24 de junio de 2013

El Precursor





Lc 1,57-66.80

“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”


COMENTARIO

Aunque nadie creía que Isabel, la esposa de Zacarías, podría tener hijos a su edad, lo bien cierto es que nada hay imposible para Dios. María supo, por el Ángel Gabriel, que su prima estaba embarazada, entonces, de 3 meses, y acudió a echarle una mano.

A Zacarías le había dicho el Ángel del Señor que recuperaría la voz, que había perdido por falta de fe en lo que le decía enviado de Dios, cuando naciera el hijo al que tendría que ponerle de nombre Juan. Y eso sucedió, exactamente, cuando le dijo que sucedería.

Según lo que todos habían visto, aquel niño sólo podía estar destinado por Dios para cumplir una misión muy importante. Dios estaba con aquel que, con el tiempo, sería el Precursor, quien anunciaría al Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.

JESÚS, tu primo Juan llegaba el mundo con múltiples señales de parte de Dios. Muchos, sin embargo, no le harían caso y conspirarían para que muriera. En cierto modo, nosotros hacemos lo mismo cuando no enderezamos los caminos que llevan al definitivo Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2013

Providencia de Dios





Sábado XI del tiempo ordinario

Mt 6, 24-34

”En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.



COMENTARIO

Servir a Dios

Para Jesús servir al Dios antes que al hombre o, lo que es lo mismo, cumplir la voluntad del Creador, es lo más importante y crucial en la vida de un hijo que ama a su Padre.


Providencia de Dios

El hijo de Dios ha de confiar en su Padre del Cielo. Así, más que querer someterse a dictados de magos o quiromantes o realidades similares debe estar más que seguro que el Creador vela por su vida y por sus circunstancias. Y confiar, ser fiel, tener fe.


Hacer lo que corresponde a cada día

Preocuparse por lo que tiene que venir sin tener en cuenta lo que ahora mismo hay que hacer no tiene sentido alguno. Nosotros no podemos hacer nada por el porvenir porque está escrito. Sin embargo, sí podemos decidir qué hacemos ahora porque está en nuestras manos. Y ha de estar entregarse al prójimo y amar a Dios sobre todas las cosas. Lo demás… ya vendrá.


JESÚS, las realidades más elementales las tenías que enseñar. En realidad, no solemos tenerlas en cuenta y así nos va…





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de junio de 2013

Lo único que vale la pena



Viernes XI del tiempo ordinario

Mt 6,19-23

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”.

COMENTARIO

Los seres humanos tenemos la tendencia de creer que sólo vale la pena aquello que hacemos mientras vivimos en la tierra, aquí mismo, en este valle de lágrimas. Olvidamos lo más importante de la existencia de un hijo de Dios.

Jesús sabe, pues es Dios mismo, que lo único que debemos tener en cuenta es aquello que, de verdad, es importante para nosotros: la vida eterna y lo que hay más allá de esta vida de hombres de carne. Sólo guardando aquello que es necesario para alcanzar la vida eterna, podremos gozar de la misma. No, sin embargo, con lo mundano y perecedero.

Todo, pues, aquello que se opone a la vida eterna y a vivir siempre junto al Creador y al Cordero, debe ser desechado por nosotros porque sólo vale la pena aquello que nos servirá para siempre. Por eso Jesús insiste tantas veces en que lo que nos sobra debemos echarlo fuera de nosotros.


JESÚS,  sólo vale la pena aquello que nos conduce a la vida eterna. Es una pena que, tantas y tantas veces, no queramos darnos cuenta de esto.






Eleuterio Fernández Guzmán


20 de junio de 2013

Padre y Nuestro





Jueves XI del tiempo ordinario


Mt 6,7-15

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Jesús quería que sus discípulos aprendiesen a dirigirse al Padre. No quería que hicieran como muchos de sus hermanos en la fe que rezaban de forma, seguramente, mecánica y sólo con intención de aparentar.

Cuando Jesús les enseña el Padre Nuestro porque sabe que Dios es Padre y que, además, es Nuestro. Por eso sabe lo que el Creador quiere  de cada uno de nosotros y, sobre todo, cómo debemos pedirle lo que es importante para nosotros.

El Padre Nuestro es la oración con la que el Hijo de Dios sabe que somos especialmente escuchados por su Padre que, además y por eso mismo, es también nuestro. Decir tales peticiones creyendo que son importantes, una a una y despacio, es el mejor camino para ser escuchados.


JESÚS,  enseñas el Padre Nuestro porque sabes que es la auténtica forma de traer a Dios a nuestra vida. ¡Cuántas veces lo decimos sin sentir lo que decimos!





Eleuterio Fernández Guzmán


19 de junio de 2013

Tener en cuenta que Dios nos ve y nos mira






Miércoles XI del tiempo ordinario

Mt 6,1-6.16-18

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.



COMENTARIO

Lo que dice Jesús, entonces y ahora mismo, es bueno para sus discípulos y, en general, para el hombre. Sin embargo, mucho de lo que dice no es bien comprendido por las personas a las que iba y va dirigido.

Hacer como que Dios no nos ve y no nos mira sólo puede tener malas consecuencias para nosotros. Así, por ejemplo, si sólo miramos a qué piensan de nosotros cuando damos limosna no tenemos en cuenta lo que Dios piensa de nosotros: no será nada bueno porque hemos hecho alharacas con nuestra limosna.

Otras cosas muy importantes dice Jesús. Tanto en el tema de orar como en el del ayuno sólo tenemos que saber que es a Dios a quien nos debemos dirigir para ofrecer la oración o el ayunar. Poco importa lo que piensen los demás sino sólo lo que Dios vea y mire.


JESÚS, nos dice lo bueno para nosotros y para nuestra salvación eterna. Nosotros, sin embargo, no lo tenemos siempre en cuenta es más ¿lo tenemos en cuenta alguna vez?



Eleuterio Fernández Guzmán


18 de junio de 2013

Cuando Dios pide casi lo imposible



Martes, 18 de junio de 2013



Martes XI del tiempo ordinario

Mt 5,43-48

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.

COMENTARIO

Los que seguían a Jesús estaban más que acostumbrados, el Maestro era así, a escuchar cosas que no cabían en sus cabezas y, menos aún, en su corazón. Pero aún les quedaba mucho por escuchar, por asimilar y por creer.

Jesús se dirige al corazón de aquellos que le escuchan y, desde aquel momento, a nosotros mismos. Cuando se nos ofende no es que haya que perdonar a quien incurre en tal comportamiento sino que, además, hay que amar a nuestros enemigos.

Eso parece casi imposible pero Jesús argumenta con muy buen tino: si sólo amamos a quienes nos aman ¿qué merito tenemos? En realidad, lo que quiere decir es que eso del amor al prójimo es una verdad, a veces, demasiado grande para nosotros.

JESÚS,  como Tú tienes entrañas de misericordia quieres que hagamos lo mismo nosotros pero, muchas veces, pudiera dar la impresión, más que cierta, que no queremos hacerlo.





Eleuterio Fernández Guzmán


17 de junio de 2013

La ley de Dios, exactamente, como es





Lunes XI del tiempo ordinario

Mt 5,38-42

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda’”.

COMENTARIO

Era lógico, según aquella forma de pensar, que cuando una persona, por ejemplo, lesionaba a otra, existía la intención de devolver el daño que se había hecho. Así no se actuaba con ninguna caridad ni con ninguna comprensión.

Jesús, que había venido a que se cumpliera la Ley de Dios punto por punto, no podía entender cómo se actuaba de aquella forma teniendo el Creador un corazón de misericordia. Así no se era un buen hijo de Dios.

La Ley de Dios llevaba implícito un gran cambio del corazón. Por eso debió extrañar mucho a los que le escuchaba que dijera que si alguien te pedía algo tenías que darle, a ser posible, más todavía y que era crucial, para la salvación eterna, ser bueno y misericordioso.


JESÚS,  sabes que el corazón del hombre es, demasiadas veces, duro y que no comprende ni entiende lo que, en verdad, es importante. Por eso te pedimos nos ayudes a ser buenos, misericordiosos y a tener un corazón limpio.





Eleuterio Fernández Guzmán

16 de junio de 2013

El perdón misericordioso de Dios




Domingo XI (C) del tiempo ordinario

Mt 7,36—8,3

“Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.



Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él dijo: ‘Di, maestro’. ‘Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’. Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más’. Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra’.



Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados’. Los comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’. Pero Él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz’.



Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes".

COMENTARIO

Los fariseos se creían mejor que otros creyentes del pueblo de Israel. Por eso miraban a muchas personas por encima del hombre y les extrañaba, por ejemplo, que Jesús no tuviera malas palabras para aquella mujer que era, según ellos, mala.

Jesús, sin embargo, sabía que sólo quien mucho ha pecado ha de ser perdonado en mucho. Y eso le pasa a la mujer que entra donde está comiendo y ella, la pecadora, tiene más atenciones con Jesús que quien lo ha invitado, no pecador (supone él).

La fe de aquella mujer la salva. Aquella mujer, que era pecadora y todos lo sabían, necesitaba mucho el perdón de Dios. Eso es lo que obtiene de Jesús y es la forma en la que nos dice, a los que entonces escuchaban y a nosotros mismos, que la fe salva.



JESÚS, salvaste, perdonaste, a la mujer que, aunque mucho había pecado, mucha fe había demostrado al ser capaz de acercarse donde estabas. ¿También nosotros seremos capaces de hacer eso?





Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2013

Creer, hoy día, en Jesús y creer en Cristo

 




Quizá el título de este artículo pueda resultar un tanto curioso o producir extrañeza. Es cierto que se suele decir que se cree en Jesucristo. Sin embargo, muchas veces lo que, en realidad, se hace, es estar de acuerdo con Jesús-hombre, pero no se siente lo mismo por Jesús-Dios, como separando una realidad de otra.

Pero, ¿cómo es posible creer en Jesús y no en Cristo?

Pues, por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando se incardina su vida entre los hombres como si no tuviese más misión que la de ser hombre, alejada su realidad de la divinidad sustancial que lo sustentaba pues por mucho Reino de Dios que trajera se cree, quien así lo haga, que Dios es otro.
Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando se pretende hacer de su humanidad el eje de un mensaje como si fuera motu propio ajeno a su verdadera naturaleza.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando, desde su postura doctrinal tendente a hacer efectiva la Ley de Dios se entiende, con eso, que no era Dios sino que venía de su parte, a dar efectividad a lo que había establecido el Creador y que no se cumplía.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando de su defensa del pobre, del desvalido y del excluido social se hace bandera partidista como si el hecho de haber comido, y hablado, con ricos, no fuera para amonestar su actuación (ahí tenemos a mal llamado Epulón, el de la parábola de Lázaro) y sólo lo hubiera hecho para denunciar, de una forma quasi revolucionaria, su inservible ser social.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, como hombre, cuando se oculta el misterio de su ser bajo el pretexto de la historicidad de su persona y se trata de escamotear la propia divinidad que, como Dios, tiene y se hace ver y pensar que una cosa es la humanidad de Jesús y otra la divinidad de Dios, olvidando todo lo dicho en Concilios como el de Calcedonia y el de Éfeso (sobre la confesión a uno solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo en el primero de ellos y la imposibilidad de atribuir a dos personas o dos hipóstasis en el segundo de ellos) porque, claro, ya sabemos que lo hacía y decía la “jerarquía de la Iglesia” con lo cual, por supuesto, para algunos díscolos discípulos de Jesucristo, es razón más que suficiente para no tener en cuenta nada de lo que dijeran entonces.

Sin embargo, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se reconoce que su vida entre hombres lo fue como expresión de la voluntad de Dios que, encarnándose en Jesús, quiso vivir entre sus hijos, como un igual pero sin dejar de reconocer (el Mesías) Quien era y, claro, sin poder atribuírsele pecado alguno.

Además, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se comprende y se acepta que su humanidad lo es en el ejercicio de una misión centrada en la constitución de la Iglesia como transmisora de aquella y como fiel heredera y difusora de sus sacramentos.

Además, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se entiende que su apoyo al pobre no es un escabel sobre el que subirse para defender posturas o opiniones políticas causantes de la separación contra la que siempre luchó Jesús y para cuya solución planteó, al Creador, aquel “para que sean uno como nosotros” que recoge San Juan en su Evangelio (17, 11) y que el Beato Juan Pablo II meditó en su Carta Encíclica Ut Unum sint, por eso apostillada con referencia al “Empeño Ecuménico”.

Por eso, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se es capaz de asimilar que, independientemente de su forma humana, Jesús tenía conciencia de ser Dios, así lo entendía y así lo hizo ver con actos y palabras a lo largo de su vida, conocida, como pública.

Por eso, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando, dejando de lado toda visión mundana del Hijo de Dios, se confía, se entrega, nuestra confianza, en Aquel que perdona porque es Dios; en Aquel que se entregó para que fuésemos justificados.

Y así podríamos estar mucho rato porque las cosas de la fe son como son y no como a algunos les gustaría que fuesen. Pero, por desgracia, la utilización de la fe, hoy día es, muchas veces, así y aunque el Sagrado Corazón de Jesús seguro que perdona algunos pensamientos, no está mal presentarlos para que se sepa que hay más de un hermano en la fe que está bastante equivocado.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina

Exacta Ley de Dios

  
Sábado X del tiempo ordinario

Mt 5,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios, como muchas otras veces demuestra Jesús, es muy distinta de lo que muchos de sus contemporáneos, y a lo largo de los siglos desde que fue dada, creían. No pocas cosas eran distintas.

Jurar por Dios o, en su defecto, por cualquier otra realidad, era práctica común (incluso hoy lo es). Sin embargo, Jesús sabe que no está ni siquiera medio bien, hacer eso. Prescribe no jurar nunca, ni por Dios ni por nada de nada pues cada realidad tiene su fin determinado por el Creador.

Pero Jesús, en este diálogo, establece las bases de lo que es el verdadero comportamiento cristiano: la verdad es la verdad. No hay, por lo tanto, que tergiversarla y cuando una realidad se adecua a la verdad, no hay que cambiarla; cuando no se adecua, no hay que hacer como si se adecuara.



JESÚS,  donde es sí, ha de ser sí y donde es no, ha de ser no. Eso, que es tan sencillo de entender, es tan difícil de llevar a cabo…





Eleuterio Fernández Guzmán


14 de junio de 2013

La verdadera Ley de Dios


Viernes X del tiempo ordinario

Mt 5, 27-32

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

‘También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».

COMENTARIO

La Ley de Dios no es, ni como los hombres querían que fuera en el tiempo de Jesús ni como los de ahora queremos que sean. Es como es y, por eso mismo, su Hijo ha de hacerla cumplir o, al menos, que entiendan cómo es.

Jesús siempre va más allá de lo común. Por eso se preocupa de que comprendamos que par entrar en el definitivo Reino de Dios debemos podar todo aquello que nos sobra porque ni lo hacemos limpios no podremos entrar en él. Todo pecado, pues, ha de ser limpiado.

Jesús dijo que lo que había unido Dios no podía separarlo el hombre. Dice, por tanto, la verdad cuando entiende, yendo más allá del común pensar, que no cabe divorcio porque sería actuar contra la expresa voluntad de Dios que estableció que un hombre y una mujer se unieran para ser una sola carne y lo hicieran mediante el matrimonio.


JESÚS, la ley de Dios no siempre nos conviene. Por eso enseñas cuál es de verdad y no lo que creemos, a nuestra conveniencia, que es. Pero, lo bien cierto, es que no solemos tener en cuenta lo que nos dices.





Eleuterio Fernández Guzmán


13 de junio de 2013

La verdadera Ley de Dios






Jueves X del tiempo ordinario

Mt 5,20-26

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Sabía Jesús que era muy importante aleccionar a sus discípulos acerca de lo que era verdad y lo que no lo era pero, sobre todo, que aprendieran que aquellos que se decían conocedores de la Ley de Dios no lo eran tanto.

La Ley de Dios va más allá de los preceptos que, incluso divinos, nos dicen lo que tenemos que hacer.  Ahonda más en las virtudes y en lo que es importante hacer, decir y pensar. Por ejemplo, en el caso de la muerte. Es muy malo matar pero también hay formas de hacerlo lo mismo con una persona.
La paz, también, en el más amplio sentido, es muy querida por Dios y, por eso mismo, por Jesús. La paz se ha de fomentar porque es la única manera de que el amor cunda entre los hijos de Dios. De actuar de otra forma no es, precisamente, hacer lo que el Creador quiere que hagamos.


JESÚS, es más que cierto que la verdadera Ley de Dios no era muy tenida en cuenta por tus contemporáneos. Imagínate lo que hacemos con ellas los creyentes de ahora…





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de junio de 2013

Que se cumpla la Ley de Dios





Miércoles X del tiempo ordinario

Mt 5,17-19

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Muchos de los que vivían en tiempos de jesús querían que el Mesías que tenía que venir tenía que ser guerrero, luchar contra el enemigo invasor romano e implantar un fuerte reino de Israel. Sin embargo, aquel hombre, Jesús, no tenía tales intenciones.

Que se cumpliera la Ley de Dios era lo más importante. Por eso no había venido Jesucristo a poner otra norma nueva que no fuera la divina establecida por su Padre. Muy al contrario era la verdad: cumplimiento absoluto de la misma antes que otra cosa.

Jesús les dice algo que debían ir teniendo en cuenta: no es malo, sólo, no cumplir la Ley de Dios sino enseñar a otros a no cumplirla. Eso es, por así decirlo, más grave aún pues se lleva por el camino de la perdición a quien recibe lo malo como si fuera bueno.


JESÚS,  querías y quieres que se cumpla la Ley de Dios. Otra cosa no es importante para el Todopoderoso. Y nosotros, en demasiadas ocasiones, no lo hacemos ni nos interesa hacerlo.





Eleuterio Fernández Guzmán


11 de junio de 2013

Sal y luz del mundo


  
Martes X del tiempo ordinario


Mt 5,13-16

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’.

COMENTARIO

Los ejemplos que utiliza Jesús para ser comprendido están tomados de la vida ordinaria. Así lo hace para que les fuera más fácil comprender lo que quería que aprendieran. La sal y la luz son una forma de decir mucho.

Ser como la sal supone hacer mejor lo que puede ser bueno pero está falto de lo que lo puede hacer mejor. La sal, por eso, en materia espiritual, supone ser útil en tal materia. Sin embargo, si nos cumplimos tal misión de poco nos sirve llamarnos discípulos de Cristo.

Cristo, que es la luz, quiere que aquellas personas que le sigan, también lo sean. No en el mismo nivel pero sí en el mismo sentido: luz para que quien esté en las tinieblas, salga de ellas; luz para que quien no sepa dónde ir encuentre el camino hacia el definitivo Reino de Dios. Y, todo eso, sabiendo que somos hijos del Creador.

JESÚS, quieres que seamos sal y que seamos luz para el mundo. Sin embargo, en demasiadas ocasiones no somos ni una cosa ni la otra sino, precisamente, todo lo contrario.





Eleuterio Fernández Guzmán


10 de junio de 2013

Bienaventurados los que escuchan a Dios y lo ponen por obra




 
Lunes X del tiempo ordinario

Mt 5,1-12

“En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús ve que muchas personas se acercan para escucharlo se da cuenta de que es un momento muy importante. Y en esta ocasión va a pronunciar, digamos, una serie de expresiones de fe que han sido, desde entonces, un quicio donde apoyar la nuestra

Todas las referencias que hace Jesús en las Bienaventuranzas tienen como objetivo que quien las escuche convierta su corazón, se convierta, y venga a tenerlo de carne y no de piedra. Cada una, además, de ellas, permite al discípulo de Cristo, adentrarse en el corazón de Dios que es misericordioso y bondadoso.

Se manso, pobre de espíritu, llorar, querer que la justicia predomine en el mundo, etc. son formas que tiene Jesús de acercar al corazón de sus oyentes los Mandamientos de la Ley de Dios. Y aquellos que, entonces, lo escucharon, tuvieron que cambiar su forma de ser por otra buena y benéfica.

JESÚS, llamas bienaventurados a las personas que, en realidad, manifiestan una forma de ser buena y misericordiosa, que no tienen miedo a decir que son hijos de Dios y a demostrarlo. Ayúdanos a alcanzar, en nuestra vida, una situación semejante a la que nos planteas.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de junio de 2013

Quedarse con Dios





El Corazón Inmaculado de María

Lc 2,41-51

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.”

COMENTARIO

Jesús, María y José cumplían con las tradiciones judías de la mejor forma posible. Cuando era tiempo de Pascua no podían dejar de acudir al Templo a Jerusalén porque allí estaba la Casa de Dios. Dar culto en lugar tan santo era un gozo que no podían dejar de cumplir.

Jesús sabía que, para Él, aquel lugar era algo más que uno que lo era de oración y de culto. Era, en efecto, la Casa de su Padre y, por eso mismo, se quedó allí cuando sus padres regresaban a Nazaret. No extrañe, por lo tanto, que María y José se preocupasen bastante.

En realidad, Jesús estaba donde tenía que estar. Allí, entre los doctores de la Ley, preguntando y, también, enseñando lo que, para un niño de 12 años, era imposible saber o comprender.



JESÚS, cuando te quedaste en el Templo sabías que hacías lo correcto y que lo correcto era estar en la Casa de tu Padre. Nosotros, sin embargo, no parece que queramos estar en ella más tiempo del estrictamente necesario para cumplir el precepto dominical.





Eleuterio Fernández Guzmán