25 de agosto de 2017

Los Mandamientos que lo dicen todo

Mt 22, 24-40


“24 ‘Maestro, Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél para dar descendencia a su hermano. 25 Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26 Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete. 27 Después de todos murió la mujer. 28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.’ 29 Jesús les respondió: ‘Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. 30 Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo. 31 Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Dios cuando os dice: 32 = Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? = No es un Dios de muertos, sino de vivos. 33 Al oír esto, la gente se maravillaba de su doctrina. 34 Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, 35 y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: 36 ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’ 37 El le dijo: = ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. = 38 Este es el mayor y el primer mandamiento. 39 El segundo es semejante a éste: = Amarás a tu prójimo como a ti mismo. = 40 De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.’”


COMENTARIO


Querer trampear a Jesús

Había muchos que, de una forma o de otra, querían que aquel Maestro que enseñaba con más autoridad que ellos mismo, cayera en una trampa. Y le preguntan cosas que, a no ser que se trate de verdadera ignorancia por parte de los que pregunta, son muy fáciles de responder.


El Hijo de Dios es Dios mismo

Que Jesucristo sepa responder tan bien a lo que se le pregunta, a nosotros, no nos extraña nada de nada. Y es quien ha creado todo y todo mantiene no va a tener problema alguno en saber qué es lo que importa para la vida de un hijo de Dios.


Lo que, verdaderamente, importa

De todas formas, lo que es crucial conocer es que el Hijo de Dios, Dios mismo, nos dice a qué debemos atenernos: amar al Todopoderoso como a nosotros mismos y, luego, a nuestro prójimo. Y no es poco lo que eso significa.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios lo mejor posible.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de agosto de 2017

Encontrar a Jesucristo

Jn 1, 45-51


“45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.’ 46 Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás.’ 47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ 48 Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.’ 49 Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.’ 50 Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.’  51 Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo.”


COMENTARIO

Los que buscan a Cristo

Aquellos que habían descubierto que Jesucristo, el hijo de María y de José, era el Mesías, habían estado buscando al Enviado de Dios y se habían acercado a su profeta Juan. Querían encontrar… y encontraron.


Sorprendidos por el Hijo de Dios

Había muchos que, de todas formas, no acababan de comprender la verdad de las cosas, aquello que llevaba a cabo el Maestro. Natanael se sorprende de algo que, siendo importante, era muy pequeño porque Dios es Todopoderoso y, claro, todo lo puede.


Lo que ha de venir, sin duda, vendrá

Jesucristo avanza lo que ha de pasar cuando llegue el día en el que vuelva en su Parusía. Ellos, aquellos que le escuchaban, estamos más que seguros que no entendieron y aún espera que llegue ese momento. Nosotros queremos que estén en el Cielo esperando la resurrección de los muertos.


JESÚS, ayúdanos a buscarte, a encontrarte, a amarte.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de agosto de 2017

Cuando Dios nos llama


Mt 20, 1-16

“1 ‘En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña.
2 Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió
a su viña. 3 Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, 4 les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ 5 Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo.
6 Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ 7 Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: ‘Id también vosotros a la viña.’
8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ 9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno.
10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. 11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’
13 Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.
15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’.
16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.’’


COMENTARIO

Dios llama a quien quiere

El caso de aquellos jornaleros es el mismo que, cada uno de nosotros, hijos de Dios, podemos ser. Y es que nuestro Creador nos llama porque nos ama y nos llama a trabajar en su mies. De muchas formas distintas debemos trabajar: cada uno según sus talentos.


Hay quien escucha

Frente a la llamada de Dios, hay quien no quiere escuchar y mira para otro lado. Los hay, claro, que sí escuchan y acuden a la labor diaria de ser sus apóstoles, apóstoles de hoy mismo, en un mundo descreído.

La bondad de Dios

Hay quien cree que merece el premio que recibe de parte de Dios. Y es que no darse cuenta de que somos siervos inútiles puede acarrear muy malas consecuencias.


JESÚS, ayúdanos a trabajar por la paga de ser hijos del Padre Eterno.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2017

La Reina del Universo

Lc 1, 26-38


“26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’
29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le
dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.’ 34 María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’
35 El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder
del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 = porque ninguna cosa es imposible para Dios.’ = 38 Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Y el ángel dejándola se fue. 39 En aquellos días, se levantó,”

COMENTARIO

Misión de Gabriel

El enviado de Dios al mundo para comunicar a una niña que había sido elegida por el Creador par ser su hermano debía cumplir su misión con perfección absoluta. Por eso se dirige a María con dulzura y llamándola “llena de gracia”.


Escoger a María

Debía Dios, porque eso era lo que quería para salvar a la humanidad caía, escoger a quien iba a ser su Madre. Y conociendo a María, la joven de Nazaret, de su piedad y castidad, no dudó lo más mínimo en escogerla.


El sí de la Madre


Es bien cierto que María podía haber dicho otra cosa al Ángel Gabriel. Sin embargo, en teniendo en cuenta que era piadosa y amaba a Dios sobre todas las cosas que dijera que ella era la “esclava del Señor” era expresión de un amor bien cierto y verdadero.


JESÚS, gracias por María, gracias por la Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2017

Comprender, bien, la Ley y voluntad de Dios



 Lunes XX del tiempo ordinario
Mt 19,16-22

“En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: ‘Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. ‘¿Cuáles?’ —le dice él—. Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Dícele el joven: ‘Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?’. Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.


COMENTARIO


Aquel joven se las prometía muy felices. Seguramente sabía la respuesta que iba a suscitar su pregunta al Maestro. Sin embargo, al parecer, no tenía un conocimiento total de aquello que quería saber.

Jesús, que, a lo mejor, conocía al joven que le preguntaba y sabía de su vida virtuosa, quiso dar un paso más. Y es que le pide, nada más y nada menos, que sea consecuente con la fe que dice tener.

Aquel joven, sin embargo, parece que no lo tenía todo tan claro como a él le parecía. Y es que, ante la sugerencia (no era una orden ni nada por el estilo) de que venda todos sus bienes… bueno, eso le parece ir demasiado lejos…


JESÚS, ayúdanos a comprender la Ley de Dios como la misma es.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de agosto de 2017

Tener fe es que más que recomendable

Domingo XX del tiempo ordinario


Mt 15, 21-28

“En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él les contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas’. En aquel momento quedó curada su hija.”


COMENTARIO

Ya podemos imaginar, porque está escrito, que Jesucristo caminaba mucho por su tierra israelita. Incluso cuando se encontraba como personas que no eran judías no hacía distinción de ser humano y echaba una mano. Pero la echaba con más gozo cuando veía en la persona una fe grande.

Aquella mujer cananea podía haber pensado que aquel Maestro no le iba a hacer mucho caso. Pero ella reconocía en Jesús a un hombre mucho más grande que un gran hombre. Confiaba en Él y por eso se atreve a pedir, no para ella, sino para su hija. Y lo hace con mucha insistencia porque mucha es su fe.

Jesucristo, que reconoce la fe donde la ve y reconoce, en los corazones de los hombres, la confianza que se pone en Él, no duda ni por un instante que en aquella mujer hay mucha fe y mucha confianza. Y eso le gana la curación de su hija. Y es que grand era su fe.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe, al menos, como la de la cananez.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2017

Ser como niños

Mt 19, 13-15

  

COMENTARIO

No podemos negar que Jesucristo, muchas veces, decía cosas que era difícil entender. Sin embargo, sabiendo que era el Hijo de Dios y el Enviado del Todopoderoso, sólo se podía escuchar y asimilar aquello que decía. Y lo de hoy no es poco extraño para espíritus despistados.

Los niños, así como la mujer, no eran muy tenidos en cuenta en tiempos del Mesías. No se les tenía muy en cuenta porque se pensaba que aportaban poco a la sociedad. Pero Jesucristo sabía que tal forma de pensar era, como en tantas otras cosas, muy equivocada.

Podemos decir que tan importantes son los niños para Dios que los pone, su Hijo, como ejemplo de cómo se ha ser. Por eso dice que de los niños es el Reino de los Cielos. Y es que en ellos no hay la maldad que hay en el adulto y se someten, voluntariamente, a la potestad del Padre porque sabe que es su defensa. Vamos, como Dios quiere con sus hijos.


JESÚS, ayúdanos a tener un espíritu y un alma de niño.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2017

Entender, necesariamente, a Jesucristo



Mt 19, 3-12

“3 Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’
4 El respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo,
= los hizo varón y hembra, = 5 y que dijo: = Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? = 6 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.’ 7 Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’ 8 Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. 9 Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer - no por fornicación - y se case con otra, comete adulterio.’ 10 Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.’ 11 Pero él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. 12 Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.’”


COMENTARIO

Cuando Jesucristo empieza lo que se da en llamar “vida pública” o, lo que es lo mismo, su predicación por el Reino de Dios, sabe que debe cambiar muchas cosas que no han sido correctamente entendidas ni aplicadas, en cuanto Ley de Dios, por el pueblo escogido por el Todopoderoso.

Jesucristo niega la posibilidad de que, así dicho y en general, pueda haber separación entre un hombre y una mujer que han contraído santo matrimonio. Y es que lo que une Dios, por supuesto, no puede separarlo el hombre.

Hay, sin embargo, quien ha sido escogido por Dios para llevar una vida no matrimonial sino entregando la misma al servicio del Creador y del prójimo. Por eso dice el Hijo de Dios que, quien sea capaz de entender, que entienda. Y muchos, seguramente, no lo entendieron.


JESÚS, ayúdanos a comprender tus santas palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de agosto de 2017

Perdonar y volver a perdonar

Mt 18, 21-30.32-35

21 Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ 22 Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.’ 23 ‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’

27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes.’ 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.” 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.

32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.’”


COMENTARIO

Pedro está preocupado. Y es que, seguramente, ha visto muchas veces como Jesús, su Maestro, perdona a quienes él no sería capaz ni de mirar a la cara. Por eso se atreve a preguntarle que cuántas veces ha de perdonar.

La respuesta de Jesús no se hace esperar. No es, casi seguro, como creía que iba a ser Pedro pero es, ciertamente, muy difícil de cumplir: siempre. Y es que perdonar siete veces siete es lo mismo que decir que tantas veces se es ofendido, tantas vece se ha de perdonar.

Y pone un ejemplo. El Hijo de Dios pone el ejemplo de quien mucho perdonó. Espera, tal persona (pensemos lo mismo de Dios) que el perdonado haga lo mismo con quien algo le debe. Pero falla y es egoísta. No podemos, entonces, quejarnos del trato que el señor le da a un siervo tan egoísta...


JESÚS, ayúdanos a saber perdonar siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2017

Miércoles XIX del tiempo ordinario

Mt 18,15-20

"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos'".

COMENTARIO

Jesucristo se refiere aquí a la corrección fraterna. Y nos aconseja no hacer, de ella, un instrumento de crítica sin más hacia un hermano en la fe. Y es que, según el Hijo de Dios, sólo se puede considerar a alguien apartado de la comunidad creyente si no quiere escuchar los consejos espirituales de sus hermanos y prefiere el mal camino. 

Jesucristo debe hablar a los que están más cerca de Él. Y es que la posibilidad de atar o desatar en la tierra se la encomendó a sus Apóstoles y, a través de ellos, ha llegado hasta los sacerdotes siendo ellos los que, en nombre del Hijo de Dios, perdonan o no los pecados. 

Nos pide, además, oración. Y es que es la forma más directa de relacionarse con Dios. Y es que bien sabe Jesucristo que este tipo de ayuda es más que provechosa para sus hermanos los hombres: saber cómo pedir y a Quién dirigirse. 


JESÚS, ayúdanos a saber cómo debemos comprender tu Palabra. 

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2017

María, asunta al Cielo en cuerpo y alma


SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Lc 1, 39-56


Hoy corresponde el evangelio de san Lucas. En concreto los versículos 39 al 56 del capítulo 1 del mismo. María proclama el Magnificat ante su prima Isabel.


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JESÚS, cuida a tu Madre y escucha siempre las peticiones que a ella dirigimos desde nuestra vida terrena.


Eleuterio Fernández Guzmán



14 de agosto de 2017

Lo que debe importarnos


Mt 17, 22-27

“22 Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; 23 le matarán, y al tercer día resucitará.’ Y se entristecieron mucho. 24 Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’.

25 Dice él: ‘Sí.’ Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’ 26 Al contestar él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ‘Por tanto, libres están los hijos. 27 Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti.’”

COMENTARIO

¡Hay que ver! Mientras que el Hijo de Dios está informando a sus Apóstoles de lo que va a pasar con su persona y lo que supone eso para ellos mismos, hay quien se preocupa porque paguen un impuesto…

Pero Jesús conoce el corazón de los hombres y no se preocupa por una cosa tan de poca importancia. Prefiere aprovechar el momento para enseñar a quien le sigue qué es lo que importa para que comprendan que las cosas tienen su importancia según sean éstas.

Si los hijos de los reyes no pagan tributos ¿cómo iban a hacer los hijos de Dios, que es Rey de Reyes? Cada cosa, por tanto, debe estar en su lugar y cada momento tiene su propio afán. Y el que ahora se nos narra tiene que ver con lo que, verdaderamente, debe importarnos.


JESÚS, ayúdanos que confiemos en lo que debe importarnos.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de agosto de 2017

Tener confianza en Jesucristo


Mt 14, 22-33

“Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ‘¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!’. Pedro le contestó: ‘Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ‘¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’”.

COMENTARIO

A lo largo de la llamada vida pública de Jesús tuvo muchas ocasiones el Maestro de darse cuenta de que sus discípulos, bueno, pues tenían la confianza justa como para acompañarle por los caminos de Dios pero que mucho más… bueno, pues que no.

El episodio de la barca que se mueve es ejemplo. Pero lo es más el de Pedro, el Apóstol que estaba llamado a ser el pastor que guiara a la primera Iglesia católica. Y es que tiene miedo cuando, de no tenerlo y haber confiado más de su Maestro, no se hubiera hundido en las aguas sobre ¡las que iba andando!

Los signos como aquellos eran necesarios. Es decir, los que eran miembros del pueblo judía habían tenido muchos signos de Dios a lo largo de su historia. Por eso creían. Y aquello, lo del viento y lo de Pedro caminando, como Jesús, sobre las aguas, eran más que evidentes signos de que su Maestro era el Hijo de Dios, el Enviado, el Mesías.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2017

Tener fe de verdad

Mt 17, 14-20

"En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: 'Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle'. Jesús respondió: '¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!'. Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. 

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: '¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?''. Díceles: 'Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible'".




COMENTARIO

Lo que dice Jesucristo, muchas veces, pudiera parecer que ofendía a muchos. Y es que había venido al mundo no a quedar bien con la mayoría ni con la minoría sino a cumplir la misión de salvar. Y, a veces, eso hace que diga ciertas cosas que pueden no gustar.

Cuando Jesús ve que hay algunos que no tienen suficiente fe como para expulsar un demonio del cuerpo de quien lo tiene alojado sabe que es porque no han orado bastante o, mejor, bien. Y eso se lo hace ver a los que, al parecer, no acaban de comprender lo que hace y dice.

Jesús dice que ellos tienen poca fe. Por eso el ejemplo del grano de mostaza, si tuvieran fe como un tal grano que es muy pequeño, harían que un monte se moviera del sitio. Y eso era lo mismo que decir que fe, lo que se dice fe, no tenían mucha.



JESÚS, ayúdanos a tener fe, al menos, como un grano de mostaza.

Eleuterio Fernández Guzmán


11 de agosto de 2017

Negarse para ser

Mt  16, 24-28


COMENTARIO

Todo, en este texto del Evangelio de San Mateo, tiene que ver con la salvación eterna. Vamos, con lo que nos conviene saber si es que queremos salvarnos. Y es que el Hijo de Dios vino al mundo a eso: a que nos salváramos. Por eso nos habla de que debemos seguirlo… cargando con nuestra propia cruz… o cruces.

Lo que importa bien que lo sabe Jesucristo: no vale el mundo ni lo que, en él, podamos atesorar. Lo único que debemos tener en cuenta es que, al final de la vida, seremos examinados en el amor y que arruinar, ahora, nuestra alma, no vale más que para atraernos la desgracia eterna.

El caso es que no se guarda nada Jesucristo. Lo dice todo. Y, sobre todo, aquello que es más importante para nosotros, simples mortales que, un día, seremos juzgados por Dios: eso, el Todopoderoso nos pagará según haya sido nuestra conducta material y espiritual en vida. Por eso debemos negarnos a ser nosotros para seguir a Jesucristo.

JESÚS, ayúdanos a ser capaces de seguirte y a negarnos a nosotros mismos sin soberbia alguna.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de agosto de 2017

Morir para vivir



Jn 12, 24-26



COMENTARIO

Lo que Jesucristo, a lo largo de la vida que hemos dado en llamar “pública”, quiere es que aquellos que Dios le ha dado se salven. Por eso, en tal tiempo, procura enseñarles qué es lo que deben/debemos hacer, a nivel espiritual (y tantas veces, material) para que eso sea posible.

Debemos morir. Eso bien que lo sabe el ser humano desde que la muerte entró en el mundo. Sin embargo, no es lo mismo morir de una manera que de otra. Y nosotros, los discípulos del Hijo de Dios sólo podemos hacerlo de una manera: después de haberlo servido como debe ser servido el Todopoderoso.

En todo caso, podemos decir que tiene un gran premio, una gran gracia podríamos decir, servir a Jesucristo. Y es Él mismo quien nos lo dice al referirnos que quien le sirva será honrado por Dios, por el Padre, por nuestro Creador. ¿Puede haber algo mejor que eso?


JESÚS, ayúdanos a servirte.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2017

No negar nunca a Cristo

Mt 10, 28-33

“28 ‘Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos
caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. 30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 31 No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. 32 ‘Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; 33 pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.’”

COMENTARIO

Es bien cierto que se puede matar el cuerpo pero también se puede matar el alma. Por eso, para aquellos que creen que sólo el cuerpo es lo importante en sus vidas y se deshacen en parabienes para el mismo sin tener en cuenta que desaparecerá hecho polvo tras la muerte, no importa el estado del Alma. Pero Jesucristo cree que es más importante el alma que el cuerpo porque sabe que la parte inmortal del hombre es, precisamente, la segunda. Por eso se nos insta a tener muy en cuenta aquello que, los que quieren matar el alma, procuran hacer en contra de la misma.

De todas formas, estamos en la seguridad de que Dios nos mira y nos contempla. Por eso nos basta con saber eso y, también, con saber que su Hijo Jesucristo enseña, nos enseña, que debemos tenerlo en cuenta a Él. Y fue Dios quien dijo que eso hiciéramos en el episodio de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo: que lo escucháramos.

Escuchar a Jesucristo no es cualquier cosa. Es decir, no basta con decir, por ejemplo, “pues sí, yo lo escucho porque dice cosas tan bien dichas...”. No. hay que poner en práctica aquello que dice como, por ejemplo, no negarlo ante los hombres. Tal cosa no es nada buena para nosotros porque nuestra alma sufrirá, sin duda alguna, tal tipo de acción. Y es que Jesucristo, que es Dios hecho hombre, así lo tendrá en cuenta.


JESÚS, ayúdanos a no negarte nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2017

El poder de Dios en Cristo

Mt 14, 22-36

Martes XVIII del tiempo ordinario

“En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Ánimo!, que soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ¡Señor, sálvame!’. ‘Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’.

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.”


COMENTARIO

Pedro, el pescador que luego lo sería de hombres, tiene miedo. Tiene, también, confianza porque a Jesús le dice que se fía de Él si le dice que es su Maestro.  Pero ellos, la totalidad seguramente, tenían miedo ante lo que creían ver. Para ellos era una visión, no reconocieron a Cristo.

El poder de Dios que su Hijo muestra en este episodio de andar sobre las aguas tiene todo que ver con la voluntad del Todopoderoso de hacer ver que, en efecto, puede cualquier cosa que la imaginación del hombre sea capaz de alcanzar.

Pero mucho, allí donde iba, lo reconocían. Sabía que era aquel Maestro del que habían escuchado hablar y que por ellos podía mucho hacer. Y su fe, la de aquellos que así creían, tenía su justa recompensa con la sanación de sus males.



JESÚS, ayúdanos a reconocerte en medio del mundo.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de agosto de 2017

Confiar siempre en Cristo

Lunes, 7 de agosto de 2017


Mt 14, 13-21

“13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.
14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó
a sus enfermos.
15 Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.’ 16 Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.’ 17 Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.’ 18 Él dijo: ‘Traédmelos acá.’ 19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. 20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21 Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.”


COMENTARIO

Podemos imaginar que cuando Jesús se entera de la muerte de su primo Juan, El Bautista, sabe que había llegado un momento muy importante para Él. Se va a lugar desierto para orar y dirigirse a su Padre. Pero muchos se dan cuenta y le siguen.

Es bien cierto que le seguían miles y miles de personas. Nos dice San Matero que eran más de 5000 los que allí se encontraban. Ciertamente, un número tan importante de personas necesitan mucho para alimentarse.

Jesús prueba a sus Apóstoles. Ellos no atinan con la solución a lo que se les había planteado. Piensan como hombres y no lo hacen de forma espiritual. Jesús, en cambio, se dirige a Dios porque sabe que su prójimo está necesitado. Y todos se sacian de comida cumpliendo, así, su misión.

JESÚS,  ayúdanos a confiar siempre en tus fuerzas.


Eleuterio Fernández Guzmán


6 de agosto de 2017

Domingo, 6 de agosto de 2017-Escuchar a Jesucristo




Mt 17, 1-9

“En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. 

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’”.

COMENTARIO

Había momentos en los que el Hijo de Dios escogía a algunos de sus discípulos para que vieran o escucharan algo que iba a ser muy importante para ellos. Y eso hace ahora con Santiago, Pedro y Juan. Los lleva a un monte donde va a transfigurarse. Pero pasa mucho más.

Aquellos tres asustados hombres, seguramente analfabetos en muchos aspectos, tiene miedo. Lo que están viendo hace que sus corazones se aceleren y no sepan a qué quedarse. Pedro, por eso, quiere hacer tras tiendas mientras Dios les dice que escuchen a su amado Hijo Jesucristo.

Hay algo, sin embargo, muy importante: Jesús les dice que nada de eso digan hasta que resucite de entre los muertos. Y ellos, que ya debían andar bastante preocupados por lo que habían visto, añadían a su preocupación eso de la resurrección que ni entendían ni acababan de ver cómo qué era.

JESÚS, ayúdanos a escucharte.

Eleuterio Fernández Guzmán