14 de octubre de 2016

Debemos temer la muerte del alma

Viernes XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,1-7

En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’”.


COMENTARIO

Con la levadura, la masa del pan consigue un tamaño mayor. Por eso Jesucristo utiliza a la misma muchas veces para hablar de la fe que se ha de tener, que ha de ser como tal levadura, que llena y de amplitud. Por eso avisa acerca de la de los fariseos que no es buena.

Jesús nos avisa acerca de aquellos que, al parecer, se conforman con matar el cuerpo. A esos no hay que tenerles miedo. Hay, sin embargo, que tener miedo a los que pueden matar el alma porque la misma es inmortal y si muere lo hace para siempre.

Dios, sin embargo, nos tiene en su corazón y cuida de nosotros. Y eso, que su Hijo lo sabe a la perfección por haber visto al Padre, ha de servirnos para no temer a los que no debemos temer pero a temer a los que sí debemos temer. A esos sí.


JESUCRISTO,  ayúdanos a no caer en la trampa que mata el alma.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de octubre de 2016

Para no sentirse señalado por Cristo

Lc 11, 47-54

“¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis.  Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.

‘¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.’

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.”

COMENTARIO

La misión que había venido Cristo a llevar a cabo en el mundo requería de tener mucho aplomo y mucha personalidad. Por eso el Hijo de Dios no tiene respeto humano alguno y no tiene comportamientos políticamente correctos: dice lo que debe decir y lo que es necesario que se sepa.

No por casualidad los que no querían ver a Cristo ni en pintura eran de los más poderosos. Por eso cuando el Hijo de Dios les pone, ante sus ojos, la verdad de lo que con ellos pasa, se enfadan tanto y buscan ocasión para acusarlo.

De todas formas, lo que dice Jesús no está nada alejado de la realidad. Ellos se sienten retratados y se dan cuenta de que el pueblo está empezando a entender lo que han sido sus vidas en manos de unos individuos a los que Cristo llama sepulcros blanqueados. Y, entonces, que quieran matarlo no es nada extraño.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos que ocultan la Verdad a su prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2016




Lc 11, 27-28


“Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’ Pero él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.’

COMENTARIO

Hay quien pudiera pensar que Jesucristo se muestra desabrido con su Madre que, al fin y al cabo, es la Madre de Dios. Sin embargo, es muy importante entender lo que nos quiere decir el Maestro cuando, en apariencia, hace de menos a quien lo trajo al mundo.

En primer lugar, aquellos que le dicen lo que le dicen a Cristo no hacen nada malo. Aquella mujer, en concreto, agradece a María que llevar a Jesús en su seno y que lo criara. Y eso, en sí mismo, no es nada malo.

Jesús, sin embargo, ahonda en aquella situación. En realidad, hace mucho de más a su Madre y no de menos. Y eso es así porque su Madre es quien escucha la Palabra de Dios y la guarda en su corazón poniéndola en práctica. Y eso la pone por encima de su naturaleza de madre, digamos, natural, porque la eleva al mismo Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a ser como María, Madre tuya y Madre nuestra por gracia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de octubre de 2016

No ser sepulcros blanqueados

Martes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,37-41

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.

COMENTARIO

No podemos negar que había muchos que querían conocer a Jesús. Sin embargo, entre esos muchos los había que lo invitaban, por ejemplo, a comer, porque era un Maestro con cierta fama y querían presumir de eso.

Aquel fariseo, al parecer, tenía sus cosas muy claras. No entendía cómo era posible que Jesús no cumpliera con las rituales abluciones antes de la comida. Pero Jesús le tenía reservada una sorpresa espiritual que no le iba a gustar mucho.

Aquel hombre quería, sí, limpiar por fuera las manos y la parte del cuerpo que estuviera destinada a tal menester con las abluciones. Sin embargo, según Cristo (y debía ser cierto) no cuidaba tanto el interior, su corazón. Y los llama insensatos porque sabe que, en su interior, no está nada, pero nada, limpios.

JESÚS, ayúdanos a no ser sepulcros blanqueados.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de octubre de 2016

Lo que, al fin y al cabo, valdrá y servirá


Lc 11, 29-32

“Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.”

COMENTARIO

En tiempos de Cristo, dar una señal de lo que se decía ser era la muestra más cierta y comprensible de que, en efecto, se era lo que se decía que se era. Y a Jesús le piden una señal para creer que es el Mesías enviado por Dios.

Jesús da una pista. Y es que Jonás estuvo tres días en el estómago de una ballena y Él va estar tres días muerto para luego resucitar. Y tal será la señal más evidente de que estaban ante el Hijo de Dios y que lo habían dejado pasar.

Además, hace Cristo una advertencia. Se la hace a los que le escuchaban pero vale también para hoy. Y es que quien no se convierta a Cristo como Hijo de Dios perecerá en el abismo del Infierno por no haber confesado Quién era.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y tu envío mesiánico.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2016

Dar gracias a Dios




Lc 17, 11-19

“Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’ Al  verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes.’ Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?  ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’ Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado.’”


COMENTARIO

No es poco cierto que, en muchas ocasiones, gozamos con los bienes y dones que Dios nos entrega porque nos ama. Lo que pasa es que, como aquellos que seguían a Jesús para que los curase, da la impresión que no sabemos de dónde vienen.

Jesús, que cumple con lo establecido, dice a los leprosos que acudan a los sacerdotes para que los encargados de certificar la curación lo hagan y puedan integrarse en la sociedad de la que durante su incurable enfermedad habían estado separados.

Dice el texto de San Lucas que de los diez leprosos sólo uno de ellos se volvió para dar gracias. Y, además, era considerado extranjero, por samaritano, por el pueblo judío. Y es que Dios, que no se deja ganar en generosidad, cura y sana a todo aquel que lo necesita.


JESÚS, ayúdanos a dar gracias, a reconocer el auxilio de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de octubre de 2016

Escuchar a Dios y hacer, ser

Sábado XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’. Pero Él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan’”.


COMENTARIO

No es nada extraño ni era poco de esperar que aquellos que escuchaban al Hijo de Dios con gozo y encontraban en sus palabras consuelo y amor, tuvieran palabras buenas para aquella mujer que lo había traído al mundo.

Pero Jesucristo, sin hacer de menos a María, la Virgen Inmaculada, a la que quería muchísimo, sabe que hay algo que es, incluso, más importante que tal amor: saber escuchar a Dios, Padre Todopoderoso.

Y había algo más. Y es que no era suficiente, ¡No!, con escuchar a Dios quedarse, digamos, tan ancho. No. Había que actuar en consecuencia y llevar sus santas palabras a la vida ordinaria, al cada día. Entonces, se era verdadero hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a ser hijos de Dios de los que se pueda decir que, de verdad, lo son.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de octubre de 2016

Saber con Quién nos corresponde estar


Viernes XXVII del tiempo ordinario
Lc 11,15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.

COMENTARIO

Decir una cosa como dicen aquellos que, aquí, quieren atacar a Jesús, era decir algo muy grave. Y es que decir que trabajaba para Satanás era un poco exagerado y, además, una falsedad más que grande.

Jesucristo, ante esto, arremete con sus propias palabras. Sin duda alguna, ellos no podían creer que sus hijos expulsaban demonios por orden de Satanás. Y eso justificaba, a la perfección, que era Él el Hijo de Dios y que el Reino había llegado.

Por eso el Hijo del Padre Todopoderoso sabe que nos conviene más que mucho seguirlo a Él. Es la única forma de no desparramar ni perder el tiempo sino, al contrario, recogerlo todo en nuestro corazón y llevarlo al prójimo como expresión de amor a Dios.

JESÚS, ayúdanos a no equivocarnos en nuestra elección espiritual, a seguirte a Ti siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de octubre de 2016

Perseverar en la oración J

Jueves XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,5-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.
‘Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!’”.

COMENTARIO

La mejor forma de enseñar es aquella que hace uso de situaciones de la vida ordinaria que puedan resultar conocidas para quien ha de recibir la enseñanza. Y eso es lo que hace Jesús.  En este caso con aquello del amigo que acude en busca de ayuda.

La oración tiene mucho que ver con esto. Pedir a Dios ha de cumplir con un requisito esencial: ha de ser perseverante. Y es que sólo quien insiste puede obtener, si le es conveniente, del Todopoderoso, lo que necesita.

Jesús, para mostrar que eso es así, insiste en decir que quien llama al a puerta del corazón de Dios es escuchado y quien busca al Padre porque lo necesita… también será escuchado. Y es que Dios no se deja ganar en generosidad y amor a sus hijos.


JESÚS,  ayúdanos a ser perseverantes en la oración.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de octubre de 2016

Aprendiendo a orar a Dios Padre Todopoderoso

Miércoles XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,1-4

Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’”.

COMENTARIO

Aquellos que seguían a Jesús más de cerca, los Apóstoles, veían cómo el Maestro se retiraba muchas veces para orar. Allí, en aquella aparente soledad lo veían hablando con Dios de una forma muy profunda y querían aprender.

Jesús, que sabe que necesitan aprender lo más básico de la relación con el Padre, les va a enseñar. Podía haberles enseñado una oración muy difícil de comprender y que pudiera parecer muy importante de cara al mundo pero no hace eso. Y es que conoce que lo mejor es que comprendan desde lo sencillo pero profundo.

La oración que les enseña, el Padrenuestro, tiene relación directa con el Dios Todopoderoso que todo lo ha creado y mantiene. Lo que en ella se dice no es nada complicado sino que pedimos lo que es esencial y necesario para cada hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a orar, enséñanos a orar.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de octubre de 2016

Saber lo que nos conviene

Martes XXVII del tiempo ordinario
Lc 10,38-42

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.

COMENTARIO

Que Jesucristo acudiera muchas veces a casa de sus amigos de Betania no era nada extraño. Marta, María y Lázaro habían convivido con él durante muchos años y ahora no los iba a olvidar fácilmente. Y es de suponer que acudiera con otros de los suyos.

En casa de sus amigos debía haber mucho jaleo. Trabajo mucho se acumulaba cuando, de repente, acudían muchas personas que debían ser atendidas respondiendo a la afectividad y a la atención personal. Por eso Marta se enfada con María que, al parecer, no quiere ayudarla.

Pero Jesús entiende las cosas de forma distinta. María sabía que escuchar a Jesús era bueno y por eso se quedaba a sus pies. Mientras, Marta hacía otro trabajo que también era necesario. Pero el Cristo sabía qué era lo importante, lo único importante.


JESUCRISTO,  ayúdanos a aceptar lo que nos conviene aceptar.




Eleuterio Fernández Guzmán

3 de octubre de 2016

Lunes, 3 de octubre de 2016


Lunes XXVII del tiempo ordinario

Lc 10,25-37

“En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: ’Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’. Respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo’. Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás’.

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’. Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’. Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’.

COMENTARIO

“Ir por lana y salir trasquilado”. Eso es lo que le pasó al maestro de la ley que quiso poner a prueba a Jesús. Quiere saber, seguramente cree que lo sabe, qué ha de hacer para ganar la vida eterna. Y Jesús se lo dice, pero el buen hombre no le parece suficiente aquella respuesta. E iba a obtener una que no le iba a gustar mucho.

La parábola del buen samaritano encierra, contiene, nos trae, muchas lecciones para las almas tibias o atenidas tan sólo a sus intereses personales. Y es aquel maestro de la ley no esperaba que se le dijese que tenía que hacer algo por alguien que pudiese herir su supuesta pureza espiritual.

Recibe, además, una gran lección: el único que socorrió al atacado por los ladrones no fue uno de los considerados “sabios” por el común del pueblo. No. Fue un samaritano, enemigo declarado para el pueblo judío, de la fe. Y es que la misericordia de Dios no era muy bien entendida por según qué personas.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos con nuestro prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de octubre de 2016

Domingo, 2 de octubre de 2016 – Aumentar nuestra fe



Lc 17, 5-10

“Dijeron los apóstoles al Señor; ‘Auméntanos la fe.’ El Señor dijo: ‘Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: "Arráncate y plántate  en el mar", y os habría obedecido.’ ‘¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’ ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho  lo que debíamos hacer.’”

COMENTARIO

A lo mejor aquellos que seguían más de cerca al Hijo de Dios creían que les iba a aumentar la fe de una forma mágica. Es decir, lo mismo que habían visto manifestaciones extraordinarias propias de Dios, querían que fuera de una forma así.

Jesucristo, sin embargo, sabe que la cosa va por otro camino. La fe deben tenerla… ¡porque es fe! Por eso no podía hacer “algo” que les aumentase la fe como si la cosa fuera así de sencilla.

Además, debían reconocerse nada. Es decir, después de haber hecho todo bien (si tal era el caso) era muy importante que reconociesen que habían hecho lo que debían hacer y que eran siervos inútiles que, en todo caso, hacían lo que debían.


JESÚCRISTO, ayúdanos a hacer lo que debemos hacer.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de octubre de 2016

Circunstancias y verdades


Sábado XXVI del tiempo ordinario
Lc 10,17-24

En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’. Él les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos’. 

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». 

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

De lo que vale la pena alegrarse

No extraña nada que aquellos que Jesucristo había enviado para predicar la Buena Noticia volvieran gozosos. Y es que se había cumplido lo que les había dicho el Maestro. Sin embargo, era mucho más importante que supieran que sus nombres los tenía Dios en su corazón.

Los sencillos

Jesucristo da gracias al Padre Dios por haber hecho algo crucial para la vida de la humanidad: ha dado importancia a los sencillos revelándoles lo que es importante para su Reino. Los “inteligentes” no recibirían un bien tan grande.

Darse cuenta

De todas formas, aquellos que veían lo que veían y escuchaban lo que escuchaban debían alegrarse. Y es que muchos, históricamente, habían querido conocer lo que ellos estaban conociendo.


JESÚCRISTO, ayúdanos a darnos cuenta de lo que nos importa, de lo que debe importarnos. 


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de septiembre de 2016

Nunca rechazar a Cristo

Viernes XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: ’¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Sabemos que cuando Jesús empezó su predicación o, mejor, cuando llevaba un tiempo predicando, hubieron muchos que le seguían. Sin embargo, también sabemos que hubo quien no aceptaban lo que decía y, lo que es peor, lo que hacía en cuento signo de su divinidad.

Quien creyera que eso no iba a tener consecuencias no acababa de comprender que Dios es bueno pero que también es justo. Por eso aquellos que no aceptaban el mensaje de Cristo (que era el del Todopoderoso) no querían estar de acuerdo con la voluntad del Creador y eso tendría consecuencias terribles.

Aceptar a Cristo no supone, sólo, hacer lo propio con el Enviado de Dios sino, también, hacerlo con Quien lo envío, Dios mismo. Por eso quien rechaza al Hijo hace lo mismo con el Padre.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Hijo del Padre y como Dios mismo.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de septiembre de 2016

No caigamos en la ceguera espiritual


Jueves XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 
‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

Aunque pueda sonar duro en el oído de los complacientes con el mundo, muchas veces habla Jesucristo sobre lo que ha de pasar con aquellos que no crean y se conviertan. Y no se trata de ser pájaro de mal agüero sino, simplemente, de decir la verdad de las cosas. Y aquí pasa algo así cuando habla del rigor que habrá con aquellos que no acepten al Hijo como Hijo de Dios.

Antes que eso, sin embargo, sabe Cristo que la santa doctrina de Dios ha de ser transmitida para que no pasa lo que antes hemos dicho. Por eso pide el 
Mesías que oremos a Dios para que envíe a quien haga tal labor espiritual.

El caso es que Jesús dice que el Reino de Dios está cerca. Él es el Reino y, por eso, ha de ser tenido en cuenta como tal. Y por eso, exactamente por eso, quien no lo acepte tendrá un futuro más que oscuro y tenebroso.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de septiembre de 2016

Saber qué supone seguir a Cristo

Miércoles XXVI del tiempo ordinario

Lc 9,57-62

En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. A otro dijo: ‘Sígueme’. El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios’. También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa’. Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que muchos quisieran seguir a Jesús. Llevados por un fervor que se asienta en aquello visto (en sus hechos extraordinarios y palabras) querían, muchos, como decimos, ir con aquel Maestro.

Jesús, sin embargo, sabe que una cosa es lo que se piensa y otra lo que, al final, puede hacerse. Y explica con toda claridad su propia realidad: no tiene nada ni nada tiene. Y eso deben saberlo antes de decidir seguirlo.

La prueba de que nada tiene quien le sigue es que Cristo les hace ver que hay que dejarlo todo. Y esto, que no es fácil acaba por no serlo. Y es que seguir al Hijo de Dios debía suponer saber a qué se iba.


JESÚS, danos fuerza para seguirte



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de septiembre de 2016

Saber entender el poder de Dios


Martes XXVI del tiempo ordinario


Lc 9,51-56

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.”

COMENTARIO

Lo que este texto del Evangelio de San Lucas nos muestra es que aquellos que seguían a Jesús más de cerca no habían acabado de comprender lo que significaba la voluntad de Dios ni la comprensión hacia el prójimo ni muchas otras cosas.

Los samaritanos no eran bien vistos por los judíos. No extraña, para nada que tampoco los de Samaria miraran muy bien a los fieles judíos. Por eso no quieren recibir a Jesús y a los suyos. Ellos tampoco han comprendido mucho acerca de su predicación.

Jesús, sin embargo, sabe que no es forma de actuar querer el mal para quien no acuerda contigo o no quiere recibirte. Por eso reprende a los Boanerges que quieren, nada más y nada menos, que hacer lo que se hizo con Sodoma y Gomorra en otro tiempo. Jesús prefiere la comprensión y los reprende aunque, con toda seguridad, debieron quedar perplejos…


JESÚS,  ayúdanos a comprender al prójimo.




Eleuterio Fernández Guzmán

26 de septiembre de 2016

Lo que importa

Lunes XXVI del tiempo ordinario

Lc 9,46-50

En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor’. 
Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros’. Pero Jesús le dijo: ‘No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros’”.

COMENTARIO

No es nada extraño que entre los que iban con Jesús quisiesen saber quién era el primero de entre ellos.  Y es que aún no habían acabado de comprender lo que era verdaderamente importante.

Jesús acerca a sí un niño. Lo que quiere decirles con eso es que deben tener en cuenta a los más necesitados porque sólo quien tiene un corazón de carne podrá entrar en el Reino de los Cielos. Así, además, se recibe a Él mismo.

Seguían, de todas formas, con su ansia de poder. Y es que Juan no había gozado mucho con ver que otros predicaban en nombre del Maestro. Pero Jesús, que sabía que eso era necesario para la expansión del Reino de Dios en la Tierra, le reprende cariñosamente sabiendo que lo va a entender. Al menos eso cree Cristo.


JESÚS, ayúdanos a comprenderte

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de septiembre de 2016

Domingo, 25 de septiembre de 2016 – Saber lo que somos




Lc 16, 19-31

“‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue  sepultado. ‘Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo  y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.’ Pero Abraham le dijo: ‘"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.’ ‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.’ Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.’ El dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.’ Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.’"

COMENTARIO

No podemos negar que las enseñanzas de Cristo llegan al mismo centro del corazón. Por eso cuando hace uso de las parábolas, sabe que será, más o menos, entendido pero que llegará a ser conocido aquello que quiere decir.

Lo que Cristo dice aquí es algo que nunca debería olvidado: podemos escoger, muchas veces, entre lo bueno y lo malo. Y, para eso, aquel rico (llamado Epulón) tenía dinero el hombre. Podía haber escogido ayudar a Lázaro pero decidió vivir bien sin acordarse de los necesitados. Y tuvo el “premio” que tuvo…

Pero el otro, Lázaro, que tanto estaba sufriendo en vida, iba a tener otro “premio” muy diferente: el seno de Abrahám, su limbo. Allí contemplaba a Epulón pero nada podía hacer: cada uno había obtenido el resultado correspondiente a su vida terrena.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de las necesidades del prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán