17 de abril de 2018

El Pan bajado del cielo


Jn 6,30-35

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO

Los que escuchaban a Jesús quería saber todo sobre el Maestro, sobre su vida espiritual y sobre su relación con Dios Padre Todopoderoso. Y continuamente le preguntan acerca de eso que, para ellos, es verdaderamente crucial.

Jesús sabe que debe transmitir aquello que es esencial, aquello que les puede ayudar. Lo más importante, por eso, es que sepan que lo que le pasó a Moisés con el maná, en el desierto, era un antecedente del Pan que alimenta para siempre.

Danos de tal pan. Ellos saben que lo que Jesús les dice es la verdad. Por eso quieren del Pan que lleva a la vida de eterna. Y Jesús, que es el Pan de vida, revela la verdad: es el Pan bajado del cielo y, además, el Agua que quita la sed para siempre.


JESÚS, ayúdanos a tenerte como el Pan del cielo.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de abril de 2018

Muchos lo buscaban

Jn 6,22-29

“22 Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. 23 Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. 24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’
26 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.’ 28 Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ 29 Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.’”


COMENTARIO

Ciertamente, la multiplicación de los panes y de los panes había hecho ver a muchos que aquel hombre no era un hombre cualquiera sino que tenía mucho que ver con Dios. Otros, sin embargo, creían que aquel hombre les había saciado el hambre y eso era, al parecer, más que suficiente.

Jesús, que conocía más que bien el pensamiento de aquellos hermanos suyos, sabía que no todos lo querían por lo que decía sino, a veces, sólo por lo que hacía.

El Hijo de Dios pone sobre el aviso de qué es lo que deben hacer aquellos que le quieren seguir. Deben trabajar por lo que vale la pena que no es el mundo sin la vida eterna.


JESÚS,  ayúdanos a creer en Ti por quien eres.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de abril de 2018

Reconocer a Cristo




Jn 6,16-21

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían”.

COMENTARIO

Los apóstoles-pescadores llevaban una vida relacionada con lo que era su vida ordinaria. En aquella ocasión, al parecer, no estaban pescando sino que, simplemente, habían subido a una barca para ir al otro lado del lago. Iban, en concreto, a Cafarnaúm.

Ellos quisieron acercarse a Jesús. En principio sintieron miedo pues no era lo más normal ver a nadie caminar sobre las aguas como lo hacía, en aquel momento, Jesús. Pero, luego, por sus palabras, quisieron recogerlo.

Jesús, que conocía la naturaleza de aquellos que había escogido como sus apóstoles, sabe que debe calmarles. Y se presenta: es Él, el Maestro, quien les estaba enseñando la santa doctrina del Amor de Dios. “No temáis” les dice sembrando en su corazón la paz que, luego, les daría en cierta casa en la que estarían escondidos por miedo a los judíos.


JESÚS, ayúdanos a descubrirte en todo lo mejor que nos pasa.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de abril de 2018

Domingo, 15 de abril de 2018 – Apóstoles sin miedo



Lc 24, 35-48


Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.  Pero él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.’ Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.  Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de  comer?’ Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: ‘Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."‘  Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día    y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.48       Vosotros sois testigos de estas cosas”.


COMENTARIO

Según nos dice san Lucas, en aquel momento habían llegado a la casa donde estaban los apóstoles, los discípulos de Emaús. Entonces se les aparece Jesús y les da la paz. Les de la Paz de Dios que era la que más necesitaban en aquellos momentos de zozobra espiritual.

Jesús sabe que tienen miedo y que creen que lo que ven es un fantasma o un espíritu. Y les pide algo de comer porque sabe que viendo tal signo creerán que ha resucitado.

Hasta entonces no habían comprendido casi nada de lo que les había estado enseñando. Pero ahora, cuando les abre la mente y el corazón, comprenden que todo era cierto y que, a partir de ahora iban a ser verdaderos testigos de Cristo.



JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles tuyos en el mundo de hoy.

Eleuterio Fernández Guzmán

El hambre de Cristo



Jn 6,1-15

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: ‘¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?’. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco’. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?’. 

Dijo Jesús: ‘Haced que se recueste la gente’. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda’. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: ‘Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo’. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo
”.



COMENTARIO

Jesús tuvo muchas oportunidades para poner a prueba la fe de sus discípulos más allegados, de sus apóstoles. Esperaba de ellos que comprendiesen cómo debían hacer las cosas. Y la situación que recoge hoy el evangelio es, verdaderamente, sintomática de lo que pasaba en sus corazones.

Era cierto que había mucha gente siguiendo, en aquel momento, a Jesús. Alimentarlos, pagando lo que podía costar aquello, era imposible. Por eso sus apóstoles se ahogan en un vaso de agua. No comprenden que Dios es el remedio a lo que están pasando.

Jesús hace lo que debe hacer: da gracias a Dios y pide. A Dios, cuando su Hijo le pide, no puede ocurrírsele nada más que complacerlo. Y aquello, aquella extraordinaria multiplicación, debía haber servido a muchos para convertirse. Pero muchos a lo que más que llegaron es a querer hacer rey a Cristo…



JESÚS, ayúdanos a no tener tan duro el corazón como aquellos que no comprendieron.

Eleuterio Fernández Guzmán

12 de abril de 2018

Aceptar a Cristo como Quien es

Jn 3,31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”.

COMENTARIO

Jesús delimita perfectamente lo que corresponde a cada estado de cosas porque no es lo mismo una cosa que otra. Por eso habla de dos realidades diferentes: el cielo y la tierra. Y son dos realidades espirituales que lo dicen todo para cualquiera de sus discípulos.

Jesús sabe que no es lo mismo ser del cielo que ser de la tierra. Él viene del Cielo y, por eso mismo, certifica lo que es verdad y es cierto. Quien acepta lo que dice y lo acepta a Él misma, acepta a Dios y, por tanto, está muy cerca de la vida eterna.

Sin embargo, aunque parezca ilógico o absurdo, también es posible, como dice Jesús, rehusar creer en el Hijo enviado por Dios. En tal caso se permanece en la oscuridad y el Cielo se cierra porque  no se puede entrar donde habita Quien lo ha creado todo pero no se cree en Él.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta tus santas palabras,.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de abril de 2018

Salvados gracias a Dios



Jn 3,16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios’”.


COMENTARIO


Continúa la enseñanza a Nicodemo. Y Jesús quiere que aquel hombre notable conozca la voluntad de Dios porque llegará un tiempo en el que podrá certificar que lo escuchó de boca del Hijo del hombre y todo se representará cierto y verdadero.

Dios no quiere que su hijo juzgue al mundo… aún. Su primera venida lo es, lo fue, para enseñar, para que el mundo, que estaba perdido, se salvara. Y, para eso había que creer en el Hijo de Dios. Entonces quien eso hiciera… se salvaría.

Jesús, que es la luz enviada por Dios, es, a su vez, Quien promueve la salvación eterna. Es necesario algo más que creer. Por eso Jesús habla de que las obras que se hacen son cruciales para la salvación personal. Lo mal hecho, condena; lo bien hecho, salva.



JESÚS, ayúdanos a creer, siempre, en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

10 de abril de 2018

Queremos aprender como Nicodemo aprendió de Cristo


Jn 3, 1-85a.7b-15


“1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ‘Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.’ 3 Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.’ 4 Dícele Nicodemo: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’ 5 Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.’ 9 Respondió Nicodemo: ‘¿Cómo puede ser eso?’ 10 Jesús le respondió: ‘Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? 11 ‘En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. 12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.”


COMENTARIO

Jesús dice mucho a Nicodemo en esta conversación. Creemos, de todas formas que, siendo persona formada, acabó entendiendo más que el común de sus contemporáneos, incluidos los Apóstoles.

Todo lo que dice el Hijo de Dios tiene importancia y, por eso, precisamente por eso, se lo dice a Nicodemo. Hay, pues, que nacer al hombre nuevo y abandonar el corazón antiguo. Así se llega al definitivo Reino de Dios y se goza de la vida eterna.

Es más, el Hijo de Dios avisa de su propia muerte al decir que será levantado. Sabemos, claro, que se refiere a la Cruz en la que fue colgado y levantado. Entonces, todo el que crea tendrá vida eterna.

JESÚS, ayúdanos a creer.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de abril de 2018

Y dijo sí


Lc 1,26-38
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. 

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue
”.
COMENTARIO


El anuncio del Ángel

Lo que había venido a anunciar el Ángel del Señor, Gabriel, era muy importante para la humanidad. Por eso se presenta a María llamándola “llena de gracia” porque, en verdad, Dios estaba con ella y, pronto, en ella.

La situación de María

No podemos negar que aquella virgen judía estaría atribulada ante la presentación de aquel Enviado de Dios. No duda, sin embargo, como había hecho Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Ella, sin embargo, sólo quiere saber cómo será lo que le ha dicho Gabriel.

La respuesta de María

Ciertamente María podía haber dicho que no al Ángel. Era una posibilidad. Sin embargo, para una joven entregada a Dios desde muy pequeña no podía haber nada mejor que responder sí a la santa voluntad de Dios. Y así nos salvó.


JESÚS, ayúdanos a alabar, en cuanto merece (que es mucho) la actitud de tu Madre, su santa Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de abril de 2018

Domingo, 8 de abril de 2018- No ser incrédulos


Jn 20, 19-31


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió,  también yo os envío.’  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados;   a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’  Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’  Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’  Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’  Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.’ Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO


Cuando Jesús se aparece, espiritualizado tras su Resurrección, ante aquellos que lo habían seguido con tanta fidelidad pero que ahora estaban escondidos, les da la paz. No es la paz del mundo sino la que Dios da a quienes le aman y necesitan.

Tomás era incrédulo. Pero no sólo él. Sin embargo, muestra una actitud muy humana entonces y ahora: no creer en aquello que no se ve y que no se toca. No se comporta, por tanto, de una forma extraña sino, por desgracia, de una forma muy común.

Jesús aprovecha la ocasión para definir la fe para que siempre se sepa qué es la misma: creer sin ver. Era una forma, primero, de corregir la actitud de Tomás y, en segundo lugar, de dejar, para siempre, establecido que debían hacer a partir de entonces.

JESÚS, ayúdanos a no ser como Tomás.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de abril de 2018

Sábado, 7 de abril de 2018 - No creer en la Verdad



Mc 16,9-15

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’”.


COMENTARIO

María Magdalena debía sentir mucho amor por Aquel que le había librado del demonio. Por eso no duda en cumplir aquello que le dijera el Resucitado. Acude donde están los otros que, por miedo, están escondidos. Les transmite la noticia.

Había muchos, seguramente todos, que no creían lo que les estaba diciendo aquella mujer. La tenían por nerviosa y alterada por todo lo que ella misma había vivido con la intervención del Maestro en su vida y ahora, ahora mismo, con la muerte de su Salvador.

Pero Jesús, cuando se les aparece, hace algo que ha sido fundamental para el devenir del mundo y de la humanidad entera: los envía a predicar, a transmitir la Buena Noticia de que el Reino de Dios se había confirmado.






JESÚS, ayúdanos a  no ser incrédulos.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de abril de 2018

Reconocer a Cristo

Jn 21,3-14

Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’. Le contestaron: ‘No’. Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’. Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar’. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Venid y comed’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos
”.

COMENTARIO

Cuando Pedro dice “voy a pescar” quiere decir más de lo que pudiera significar. Quiere decir, por ejemplo, que han vuelto a la rutina y que nada parece que es ha afectado todo lo que ha pasado con Jesús y con ellos mismos. Vuelven a lo mismo como hicieron los discípulos de Emaus.

Jesús vuelve. Sabe que necesita enseñar mucho aún. Por eso se presenta ante ellos para que vean que es Él. Y Pedro se da cuenta de que se trata el Señor y se lanza al mar. Se convierte, nuevamente, como hizo con la mirada de Jesús cuando, tras las negaciones, lo perdonó.

Jesús hace cosas comunes: come pan y pescado. Ellos se han de dar cuenta, al ser la tercera vez que lo ven, que está allí porque debe estar y ellos, que fueron tan incrédulos como lo fue Tomás, reconocen que todo ha de cambiar, que todo ha cambiado para ellos y para el mundo.



JESÚS, ayúdanos a reconocerte.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de abril de 2018

Resucitó y se presentó


Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo’. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de comer?’. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

Después les dijo: ‘Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’’. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas’”.


COMENTARIO

Los apóstoles no las tenían todas consigo. Cuando ven a Jesús es poco decir que se sintieron sorprendidos. Al parecer aún no habían comprendido eso de que resucitaría al tercer día como había dicho el Maestro.

Jesús tranquiliza a los atribulados testigos de su aparición. Es de carne pero también es de Espíritu. Por eso les pide algo de comer pues así verían que no era un fantasma (como ellos habían creído). Confirma, así, que todo había sido verdad y según lo prometido.

En realidad, todo se ha cumplido. Por eso Jesús les vuelve a decir lo que tantas veces les había dicho: Dios no hace las cosas sin sentido alguno sino, muy al contrario, de acuerdo a su santa y providente voluntad. Y así había sido.


JESÚS, seguramente no daban crédito los que te vieron por primera vez después de tu Resurrección. Ayúdanos a no tener tantas dudas de fe como aquellos otros nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán

4 de abril de 2018

Saber ver a Cristo




Lc 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 

Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’. Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”
.


COMENTARIO

Aquellos que se volvían al lugar de donde habían venido, Emaús, había perdido la esperanza. Ellos creían que Jesús acabaría de cumplir con aquello que estaba escrito pero, al verlo morir, creen que nada ha valido la pena.

Jesús, sin embargo, que conoce la dura cerviz de aquellos que con Él hablando, les cuenta todo lo que deben saber para que se dieran cuenta de que había resucitado y que era Él, el Maestro, quien les hablaba.

Ellos sólo lo reconocen al partir el pan. Seguramente habían visto muchas veces como lo hacía, como daba gracias a Dios por el pan. Eso les hace volver en sí y correr a Jerusalén a decir que habían visto al Señor. Se levantó el velo que tenían en su corazón.



JESÚS, ayúdanos a verte siempre y a encontrarte siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de abril de 2018

El bien recompensado

Jn 20, 11-18


“11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, 12 y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’ Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.’ 14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15 Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’ Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.’ 16 Jesús le dice: ‘María.’ Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’ - que quiere decir: ‘Maestro’ -. 17 Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.’ 18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”

COMENTARIO

María Magdalena estaba junto al sepulcro donde habían puesto a su Maestro porque lo quería mucho. Por eso había ido antes a terminar el trabajo que no habían podido finiquitar el viernes. Por eso Jesús la recompensa.

Cuando Jesús se aparece a la de Madgala lo hace porque quiere. Es decir, quiere que sepa que tiene un amor grande por ella y quiere, por decirlo así, recompensar su amor y su entrega hasta después de la muerte. Por eso la busca y, al encontrarla, le agradece así y de tal manera sus desvelos.

La labor de María Magdalena no iba a terminar en aquella que era acabar de terminar el cuerpo del Maestro. No. Debía dar un mensaje a sus hermanos en la fe que era el que Jesucristo le iba a dar a ella. Y ella cumplió con aquella labor de enviada de Dios en la persona del Hijo.



JESÚS, gracias por haber dado el mensaje a María Magdalena y por haberla elegido para aquella labor de apóstol.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de abril de 2018

Es que el Mal nunca descansa frente al Bien

Mt 28, 8-15

“8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’ Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. 10 Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.’ 11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. 12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, 13 advirtiéndoles: ‘Decid: “Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos.” 14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.’ 15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.”

COMENTARIO

Cuando las mujeres que habían ido al sepulcro a terminar con la labor de embalsamación del Maestro se dan cuenta de que ha resucitado no tardan en ir a dar la noticia a los que estaban escondidos por miedo a los judíos. Pero Jesús les sale al encuentro.

El Maestro quiere que sean sus mensajeras. Las envía, por tanto, a decir a sus hermanos que los espera en su tierra, en Galilea. Pero había quien, a la misma hora, no podía consentir que se creyera que, en efecto, había resucitado quien dijo que iba a resucitar.

Hubo quien quiso hacer más trampa. Al parecer, no habían tenido suficiente con haber preparado a su gusto y gozo la muerte del Hijo de Dios sino que no querían que supiese que había resucitado como ellos sabían que había resucitado. Y siguieron insistiendo en el Mal.


JESÚS, perdona a los que tanto daño te hicieron y a los que hoy día te lo hacemos.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de abril de 2018

¡Resucitó!

Jn 20, 1-9

“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’
3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

COMENTARIO

Seguramente, María de Magdala fue al sepulcro donde habían puesto a Jesús para acabar de embalsamarlo porque, con las prisas del viernes, no habían podido hacerlo bien. Y fue, pues, por amor a su Maestro. Y dio la noticia: no estaba el cuerpo del Señor.

Cuando los Apóstoles se enteraron de lo que podía haber pasado seguro que no acabaron de creer en María. Pero Pedro y Juan, muy alarmados, van corriendo al sepulcro. Casi podemos verlos por las calles de Jerusalén rumbo al mismo.

Cuando Juan entro, dice el texto, dice el mismo, que vio y creyó. Y no es antes no creyera en lo que les había dicho Jesús sino que ahora acababa de juntar las piezas de aquel puzle tan difícil de juntar como era la Palabra de Dios en la boca de Cristo.


JESÚS,  gracias por haber vuelto a la vida.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de marzo de 2018

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo



COMENTARIO

El Hijo de Dios, a lo largo de aquellos días previos al Viernes Santo, manifestó que había llegado su hora. Entonces sí había llegado la hora de Quien se iba a entregar por sus hermanos los hombres como aún no había llegado (Cristo dixit) su hora en la boda de Caná. Ahora sí era el momento.

Lo que ocurre entonces, en aquella primera Semana Santa, ha quedado escrito para la historia de la salvación, como esencial y como aquello que Dios quería. Es difícil y resulta dificultoso aceptar una muerte como la que sufrió y padeció Jesucristo. Sin embargo, lo hacemos porque sabemos que es lo que nuestro Creador quiere que aceptemos.

Jesucristo sufrió lo indecible. Eso lo sabe todo aquel que tenga conocimiento de las Sagradas Escrituras y medite, aunque sea algo, acerca de aquellas últimas horas de la vida del Santo por excelencia, del único que, de verdad, lo es según Dios entiende que debe serlo.

JESÚS,  gracias por haber dado tu vida para que se puedan abrir las puertas del Cielo y la salvación eterna no sea un sueño sino una realidad gratuita por parte de Dios hacia quien quiera salvarse.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de marzo de 2018

Servir y saber servir



Jn 13, 1-15

“1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: ‘Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?’7 Jesús le respondió: ‘Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.’8 Le dice Pedro: ‘No me lavarás los pies jamás.’Jesús le respondió: ‘Si no te lavo, no tienes parte conmigo.’9 Le dice Simón Pedro: ‘Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.’10 Jesús le dice: ‘El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.’11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: ‘No estáis limpios todos.’
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa,
y les dijo: ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.  15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.”


COMENTARIO

Cuando llega el momento de que el Hijo de Dios entregue su vida, ha de celebrar la Pascua con sus más allegados. Y en el Cenáculo cambian muchas cosas porque era necesario que cambiaran.

Cuando Jesús se pone a lavar los pies a los Apóstoles está haciendo algo que, además, era una enseñanza que debían aprender sin dilación porque era muy importante que supiesen que debían servir.

Jesús dice que se ha de servir. Es más, alguna vez dijo que él no había venido a ser servido sino a servir. La enseñanza acerca de que debían servirse unos a otros era el germen del amor que, también, fue enseñado en aquel momento.


JESÚS, ayúdanos a servir y a no ser egoístas.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de marzo de 2018

Judas


Mt 26, 14-25

“14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, 15 y les dijo: ‘¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?’ Ellos le asignaron treinta monedas de plata. 16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. 17 El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?’ 18 El les dijo: ‘Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”‘ 19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. 20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. 21 Y mientras comían, dijo: ‘Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.’ 22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ‘¿Acaso soy yo, Señor?’ 23 El respondió: ‘El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. 24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ 25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ‘¿Soy yo acaso, Rabbí?’ Dícele: ‘Sí, tú lo has dicho.’”


COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Mateo empieza y termina con una persona que, a pesar de ser amado por Jesucristo, traiciona al Maestro por el vil metal del dinero. Judas es de quien hablamos.

Seguramente, aquel hombre no había cubierto sus expectativas humanas con la llegada del Mesías. Y es que no veía avance alguno en contra de la dominación romana y eso, creyendo que el Enviado de Dios sería guerrero y sangriento, no entraba en sus ideas sobre el futuro.

Jesús sabe, de todas formas, que Judas lo va a traicionar. Sin embargo, quizá espera de aquel avaricioso hombre que se arrepienta de su inicial idea. En realidad, todo estaba escrito y eso no iba a pasar.


JESÚS, ayúdanos a no ser como Judas.

Eleuterio Fernández Guzmán