comienza a predicar la conversión porque es bien cierto que tiene conocimiento perfecto acerca de cómo se alcanza la salvación.

Y tal es la Buena Nueva, la Buena Noticia que lleva al mundo conocido entonces y, luego, a todo el Orbe. Y, por eso, no nos extraña nada de nada que hubiese un gran número de personas que, escuchando la voz y la palabra de quien enseñaba con autoridad, les prometía el Cielo a cambio de una conversión verdadera y no falsa, le siguieran.



JESÚS, gracias por predicar la necesaria conversión de los corazones.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2020

Epifanía del Señor


Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’’. 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle’. 

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino
”.


COMENTARIO

Aquellos hombres sabios que habían recorrido un gran trecho desde sus tierras hasta Belén habían ido tras una estrella. Pero Herodes quería saber algo más acerca de quién iba a nacer. En realidad no podía admitir otro rey más que él mismo.

Los Reyes Magos acuden al lugar donde la estrella les indica. Saben el lugar exacto donde ha nacido el niño porque han sido guiados por el Espíritu Santo. Y le llevan regalos como era costumbre en aquella época cuando alguien iba de visita a la casa de alguien.

Los tres regalos que le llevan son más que conocidos: oro, incienso y mirra. Cada uno de ellos tiene un significado que es más que conocido, también. Y la actitud de Herodes, tras darse cuenta de que no sabía, tiempo después, dónde había nacido aquel rey, también la conocemos…


JESÚS, ayúdanos a regalarte aquello que tenemos y que es nuestra vida misma.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de enero de 2020

Llegó la Luz al mundo

Jn 1, 1-18

 “1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella estaba en el principio con Dios. 3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, 5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 8  No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. 9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el  mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; 13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.15 Juan da testimonio de él y clama: ‘Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.’ 16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. 17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.’”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Juan, el primero además, nos muestra hasta que punto llega el creer en el Mesías, Jesucristo, Hijo de Dios. Y es que nos dice, nada más y nada menos, que quien cree en el Enviado del Todopoderoso se salva y es considerado Hijo de Dios.

También nos dice algo terrible Juan: hay quien, al llegar la luz del mundo al mundo no la recibió. Y eso nos dice que no todos quisieron seguir a la luz y se perdieron en el abismo de los tiempos.

El caso es que Juan Bautista da testimonio de la Verdad y nos presenta al Cordero de Dios. Aquel hombre, que vestía con piel de camello, anunció a Quien había de venir a salvar al mundo y muchos, ciertamente, miraron para otro lado.

JESÚS,  gracias por cumplir la Misión para la que fuiste enviado.


Eleuterio Fernández Guzmán