28 de octubre de 2016

Y los escogió


Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.”

COMENTARIO

Resulta síntoma de gran confianza en Dios pedirle, mediante la oración, se nos conceda lo que creemos importante. Y eso es lo que hace Cristo siempre. Ora a Dios, ahora, para saber a qué personas debe escoger para que continúen con su labor apostólica y evangelizadora.

Escoge a doce. Es fácil deducir que no era personas muy ilustradas ni que tuvieran grandes conocimientos teológicos. Pero, por lo que de ellas conocemos, sí eran personas preparadas para cambiar el corazón de piedra a uno de carne. Y por eso los escoge el Hijo de Dios.

No podemos decir que tarde mucho Jesús en empezar a enseñarles. Nada más los ha elegido, al acudir al llano, mucha gente (que ya conoce al hijo de María y de José) quiere su ayuda. Y Jesucristo, que los ama con todo su corazón, los cura. Así enseña a sus apóstoles lo que es la misericordia de Dios.


JESUCRISTO, ayúdanos a ser misericordiosos como lo eres Tú.


Eleuterio Fernández Guzmán



27 de octubre de 2016

Cristo no se arredra ante el Mal


Jueves XXX del tiempo ordinario
Lc 13,31-35

En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte’. Y Él les dijo: ‘Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’.

‘¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!’”.

COMENTARIO

Jesús, podemos decirlo porque es más que conocido, no era querido por todos sus contemporáneos. Es decir, muchos de los poderosos de su tiempo y de Israel querían verlo muerto porque lo que anunciaba al mundo no era de su egoísta gusto.

Otros, sin embargo, que sí lo querían o creían entender lo que decía, avisan al Maestro de lo que le espera. Pero el Hijo de Dios está al cabo de la calle de eso. No piensa echarse atrás en el cumplimiento de una misión que le encomendó Dios mismo.

Jesucristo, que sabía la muerte que iba a tener, había procurado que el pueblo elegido por el Todopoderoso fuera por el buen camino. Sin embargo, no muchos lo habían seguido y la gran mayoría había preferido el mundo a Dios.


JESUCRISTO, ayúdanos a seguirte, a seguir a Dios mismo.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de octubre de 2016

Ser últimos o primeros


Miércoles XXX del tiempo ordinario
Lc 13,22-30

“En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’. El les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos’”.

COMENTARIO

El tema de salvación eterna, de vivir para siempre con Dios, era, digamos, el principal en el corazón de todo miembro del pueblo judío que sabía de la existencia del Todopoderoso y no podía anhelar otra cosa que estar siempre, siempre, siempre, junto al Padre.

Jesús advierte que para alcanzar la vida eterna hay que tener en cuenta que no es fácil sino que requiere, como bien dice, entrar por la puerta estrecha, por la del sacrificio, de la mortificación, de la entrega a las necesidades del necesitado.

Además pone en primer término algo fundamental: muchos que se creen los primeros pero que, en realidad, no cumplen con la voluntad de Dios, serán los últimos en el Cielo y otros, que se creen los últimos pero sí cumplen con la voluntad del Padre… serán los primeros en la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a saber ser aquí últimos.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de octubre de 2016

Lo pequeño que es grande


Martes XXX del tiempo Ordinario
Lc 13,18-21
“En aquel tiempo, Jesús decía: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.’”

COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios da ejemplos los da para que se conozca lo profunda que puede llegar a ser la fe partiendo de lo simple.  Y es que era la mejor forma, seguramente la única, de que fuese entendido quien había venido a hacer, precisamente, eso.

Ahora Jesucristo habla de la fe, de lo que supone el Reino de Dios para los hijos del Todopoderoso. Y es que no hay nada mejor que tratar de dar a entender las cosas de la espiritualidad de los hijos de Dios sabiendo que las cosas no tienen que ser grandilocuentes.

El Reino de Dios, o lo que es lo mismo, Dios mismo, es pequeño en el sentido de que, en cuanto fe, entra en el corazón de sus hijos de forma que, si allí queda y fructifica, da gran fruto en el mismo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la sencillez profunda de la fe




Eleuterio Fernández Guzmán

24 de octubre de 2016

El dueño del sábado




 Lunes XXX del tiempo ordinario
Lc 13,10-17

En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: ‘Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado’. Le replicó el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.”

COMENTARIO

Jesucristo, durante el tiempo que llamamos “vida pública” tuvo que tenérselas con muchos que se decían fieles cumplidores de la Ley de Dios. Sin embargo, era bien evidente que no habían acabado de cumplir lo que decían cumplir.

Hacer algo prohibido en sábado era algo más que mal visto. Es más, suponía una crítica algo más que peligrosa para quien incurriera en eso. Por eso los que ven que es capaz de curar en sábado a una enferma creen que ha hecho las cosas muy mal. 

Sin embargo, Cristo sabe que no sin así las verdades de Dios. Y es que su Padre, el Creador y Todopoderoso prefiere el comportamiento misericordioso aunque eso suponga crítica a quien lo lleve a cabo. Por eso muchos otros se alegraban de lo que hacía.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de octubre de 2016

Saber lo que somos



Lc 18, 9-14

“Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.’

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’ Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.’”

COMENTARIO

Cualquiera, en tiempos de Cristo, sabía quién era y qué significaba ser fariseo y qué era y qué significaba ser publicano: el primero se le tenía por bueno y al segundo por pecador. Por eso los miraban de una forma muy distinta.

Aquel hombre, el fariseo, al igual que nos puede pasar a nosotros, se creía bueno. Es decir, se veía con un ojos demasiado positivos y no se daba cuenta de que estaba cometiendo un error demasiado grande. No volvería a su casa justificado, perdonado.

Por otra parte, el publicano, considerado pecador, se consideraba verdadero pecador. A lo mejor creía que lo era, precisamente, porque cobraba impuesto pero es más posible que así lo considerara porque se creía pecador en el verdadero sentido de la expresión. Aquel, que supo ser franco con Dios, volvió a su casa justificado, perdonado. 

JESÚS,  ayúdanos a ser como el publicano y a reconocer nuestro pecado.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de octubre de 2016

Perseverancia con los frutos

Sábado XXIX del tiempo ordinario

Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’”.


COMENTARIO

Jesús enseña a través de lo que todos pueden conocer y, además, con ejemplos de su misma actualidad. Por eso hace uso de aquel caso de los que murieron en un accidente o el de la sangre que Pilato había mezclado de compatriotas de Jesucristo.

El caso es que el Hijo de Dios debe corregir muchos errores espirituales como, precisamente, aquel que tenía por verdad que cuando alguien recibía determinado mal era porque era un pecador. Eso, lógicamente, no ha de ser siempre así y, menos aún, creer que siempre era así.

Jesús, por otra parte, nos habla de la paciencia que debemos tener a la hora de dar fruto. No podemos querer que de buenas a primeras nuestras acciones lo obtengan sino que, con perseverancia en nuestra acción misericordiosa y trabajadora por el Reino de Dios, sea el Creador quien obtenga el fruto de tal labor nuestra.


JESÚS, ayúdanos a perseverar en nuestra fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de octubre de 2016

Estar preparados



Lc 12,54-59

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Jesús se refiere a las realidades más importantes de una forma sencilla. Y es que bien sabía el Hijo de Dios que casi todos los que le escuchaban necesitaban de signos y, en fin, de una forma accesible a su corazón y conocimiento.

Hay algo seguro: hemos de morir. Por eso Jesucristo quiere que, cuando eso suceda, no nos coja por sorpresa espiritualmente hablando. Y hace uso del tiempo, de aquello que, por experiencia, nos hace decir si va a pasar esto o lo otro.

Nos conviene llevar a cabo un arreglo con Dios: nosotros cumplimos con su voluntad y Él cumple con la promesa de salvarnos. De otra forma, nuestra salvación caerá por su peso.


JESÚS, ayúdanos a no descuidar nuestro espíritu.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de octubre de 2016

El fuego de Dios


Jueves XXIX del tiempo ordinario
Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

Para que no haya duda alguna, el Hijo de Dios lo dice: ha venido al mundo a llevar a cabo una misión que no es fácil pero que debe cumplir porque ha sido puesta por el Todopoderoso, su Padre y el nuestro.

Pero es más: Jesús no ha venido, no vino, al mundo, a traer una paz que el mundo otorga con sus correspondientes trampas. No. Lo que vino a hacer es a traer la guerra, la división pero una guerra y una división que tienen que ver con la voluntad de Dios, con el hecho mismo de cumplirla.

Por eso pone sobre la pista de lo que iba a pasar… y pasó. Y es que dentro de una familia habría divisiones porque unos lo amarían a Él y otros estarían en su contra. Y así ha sido desde entonces.


JESUCRISTO, ayúdanos a procurar que el mundo arda según tú quieres que arda.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de octubre de 2016

Este es un buen aviso de parte de Cristo

Miércoles XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’. 

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’”.

COMENTARIO

A lo largo de su vida, la llamada pública, Jesús se encargó de decir muchas veces lo que era importante se supiera para la salvación de cada quien aceptara que era el Hijo de Dios.

Otras tantas veces avisa acerca de qué es lo que debemos hacer. Y no podemos decir, por eso, que no sepamos que no podemos ser descuidados en nuestra preparación de cara a presentarnos ante el tribunal de Dios.

Es más, Jesucristo nos dice algo que es muy importante: debemos tener cuidado, más cuidado, cuanto mayor conocimiento tengamos de nuestra fe porque entonces, en tal circunstancia, se nos exigirá más. Eso no quiere decir que lo mejor sea no saber nada sino, precisamente, todo lo contrario.

JESÚS,  ayúdanos a estar preparados.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de octubre de 2016

Cumplir la voluntad de Dios


Lc 10,1-9

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’”.

COMENTARIO            

El Hijo de Dios envía a los suyos al mundo a predicar la Buena Noticia. Pero no los envía para que impongan nada sino para vayan diciendo lo que es bueno supieran aquellos que los pudieran escuchar. Además, debían pedir a Dios que enviara muchos servidores suyos porque, en efecto, el campo para trabajar era muy grande.

Jesús sabía que el mundo no los iba a recibir muy bien. Y es que en aquel tiempo el paganismo o el propio pueblo judío no estaba preparado para aceptar según qué cosas. Por eso sabe que deben andar con cuidado y, como diría en otra ocasión, ser astutos como serpientes.

Su misión, sin embargo, estaba bien clarificada: debían llevar la Paz, la de Dios, al mundo. Si el mundo, alguien del mundo, estaba preparado para recibirla, la recibiría y se salvaría. Y todo ello bajo el paraguas del Reino de Dios, que debía ser anunciado.


JESUCRISTO,  ayúdanos a ser anunciadores del Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de octubre de 2016

Atesorar lo que nos conviene


Lunes, 17 de octubre de 2016

Lunes XXIX del tiempo ordinario
Lc  12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.



COMENTARIO

El Hijo de Dios reconocía que, a veces, era difícil que los que le escuchaban entendiesen del todo lo que quería decirles. Sin embargo, no por eso iba a seguir intentando que lo entendiesen. Por eso les habla en parábolas como esta del hombre rico, demasiado rico como para darse cuenta de lo que le importaba de verdad.

Aquel hombre quería más. Al parecer no estaba satisfecho con lo que tenía. Soñaba, seguramente, con un futuro de riquezas. Por eso piensa en qué hacer con lo que aún no tiene. Pero no sabe que por encima de él hay Alguien mucho más importante y con mucho más poder.

Jesucristo nos dice algo muy importante: lo que debemos tener en cuenta no es eso que, al parecer, más nos interesa sino lo que es la voluntad de Dios. Y aquel hombre no hacía eso sino, al contrario, sólo se preocupaba de su riqueza material. Y tal forma de actuar no era, precisamente, nada buena para él ni para nadie que así actúe.



JESUCRISTO,  ayúdanos a atesorar lo que nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de octubre de 2016

La importancia de orar


        
Lc 18, 1-8

“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.’ Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto;  y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’”.

COMENTARIO

En alguna ocasión a Jesucristo le preguntaron sus apóstoles por cómo orar bien a Dios Padre. Les enseñó el Padrenuestro como oración principal. Sin embargo, era muy importante que entendiesen lo que ahora les iba a decir.

El caso es que orar, rezar, pedir a Dios o dar gracias, se puede hacer, digamos, esporádicamente. Muchas veces, podía pensar Cristo, cuando necesitamos algo. Sin embargo, la perseverancia en la oración era fundamental supiesen que debían manifestarla. Pedir lo mismo una y otra vez. 

No desfallecer. Hay algo, sin embargo, que Cristo debía decir con pena. Y es que debía ver que la fe de aquellos que se decían sus discípulos no era tan arraigada como Él hubiera querido que fuera. Por eso dice eso de que si cuando vuelva el Hijo del hombre, Él en su Parusía, es posible que haya alguien con fe. ¿Alguien con fe? Seguramente sabía que eso era difícil, muy difícil.



JESUCRISTO,  ayúdanos a tener fe y que sea verdadera y no fingida.




Eleuterio Fernández Guzmán

15 de octubre de 2016

Confiar en Jesucristo

                                             Sábado XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,8-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

‘Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que una cosa es llamarse discípulo de Cristo y otra serlo cuando las cosas no vienen bien dadas. Y eso sabía el Hijo de Dios que iba a pasar con aquellos que iban a decidir seguirlo. Por eso los anima con palabras como las que aquí traemos hoy.

Confiar en el Mesías es, eso, confiar en el Mesías. Eso ha de querer decir que, cuando se dé el caso de manifestar tal pertenencia espiritual no se puede racanear y negar, tipo Pedro en la noche de la Pasión de Cristo, lo que somos. Entonces, el Hijo de Dios negará haberlo conocido.

Es más, la confianza en tal verdad la manifiesta la que debemos tener en el Espíritu Santo enviado por Dios en Pentecostés. Él nos enseña lo que debemos saber y nos recuerda lo que nunca debemos olvidar. Por eso es muy importante confiar en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.


JESUCRISTO, ayúdanos a confiar en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de octubre de 2016

Debemos temer la muerte del alma

Viernes XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,1-7

En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’”.


COMENTARIO

Con la levadura, la masa del pan consigue un tamaño mayor. Por eso Jesucristo utiliza a la misma muchas veces para hablar de la fe que se ha de tener, que ha de ser como tal levadura, que llena y de amplitud. Por eso avisa acerca de la de los fariseos que no es buena.

Jesús nos avisa acerca de aquellos que, al parecer, se conforman con matar el cuerpo. A esos no hay que tenerles miedo. Hay, sin embargo, que tener miedo a los que pueden matar el alma porque la misma es inmortal y si muere lo hace para siempre.

Dios, sin embargo, nos tiene en su corazón y cuida de nosotros. Y eso, que su Hijo lo sabe a la perfección por haber visto al Padre, ha de servirnos para no temer a los que no debemos temer pero a temer a los que sí debemos temer. A esos sí.


JESUCRISTO,  ayúdanos a no caer en la trampa que mata el alma.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de octubre de 2016

Para no sentirse señalado por Cristo

Lc 11, 47-54

“¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis.  Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.

‘¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.’

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.”

COMENTARIO

La misión que había venido Cristo a llevar a cabo en el mundo requería de tener mucho aplomo y mucha personalidad. Por eso el Hijo de Dios no tiene respeto humano alguno y no tiene comportamientos políticamente correctos: dice lo que debe decir y lo que es necesario que se sepa.

No por casualidad los que no querían ver a Cristo ni en pintura eran de los más poderosos. Por eso cuando el Hijo de Dios les pone, ante sus ojos, la verdad de lo que con ellos pasa, se enfadan tanto y buscan ocasión para acusarlo.

De todas formas, lo que dice Jesús no está nada alejado de la realidad. Ellos se sienten retratados y se dan cuenta de que el pueblo está empezando a entender lo que han sido sus vidas en manos de unos individuos a los que Cristo llama sepulcros blanqueados. Y, entonces, que quieran matarlo no es nada extraño.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos que ocultan la Verdad a su prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2016




Lc 11, 27-28


“Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’ Pero él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.’

COMENTARIO

Hay quien pudiera pensar que Jesucristo se muestra desabrido con su Madre que, al fin y al cabo, es la Madre de Dios. Sin embargo, es muy importante entender lo que nos quiere decir el Maestro cuando, en apariencia, hace de menos a quien lo trajo al mundo.

En primer lugar, aquellos que le dicen lo que le dicen a Cristo no hacen nada malo. Aquella mujer, en concreto, agradece a María que llevar a Jesús en su seno y que lo criara. Y eso, en sí mismo, no es nada malo.

Jesús, sin embargo, ahonda en aquella situación. En realidad, hace mucho de más a su Madre y no de menos. Y eso es así porque su Madre es quien escucha la Palabra de Dios y la guarda en su corazón poniéndola en práctica. Y eso la pone por encima de su naturaleza de madre, digamos, natural, porque la eleva al mismo Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a ser como María, Madre tuya y Madre nuestra por gracia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de octubre de 2016

No ser sepulcros blanqueados

Martes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,37-41

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.

COMENTARIO

No podemos negar que había muchos que querían conocer a Jesús. Sin embargo, entre esos muchos los había que lo invitaban, por ejemplo, a comer, porque era un Maestro con cierta fama y querían presumir de eso.

Aquel fariseo, al parecer, tenía sus cosas muy claras. No entendía cómo era posible que Jesús no cumpliera con las rituales abluciones antes de la comida. Pero Jesús le tenía reservada una sorpresa espiritual que no le iba a gustar mucho.

Aquel hombre quería, sí, limpiar por fuera las manos y la parte del cuerpo que estuviera destinada a tal menester con las abluciones. Sin embargo, según Cristo (y debía ser cierto) no cuidaba tanto el interior, su corazón. Y los llama insensatos porque sabe que, en su interior, no está nada, pero nada, limpios.

JESÚS, ayúdanos a no ser sepulcros blanqueados.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de octubre de 2016

Lo que, al fin y al cabo, valdrá y servirá


Lc 11, 29-32

“Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.”

COMENTARIO

En tiempos de Cristo, dar una señal de lo que se decía ser era la muestra más cierta y comprensible de que, en efecto, se era lo que se decía que se era. Y a Jesús le piden una señal para creer que es el Mesías enviado por Dios.

Jesús da una pista. Y es que Jonás estuvo tres días en el estómago de una ballena y Él va estar tres días muerto para luego resucitar. Y tal será la señal más evidente de que estaban ante el Hijo de Dios y que lo habían dejado pasar.

Además, hace Cristo una advertencia. Se la hace a los que le escuchaban pero vale también para hoy. Y es que quien no se convierta a Cristo como Hijo de Dios perecerá en el abismo del Infierno por no haber confesado Quién era.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y tu envío mesiánico.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2016

Dar gracias a Dios




Lc 17, 11-19

“Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’ Al  verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes.’ Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?  ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’ Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado.’”


COMENTARIO

No es poco cierto que, en muchas ocasiones, gozamos con los bienes y dones que Dios nos entrega porque nos ama. Lo que pasa es que, como aquellos que seguían a Jesús para que los curase, da la impresión que no sabemos de dónde vienen.

Jesús, que cumple con lo establecido, dice a los leprosos que acudan a los sacerdotes para que los encargados de certificar la curación lo hagan y puedan integrarse en la sociedad de la que durante su incurable enfermedad habían estado separados.

Dice el texto de San Lucas que de los diez leprosos sólo uno de ellos se volvió para dar gracias. Y, además, era considerado extranjero, por samaritano, por el pueblo judío. Y es que Dios, que no se deja ganar en generosidad, cura y sana a todo aquel que lo necesita.


JESÚS, ayúdanos a dar gracias, a reconocer el auxilio de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán