10 de noviembre de 2018

Ser fiel siempre



Lc 16,9-15

En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: ‘Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero’. 

Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de Él. Y les dijo: ‘Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios
’”.


COMENTARIO

Jesús, al predicar, busca que aquellos que lo escuchan, comprendan que lo que es importante no es, muchas veces, lo que ellos creían que eran.  Y todo lo relacionado con el dinero era, para algunos de ellos, más que importante.

Jesús sabe que en el Reino de Dios importan otras cosas. Que, por ejemplo, lo que es pequeño resulta fundamental en las praderas del definitivo Reino de Dios. Por eso predica acerca de lo que, aparentemente es pequeño pero es muy importante.

Queda, sin embargo, algo muy importante: Dios conoce nuestros corazones y, por eso mismo, nada de lo que pretendamos esconder conseguiremos esconder.




JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de lo que, en verdad, importa.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de noviembre de 2018

Dios salva a los que necesitan ser salvados



Lc 15,1-10

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’. 

Entonces les dijo esta parábola. ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión. 

O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta’”.


COMENTARIO

Es muy cierto que, en tiempos de Jesús, había muchos que se decían maestros y gustaban de ser escuchados por otros como ellos. Sin embargo, Jesús no había venido al mundo a ser llamado bueno sin serlo sino, al contrario, a ser bueno y así ser llamado.

A Jesús, sin embargo, muchos no creían en lo que predicaba. Y murmuraban porque veían como se acercaba mucho a los considerados pecadores. El caso es que Jesús había venido a salvar a los que muchos consideraban perdidos.

Jesús pone ejemplos. Aquella manera de enseñar era la que comprendían los hombres de su tiempo. Y los ejemplos que pone les dicen algo muy importante: hay que salvar lo que está perdido pues, de otra manera, ¿qué mérito se tiene?




JESÚS, ayúdanos  tener en cuenta lo que, de verdad, importa en nuestra vida.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de noviembre de 2018

Seguir a Cristo



Lc 14,25-33

"En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: 'Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

'Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío'".

COMENTARIO

Jesús sabe que es muy importante seguirle pero también reconoce que es muy difícil. Sin embargo, propone el seguimiento total y sin tener en cuenta lo que se ha sido hasta entonces.

Es lógico y humano pensar que nosotros tenemos apego a lo que es nuestro. Por eso, no sólo nuestra familia sino también nuestros bienes nos atraen y, muchas veces, nos alejan de Dios. Jesús no quiere que eso siga siendo así si es que queremos ser sus discípulos.

Jesús, en esto, es totalmente radical porque sabe que no hacerlo así supondría estar engañándolo y eso es lo mismo que hacerlo con Dios. Tal radicalidad es, además, garantía de ganancia de la vida eterna.

JESÚS, ayúdanos a seguirte de la forma que Tú demandas.


Eleuterio Fernández Guzmán


6 de noviembre de 2018

Saber a quiénes debemos tener en cuenta



Lc 14,15-24

"En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: ''Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!'. Él le respondió: Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

'Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena
'".


COMENTARIO

Dios Padre quiere a todos sus hijos consigo. Es, en tal sentido, propio del Señor que nos ama que estemos con Él porque quiere que gocemos de la vida eterna.

Nos invita a estar en su Reino, en su definitivo Reino. Y nos llama como ha hecho a lo largo de los siglos con todos sus hijos. Pero muchos no han aceptado tal llamada y se han dedicado a mirar para otro lado como si eso no tuviera consecuencias para sí mismos.

En este texto hay un claro aviso que nunca deberíamos tener por no dicho por Dios. Nos dice el Creador  que quien no acepte la invitación que le envía el Todopoderoso no entrará en su Reino. Y eso debería preocuparnos mucho.


JESÚS, mucho y bueno nos dice aquí Dios. Ayúdanos a tenerlo siempre en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán


5 de noviembre de 2018

Saber lo que nos conviene


Lc 14, 12-14


“12 Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos”.


COMENTARIO

Podemos imaginar y creer que, quien invita a otros a comer, es que tiene un corazón generoso. Pero la generosidad la entiende Cristo de forma muy diferente. Y es que no es lo mismo el corazón de Dios que el de los hombres.

Está bien ser generoso pero debemos saber con quién podemos y deberlo serlo. Y en esto, el Hijo de Dios lo deja todo dicho de una forma que no se pueda entender otra cosa. Debemos tener cuidado con tener en cuenta, en nuestra vida, sólo a los que nos son conocidos.

¿Es que no es importante agasajar a los nuestros? Sí. Sin duda lo es pero lo es más aún tener en cuenta a los necesitados y a los que, por decirlo así, no va a devolverte el regalo porque sólo esos son los Dios mira con ojos buenos y magníficos.

JESÚS, ayúdanos a devolver bien por bien.

4 de noviembre de 2018

Estar cerca del Reino de Dios



Lc 12, 28b-34


“'¿Cuál  es el primero de todos los mandamientos?' Jesús le contestó: 'El primero es:  'Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,   y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y  con todas tus fuerzas. El segundo es: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No existe otro mandamiento mayor que éstos.' Le dijo el escriba: 'Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que  Él es único y que no hay otro fuera de Él,  y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.' Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: 'No estás lejos del Reino de Dios.' Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.”
       
COMENTARIO

No podemos negar que, aunque había muchos que no querían, para nada, al Hijo de Dios, había, sí, quien quería conocer de verdad lo que enseñaba por si podía aprender algo.

La pregunta acerca de cuál es Mandamiento más importante quiere cerciorarse de que lo que se ha estado creyendo es lo cierto. Y lo es porque Jesucristo no enseña otra cosa que no sea que hay que amar a Dios sobre todas las cosas y sobre todas las circunstancias de la vida.

Resulta curioso que, tras haber respondido de la forma que lo hace, nadie más quiera preguntar nada. Bien sería porque veían en aquel Maestro al verdadero Mesías que respondía con sabiduría verdadera o bien podía ser porque alguno de los presentes lo que quería era no darse a conocer como no discípulo suyo.

JESÚS, ayúdanos a comprender el verdadero sentido de la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de noviembre de 2018

Acerca de la humildad



Lc 14, 1.7-11

“1 Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. 7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: 8 ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, 9 y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. 10 Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. 11 Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”.

COMENTARIO

No era nada extraño que Jesús fuese invitado a casa de los poderosos para que compartiera con ellos una comida. Muchas veces lo hacían para ver qué decía y, así, poder atender; otras, simplemente, para cogerlo en algún renuncio espiritual.

Como era, entonces y ahora, lógico, en las invitaciones había quien quería ocupar los primeros puestos como para dárselos de importantes. Y es que querían estar siempre en los primeros lugares porque así creían eran mejor vistos por sus vecinos.

El Hijo de Dios, sin embargo, conoce bien el corazón de Dios y, perfectamente, sabe que las cosas no pueden ser así. Y es que humillarse, saber que no es nada ante el Todopoderoso y, tampoco, ante el resto de seres humanos, es una buena actuación de cara al corazón del Padre. Y eso es lo que recomienda el Hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a saber ser humildes.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de noviembre de 2018

Cristo el Camino, la Verdad, la Vida

Jn 14, 1-6


No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones;  si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo,  para que donde esté yo  estéis también vosotros.  Y adonde yo voy sabéis el camino.’ Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO

Jesús está muy interesado en que sepamos qué es lo que nos conviene para nuestra vida eterna. Sabe que anhelamos alcanzar la misma y estar con Dios y, para eso, debemos creer en Él.

Jesús nos lo dice con toda claridad: está en el Cielo preparándonos estancias para que, cuando Dios quiera, las ocupemos. Y también nos habla de su Parusía, cuando vuelva para juzgar a vivos y muertos.

El camino para ir a Dios lo sabemos porque nos lo dice Jesús: es Él. Sólo, pues, creyendo en el Mesías, en su santa doctrina y en todo aquello que hizo en su primera venida al mundo, podremos comprender lo que supone que sea el Camino, la Verdad y la Vida.




JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Verdad, como Camino, como Vida.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de noviembre de 2018

Los bienaventurados



Mt 5,1-12a

En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos’”.

COMENTARIO

Jesús tuvo que decir, en una ocasión, que no había venido a abolir la Ley de Dios sino a darle cumplimiento. Y eso es lo que hace cuando, subido en un promontorio, proclama las Bienaventuranzas, no dichas para sustituir a los Mandamientos sino para darles, en efecto, cumplimiento.

Cada uno de los “preceptos” que aquí indica Jesús lo son para que sepamos a qué atenernos acerca de lo que es verdaderamente para un discípulo de Cristo. Centran, por así decirlo, nuestra fe  y la hacen efectiva, con relación a Dios Padre Todopoderoso.

Jesús termina las mismas con una gran verdad que ha sido comprobada a lo largo de los siglos: debemos sentirnos bienaventurados si somos perseguidos por Él. Ahí está el centro de nuestra fe: ser perseguidos por Cristo.




JESÚS, ayúdanos a atender a las bienaventuranzas en nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de octubre de 2018

Los que se salvan


Lc 13,22-30

“En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’. El les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos’”.


COMENTARIO

Querer salvarse no es nada extraño pues la vida eterna es anhelo de cualquiera que quiera ver a Dios. Por eso aquellos le preguntan si se salvarán muchos o pocos… para ver si están entre los elegidos del Creador. 

Jesús sabe cómo se entra en el definitivo Reino de Dios. Lo dice muchas veces a lo largo de su predicación. Y la cosa no parece fácil pues siempre hace referencia a la dificultad, al a puerta estrecha que es la del sacrificio y la entrega al prójimo.

Muchos, sin embargo, pareciera que no comprendan lo que quiere decir el Señor. Y es así porque no comprenden que importa la misericordia y el amor, la caridad… en suma. Para ellos habrá el rechinar de dientes… y el llanto.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que entran en el definitivo Reino de Dios… por haberlo merecido. 

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de octubre de 2018

Lo pequeño del Reino de Dios



Lc 13, 18-21


“18 Decía, pues: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? 19 Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas’. 20 Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo”.


COMENTARIO

No podemos negar que los ejemplos que pone el Hijo de Dios para enseñar y predicar son aquellos que tienen que ver con la vida ordinaria de las personas de su tiempo. Y eso es lo que hace ahora mismo.

Hablar del grano de mostaza y de la levadura es hacerlo de cosas, digamos, muy pequeñas. Pero resulta que el Reino de Dios, según Jesucristo es así, pequeño, en principio, en el corazón del hombre pero luego se hace grande hasta ser una forma de vida y de existencia.

Lo que nos quiere decir el Mesías es que, aunque a nosotros nos parezca que el Reino de Dios ha de ser, que lo es, algo inmenso y grande, se hace pequeño por y para nosotros porque nuestro Creador sabe que es la única manera de que lo comprendamos.


JESÚS, ayúdanos a aceptar el Reino de Dios como es.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de octubre de 2018

Misericordia quiero

Lc, 13, 10-17

“10 Estaba un sábado enseñando en una sinagoga, 11 y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. 12 Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. 13 Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». 15 Replicóle el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? 16 Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’ 17 Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.”


COMENTARIO

No era extraño que aquellos que estaban enfermos necesitaran ayuda. También es cierto que no todos tenían una economía elevada como para hacer frente a los gastos que eso suponía. Y eran las personas que Cristo buscaba.

Aquella mujer suponemos que lo pasaba muy mal. Por eso, Cristo le echa una mano bien grande. No nos extraña nada de nada que alabara a Dios al verse liberada de aquella carga tan grande. Pero había a quien eso, que era curar en sábado, no les parecía nada bien.

Jesús les hacer ver algo que es muy importante pero que ellos no entendían: la misericordia era más importante que contemplar la aplicación a rajatabla de determinados preceptos. Aunque sabemos b bien que a ellos eso no les parecía nada bien.



JESÚS,  ayúdanos a mantener un corazón de carne.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de octubre de 2018

Tener fe como Bartimeo



Mc 10, 46-52

Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’  Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’  Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle.’ Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Animo, levántate! Te llama.’  Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.  Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’  Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”


COMENTARIO

Resulta bastante curioso que el ser humano que, se supone, cree en Dios y en su Hijo Jesucristo, sea capaz de actuar de una forma que, digamos, no está acorde con lo que el Maestro quiere. Y es que había quien increpaba al ciego ¡porque quería ver!

Aquel hombre no lo debía pasar nada bien. Estaba fuera de Jericó por exclusión social o porque creía que en aquel lugar podía encontrar a muchos viajeros para que le dieran limosna. Pero él quiere otra clase de limosna que tiene que ver con el amor de Dios. Y le grita a Cristo “hijo de David”.

Como Jesucristo no era sordo, escucharía aquello de parte de Bartimeo. Sabía, por tanto, que confiaba en su persona y, por tanto, tenía fe en Él. Y eso, además de la buena voluntad, de por sí grande, de parte de Cristo, hace que sea curado allí mismo. Y es que la fe puede mucho en el corazón de Dios.


JESÚS, ayúdanos a tener fe como tenían Bartimeo.

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de octubre de 2018

La paciencia de Dios



Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’. 

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’”.



COMENTARIO

En el pueblo judío había mucha confusión acerca de la Ley de Dios y del cumplimiento de la misma por parte del hombre. Se habían llegado a tener consideraciones sobre la misma que estaban muy equivocadas. Y Jesús las pone sobre la mesa.

Creer que una persona sufría un mal porque era pecadora era un error muy común. Por eso Jesús les dice que no eran más culpables de lo que les había pasado aquellas personas que perecieron a manos de Pilato que ellos mismos.


Jesús predica conversión. Lo hace porque sabe que lo que aquellos que hablan con Él le dicen no es adecuado ni se corresponde con la voluntad de Dios. Por eso el Creador tiene tanta paciencia con sus hijos… porque son y somos tardos en comprender lo que, de verdad, importa.


JESÚS, ayúdanos a comprender, en efecto, que la voluntad de Dios es crucial para nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de octubre de 2018

Saber lo que nos conviene

Lc 12, 54-59

“54 Decía también a la gente: ‘cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. 55 Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. 56 ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? 57 ‘¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 58 Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.’”


COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios habla a los que le quiere escuchar lo que dice no es para tenerlo por no escuchado. Y es que sabe que, enseñando, es posible que alguno se salve. Y eso hace al respecto de lo que ha de pasar una vez se ha pecado.

Las palabras de Cristo, a lo mejor, no se entienden porque no son siempre fáciles de entender. El caso es que es bien cierto que, como dice el Señor los fenómenos naturales son relativamente fáciles de prever pero los espirituales…

Aquí dice algo que se debería tener en cuenta: cuando pecamos debemos, por decirlo así, pagar por tal pecado. Y si no somos capaces de pedir perdón ahora en el mundo tendremos que esperar a ser limpiados en el otro mundo antes de entrar en el Cielo.



JESÚS, ayúdanos a saber pedir perdón cuando hayamos pecado.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de octubre de 2018

El fuego devorador de Cristo


Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

La misión que Dios había encomendado a Jesús no era nada fácil. Tener que lidiar con aquellos que creían tener el control de la Ley de Dios y de su Palabra siendo, en realidad, que la cosa iba por otro camino, era, en efecto, muy difícil de enfrentar.

Jesús no había venido a abolir la Ley de  Dios. Había venido, como dice el Hijo de Dios, a que el mundo ardiera. Dicho así parecía muy fuerte aquella expresión. Sin embargo, tenía un sentido espiritual que fue, además, lo que acabó cumpliendo.

Se iban a enfrentar unos contra otros… por Él. No quería decir Jesús que iba  sembrar cizaña sino que  por su doctrina santa unos iban a estar a favor y otros en contra. Y tal fuego arrasaría con todo lo que de malo y negativo había en el mundo.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que creen en  Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de octubre de 2018

Estar preparados


Lc 12,39-48


"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’.

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor:’«¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’.


COMENTARIO

Estar atentos a la llegada de Cristo

En muchas ocasiones Jesús nos hace ver que es muy importante tener en cuenta que Él ha de volver y que, entonces, seremos juzgados.


Descuidarse en asuntos espirituales

Es posible que no nos interese estar siempre pendientes de cuál es la voluntad de Dios. Miraremos para otro lado y no atenderemos lo  único que nos importa que es, precisamente, nuestra salvación eterna.

Consecuencias de lo que hacemos

Jesús lo dice con toda claridad: lo que hagamos tiene consecuencias para la eternidad: si hacemos bien, seremos recompensados; si hacemos mal, nos espera el llanto y el rechinar de dientes.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta que nos conviene cumplir la voluntd de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


23 de octubre de 2018

Estar siempre preparados


Lc 12,35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!’”.


COMENTARIO

No sabemos cuando va a volver Jesucristo para juzgar a vivos y a muertos. Quiere decir que también habrá personas con vida cuando eso suceda. No lo sabemos y, por eso mismo, Jesús nos avisa de qué es lo que tenemos que hacer al tal respecto.

Podemos optar por no hacer nada, por no limpiar nuestra alma de las suciedades que la “adornan”. Es una forma de actuar bastante ciega porque cuando venga el Juzgador Hijo de Dios no tendremos escapatoria alguna.

Podemos, sin embargo, tener en cuenta que ha de venir. Debemos, entonces, prepararnos para tal fin y cuidar nuestra alma procurando limpiarla en el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia. Sólo así podremos ser verdaderamente dichosos.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de la necesidad de preparación que tenemos de cara a nuestro juicio particular.


Eleuterio Fernández Guzmán


22 de octubre de 2018

Prepararse a conciencia al encuentro con Dios

Lc 12, 13-21

“13 Uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. 14 Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’ 15 Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’. 16 Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’ 18 Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, 19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.’ 20 Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’ 21 Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO

Como suele hacer muchas veces, el Hijo de Dios nos advierte de la verdad de las cosas del alma. Y es, entonces como ahora, muchos confunden las mismas y equivocan el qué hacer y hacia dónde dirigir sus pasos.

Aquel hombre le habla a su alma como si se tratase de otro hombre cualquiera, con sus problemas y sus posibilidades humanas de hacer. No sabía, a lo mejor, que el alma es de Dios y que sólo Dios puede tratar con ella.

Es cierto y verdad que quien hace de los bienes del mundo un tesoro sobre el que existir, es más que probable que acabe cayendo en la fosa de la que tanto habla el salmista. Por eso Jesucristo, que quiere nuestro bien y sólo tiene en cuenta nuestro interés espiritual, nos pone sobre la pista de la verdad: hay que preparar el alma para el encuentro con Dios su Juicio acerca de ella.


JESÚS,  ayúdanos a estar preparados para cuando seamos llamados por tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán

21 de octubre de 2018

Saber dónde debemos estar



Mc 10, 35-45

Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.’ El les dijo: ¿Qué queréis que os conceda?’ Ellos le respondieron: 'Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.’  Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’  Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos.' Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.’ Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores  absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.’”

COMENTARIO

No era nada extraño que, aquellos que acompañaban al Maestro quisieran estar en posición privilegiada. Y eso es lo que hacían los Zebedeos cuando se dirigen al Hijo de Dios. Y es que actúan como hombres porque lo son. Aún no han comprendido del todo lo que significa ser discípulos suyos.

Ellos están dispuestos a seguir a Cristo hasta las últimas consecuencias. Y es lo que van a hacer, como les dice el Maestro. Sin embargo, aún no es el momento adecuado de hacer eso sino, mejor, de comprender y entender.

Jesucristo sabe que la Voluntad de Dios tiene relación directa con servir al prójimo. Y eso es lo que predica su Hijo. Había venido, él mismo, a servir y no a ser servido. Y eso es lo que pide a todo el que le quiera seguir.


JESÚS, ayúdanos a saber servir.

Eleuterio Fernández Guzmán