3 de julio de 2014

Creer, siempre, en Cristo




Jn 20,24-29


Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: 'Hemos visto al Señor'. Pero él les contestó: 'Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré'. 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: 'La paz con vosotros'. Luego dice a Tomás: 'Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente'. Tomás le contestó: 'Señor mío y Dios mío'. Dícele Jesús: 'Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído'”.


COMENTARIO

Seguramente aquella situación estaba puesta para gloria de Dios. Por eso Tomás no estaba con sus compañeros la primera vez que se apareció Jesús. Y era un hombre no crédulo. No creyó en la resurrección del Señor aunque ya dijo que eso pasaría.

Jesús sabe que Tomás ha de salir airoso, espiritualmente, de aquella situación. Por eso no le regaña sino que procura que aprenda algo que le sirva para siempre. Y quiere que comprueba por sí mismo que es el Mesías y que resucitado. Pero había algo más.

Jesús, en aquel mismo momento, sabe que todos tienen el corazón bien abierto y el alma preparada para aprender. Y hace una definición de la fe que es perfecta: tiene fe quien cree sin ver. Algo, por cierto, muy alejado de lo que hoy se piensa acerca de la misma.


JESÚS, quieres que creamos en ti con confianza absoluta. Ayúdanos a no ser incrédulos como Tomás.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de julio de 2014

No querer el Reino de Dios





Miércoles XIII del tiempo ordinario


Mt 8,28-34


En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: '¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?'. Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: 'Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos'. Él les dijo: 'Id'. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término'”.


COMENTARIO

Lo que Jesús hacía

Jesús había venido a salvar a lo que estaba perdido. No había venido, como Él mismo dijo, a sanar a los que estaban sanos. Por eso saca aquellos demonios de donde no debían estar.


Lo que algunos entendían

El ser humano es, demasiadas veces, desagradecido. En este caso el interés humano de lo que daban los cerdos, económicamente hablando, se impone al hecho de ver liberado al mundo de endemoniados. La avaricia humana se impone.



No querer recibir el Reino de Dios

En tiempos de Jesús había muchos de sus contemporáneos que no entendieron su mensaje. Ni aceptaban un Mesías no guerrero ni admitían que parte de sus negocios se fueran al traste por cualquier intervención del Maesto. No quisieron recibir el Reino de Dios.


JESÚS, muchos de los que te escuchan no aceptan lo que dices. Están ciegos y sordos ante la Verdad. Ayúdanos a no ser de tales personas.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de julio de 2014

Confiar siempre en Cristo


Martes XIII del tiempo ordinario


Mt 8,23-27


En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: '¡Señor, sálvanos, que perecemos!'. Díceles: '¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?'. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: '«¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?'”.


COMENTARIO

Los que estaban en la barca con Jesús querían al Maestro y tenían confianza en lo que podía hacer. Sin embargo, no pudieron remediar tener miedo porque ante la situación por la que pasaban, el Mesías estaba tan tranquilo durmiendo.

Acuden a Cristo. No dudan ni por un momento acerca de lo que Jesús puede hacer para echarles una mano en aquella mala situación por la que están pasando. Y lo despiertan esperando su ayuda.

Jesús, como era de esperar, hace lo que todos quieren que haga y domina el temporal con sólo su palabra. Y es que es la Palabra de Dios la que se dirigía a los vientos. No extrañe, sin embargo, que les dijera que tenían poca fe.

JESÚS, los que te siguen han de tener fe en que eres el Hijo de Dios. Ayúdanos a tenerla siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán


30 de junio de 2014

Ser consecuentes con el seguimiento



 Lunes XIII del tiempo ordinario


Mt 8,18-22


En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: 'Maestro, te seguiré adondequiera que vayas'. Dícele Jesús: 'Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza'. Otro de los discípulos le dijo: 'Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: 'Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos'”.


COMENTARIO

En vida terrena de Jesús había muchos que, francamente, querían seguirle. Veían en el Maestro a alguien que enseñaba con autoridad; veían los milagros que hacía y eso les llevaba a pensar que era, en verdad, el Hijo de Dios.

Sin embargo, Jesús no quería ocultara la verdad a tales personas. Era difícil la vida con Él pues no era una que lo fuese regalada ni de vivir en grandes palacios. El Reino de Cristo era de distinta clase a los humanos y eso debían comprenderlo.

Seguir a Jesús suponía, para el Enviado de Dios, un cambio de corazón y, así, un cambio de Vida. Aquello que quedaba atrás estaba como muerto porque debía morir el hombre viejo y nacer el hombre nuevo. Odre nuevo para vino nuevo debía ser el corazón de quien le siguiese.

JESÚS, quieres que cada uno de tus discípulos te sigan en verdad y de verdad. Ayúdanos a no perder nunca la esperanza de poder hacer eso y a perserverar.




Eleuterio Fernández Guzmán


29 de junio de 2014

¿Quién es Jesús para nosotros?




Mt 16,13-19


En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: '¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?'. Ellos dijeron: 'Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas'. Díceles Él: 'Y vosotros ¿quién decís que soy yo?'. Simón Pedro contestó: 'Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: 'Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos'”.


COMENTARIO

Como es de creer Jesús sabía perfectamente qué pensaba la gente de Él. Dios hecho hombre no puede ignorar aquello que acerca de sí mismo se dice. Pero quería saber otra cosa.

Al parecer había mucho despiste acerca de quién era Jesús. A cada cual le parecía una u otra persona pero nadie, salvo Pedro, acerta a decir que Jesús erae, en efecto, Cristo, el Enviado de Dios, el Mesías.

Pedro, a lo mejor cree, que tal verdad la ha deducido él mismo. Sin embargo, ha sido el Espíritu Santo quien la he depositado en su corazón. Por eso Jesús lo escoge para ser el primer Papa de la Iglesia que iba a fundar.


JESÚS, te gusta saber qué pensamos acerca de Ti. Ayúdanos a manifestar que eres, en efecto, el Cristo, el Hijo de Dios vivo.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de junio de 2014

Estar en la Casa de Dios






Lc 2,41-51

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”.



COMENTARIO

María, José y Jesús no eran una familia extraña que siguiera sus propias costumbres. Al contrario es la verdad porque ellos cumplían con todo lo establecido en la Ley de Dios. Ellos, además, tenían una relación más que especial con el Creador.

Todos los años iban a Jerusalén por la Pascua. Por eso Jesús sabe que, a los 12 años, ha de cumplir con la norma establecida a tal edad para los jóvenes judíos. Pero aquel niño hace algo más porque está más que seguro de saber su misión. Por eso se queda en el Templo: para hacer las cosas de su Padre.

María está triste. No es por menos porque cree que se ha perdido su hijo, Aquel que había venido al mundo de una forma tan especial. Y se enfada. Eso tampoco es de extrañar. Pero ella sabe, se lo sopla el Espíritu Santo en su corazón, que aquello tiene sentido y lo guarda en su corazón, corazón de Madre de Dios.


JESÚS, cuando te quedas en el Templo aquel día sabes lo que haces porque sabías la misión que debías cumplir. Ayúdanos a saber lo que nos corresponde saber.


Eleuterio Fernández Guzmán


27 de junio de 2014

A quién dice Dios las cosas




Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús





Mt 11,25-30

“En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que aquellos que le escuchaban tenían muy a bien seguir aquello que les decía el Maestro. Por eso tiene a bien decir, a los que le escuchan, que Dios los ama tanto que lo más importante de su revelación se lo ha dicho, precisamente, a ellos.

Quien quiera conocer a Dios ha de buscar a Cristo y seguirlo. Sólo el Hijo de Dios conoce a su Padre y, por eso mismo, conocer a Cristo es hacer lo propio con el Todopoderoso.

Jesús quiere que todos aquellos que lo están pasando mal y que se sienten un gran peso sobre sus corazones acudan a Él. Tiene, el Hijo de Dios, un corazón grande para consolar a los que le necesiten. Además, como Él nos dice, su carga es ligera pues la lleva, con nosotros, Quien todo lo puede.

JESÚS, quieres que nos acerquemos a ti y caminemos contigo. Ayúdanos a no huir, nunca, de tu yugo.


Eleuterio Fernández Guzmán


Construir nuestra vida


  


 Jueves XII del tiempo ordinario


Mt 7,21-29


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’”.

COMENTARIO

Sabe Jesús que, en muchas ocasiones, nos conformamos con hacer como que tenemos fe. Por eso nos avisa acerca de que no es suficiente hacer eso sino, en efecto, cumplir con la voluntad del Padre. Y es que, además, actuar así supone actuar contra el propio Creador que quiere otra cosa de nosotros.

Muchos, sin embargo, creen que actúan correctamente sin darse cuenta que una cosa es hacer algo en nombre de Dios y otra, muy distinta, luego, mirar para otro lado. Sin unidad de vida espiritual no hay verdadero cumplimiento de la voluntad del Padre.

Jesús sabe que, para construir una vida espiritual (y material, entonces) de acorde a lo que Dios quiere de la misma, hay que hacerlo sobre Él, Enviado de Dios y Mesías. Sólo así haremos lo que corresponde a quien se dice hermano del Hijo y, al fin y al cabo, no nos engañaremos a nosotros mismos.


JESÚS, nos conoces bien y sabes que muchas veces decimos una cosa pero hacemos otra muy distinta. Ayúdanos a ser fieles a nuestra obligación de hijos de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


25 de junio de 2014

Frutos negros



Miércoles XII del tiempo ordinario


Mt 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que, a lo largo de la historia del pueblo judío muchos se habían hecho pasar por profetas de Dios cuando, en realidad, no lo eran y sólo querían aprovecharse de tal mentira. Ellos llevaban disfraces de buenos cuando, en realidad, eran discípulos del Maligno.

Es bien cierto que lo que no puede ser es difícil que sea. Por eso Jesús insiste en el cuidado que se ha de tener con los falsos profetas porque, lógicamente, no pueden dar buen fruto ni se puede esperar que lo den.

Aquello que es malo hay que eliminarlo. Jesús habla de arrojar al fuego lo que es mal fruto. Con ello advierte, nos advierte, de la necesidad de dar buen fruto porque, como hijos de Dios, eso es lo que espera el Padre de nosotros.





JESÚS, quieres que demos buenos frutos y que se nos conozca por eso. Ayúdanos a darlos.



Eleuterio Fernández Guzmán


24 de junio de 2014

El Bautista





Lc 1,57-66.80


Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”


COMENTARIO

Debemos reconocer que el pueblo elegido por Dios, por todo lo que había padecido a lo largo de su historia y haber visto, directamente, la intervención del Creador en su existencia, estaba más que dispuesto a tener por buenos los mensajes del Todopoderoso. Y el caso de aquel niño, Juan, era uno de ellos.

Cuando Zacarías quedó mudo y salió del Templo donde estaba, los allí presentes sabían que algo había tenido que ver Dios con aquello. Él no se fió de lo que le dijo el Ángel del Señor y este le dejó mudo hasta que naciese el niño. Y aquel era el momento exacto. Todos, pues, supieron que Dios tenía todo que ver.

No es de extrañar, por tanto, que se preguntaran qué iba a ser de un niño que venía al mundo precedido de aquellas “señales” de las que tanto gusta el pueblo judío. Y, en efecto, como dice el texto del evangelio de hoy, aquel niño creía en su espíritu pues tenía una grave misión que llevar a cabo.



JESÚS, todos se admiraban de la llegada al mundo de tu primo Juan. En realidad, todo era obra de Dios la cual iba a seguir cumpliendo a lo largo de su vida. Ayúdanos, hermano Cristo, a no olvidar nunca al Bautista.



Eleuterio Fernández Guzmán


23 de junio de 2014

Sobre briznas y vigas





Lunes XII del tiempo ordinario

Mt 7,1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano'”.


COMENTARIO

Leyendo lo que escribió San Mateo en esta parte de su Evangelio da la impresión de que el juicio le corresponde, en exclusiva, a Dios Creador y Padre Nuestro. Sólo Él juzga y, por eso mismo, Jesús insiste en que no hay que juzgar al prójimo.

Pero es que, además, nos pone sobre el aviso de que seremos juzgados según, si eso hacemos, juzgamos. Es decir, que si hacemos tal cosa de forma severa y dura con los demás... exactamente igual hará Dios con nosotros en nuestro juicio particular.

Es más, Jesús sabe que solemos mirar al prójimo con bastante severidad. Además, manifestamos nuestra relación con el otro de una forma en exceso crítica sin darnos cuenta de nuestros propios errores o defectos. La tal viga que nunca apreciamos.


JESÚS, sabes que no podemos juzgar a los demás porque, sobre todo, eso es tarea y misión de Dios. Ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios a tal respecto.




Eleuterio Fernández Guzmán


22 de junio de 2014

Pan y vino, Cuerpo y Sangre



Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo


Jn 6,51-58


En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: 'Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo'.


Discutían entre sí los judíos y decían: '¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?'. Jesús les dijo: 'En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre'”.


COMENTARIO

Es bien cierto que había cosas que los discípulos de Jesús no podían entender. Y la verdad es que estaban en un momento crucial de su formación como apóstoles. Por eso Jesús insiste en esto.

Jesús habla de comer su Cuerpo y beber su Sangre. En una cultura como aquella en la que nació y vivió Jesús decir eso, sin explicar qué significaba, era ir demasiado lejos para algunos o, mejor para todos.

Pero Jesús lo explica bastante bien al decir que comer su Cuerpo y beber su Sangre es permanecer en él y, por tanto, en Dios, en el Padre. Es él el verdadero Pan que salva y no sirve, sólo, para alimentarse como sucedió a los judíos con el maná. Jesús es, en todo caso, maná eterno que nunca muere.


JESÚS, nos enseñas lo importante que es que tengamos en cuenta lo que es tu Cuerpo y lo que es tu Sangre. Ayúdanos a comprender que, en verdad, es esencial para nuestra vida eterna.




Eleuterio Fernández Guzmán


21 de junio de 2014

Servir, sólo a Dios





Sábado XI del tiempo ordinario

Mt 6,24-34

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.


COMENTARIO

El ser humano tiene preocupaciones lógicas. Se preocupa de aquello que es vital para su existencia y de lo que cree es más necesario para ella. Pero Jesús sabe que hay algo más importante que todo eso y que no es otra cosa que la confianza en Dios. 

Es cierto que es importante el dinero. Nadie puede negarlo. Pero no se puede hacer de él un dios y, como consecuencia de ello, dejar al Creador detrás de tal dios pequeño y moribundo. Confiar en el Todopoderoso es de vital importancia para la salvación de cada uno de sus hijos. 

Hay que buscar el Reino de Dios. Esto lo dice Jesús porque sabe que en tal Reino está la salvación y la vida eterna para quien lo encuentre y vaya tras él. Basta con preocuparse de lo que nos corresponde hacer cada día y buscar a Dios cada día. 




JESÚS,


Eleuterio Fernández Guzmán


19 de junio de 2014

Padre Nuestro, nuestro Padre


  


Jueves XI del tiempo ordinario


Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.


COMENTARIO

También debía Jesús corregir las malas formas a la hora de dirigirse a Dios, de rezar u orar. Veía que muchos de sus hermanos no lo hacían de forma correcta sino de una que era bastante equivocada y no era posible, así, llegar al corazón del Padre.

Les enseña una oración que, desde entonces es la señal propia del cristiano, del discípulo de Cristo. Con ella le pedimos al Padre aquello que, verdaderamente es importante para nosotros y lo que siempre debemos tener en nuestro corazón.

Cada una de las peticiones del Padre Nuestro son una expresión de una voluntad filial. Todo aquello que queremos nos conceda el Todopoderoso es lo que, verdaderamente, nos conviene tener y desear.



JESÚS, nos enseñas una oración que es muy importante para nosotros y que la debemos tener siempre en el corazón. Ayúdanos a hacerlo siempre así.




Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2014

Más sobre la Ley de Dios




Miércoles XI del tiempo ordinario

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.



COMENTARIO

Jesús sabe que la Ley de Dios no es, precisamente, la que los hombres han tenido por tal. Por eso predica acerca del verdadero significado de la misma.

Dar

A lo mejor no dejamos llevar por lo que el mundo pueda pensar de nosotros y, por ejemplo, queremos que vean que somos “buenos”. Pero Jesús sabe que sólo Dios es bueno y, por tanto, tal forma de comportarnos está fuera de lugar.


Orar

Para dirigirse a Dios no hace falta ir pregonando por las calles que se está orando. El Creador ve en lo secreto de nuestro corazón y, por eso, basta con dirigirnos al Señor de forma que sólo Él lo vea.


Ayunar

Para ofrecer un determinado sacrificio en bien, digamos y por ejemplo, de una necesidad ajena, ha de ser motivo de alegría para nosotros. Por eso no debemos ir trompeteando, con nuestra actitud, lo que hacemos. Dios lo sabe y eso ha de ser suficiente para nosotros.


JESÚS, la Ley de Dios es maravillosa. Por eso la debemos cumplir según es. Ayúdanos a no tergiversarla en nuestros corazones.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2014

Ser perfectos como sólo lo es Dios



Martes XI del tiempo ordinario

Mt 5,43-48 

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”.


COMENTARIO

No es nada malo saber, y estar seguros además, de algo que siempre nos vendrá bien: Jesús sólo quiere nuestro bien y por eso nos recomienda siempre que hagamos la voluntad de Dios que tiene todo que ver con nuestra salvación eterna.

El amor es la primera ley del Reino de Dios. Por eso su Hijo nos dice que debemos amar… incluso a nuestros enemigos. Es más, que debemos pedir por aquellos que nos persiguen para que el Creador no se lo tenga en cuenta (“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”…) Y eso es una forma sublime de actuar.

Quiere Jesús que seamos perfectos como Dios lo es. En realidad, sabe el Hijo que nunca seremos perfectos como lo es el Todopoderoso pero, al menos, debemos intentar actuar como Él, el Maestro, actuó a lo largo de su vida conocida como pública. Así iremos por el bueno camino.

JESÚS, sólo quieres lo mejor para nosotros. Ser perfectos, como lo es Dios, es una buena manera de saber qué debemos hacer. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.



Eleuterio  Fernández Guzmán

16 de junio de 2014

Lo extremo para nosotros es elemental para Dios




Lunes XI del tiempo ordinario


Mt 5,38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda'.




COMENTARIO


Bien podemos decir, sin temor a equivocarnos, que lo más esperable de la reacción de un ser humano cuando recibe una agrasión es que la devuelva. Como poco, la devolverá igual pero no es de extrañar que quiere poner, en la devolución, cierto espíritu de venganza. Pero Jesús sabe que el Amor de Dios no quiere decir exactamente eso.

Sabemos que la primera ley del Reino de Dios es la del amor. Esto puede quedar muy bien así dicho y nos puede hacer parecer personas de bien y con buen talante de cara al prójimo. Sin embargo, Jesús desciende al ejemplo para dar a entender que esto no se trata de algo teórico sino, más bien, práctico.


El consejo de Cristo es muy distinto al comportamiento habitual: dar más de lo que te piden, no agredir cuanodo te agreden, dejar más de lo que el otro espera de ti... Lo que, con eso nos quiere decir el Hijo de Dios es que debemos actuar según quiere Dios que actuémos.


JESÚS, como quieres para nosotros lo mejor tratas de que conozcamos, y aceptemos, lo que Dios quiere de nosotros. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.







Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2014

Creer en Cristo



Jn 3, 16-18


“16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios”.

COMENTARIO

El Amor de Dios bien se puede escribir con mayúsculas. Tal es así porque así merece ser escrito. Y es que cuando el Creador quiso salvar al mundo no pensó otra cosa que hacer a lo grande y entregó a su Hijo, Cristo. Y ya sabemos lo que pasó con Él.
Pero, además, Dios entrega a su hijo para que la humanidad se salve. Así sucedió y, para que tal acción tenga repercusión en la historia, eterna, de la semejanza de Dios, ha de creer, ésta, en quien fue enviado por el Todopoderoso. Así habrá salvación de la misma.
Sin embargo, hay en este texto un grave y gran aviso: quien no crea en el Hijo de Dios se condenará pues ya está juzgado por el Creador. Y es que Dios sabe que sólo creyendo en Cristo y teniéndolo como Dios mismo hecho hombre, la salvación puede entrar en el corazón del ser humano.

JESUS, sabes que es muy importante creer en Ti. No lo haces por egoísmo sino porque es la voluntad de tu Padre. Ayúdanos a no desdecirnos nunca, nunca, de nuestra confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán