18 de febrero de 2016

Pedir como Dios quiere pidamos

 Jueves I de Cuaresma

Mt 7,7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas’.

COMENTARIO

Cristo conocía la naturaleza humana. Por eso dice una gran verdad cuando afirma que somos malos. No es que nos quiera mal sino que sabe cómo somos. Y recomienda hacer las cosas espirituales como Dios quiere que las hagamos.

Cristo quiere que nos acerquemos al Todopoderoso. Por eso nos recomienda que llamemos a su corazón, que lo busquemos. Sólo así podremos llegar al seno de Aquel que nos ha creado.

Decíamos arriba que Cristo sabe cómo somos: malos. Eso, de todas formas, no es causa para que Dios no nos ame sino, seguramente, para todo lo contrario. El Creador nos ama porque somos creación suya. Y quiere que lo bueno que queremos para nosotros lo hagamos al prójimo.


JESÚS, ayúdanos a entender la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de febrero de 2016

Convertirnos

Miércoles I de Cuaresma


Lc 11,29-32

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.

COMENTARIO

Jesús conocía perfectamente la mentalidad de gran parte de la población judía de su tiempo. Ellos creían que el Mesías tendría que ser alguien con poder militar para vencer al invasor romano. Pero el Reino de Cristo era de otro mundo y ellos no lo acababan de comprender.

Jesús da a entender que Él también estará en el estómago de la bestia, como lo estuvo Jonás. Les habla, por tanto, de lo que va a pasar con su persona: también estará tres días y, luego, resucitará.

Jesús habla, también, de arrepentimiento y de penitencia. Así, como aquellos de Nínive se convirtieron por la predicación de Jonás, quiere que lo mismo se haga entonces y ahora mismo. De otra forma, nuestro futuro será de lo más negro.


JESÚS,  ayúdanos a convertir nuestro corazón en digno de ser llamado hijo de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán




16 de febrero de 2016

El Padre Nuestro que Cristo nos enseñó

Martes I de Cuaresma

Mt 6,7-15

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús, que sabe que sus discípulos necesitan aprender a orar, les enseña el Padre Nuestro, está más que seguro que será una oración que todos tendrán en cuenta en su voluntad. Por eso lo hace diciéndoles que lo que vale la pena es saber lo que hacen y dicen a Dios.

El Padre Nuestro dice mucho de lo que podemos querer nosotros, hijos de Dios. Le pedimos al Todopoderoso por aquello que es importante para nosotros y,  también, lo que queremos que Dios haga al respecto de nosotros, sus hijos.

Jesús hace hincapié en algo muy importante: el perdón. Y es que sabe que Dios, que debe perdonarnos, quiere que nosotros hagamos lo mismo con el prójimo que nos haya ofendido. Nos pide eso porque Él lo muestra con nosotros cada día.


JESÚS,   ayúdanos a perdonar.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2016

Una clara advertencia de Cristo

Lunes I de Cuaresma
Mt 25,31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 
‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna’”.

COMENTARIO

Esto lo dice Jesús porque lo sabe. No lo sabe por ser profeta sino por ser Dios. Todo lo conoce. Y esto lo dice como advertencia acerca de lo que debemos hacer nosotros, sus hermanos (como Cristo) y sus hijos (como Dios). Nada, pues, aquí, está dicho para que sobre o se puede olvidar.

Jesús ha de volver a venir. Eso se conoce como Parusía. Y cuando vuelva no se va a dedicar a visitar la tierra como sin nada. No. Y es que sabemos que va a venir a juzgar a vivos y a muertos. Y su forma de juzgar será… en el amor. Así de simple y claro. Y es que sabemos que al final de la vida se nos juzgará, precisamente, en eso, en el amor.

¿Qué debemos hacer para salir bien parados de tal juicio? Jesús lo dice con toda claridad. En general ser refiere al prójimo. Y lo que dice se resume en ayudar y tener buen corazón con quien necesite que se tenga. Ahí radica todo el amor que se nos exigirá cuando vuelva el Hijo de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a permanecer fieles a tu voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de febrero de 2016

Las tentaciones en las que podemos caer


Lc 4, 1-13                   

“Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.’  Jesús le respondió: ‘Esta escrito: = No sólo de pan vive el hombre.’ =  Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: ‘Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.  Si, pues, me adoras, toda será tuya.’ Jesús le respondió: ‘Esta escrito: = Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.’ = Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará  para que te guarden. =  Y: = En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.’ =  Jesús le respondió: ‘Está dicho: = No tentarás al Señor tu Dios.’ =  Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.”

COMENTARIO

Este texto evangélico es un claro aviso para todos aquellos que somos y queremos ser discípulos de Cristo. Si el Maestro fue tentado no podemos imaginar nosotros, hermanos suyos, que el Enemigo no quiera hacer lo mismo con nosotros. Y es que tal es su esencia.

A Jesús se le tentó con el poder, con el sustento y con la voluntad de no morir. Sin embargo Jesús supo cómo responder porque era Dios hecho hombre y sabía a la perfección cuál era la voluntad del Todopoderoso.

Nosotros, que somos pecadores desde que somos concebidos, podemos vernos sometidos a tentaciones. En el Padre Nuestro le pedimos a Dios que no nos deja caer en ella. Y es que la tentación, en sí misma, no es un problema (siempre habrá) sino lo que nosotros hacemos al respecto de ella. Y Cristo nos da fuerza, con su ejemplo, para vencerla.


JESÚS, ayúdanos a no caer en las tentaciones.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2016

Los que necesitamos médico

Sábado después de Ceniza
Lc 5,27-32
En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Jesús fue llamando a cada uno de los que iban a ser los apóstoles como quiso llamarlos. El caso es que aquellos a los que escogió tras haber orado en el monte le seguían sin dudarlo. Algo debieron ver en quien no les ofrecía ni poder ni nada por el estilo.

Aquel hombre, Leví, era publicano. Cobraba impuestos para el invasor romano y era muy mal visto por sus hermanos de fe. Lo tenían por pecador y no querían saber nada de él. Pero Jesús lo llama porque sabía que necesitaba salvación.

Jesús nos dice algo muy importante: aquellos que no necesitan ser salvados no van a ser salvados porque ya están salvados. Por eso necesitamos médico, Cristo, aquellos que pecamos y que somos conscientes que somos pecadores. Nosotros  sí necesitamos a Cristo.


JESÚS, ayúdanos a no pecar.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de febrero de 2016

Saber qué hacer en cada momento

Viernes después de Ceniza
Mt 9,14-15

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.

COMENTARIO

Aquellos que eran considerados sabios por el pueblo judío tenían, de los preceptos establecidos como obligatorios, un concepto exagerado. Es decir, no eran capaces de comprender más allá de lo que los mismos decían.

Jesús sabía que era una batalla importante la que debía mantener con ellos. Y es que, dominadores del pueblo escogido por Dios, sabía que podían manipularlo en su contra pero, sobre todo, en contra de la santa doctrina que debía hacer cumplir.

Era, en efecto, una forma de hacer las cosas que no cuadraba con la voluntad de Dios. Por eso se extrañaban algunos de que los discípulos de Cristo no ayunaran según estaba establecido. Y, claro, no entendían nada de lo que hacía el Maestro ni los suyos.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2016

Esto no lo dice un profeta sino que lo dice Dios


Jueves después de Ceniza
Lc 9,22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”.


COMENTARIO

Jesús, en cuanto Dios mismo hecho hombre, no podía ser un profeta. Es decir, Él no podía ser tomado por Dios para que transmitiera lo que era obligación transmitir de parte del Creador. Él era Dios mismo y lo que aquí nos dice no lo hace profetizando algo que puede pasar sino que dice lo que sabe, a ciencia cierta, que va a pasar.

Lo que dice Cristo aquí es muy importante. Todo tiene que ver con la salvación de sus hermanos los hombres. Así, que es esencial negarse a sí mismo para tomar la cruz que cada cual llevamos e ir tras la de Cristo. Y es que esto es, por así decirlo, un cumplir lo que se dice que se cree.

En todo caso, Cristo no dice lo que aquí dice por quedar bien ni nada por el estilo. No. Lo dice, nos lo dice, porque sabe que sólo quien lo siga se salvará, quien pierda su vida antigua la ganará para la vida eterna. Todo lo demás no tiene la más mínima importancia.

JESÚS,  ayúdanos a seguirte con todas las consecuencias

Eleuterio Fernández Guzmán



10 de febrero de 2016

Dios ve en lo secreto de nuestro corazón

Miércoles de Ceniza

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Cristo enseña a sus discípulos lo mejor que deben saber acerca de lo que verdaderamente importa. Es la vida eterna aquello que deben anhelar los que siguen al Hijo de  Dios. Por eso debemos aprender lo que es crucial para alcanzar la misma.

Dios ve en lo secreto. Jesús lo dice de muchas formas para que pueda ser entendido. Nos habla de aquellos que miran a los demás con intención de simular lo que hacen y dicen. No tienen en cuenta lo que debería importarles y que tiene poco que ver lo que hacen.

Todo lo que hacemos es conocido por Dios. Es decir, en el interior de nuestro corazón… allí el Creador conocer lo que en verdad pensamos. Por eso Jesús nos recomienda que no pretendamos contentar a los hombres sino a Dios.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2016

A Cristo no le gusta la hipocresía

Martes V del tiempo ordinario

Mc 7,1-13 

“En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas. 

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘’Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’.”

COMENTARIO

En tiempos de Jesús había muchos que estaban muy sometidos a las tradiciones que, desde antiguo, les habían llegado. No hacían, según ellos, más que cumplir con lo que estaba establecido. Otra cosa era que lo establecido estuviera más que mal.

Jesús sabía en qué estaban equivocados. Por eso, cada vez que tenía ocasión les decía cuál era el error que estaban cometiendo. Lo hacían porque quería que corrigieran aquella forma de comportarse y la adecuaran a la verdadera Ley de Dios.

Ciertamente muchos de los comportamientos que llevaban a cabo los contemporáneos de Jesús no acordaban, para nada, con lo que Dios quería de ellos. Y es que, por mucho que defendieran sus comportamientos, los mismos no eran, precisamente, los adecuados.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2016

Buscar a Cristo



Lunes V del tiempo ordinario

Mc 6,53-56
"En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”

COMENTARIO

Cuando Jesús empezó a predicar la Buena Noticia y a mostrar con señales que era el Hijo de Dios muchos se dieron cuenta de que, en efecto, era el Hijo de Dios. Y le buscaban allí donde estuviera. El caso es que muchos iban tras de sí, ciertamente, también, precisamente, por tales hechos.

Los que iban tras Jesús que padecían dolores físicos o espirituales lo hacían porque conocían lo que hacía aquel Maestro que todo lo hacía Bien.

La confianza en Cristo que le mostraban aquellos que le buscaban era más que suficiente como para que el Hijo de Dios obrar prodigios inimaginables para un ser humano que no tuviera el poder del Todopoderoso. Y es que ellos, a veces, pedían muy poco.


JESÚS, ayúdanos a tener fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2016

Reconocerse pecador

Lc 5, 1-11

“Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.’ Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.’ Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto  las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.’

Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.’  Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”

COMENTARIO

Había muchos que seguían a Jesús. No extraña, para nada, que lo rodearan o que, en todo caso, estuvieran muy cerca para poder escucharle. Y Jesús, cumpliendo a la perfección, le enseñaba todo lo que podía ser recibido por sus corazones.

Aquella ocasión, de todas formas, le vino muy bien al Hijo de Dios para dar muestras del poder de Dios pero, sobre todo, para que uno de sus discípulos más importantes, reconociese que era un pecador. Y es que Pedro debió dudar en su corazón y por eso se reconoce pecador.

Jesús, de todas formas, sabe que aquel hombre, que va a negarlo en el momento más trágico de su Pasión, ha de ser muy importante para la Iglesia que va a fundar. Y lo hace, por eso mismo, pescador de hombres.


JESÚS, ayúdanos a no caer en la tentación de la duda.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2016

Seguir a Cristo

Sábado IV del tiempo ordinario

Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

COMENTARIO

Seguramente muchos habían visto, personalmente, lo que había hecho Jesús; otros, sin embargo, sólo sabrían de Él por lo que les podían haber dicho. El caso es que le seguían y, por decirlo pronto, no le dejaban ni descansar.

Jesús quiere instruir a sus apóstoles. Pero, para eso necesita, de vez en cuando, estar a solas con ellos. Por eso quiere irse un poco lejos porque es la única forma de que eso pueda llevarse a cabo sin tener que cumplir otras misiones de su ministerio.

El caso es que a Jesús le puede el amor por sus hermanos. Por mucho que quieran ocultarse a la muchedumbre, la muchedumbre sabe dónde ha ido y allí acude. Por eso Jesús, como los ve como ovejas sin pastor, quiere enseñarles que Él es el Buen Pastor.


JESÚS, ayúdanos a seguirte como aquellos te seguían.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2016

La fidelidad del Bautista


Viernes IV del tiempo ordinario
Mc 6,14-29
En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: ‘Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. Otros decían: ‘Es Elías’; otros: ‘Es un profeta como los demás profetas’. Al enterarse Herodes, dijo: ‘Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado’. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO
El caso de Juan el Bautista es síntoma y muestra de hasta dónde puede llegar quien tiene fe. Y es que el primo de Jesús no había querido ser políticamente correcto con Herodes y le había dicho la verdad, su verdad particular.
Aquello no había gustado nada a Herodías. La ponía en entredicho y busca la ocasión para matarlo. Y la encuentra cuando ve que puede hacerse cargo, para mal, de la promesa de Herodes echa a los presentes en aquella nefasta fiesta.
El ejemplo del Bautista nos ha de valer y servir para darnos cuenta de que no es lo mismo decir que se tiene fe y, en fin, demostrar que se tiene. Aquel hombre, que vivía en el desierto supo ir al Cielo con amor y respeto a la Verdad.
JESÚS, ayúdanos a ser fieles como lo fue Juan el Bautista
Eleuterio Fernández Guzmán



4 de febrero de 2016

Cumplir la misión que Dios tiene para nosotros




 Jueves IV del tiempo ordinario
Mc 6,7-13
En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.”

COMENTARIO

Cuando Jesús escoge a los Doce apóstoles sabe que debe encomendarles la misión de transmitir la llegada del Reino de Dios. Pero, para eso, no basa con, en efecto, enviarlos sino que debe dotarlos de dones especiales.

Jesús conoce la voluntad de Dios. Por eso sabe que quien trabaja para la mies del Señor ha de tener su sustento.  Y les pide confianza absoluta en el Todopoderoso. Él, pues, ha de proveer.

Jesús, que sabe cómo son sus contemporáneos, está seguro que en muchos lugares no recibirán bien a sus apóstoles. Eso, sin embargo, no es problema. Basta con alejarse del lugar e ir donde sean bien recibidos. Y, para eso, les dona el poder de expulsar demonios, aquellos que controlaban al hombre de aquella forma.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en ti como lo hicieron tus apóstoles

Eleuterio Fernández Guzmán



3 de febrero de 2016

No dudar nunca de Cristo

Miércoles IV del tiempo ordinario

Mc 6,1-6
En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”

COMENTARIO

Las cosas de los hombres son así de extrañas. Y es que Jesús acude a su tierra, donde había vivido muchos años. Allí todos le conocían y sabían que era el hijo de María y de José, el carpintero. Pero también sabía lo que de Él se decía.

Aquellas personas, sin embargo, dudan de que una persona a la que han tratado muchos años, que les ha arreglado los desperfectos de su casa, pueda ser el Enviado de Dios. Les parece raro que el Todopoderoso pueda hacer así las cosas.

Jesús, sin embargo, conocía la forma de pensar de sus paisanos. De todas formas, no por eso dejó de ayudar a quien lo necesitaba. Por eso nos dice este texto bíblico que curó a los que se le presentaron porque, aun extrañado (en el fondo de su corazón) de lo que pensaban sabía que no todos lo hacían y habían quien confiaba en su persona.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2016

El gozo de conocer al Hijo de Dios

Lc 2,22-40


Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’ y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. 

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’. 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.”


COMENTARIO

La Presentación de Jesús en el Templo, siguiendo la ley, supone mucho para la historia de la salvación. Primero, porque los padres del Niño Jesús acuden a cumplir con lo establecido. Ellos nunca se han salido de lo que han de hacer.

Aquel hombre anciano, Simeón, sabe mucho acerca del Mesías. Se le ha dicho que lo verá. Él espera tal momento. Nada más quiere de su vida. Por eso cuando se da cuenta de que aquel niño es el Enviado de Dios nada más tiene que esperar de la vida.

Otro tanto pasa con Ana. Ella también espera la salvación de Israel. Todo lo ofrece al Señor. Por eso cuando ve al Niño Jesús se da cuenta, ella también, que ha visto al Mesías.  Y eso la llenó de gozo y alegría.


JESÚS, ayúdanos a ser capaces de gozar contigo, contigo.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2016

Maravillados con Cristo



Lunes, 1 de febrero de 2016

 Lunes IV del tiempo ordinario

Mc 5,1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: ‘¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes’. Es que Él le había dicho: ‘Espíritu inmundo, sal de este hombre’. Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’. Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos’. Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 

Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos’. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 
Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti’. Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.”

COMENTARIO

Jesús hace muchas cosas buenas. En principio lo son porque, por ejemplo, liberar a un endemoniado de los demonios que lo tienen aprisionado no es poca cosa. Pero no todo el mundo pensaba lo mismo acerca de aquello.

Los hombres que tenían por negocio (incluso siendo judíos) tratar con los cerdos, no estaban, para nada, de acuerdo con que el Maestro hiciera lo que había hecho. Y es que gran parte del negocio se les fue al mar al echarse los cerdos en sus aguas. Aquello, humanamente, no les convenía.

No era de extrañar que la persona que se había visto beneficiada con aquel acto extraordinario de Jesús quisiera acompañarle. Pero el Hijo de Dios prefería que fuera a su casa y dijera lo que había pasado. Sería una prueba del poder de Dios.


JESÚS, ayúdanos a maravillarnos con tus palabras y actos.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2016

Cumplir con la voluntad de Dios

Lc 4, 21-30

“Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.’ Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’  El les dijo: ‘Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.’ Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.’  ‘Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;  y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. =  Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.’  Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;  y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

COMENTARIO

Jesús, como podemos imaginar, volvería muchas veces a su pueblo, Nazaret, para ver a su Madre y al resto de su familia. Entonces, en aquellos momentos, no iba a dejar de predicar. Por eso este texto nos habla de cuando acude a la sinagoga y ha leído un texto en el que se apunta a la llegada del Mesías.

Jesús sabe que se ha cumplido la Escritura y que Él es el Mesías. Sin embargo, muchos de sus vecinos no pueden creer que el hijo del carpintero pueda ser el enviado de Dios. Y eso, de todas formas, no extraña nada a Jesús.

Cuando Jesús pone los ejemplos que pone sobre a qué personas ha ayudado Dios a lo largo de la historia molesta a muchos. Les hace ver que, a lo mejor, ellos, que son el pueblo elegido, no lo están haciendo demasiado bien al respecto de la voluntad de Dios. Y se enfadan con él. Ellos, además, se enfadan…

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca, nunca, de ti.


Eleuterio Fernández Guzmán