16 de septiembre de 2015

Generación perversa



Lc 7,31-35

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús habla con aquellos que quieren escucharle sabe que ha de procurar que entiendan lo más esencial para sus vidas. Por eso debe dejarles claro que, hasta ahora muchos de los suyos, de los miembros del pueblo elegido por Dios no han llevado una vida muy acorde con la voluntad de Dios.

Muchos habían creído, aquellos que eran considerados como sabios entre los suyos, que era su voluntad la que se debía seguir. Eso les llevó a crear una serie de normas que establecieron como las adecuadas para seguir según, suponían ellos, la voluntad del Creador.

Jesús, por su parte, se comporta como debe comportarse quien había sido enviado por Dios para que el mundo se salvase. Lo que hacía lo hacía porque debía hacerlo y no porque quisiera quedar bien entre los poderosos de su tiempo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2015

Una espada atravesó el corazón de María


Lc 2,33-35
En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’”.

COMENTARIO


Cuando Jesús es presentado en el Templo, el anciano y justo Simeón sabe que ha visto al Mesías. Entonces, bendice a los padres y al niño que iba a ser presentado en el Templo. Pero dice algo más.


El anciano profetiza. Sabe que va a ser causa de contradicción ente hombres y mujeres, entre personas de la misma familia. Pero será para buena cosa pues cada cual determinará lo que va a ser su vida eterna.


Hay, sin embargo, algo que María no deberá olvidar nunca. Según Simeón a María una espada le va a atravesar el corazón. Y será, como sabemos, el día en el que verá a su hijo muerto en la Cruz.


JESÚS, ayúdanos a comprender las palabras del anciano Simeón.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de septiembre de 2015

Creer en Cristo



Jn 3,13-17

“En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: ‘Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él’”.


COMENTARIO


Jesús no cesa, no quiere dejar de hacerlo, de avisar de lo que será sui vida o, mejor, de lo que será su muerte. Sabe que eso puede doler a sus discípulos pero, al fin y al cabo, es su obligación.


Jesús va a ser levantado. Y todos los que lo miren y lo acepten como el Hijo de Dios que habrá dado su vida por su prójimo. Entonces, como aquella serpiente que Dios mandó construir a Moisés, será causa de salvación.



Y algo muy importante: Cristo es la vida eterna. A través del envío de Jesús al mundo procuró la salvación de lo que había creado como semejanza suya. Y es que el mundo debía ser salvado.


JESÚS, ayúdanos a querer la vida eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de septiembre de 2015

¿Quién es Cristo para nosotros?


Mc 8, 27-35.

“Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus  discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas. Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’’ Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo.’ Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.’ Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí  mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará’”.

COMENTARIO

Estamos en la seguridad que Jesús lo conoce todo de todos. Es Dios hecho hombre y, aunque no entendamos cómo eso sucede, todo sabe de cada uno de sus hermanos. Pero gusta conocer cuál es la opinión que se tiene de Él.

La respuesta a la pregunta debió entristecer a Jesús. No saben quién es y cada uno dice lo que se le antoja. Sin embargo, Pedro sabe quién es porque se lo ha soplado el Espíritu Santo a su corazón. Sin embargo, acto seguido, se comporta como un verdadero discípulo de Satanás.

Jesús, que sabe que Pedro es bueno, le reprende por lo que dice. Asienta, en tal momento, lo que es importante para la vida de un hermano suyo, para un su discípulo. Hay que tomar la cruz de cada uno y seguirlo; también hay que dejar la vida anterior, enterrarla bajo tierra… y seguirlo.


JESÚS,  ayúdanos a tomar nuestra cruz y seguirte.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de septiembre de 2015

Saber edificar nuestra vida espiritual


Sábado XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,43-49

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’”.

COMENTARIO

Jesús transmite, en sus gestos y palabras, lo que es importante para los hijos de Dios. No deja de hablar acerca de qué es lo que nos conviene. Y lo hace porque sabe que, de otra forma, vamos a errar nuestros pasos hacia el definitivo Reino de Dios.

Para Jesús hay algo que es muy importante: una cosa es escuchar sus palabras, que son buenas y benéficas para el alma y otra, muy distinta, ponerlas en práctica. Nos conviene dar el paso siguiente a escucharlas que es, en efecto, hacerlas efectivas en nuestra casa.

Jesús nos dice cómo hace esto. No vale la pena mirar para otro lado cuando escuchamos lo que nos dice. Conviene a sus hermanos construir sobre la roca que es Él. Sólo así nos acercaremos a Dios porque también es Él hecho hombre.

JESÚS, ayúdanos a saber construir nuestra vida sobre Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de septiembre de 2015

Sobre vigas y pajas


Viernes XXIII del tiempo ordinario


Lc 6,39-42


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano’”.


COMENTARIO

Las enseñanzas de Jesús tenían relación directa con el amor a Dios y con el amor al prójimo. Era, pues, importante, saber cómo comportarse con aquel que tenía relación con quien escuchaba al Hijo de Dios.


Es común que tengamos a los demás por peores que nosotros. Al menos es una tendencia muy humana fijarse en los defectos del otro. Nosotros, a eso, lo llamamos viga porque consideramos muy importante lo que tiene que ver con el prójimo en cuanto a lo malo que apreciamos en él.


Jesús, por otra parte, entiende de forma muy distinta las cosas. Para el Hijo de Dios deberíamos tener en cuenta que, a lo mejor, somos nosotros los que tenemos la viga en el ojo y el prójimo quien es mejor, mucho mejor que nosotros. Y eso no deberíamos olvidarlo nunca.


JESÚS, ayúdanos a mirar al prójimo con amor.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de septiembre de 2015

Amar, compadecer, no juzgar


Jueves XXIII del tiempo ordinario



Lc 6,27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. 

‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.


COMENTARIO


Jesús tenía mucho que enseñar porque mucho era lo que el hombre había cambiado del sentido original y voluntad de la Ley de Dios y del Creador. Por eso no deja de poner sobre la mesa lo que es verdaderamente importante.

Este texto del evangelio de san Lucas contiene mucho de eso. Así, por ejemplo, amar a los enemigos. Con todo lo que eso implica para aquellos que le escuchan eso significa que deben dejar mucho de su pasado en el pasado y cambiar mucho el corazón.

En realidad lo que está diciendo Jesús es que Dios quiere que se sea compasivo con todo el mundo pues si se ha de ser con el enemigo ya podemos imaginar que con quien no lo sea… también. Busca Dios, con eso, que nuestro corazón sea grande y no pequeño, de carne y no de piedra.


JESÚS, ayúdanos a tener el corazón compasivo y misericordioso.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2015

Bienaventurados


Miércoles XXIII del tiempo ordinario


Lc 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 
‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.

COMENTARIO

Jesús pone sobre la mesa aquello que es importante para el definitivo Reino de Dios. Las cosas no son como muchos habían creído que eran y eso le causa muchos problemas. Sin embargo sabe que debe comunicar lo que es la voluntad de Dios.

Bienaventurados son, para Cristo, aquellos que Dios ama porque sabe que sufren. Aquellos que pasan hambre de Dios porque no se lo muestran en su verdad; aquellos que son perseguidos porque han conocido al Padre y sus perseguidores quieren ocultarlo. Pero ellos deben alegrarse porque son los escogidos de Dios.

También hay quien va a sufrir su forma de ser, su forma de actuar. Aquellos que, teniendo bienes no han sabido hacer uso de ellos en beneficio del prójimo necesitado y aquellos que, en general, que no han comprendido la voluntad de Dios.

JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2015

Nace María, Madre de Dios



Mt 1,1-16.18-23


Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. 
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. 

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros".

COMENTARIO      

Resulta curioso que en el día en el que la Iglesia católica celebra el nacimiento de la Madre de  Dios sea el recuerdo del nacimiento del hijo de Dios lo que se traiga a la liturgia de este día. Sin embargo, nada está alejado de la realidad de la Esposa de Cristo.

Jesús nace de María. Pero Jesús, el Hijo del Padre, tiene un origen eterno. Engendrado por el Todopoderoso desde la eternidad nace cuando la humanidad necesita que nazca. Entonces, tras una serie de generaciones, debía nacer de la estirpe de David según las Santas Escrituras.

María también nació, como es elemental decir. Y lo hizo sin pecado por especial elección y determinación de Dios Padre. Y el nacimiento de María se produjo, digamos, de forma ordinaria. Pero luego, aquella niña, casi lo era cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra, decidió entrar en la historia con la firme voluntad de ser quien Dios quería que fuera.


JESÚS, ayúdanos a amar a tu santísima Madre.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de septiembre de 2015

Entender la Ley de Dios



Lunes, 7 de septiembre de 2015

Lunes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,6-11
Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”


COMENTARIO      

La misión que debía llevar a cabo el Hijo de Dios consistía en anunciar la salvación del ser humano. Por eso acudía, como buen judío, a la sinagoga a predicar y a enseñar. Y allí se encuentra con el caso del hombre que tiene una mano seca. Sólo puede hacer una cosa.

Jesús hace una pregunta clave para aquellos que lo están escuchando: ¿es más importante la ley del sábado o la misericordia con el necesitado? Y la cosa tenía su intríngulis porque sabía por dónde le iban a salir muchos de ellos.

Jesús cura al hombre. Y eso produce, de inmediato, ofuscación en muchos de los presentes. ¡Ha curado en sábado! A ellos no le importa, al parecer, la situación de aquel hombre sino que alguien haya hecho algo bueno por el mismo en un día en el que eso no se puede hacer.



JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios de forma correcta.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de septiembre de 2015

Domingo, 6 de septiembre de 2015-Todo lo ha hecho bien






Mc 7, 31-37


“Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Abrete!’ Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.’”


COMENTARIO

En tiempos de Jesús, como hoy día, había muchas personas necesitadas de ayuda. Sobre aquellas que estaban enfermas recaía, además, un gran peso: se las tenía, por estar enfermas, por pecadoras y eso las apartaba de la sociedad.

Aquel hombre lo debía estar pasando muy mal. En sus circunstancias (sordo y casi mudo) debía ser tenido por un gran pecador. Pero Jesús sabía que aquella enfermedad no tenía que ver con el pecado. Y lo cura de aquella terrible carga. No nos extraña, para nada, que por mucho que dijera el Hijo de Dios que nada dijeran de aquello el hombre no pudiera callar tan gran gracia.

Tampoco nos extraña que aquellos que habían visto aquel extraordinario milagro de parte de Dios en manos de Jesucristo dijeran que todo lo había hecho bien y que, además, se estaban cumpliendo las Sagradas Escrituras.


JESÚS, ayúdanos a recibir la sanación de tu parte.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2015

El señor del Sábado


        Sábado XXII del tiempo ordinario


Lc 6,1-5

Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?’. Y les dijo: ‘El Hijo del hombre es señor del sábado’”.

COMENTARIO

       
Cumplir la ley es lo que siempre se recomienda a quien quiera vivir en sociedad sin tener sobresalto alguno. Y eso es, aun, mucho más importante si nos referimos a la Ley de Dios. Y eso pasaba en tiempos de Jesús.

Aquellos que veían lo que hacían los discípulos de Jesús en sábado eran celosos de la Ley. Es decir, creían que la conocían tan bien que podían decir lo que estaba bien y lo que estaba mal. Y les parecía muy mal que alguien hiciera eso en un día tan sagrado como era un sábado.

Jesús, sin embargo, conocía la Verdad. Sabe que Dios prefiere la misericordia y el bien de sus hijos antes que un equivocado conocimiento de su Ley. Y es que, además, Cristo, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, es señor del sábado. Y eso debería haberles hecho pensar algo más de lo que pensaron.

JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2015

Sobre odres y vino

Viernes XXII del tiempo ordinario


Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: ‘Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben’. Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’.

Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’’”.
                
COMENTARIO

La enseñanza de Cristo es, eminentemente práctica. Por eso hace uso de cosas rutinarias, de la vida ordinaria. Sabe que es una forma de transmitir la Palabra de Dios que ha de calar en el corazón de aquellos que le escuchan.

Él aún estaba presente entre ellos. Por eso sus discípulos no han de mostrar ningún tipo de tristeza. Cuando muera (y lo dice en este texto refiriéndose al novio) entonces será el momento ideal para hacer ayunos en su recuerdo. Ahora, aún no.

El caso es que todo se trata de darse cuenta de que las cosas, con Cristo, cambiaron y han cambiado. No valen los odres viejos para contener la nueva Ley de Dios (que es la de siempre pero hecha realidad). Por eso conviene que el vino nuevo, Cristo dado por Dios, entre en un corazón nuevo. Por eso es necesaria la conversión.


JESÚS, ayúdanos a ser odres nuevos que contengan el vino nuevo de la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2015

Reconocerse pecador


Jueves XXII del tiempo ordinario
Lc 5,1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”
                                                                    
COMENTARIO

Jesús continuaba con la misión que le había encomendado el Padre. Enseñaba acerca de lo que era importante conocer para salvarse y para alcanzar la vida eterna. Ahora lo hace desde una barca, en concreto la de quien llamaría Pedro.

Pero era necesario que Jesús escogiera a los que iban a transmitir, de primera mano, la Palabra de Dios y su santa doctrina. Ya había escogido a Simón y, como lo conocía el pescador, se fía de lo que le dice el Maestro. Y obtiene el resultado adecuado a su fe y confianza porque, además, se reconoce pecador.

Santiago y Juan también eran pescadores como Simón. Ellos, sin duda alguna, se quedan sorprendidos por aquello de una pesca tan de improviso. Y Jesús los llama también a ellos. Van a ser pescadores de hombres. Y, sin dudarlo ni nada por el estimo, lo dejan todo y le siguen. Y muestran confianza en aquel que los ha escogido.


JESÚS, ayúdanos a reconocer lo que somos.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2015

Para eso había sido enviado

Miércoles XXII del tiempo ordinario


Lc 4,38-44

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”


COMENTARIO

Allá por donde iba Jesús lo hacía llevando la verdad del Reino de Dios, la llamada Buena Noticia porque era bueno que se cumpliera la voluntad de Dios de enviar al Mesías para salvar a su pueblo. Por eso Jesús cura ahora a la suegra de Pedro.

Y ella se puso a servirles. Es síntoma de haber comprendido la misión que debe llevar a cabo el discípulo de Cristo el ponerse a servir. El servicio es manifestación de quien, sintiéndose hijo de Dios, sabe que el prójimo lo necesita muchas veces.

La gente buscaba a Jesús. Seguramente se había sabido lo de la suegra de Simón y otras muchas cosas que había hecho aquel hombre que iba por el mundo dando, del poder de Dios, lo mejor. Y, como dice el texto, iba predicando, transmitiendo la Verdad.


JESÚS, ayúdanos a servir como lo hizo la suegra de Pedro.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2015

La autoridad de Cristo


         Martes XXII del tiempo ordinario
Lc 4,31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.”

COMENTARIO

El poder de Dios se manifiesta a través de su Hijo Jesucristo. Por eso, allí donde iba, dejaba constancia de que podía hacer cosas extraordinarias que ningún otro ser humano podía hacer. Por eso decían que enseñaba con autoridad.

Tal era la autoridad de Cristo que hasta los demonios le obedecían. Y es que ellos sí le reconocían como el Hijo de Dios. Y resulta curioso que eso fuera así cuando había muchos que, conociendo a Jesús desde pequeño no eran capaces de ver en Él al Mesías.

El pueblo judío amaba muchos los signos. Por eso cuando ven que el espíritu inmundo sale de aquel hombre a quien poseía se quedan admirados. Y no extraña, para nada, que su fama se extendiera por toda la región.
                  
JESÚS, ayúdanos a creer en tu santa y poderosa autoridad.

Eleuterio Fernández Guzmán

31 de agosto de 2015

La salvación es para todo ser humano





Lunes XXII del tiempo ordinario

Lc 4,16-30

En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’.

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír’. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’. Él les dijo: ‘Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria’. Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’. 

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”



COMENTARIO


Jesús cumple con la misión que tenía encomendada. Era anunciar el Reino de Dios y comunicar a sus hermanos los hombres que Él era el Hijo de Dios y que debían seguir sus palabras.

Jesús pone ejemplos. Pero los que ponen no son del gusto de muchos que allí están. Les está diciendo que la salvación es para toda la humanidad y no sólo para el pueblo judío.

A muchos, sin embargo, eso no les gusta nada de nada. Ellos se saben el pueblo escogido por el Creador. No pueden entender ni creer ni estar de acuerdo con quien dice que serán otros, además de ellos, los beneficiados por la salvación. Por eso quieren matar a Jesús.

JESÚS, ayúdanos a aceptar que la salvación es para todo aquel que crea en Dios Todopoderoso.


Eleuterio Fernández Guzmán



30 de agosto de 2015

Del corazón salen las obras




Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23

“Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,- es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la  purificación de copas, jarros y bandejas -.Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’  El les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: = Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. = = En vano me rinden culto,  ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. =  Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.’

Llamó otra vez a la gente y les dijo: ‘Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
       
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,  adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.’”

COMENTARIO

Es bien cierto que el pueblo judío estaba sometido a muchas tradiciones. Pero también es cierto que muchas de ellas no devenían, no dependían, de la voluntad de Dios ni de su Palabras sino de lo establecido por los hombres.

Jesús sabe que mucho de lo que dicen los considerados sabios nada tiene que ver con lo que Dios quiere para el hombre, su creación amada. Y los corrige con dureza porque no pueden seguir engañando al resto de hermanos.

Hay algo sobre lo que Jesús hace incidencia: es del corazón de donde salen las obras. Aquello que entra de fuera del hombre puede contaminarlo pues era la forma taimada que tenían de controlar al resto de la población aquellos que creían saberlo todo.

JESÚS, ayúdanos a comprender correctamente la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán