23 de marzo de 2018

Las señales de Cristo Señor




Jn 10,31-42

En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: ‘Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?’. Le respondieron los judíos: ‘No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios’. Jesús les respondió: ‘¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre’. Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: ‘Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad’. Y muchos allí creyeron en Él”.
               

COMENTARIO

Es bien cierto que, como muchos de sus contemporáneos gustaban mucho de los signos no tenían intención alguna de condenar a Jesús por los que había hecho. Era por otra cosa que tenía relación con su sentido de la fe.

Jesús dice entonces, y ahora, que Él había venido a llevar a cabo la obra de su Padre, de Dios. Por eso creerlo a Él era lo mismo que creer a Dios Creador. Y eso no era, precisamente, nada a su favor porque aquellos que le perseguían no querían, siquiera, plantearse tal posibilidad.

Jesús no podía morir entonces. Aún no había llegado su hora. Por eso se les escapa de las manos y va a otro lugar donde aún no lo estaban buscando. Y eso, lo que hacía fue, precisamente, lo que demostró que era el Hijo de Dios porque como muchos habían escuchado de Juan el Bautista, era el Cordero de Dios.


JESÚS, ayúdanos a tenerte por Quien eres.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de marzo de 2018

No entender tu propia fe



Jn 8,51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás’. Le dijeron los judíos: ‘Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?’. Jesús respondió: ‘Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró’. Entonces los judíos le dijeron: ‘¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy’. Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo”.


COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús, que eran sobre todo los más poderosos, no querían, siquiera, escucharle. Así, hiciera lo que hiciera o dijera lo que dijera era bien cierto que tenían claro que actuaba en nombre del Mal. Y es que no habían entendido nada o, mejor, no querían entender nada.

Jesús, sin embargo, sabía que era el Hijo de Dios. Por eso no deja de decirlo, de una manera sencilla de entender para el ser humano. Él no se glorifica a sí mismo sino a Quien lo ha enviado que no es otro que el Padre del Cielo.

Jesús, además, muestra cómo son las cosas en la vida eterna: Abrahám, allí, en el Cielo, había visto qué haría Jesús, qué sería Jesús. Y se alegró viendo cumplida la voluntad de Dios. No extraña, nada de nada que quisieran apedrear a Jesús… por sus corazones corrompidos.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en Ti y en Quien te ha enviado.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de marzo de 2018

Creer en la Palabra de Cristo-Dios



Jn 8, 31-42

“31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: ‘Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, 32 y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.’’ 33 Ellos le respondieron: ‘Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?’ 34 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. 35 Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. 36 Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. 37 Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre.’
39 Ellos le respondieron: ‘Nuestro padre es Abraham.’ Jesús les dice: ‘Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. 40 Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.’ Ellos le dijeron: ‘’Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios.’
42 Jesús les respondió: ‘Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado.’”


COMENTARIO

No se puede decir que el Hijo de Dios no supiera, exactamente, lo que querían aquellos que no querían saber nada ni de lo que decía ni de lo que hacía. Por eso no dudaba en hablar, ante ellos, sin preocuparle lo que pudieran pensar.

Jesucristo sabe perfectamente que los que le acusan son descendencia de Abraham. Sin embargo, también sabe que no siempre actúan como el padre de la fe preferiría. Y Cristo sabía que Abrahám se había alegrado de ver su día.

Sabe el Hijo de Dios que aquellos que quieren matarlo no quieren escuchar nada de lo que les pueda decir. Y es bien cierto que Cristo no ha venido al mundo por sí solo sino porque Dios ha querido que venga. Y es que es su enviado.


JESÚS, ayúdanos a creer siempre en su santa Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de marzo de 2018

La meridiana claridad de Cristo

Jn 8,21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’. Los judíos se decían: ‘¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?’. El les decía: ‘Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados’. 
Entonces le decían: ‘¿Quién eres tú?’. Jesús les respondió: ‘Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo’. No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: ‘Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él’. Al hablar así, muchos creyeron en Él”.
COMENTARIO

Es bien cierto que muchos de los que seguían a Jesús no entendían del todo lo que decía. Eran cosas demasiado elevadas como para que todo el mundo conociera a la perfección lo que quería decir. Sin embargo había muchos que sí lo entendía pero no querían entenderlo…

Jesús les dice la verdad de las cosas. Donde Él va aquellos que no creen en su persona, en su doctrina y, en fin, en todo lo que representa, no puede ir donde Él va a ir que no es a otro lugar que al Cielo junto a Dios Padre. Por eso les advierte de lo que les va a pasar de seguir en aquella negativa actitud al respecto de Él.

Jesús les dice algo que es muy importante: lo que hace no lo hace porque sea su voluntad (que también) sino porque es la voluntad de Quien le ha enviado que no es otro que Dios mismo. Y sabe, además, que nunca lo ha abandonado y menos aún en el momento, el que ha de venir, de tribulación.



JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de tu santa intención.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de marzo de 2018

El silencioso y fiel José

Mt 1, 26.18-21. 24 a

“16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.

18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María,
estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. 19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. 20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.’ 24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.”



COMENTARIO

Es bien cierto que de San José no se dice mucho en los Santos Evangelios. Es, así, ejemplo de silencio pero, también, de fidelidad porque su actuación en la historia de la salvación fue eso: silenciosa, respetuosa con la voluntad de Dios y fiel.

José tenía dudas. Eso, humanamente y en un primer momento, no puede reprochársele. Y es que, hasta que el Ángel del Señor no le dice lo que ha pasado, tanto amaba a María que no quería repudiarla en público. Y Dios, como sabemos, conoce el secreto de todos los corazones.

Lo que hace José cuando se despierta y se da cuenta de que se le ha dicho lo que debe hacer no duda lo más mínimo en llevarlo a cabo. Y es que aquel hombre justo sólo tenía en su corazón cumplir lo que Dios quería. Y lo hizo a conciencia y de buen corazón.


JESÚS, agradece a tu padre del mundo lo que hizo por ti y por nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de marzo de 2018

Morir para vivir

Jn 12, 20-33

Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: ‘Señor, queremos ver a Jesús.’ Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: ‘Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere,  queda él solo;  pero si muere,  da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde;  y el que odia su vida en este mundo,  la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga,  y donde yo esté, allí estará también mi servidor.  Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir?  ¡Padre, líbrame de esta hora!  Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre.’ Vino entonces una voz del cielo: ‘Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.’ La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: ‘Le ha hablado un ángel’. Jesús respondió: ‘No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo;  ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.  Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.’

Decía esto para significar de qué muerte iba a morir”.


COMENTARIO

Muchos querían ver a Jesús pues aunque era cierto que había quien quería matarlo y quitarlo de en medio había otros creyentes judíos que, habiendo escuchado acerca de aquel hombre querían conocerlo. Y lo buscaban. Buscaban al Cristo.

Jesús sabía que creyéndole a Él, que teniendo en el corazón sus palabras y llevándolas a la vida ordinaria quien así actuara salvaría la vida que más importa salvar: la eterna. Por eso predica en tal sentido y muestra, con su propia vida, qué es lo que se debía hacer.

Jesús, además, muestra a los que le escuchan que ha de morir de una muerte terrible. En una cruz iba a ser levantado. Entonces muchos creerán en aquel que antes habían escuchado muy mal y con poco provecho.



JESÚS, ayúdanos a no necesitar de tu cruz como prueba de tu amor por nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de marzo de 2018

Las dudas acerca de Cristo


Jn 7,40-53

En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: ‘Éste es verdaderamente el profeta’. Otros decían: ‘Éste es el Cristo’. Pero otros replicaban: ‘¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?’. 

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ‘¿Por qué no le habéis traído?’. Respondieron los guardias: ‘Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre’. Los fariseos les respondieron: ‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’. 

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’. Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’. Y se volvieron cada uno a su casa”
.


COMENTARIO

Se está tramando el final humano de Jesús. Los que le persiguen siembran dudas acerca de su persona y de la misión que está cumpliendo el Maestro. No extraña, por tanto, que cundiera, precisamente, la duda ente aquellos que lo conocían.

Los considerados sabios, socialmente hablando, sabían que Jesús era muy peligroso para sus intereses porque estaba diciendo la verdad. Por eso se apoyan unos a otros sosteniendo que si ninguno de ellos lo había apoyado lo mismo debían hacer el resto de judíos.

Sin embargo, no todos era de igual pensar. Nicodemo, también sabio como ellos, se había dado cuenta de que aquel Maestro era mucho más que un Maestro. Por eso era discípulo suyo aunque en secreto. Trata de defenderlo pero las fuerzas del Mal habían ocupado el corazón de muchos.



JESÚS, ayúdanos a no dudar de ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de marzo de 2018

La verdad de Cristo y es Cristo la Verdad


Jn 7, 1-2. 10. 25-30


“1 Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. 2 Pero se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. 10 Pero después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió no manifiestamente, sino de incógnito. 24 No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.’ 25 Decían algunos de los de Jerusalén: ‘¿No es a ése a quien quieren matar? 26 Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? 27 Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.’ 28 Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: ‘Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis. 29 Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado.’ 30 Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.’”


COMENTARIO


Dice el texto del Evangelio de San Juan que “todavía no había llegado su hora”. Y es que estaba escrito que el Mesías iba a sufrir como un cordero llevado al matadero y aún no había llegado tal tiempo.

Muchos querían matarle. En realidad, no habían creído nunca que uno del que conocían su lugar de nacimiento, dónde vivía y todas sus circunstancias personales, fuese el Mesías enviado por Dios al mundo para que el mundo se salvase.

Cristo, sin embargo, que era consciente de la verdad de las cosas, sabe que hay muchos que no creen en su persona. Y lo dice con toda claridad y para que nadie se lleve a engaño. Y aquello certificó, más aún, el destino que debía cumplir.


JESÚS,  ayúdanos a tener siempre por verdad tus santas palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de marzo de 2018

Saber que Cristo es Dios hecho hombre



Jn 5, 31-47

“31 ‘Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. 32 Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el
testimonio que da de mí. 33 Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34 No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. 35 Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. 36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. 37 Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, 38 ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado. 39 «Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. 41 La gloria no la recibo de los hombres. 42 Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. 44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? 45 No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. 46 Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. 47 Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?’”

COMENTARIO

Lo que Jesús dice en este texto del Evangelio de San Juan es, por parte del Hijo de Dios, un aviso más que claro a los que, conociéndolo, no quieren creer en el Enviado del Todopoderoso.

Ellos, los que persiguen al Maestro, mataron a Juan el Bautista porque no decía lo que querían escuchar. Pero el primo de Cristo era una luz en el desierto. Y Él es más que aquella luz por mucho que muchos no quieran comprenderlo ni entenderlo.

Al fin y al cabo, ellos, los que persiguen a Jesús, con sus acciones y palabras, muestran que no aman a Dios porque no creen en su Enviado. Por eso muchos querían matarlo.


JESÚS, ayúdanos a creer siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de marzo de 2018

Lo que Cristo dice que ha de pasar



Jn 5,19-30

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 
En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Cristo es Dios
En este texto evangélico Jesús da a entender la verdad más importante: Él es Dios hecho hombre y puede hacer lo mismo que puede hacer el Creador. Y, de hecho, lo hace resucitando a muertos o dando la vista a ciegos, curando a paralíticos y devolviendo a la vida social a leprosos.

Cristo nos juzgará
Como bien se nos dice será Jesucristo quien nos juzgará cuando llegue el día esperado de la liberación del ser humano, de la salvación definitiva. Entonces, el Hijo de Dios separará a los buenos de los malos y a cada uno nos destinará a donde nos corresponda estar.

Cumplir la voluntad de Dios

El caso es que todo lo que hace Jesucristo lo hace por voluntad de Dios. Es decir, no hace nada que Dios no quiera que haga porque está sometido totalmente a lo que el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) tenga por bueno y mejor para su descendencia el hombre. Y Jesús se aplica a cumplirla a la perfección.

JESÚS, ayúdanos a comprender lo importante que es cumplir la voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de marzo de 2018

Entender la voluntad de Dios


Jn 5, 11.14-16

“11 Él respondió: 'El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda.'
14 Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: 'Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor'. 15 El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. 16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado”.

COMENTARIO

Nos dice el texto del Evangelio de San Juan que había quien perseguía a Jesús. Y es que había quien no entendía ni lo que decía ni, sobre todo, lo que hacía.

Y es que Jesús había curado en sábado y aquellos que creían que cumplían con la voluntad de Dios no entendían cómo era posible que un Maestro infringiera una norma tan clara como la de no hacer ciertas cosas en tal día de la semana.

El Hijo de Dios, sin embargo, conocía más que bien la voluntad de su Padre del Cielo. Y es que la misericordia se ponía por encima de aquello que suponía el estricto cumplimiento de unas normas que, a veces, no debían cumplirse.

JESÚS, ayúdanos a saber entender la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de marzo de 2018

Lo que puede la confianza y la fe


Jn 4- 43-54


“43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea. 44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. 46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. 47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.

48 Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis.’
49 Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo.’ 50 Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive.’ Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. 52 El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.’’ 53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. 54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.”


COMENTARIO

Se suele decir que la fe mueve montañas. Pues con no ser, eso, una montaña, el corazón del Hijo de Dios, lo bien cierto es que aquel día la confianza de aquel hombre movió el corazón de Jesucristo.

Si hay algo que desarma a Cristo es que alguien manifieste, a través de su palabra o de sus hechos, que tiene fe. Y eso es lo que hace aquel necesitado, no para sí, de la intervención del Maestro.

Jesús cura al hijo de aquel funcionario real no porque fuera un poderoso sino porque le había mostrado que confiaba de tal manera en su persona y en su acción que se dirigió directamente a él para que curase a su hijo. Y lo curó, por fe lo curó.


JESÚS,  ayúdanos a tener fe siempre y a no perderla nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de marzo de 2018

No querer recibir a la Luz de luces



Jn 3, 14-21


Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,  así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,  para que todo el que crea en él no perezca,  sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.


COMENTARIO

Dios entregó a su Hijo

Seguramente el Creador podía haber hecho las cosas de otra forma. Sin embargo, quiso entregar a su Hijo para que el mundo saliera de la fosa en la que se había dejado caer y se salvara.


Creer en el Hijo de Dios

Ante Cristo se puede actuar de dos formas: creyendo en Él o no creyendo en Él. Es más que cierto que se nos dice, con toda claridad, que creer en Jesús supone estar salvado y que no creer… no salvarse.

Contemplar y creer en la Luz del mundo

Cuando Jesús vino al mundo muchos creyeron en Él pero otros muchos no quisieron escuchar sus santas palabras y procuraron una muerte que, al final, consiguieron ver llevada a cabo.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que creen en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de marzo de 2018

Saber qué somos



Lc 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado’”.

COMENTARIO

Jesús conocía los corazones de las personas. Por eso nos dice el texto que algunos se creían justos aunque, seguramente, no lo eran tanto. Además también se nos dice que despreciaban a los demás y eso era, ya, síntoma de poco amor al prójimo.

De los dos que estaban en el templo había uno que se creía mejor que los demás. Oraba dando gracias a Dios, sí, pero lo hacía de una forma un tanto artera y embustera: el Creador conocía su corazón y sabía que todo era apariencia. Aquel no se fue de allí justificado.

El otro, sin embargo, sabía que era pecador. Pero no sólo lo sabía sino que, además, lo reconocía ante Dios. Se sabía eso y quería mejorar. Por eso lo confesaba en el lugar adecuado. Aquel sí se fue de allí justificado.



JESÚS, ayúdanos a reconocer lo poco que somos.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de marzo de 2018

Los principales Mandamientos



Mc 12,28b-34

En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.


COMENTARIO

Sabemos, al conocer a través de las Sagradas Escrituras lo que le pasó a Jesús, que había muchos que le odiaban pero que también había otros que lo querían y que creían en Él.

Seguramente había preguntas que hacérselas al Hijo de Dios era un poco peligroso porque la respuesta era, exactamente, la que ellos esperaban. Y preguntar a Jesús sobre el primer mandamiento de la Ley de Dios era, realmente, arriesgado. A lo mejor creían que no lo sabía…

La respuesta de Jesús es la correcta. Amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos es lo que, justamente, espera el Creador de nosotros, su descendencia. Y eso lo afirma aquel que le pregunta confirmando que, como era de esperar, Jesús estaba de acuerdo con él.



JESÚS, ayúdanos a tener por buenos y verdaderos los Mandamientos de la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de marzo de 2018

Estar con Cristo Jesús



Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’”.

COMENTARIO
Los que perseguían a Jesús gustaban de acusarlo de las cosas más peregrinas a sabiendas de que afectaban mucho al pueblo judío. Y decir que Jesús actuaba por mandado del Príncipe de los demonios era acusación muy grave.
Jesús, sin embargo, como conoce sus corazones, sabe que están dominados, ellos sí, por el Mal y que lo acusan para tratar de ponerlo mal ante sus semejantes. Pero, como es de esperar, le sale el tiro por la culata y les da a ellos mismos.

El Hijo de Dios sabe que para caminar hacia el definitivo Reino de Dios sólo hace falta una cosa (y sus derivaciones, claro está): seguirlo a Él, estar con Él, confiar en Él. Otra forma de actuar no supone más que perder el tiempo y, lo que es peor, el tiempo eterno.

JESÚS, ayúdanos a estar siempre contigo y a tu lado.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de marzo de 2018

Cristo vino a hacer cumplir la Ley de Dios



Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús había muchos miembros del pueblo elegido por Dios que habían llegado a la conclusión de que el sentido que se habían formado acerca de la Ley de Dios era la correcta. Y así vivían.
Jesús, sin embargo, sabía que la cosa no iba bien. Bueno, en realidad sabía que no iba bien desde hacía mucho tiempo. Él, por tanto, había venido a que cada sílaba de la norma divina se cumpliese. Y eso le iba a ocasionar muchas incomprensiones.
Lo que Jesús enseña no es muy difícil de entender: no cumplir la Ley de Dios es ser el último en su Reino; cumplirla, uno de los más grandes. Y eso, que tan sencillo era de entender, no llegaba al corazón de muchos.




JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios.


6 de marzo de 2018

No olvidemos que Dios ajusta nuestras cuentas



Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 

Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.

COMENTARIO

Podemos decir que Jesús es, sobre todo, muy didáctico cuando habla. Es decir, quiere enseñarnos aquello que nos conviene porque sabe que es importante. Y nosotros, por supuesto, debemos aprender de lo que nos dice.
El ejemplo de aquel que, debiendo mucho, mucho se le fue perdonado, es síntoma de lo que nos puede pasar a nosotros. Nosotros también debemos mucho a Dios pues nuestra naturaleza pecadora nos lleva muchas veces a caer en el pecado y manchar, así, nuestra alma.
Aquel hombre perdona a quien tanto le debía. Dios también nos perdona a nosotros. Sin embargo se nos exige aquello que decimos en el Padre Nuestro: “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Y muchas veces no nos damos cuenta de que el Creador ajustará las cuentas, las nuestras, en nuestro Juicio Particular.

JESÚS, ayúdanos a perdonar: ayúdanos a perdonar.

5 de marzo de 2018

Ejemplos que hacen daño

Lc 4, 24-30

“24 Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.’ 25 ‘Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; 26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. = 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y
ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.’ 28 Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; 29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. 30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.”


COMENTARIO

No podemos negar que el Hijo de Dios sabía muy bien lo que debía decir en cada momento. Otra cosa es que lo que dijera fuese políticamente correcto. Él, sin embargo, no se arredraba ante las persecuciones y las amenazas.

Los ejemplos que pone sobre la misericordia de Dios no gustan a muchos. Y es que decir que hubo un tiempo en el que el pueblo elegido por Dios no fue beneficiado por su Creador sino unos extranjeros… eso era demasiado para algunos.

Querían matarlo. Eso tampoco era extraño porque decía cosas que los poderosos no querían escuchar. Sin embargo, aún no había llegado el momento en el que Jesucristo iba a dar su vida en rescate por muchos.

JESÚS,  ayúdanos a no dudar nunca de Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de marzo de 2018

La justa ira de Dios


Jn 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas,  y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero  de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.’ Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: = El celo por tu Casa me devorará. =        Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’ Jesús les respondió: ‘Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.’ Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’ Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre”.


COMENTARIO


Muchas veces se quiere representar a Jesús de una forma un tanto alejada de lo que en realidad sería. Era un ser humano y, por tanto, no es de extrañar que tuviera reacciones como la que aquí se muestra. Es más, viendo de qué se trata no es nada de extrañar.

Muchos habían convertido el Tempo de Jesusalén en un negocio humano excesivamente alejado del sentido filial que requiere Dios por su poder y su misericordia. Y eso a Jesús le debía sacar de quicio. Por eso hace lo que hace con aquellos negociantes de la fe o, mejor, con la fe.

Jesús les habla de lo que va a pasar con Él: morirá y, al tercer día, resucitará. Pero ellos tienen el corazón cerrado y el amor embotado: no entienden nada de lo que pasa.


JESÚS,  ayúdanos a comprender tus santas palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán