4 de mayo de 2019

El Rincón del hermano Rafael – Ofrecer lo malo para que devenga bueno


Las miserias y las flaquezas ofrecidas a Jesús por un corazón de veras enamorado, son aceptadas por él como si fueran virtudes.” (Punto 229)

Es más que seguro que no hay persona creyente que no se dé cuenta de que en su vida ordinaria cae en muchas ocasiones en las tentaciones que el Maligno le plantee. Es hasta posible que sea ella misma quien se las ponga ante el corazón y, luego, caiga…
Con esto queremos decir que no son pocas las veces que no hacemos uso de la fe que decimos tener o que, en general, sabemos que tenemos aunque en demasiadas ocasiones diera la impresión de que no va con nosotros…
El hermano Rafael, que también sabía de tentaciones ajenas o propias, sabe, al contrario, a qué atenerse en caso de, sí, caer en ellas.
En esto se deben cumplir dos condiciones: en primer lugar, reconocer que tenemos miserias y flaquezas; en segundo lugar, saber qué podemos hacer en tales casos.
En cuanto a lo primero basta, como decimos arriba, mirarnos a nosotros mismos. Seguro que encontramos más de una miseria en nuestro corazón y más de una flaqueza que nos haga caer en la fosa de la que tanto habla el salmista.
En cuanto a la segunda condición (a saber, qué podemos hacer con tales miserias y tales flaquezas) hay quien cree que no puede hacer nada porque, al fin y al cabo, son cosas suyas y ya se entiende con ellas…
Tal forma de pensar abona el corazón a mayores miserias y a mayores flaquezas.
Debemos, al contrario, como bien nos dice y propone San Rafael Arnáiz Barón, tener muy en cuenta, en esto, a nuestro hermano Jesucristo.
¿Hubo alguien, más que conocido, que fue sometido a tentación y salió bien de ella? Sí. El Hijo de Dios, en el desierto al que acudió después de bautizarse en el Jordán fue agredido por el Maligno. Sin embargo, sabemos que nada pudo hacer el tentador.
Tenemos, pues, un claro ejemplo a seguir que nos puede servir para hacernos bien.
Debemos, por tanto, ofrecer a Jesucristo todo eso de lo que tanto hablamos aquí y que tanto daño puede hacernos y, de hecho, nos hace.
De todas formas, no vale ofrecer a Cristo las miserias y flaquezas si nuestro corazón mira para otro lado en cuanto al amor que debe, que debemos, sentir por el Hijo de Dios. Y es que, de ser así… Qué difícil va a ser que sean bien recibidos nuestros ofrecimientos.
Si, al contrario, nuestro corazón está enamorado y bien enamorado de Jesucristo… entonces sí, entonces es más que probable, seguro, que el del Hijo de Dios acepte todo y procure nuestra reparación interior.
Nos dice el hermano Rafael que lo que es miseria y flaqueza se transforma en virtud. Y no es que debamos caer en ellas para que aumenten nuestras virtudes sino que, por gracia de Dios lo que es malo puede devenir en aceptado y, así en bueno. Pero se debe, en todo caso, a la Bondad divina y no a nuestras miserias y flaquezas que mejor, sin duda, es no tenerlas...

Eleuterio Fernández Guzmán

No temer con Cristo


Jn 6, 16-21
“Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.”

COMENTARIO
Era de esperar que aquellos hombres que seguían al Hijo de Dios quisiesen estar el mayor tiempo posible con su Maestro. Por eso, como nos muestra este texto del Evangelio de San Juan, es probable que quedaran con él en Cafarnaún. Él iría luego.

Ellos ven algo muy extraño. Y es que, como nos dice el texto bíblico, el mar empezó a encresparse. Y tienen miedo, como podemos suponer. Sin embargo, algo aún más extraño ven: a alguien que camina hacia ellos y lo hace sobre las aguas. Se dan cuenta de que es el Maestro pero eso no les quitó el miedo sino al contrario.

El Hijo de Dios los tranquiliza. Es probable que supiera que se habían dado cuenta de que era Él. Sin embargo, les dice que no tema. Y es que es Él: “Soy yo”, les dice. Y eso, con toda seguridad, terminó con sus humanos miedos.


JESÚS, gracias por tranquilizar nuestra alma.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2019

Aceptar a Cristo


Jn 3,31-36

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él’”.

COMENTARIO

Sigue Jesús instruyendo a Nicodemo porque sabe que, siendo una persona considerada importante, conviene que esté en la verdad y se mantenga equivocado. Por eso Jesús insiste tanto en que comprenda que Él es el enviado de Dios.

Cuando Jesús se presenta al mundo hay muchos que aceptaron lo que decía. Sin embargo, también hubo muchos que no lo aceptaron para nada y que buscaban su perdición. Pero Jesús sabe que es muy importante aceptarlo como Quien es.

Jesús no dice cosa que sea de poca importancia. Nada más y nada menos que centra la creencia su persona en ganar la vida eterna. Es decir quien cree en Él cree en Dios que lo ha enviado y quien no cree en Él no cree en Dios. Así de sencillo.



JESÚS, enseñas a Nicodemo lo que es importante que sepamos todos. Ayúdanos a tener por bueno todo, todo, lo que nos dices y enseñas.





Eleuterio Fernández Guzmán


29 de abril de 2019

Ser humildes y mansos de corazón

Mt 11, 25-30

25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.


COMENTARIO

Jesucristo bendice a su Padre, Dios Padre Todopoderoso, porque sabe que lo mejor de la fe, del conocimiento de lo que supone el Creador, no ha sido dicho a los corazones de aquellos que se creen sabios y poderosos sino, al contrario, en de aquellos que, humildes, han sabido aceptar lo que Dios quiere que se aceptado.

En efecto: sólo el Hijo conoce al Padre. Sin embargo, nos ofrece que nosotros también lo conozcamos acercándonos al Hijo porque, a través del mismo podemos alcanzar el corazón de Aquel que, no existiendo nada (salvo Él mismo) todo lo creo de la nada.

Y, además, nunca debemos olvidar un consejo que va más allá de lo que podamos creer: debemos ser humildes y mansos porque lo es Jesucristo, nuestro hermano y Dios mismo hecho hombre.


JESÚS,  gracias por ser humilde y manso de corazón

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2019

Creer y no ser incrédulos


Jn 20, 19-31
“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió,  también yo os envío.’ Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído.  Dichosos los que no han visto y han creído.’ esús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.

Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.”

COMENTARIO

Es bien cierto que el hecho de que tuviera miedo a los judíos los Apóstoles, y otros discípulos de Cristo, no era nada extraño. Y es que sabían cómo podían actuar contra ellos aquellos que de una manera tan injusta e ilegítima habían actuado en contra del Maestro. Y se escondieron. Y allí mismo se presentó Jesucristo, ya resucitado. Y les da la paz y los envía para que transmitan la Buena Noticia.
Falta uno: Tomás. No cree que el Maestro hay estado allí. Y ha de sufrir la situación de su nueva aparición. Y pide perdón. Y cree. Y Jesucristo establece que la fe es creer sin ver.

JESÚS, gracias por haber definido la fe de una tan fácil de entender. 


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2019

Dios conoce y sabe


Jn 21,1-14

En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’. Le contestaron: ‘No’. Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’. Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar’». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Venid y comed’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos”.


COMENTARIO

Al parecer, aquellos que había seguido más de cerca de Jesús habían vuelto a sus antiguos trabajos. Pronto querían que todo lo que había pasado fuera, eso mismo, pasado. Sin embargo, Aquel que los había enseñado tenía, aún mucho que decir.

Jesús, que todo lo sabe, también conoce dónde pescar y, por lo tanto, donde deben dirigirse sus discípulos para atraer hacia sí a quien está alejado de Dios o, simplemente, no lo conoce. Por eso aún tenía mucho que enseñarles.

Los discípulos tienen miedo. A pesar de que se les ha aparecido en otras ocasiones aún no tienen muy claro que sea Jesús quien se les ha presentado. Pero ellos confían, al fin y al cabo, en su Maestro.



JESÚS, conoces todo lo que somos y todo lo que hacemos pero no siempre confiamos en Ti. Ayúdanos no dudar nunca.





Eleuterio Fernández Guzmán


25 de abril de 2019

Resucitó y se presentó


Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo’. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de comer?’. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 
Después les dijo: ‘Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’’. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas’”.


COMENTARIO

Los apóstoles no las tenían todas consigo. Cuando ven a Jesús es poco decir que se sintieron sorprendidos. Al parecer aún no habían comprendido eso de que resucitaría al tercer día como había dicho el Maestro.

Jesús tranquiliza a los atribulados testigos de su aparición. Es de carne pero también es de Espíritu. Por eso les pide algo de comer pues así verían que no era un fantasma (como ellos habían creído). Confirma, así, que todo había sido verdad y según lo prometido.

En realidad, todo se ha cumplido. Por eso Jesús les vuelve a decir lo que tantas veces les había dicho: Dios no hace las cosas sin sentido alguno sino, muy al contrario, de acuerdo a su santa y providente voluntad. Y así había sido.


JESÚS, seguramente no daban crédito los que te vieron por primera vez después de tu Resurrección. Ayúdanos a no tener tantas dudas de fe como aquellos otros nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


24 de abril de 2019

Tardos de corazón


Lc 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 
Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’. Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”.


COMENTARIO

Los decepcionados

Muchos de los discípulos de Jesús quedaron, además de tristes por lo que había sucedido con el Maestro, muy decepcionados. Ellos esperaban que el Mesías esperado tuviera un cariz distinto al que había tenido Jesús. No comprendieron mucho de lo que les había pasado.

Lo que debían conocer

Jesús les echa en cara, cuando habla con ellos, que no conocían aquello que estaba escrito, de Él, en las Sagradas Escrituras. Todo apuntaba, exactamente, a lo que le había pasado. Pero ellos tenían el corazón cerrado además de los ojos…

Reconociendo a Cristo

Otra vez un gesto. Necesitan el gesto de partir el pan para reconocer, en aquel hombre al que habían invitado a pasar la noche en su casa, a Jesús. Entonces se dan cuenta de que, en efecto, su corazón ardía cuando les explicaba lo que de Él decían las Escrituras Santas.



JESÚS, aquellos discípulos, que seguro te querían mucho, no alcanzaban a comprender lo que había sucedido. Ayúdanos a no estar tan ciegos como ellos estaban.





Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2019

Y María transmitió

Jn 20, 11-18

“Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’ Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’ Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’ que quiere decir: ‘Maestro’.  Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’. 18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”

COMENTARIO

Nada de lo que refleja este texto del Evangelio de San Juan nos extraña nada de nada. Es decir, no es nada raro que María Magdalena estuviera llorando porque se da cuenta de que no está su Señor. Tampoco es nada extraño que, luego, se sorprenda cuando se da cuenta de que, quien esta junto a ella es, precisamente, su Señor. Incluso ella está dispuesta a ir donde, según cree María, hayan puesto el cuerpo de Cristo. Pero, como vemos, las cosas son más que distintas.

María reconoce a su Maestro. Es bien cierto que, en un principio, no pero cuando escucha que la llama por su nombre como, seguramente, habría hecho muchas veces… entonces sí, entonces se da cuenta de que, ante ella, está Aquel a quien  tanto quería.

Cristo le encomienda una misión a María. Y sabemos que la cumple a la perfección aunque también sabemos que, a lo mejor, muchos de los que escucharon el mensaje que les tenía que dar no la creyeron mucho…


JESÚS, gracias por haber cumplido con tu Palabra.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2019

Siempre ha de prevalecer la Verdad

Mt 28, 8-15

“Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’ Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán’. Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: ‘Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos.’ Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones’. Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.”


COMENTARIO

Seguramente no es fácil imaginar, siquiera imaginar, lo que sintieron aquellas mujeres que, creyendo haber perdido a su Señor y Maestro lo vuelven a ver con vida en aquel camino. Habían pensado que su cuerpo había sido robado pero, en realidad, había resucitado el Hijo de Dios y le sale a su encuentro. Y les encarga cumplir una misión tan especial como era, no sólo decir que, en efecto, había resucitado, sino que les esperaba en Galilea.

Por otra parte, el Mal que trabaja sin descanso, urde una mentira tan absurda pero que, al parecer, hasta tiempos de los Apóstoles, se tuvo como verdadera: los discípulos de aquel hombre de Nazaret habían robado el cuerpo.

En realidad, la ceguera era, entonces, abundante.



JESÚS, gracias por cumplir con tu Palabra, la Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2019

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Llenos de amor a Cristo


“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” – Llenos de amor a Cristo

Humilla tu cara en el polvo, hermano Rafael, y deja ya de pensar en nada que sea barro, que sea criatura, que sea mundo, que seas tú… Llena tu alma de amor a Cristo, besa sus llagas, abrázate a su Cruz, sueña y piensa y duerme en Él.”  
No es poco cierto que si tenemos las cosas claras, en materia de fe católica, nos irá mucho mejor que si son las dudas las que corroen nuestra alma o, peor aún, la que la alejan de Dios.
El hermano Rafael, que se conoce muy bien (y, ya de paso decimos, que también conoce a sus hermanos los hombres) sabe que nosotros vivimos, sí (y muchas veces por desgracia), una realidad doble: estamos en el mundo y amamos a Dios. Y a veces tales cosas son poco compatibles.
Es verdad que no podemos negar que nuestra existencia lo es, es así, está así dispuesta, en el mundo o, lo que es lo mismo, el Creador nos ha puesto aquí, en una familia, en unas determinadas circunstancias y, en fin, en un determinado momento. Y negar eso es estar ciego.
Sin embargo, una cosa es reconocer la realidad de las cosas que nos pasan y otra, muy distinta, tenerlas por tan importante que nada más acoja nuestro corazón.
Nosotros, como bien nos dice San Rafael Arnáiz Barón refiriéndose a sí mismo, debemos tener muy presente que debemos ser humus o, lo que es lo mismo, barro.
Decimos eso, ser barro, como si fuera cosa de poca importancia y porque, con la boca pequeña, solemos afirmar lo que, en realidad, no queremos ser. Pero ser barro supone, pues, ser humildes y la humildad no suele ser habitual entre los hijos Dios porque supone abajarse voluntariamente y eso… en fin, como que nos cuesta un poco.
Pero debemos humillarnos. Nos lo dice quien cree que sí, que se humilla ante la Cruz de Cristo.
Como bien nos dice nuestro hermano en la fe, debemos dejar de pensar en lo que es mundo. Y es que de no hacer eso bien sabemos lo que va a acabar pasándonos: acabaremos siendo, sólo, mundo. Y eso sólo puede acarrearnos malas consecuencias espirituales la mayor de las cuales de, precisamente, alejarse de la vida eterna.
Al contrario debemos hacer: debemos tener a Cristo como a un hermano de tanta importancia que nadie esté por encima de Él. Y es que ya sabemos eso de “amar a Dios sobre todas las cosas” y, claro, resulta que Jesucristo es Dios hecho hombre. Por tanto, como se suele decir, “blanco y en botella” si se nos permite tal expresión popular.
Debemos, además, tener por muy importante la Cruz de Cristo. Sí, aquella donde quedó fijada la salvación de la humanidad, la nuestra. Y, luego, lo otro: tener siempre presente tal Cruz, a Cristo, en nuestra vida. Sólo eso y nada más que eso (y nada menos).





Eleuterio Fernández Guzmán 


Domingo, 21 de abril de 2019 – ¡Y resucitó!

Jn 20, 1-9


“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó,   pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”


COMENTARIO

A nadie puede extrañar que los discípulos más cercanos de Jesucristo tuvieran miedo cuando vieron o, mejor, supieron, que había muerto de aquella forma después de que, durante mucho tiempo, fuera perseguido por los más poderosos de Israel. Ellos se escondieron pero allí mismo fue corriendo María Magdalena con la noticia de que a su Señor se lo había llevado…

Tampoco nos extraña nada que Pedro y Juan, el de más edad y el de menos, corrieran al sepulcro. Querían saber si era verdad lo que les había dicho aquella mujer…

Llegan al lugar Pedro y Juan. Y Juan respeta el orden establecido por su Maestro y deja entrar al primero entre iguales. Pero luego entra él y cree. Y nadie se le puede ocurrir que es que antes no creyese sino que ahora había llegado el momento de comprender y, en fin, de formar el puzzle de todo lo que les había dicho Jesucristo. Y ahora sí, ahora puede creer del todo.


JESÚS, gracias por haber resucitado.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de abril de 2019

Sábado Santo

Sábado Santo,
esperan con escasa esperanza;
María, Madre, la única que sabe
que su hijo no se ha ido
para siempre.

Sábado Santo,
tiempo de orar a Dios,
de pedir al Padre
por el bien de sus hijos.

Sábado Santo,
luz entre tinieblas
que esperan y anhelan.

Sábado Santo,
el Mal se sabe vencido,
Dios ha ganado,
el Hijo reposa
y a los Infiernos ha bajado.

Sábado Santo,
las puertas cerradas
y el corazón abierto.

Sábado Santo, 
miran los hombres 
su porvenir salvado
o en camino de estarlo.

Sábado Santo,
Cristo espera,
nosotros esperamos.




Eleuterio Fernández Guzmán



19 de abril de 2019

Viernes Santo



Cristo, 
muere por sus hermanos
que tantas veces lo olvidan.
Cristo,
muere por sus hermanos
que tantas veces lo zahieren.
Cristo, 
muere por sus hermanos
que no quieren mirar
porque sienten vergüenza
del olvido y de la ofensa.
Así, Cristo es Evangelio,
Buena Noticia.


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18 de abril de 2019

Jueves Santo

Hoy es Jueves Santo. En un día como hoy vale la pena acordarse del sacrificio que estaba a punto de hacer el Hijo de Dios. Y, antes que nada, hizo uno que no era poca cosa: lavó los pies a sus amigos siendo eso labor de esclavos. Se sentía eso, un esclavo, alguien que había venido al mundo a salvar a sus hermanos. 

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Cristo, por encima de todo, era Hijo de Dios y, por eso mismo, no dudó lo más mínimo en hacer lo que debía hacer. En todo momento cumplió con la Voluntad de Su Padre del Cielo y eso nos sirvió, a nosotros, sus hermanos, para darnos cuenta de su bondad y de su Amor misericordioso. 

Hoy es una noche muy especial. Y es que, con ella, dio comienzo nuestra salvación eterna. 


JESÚS, gracias; sólo y nada más que eso.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de abril de 2019

¿No somos cada uno de nosotros?


Mt 26,14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: ‘¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?’. Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. 
El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?’. Él les dijo: ‘Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’’. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. 
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: ‘Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará’. Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ‘¿Acaso soy yo, Señor?’. Él respondió: ‘El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!’. Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ‘¿Soy yo acaso, Rabbí?’. Dícele: ‘Sí, tú lo has dicho’”.

COMENTARIO

Los acontecimientos establecidos por Dios se están desarrollando de una forma precisa. Nada está dejado al azar sino que la voluntad del Creador se está cumpliendo a la perfección. Así, mientras se prepara la última Pascua que Jesús vive con sus discípulos, el Mal hace de las suyas.

La Última Cena, aquella que el Hijo de Dios vivió con sus más allegados, sirvió para mucho. Por ejemplo, para que quien debía entregarlo se manifestase ante todos pero sin que nadie se diera cuenta. Nadie salvo Jesús, claro está.

Judas, que sabía que había vendido al Mesías, pregunta por disimular. Bien sabía lo que había hecho y por eso inquiere de Jesús si es él quien ha hecho lo que ha hecho. Seguramente también escuchó aquello de que quien lo había entregado mejor hubiera sido que no hubiera nacido.




JESÚS, mientras comes la Pascua aquel que te ve a entregar no sabe dónde meterse. Ayúdanos a no ser, en otros sentidos, como lo fue Judas.





Eleuterio Fernández Guzmán


15 de abril de 2019

El honor que merece Dios

Jn 12, 1-11

“1 Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. 2 Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. 3 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: 5 ‘¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?’ 6 Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. 7 Jesús dijo: ‘Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. 8 Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis’. 9 Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 10 Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, 11 porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús. 12 Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén.”


COMENTARIO

El primer día de la semana llamada Santa porque lo fue y lo es da comienzo con la urdimbre de la muerte del Hijo de Dios. Y es que había quien creía que las cosas no iban a irles demasiada bien si aquel hombre que enseñaba con verdadera autoridad y llamado Jesús continuaba con aquella predicación que tantos fieles judíos atraía.

El caso es que María amaba mucho a Jesús. Y, por agradecimiento a su labor como Maestro y porque quería hacerlo derramó aquel perfume tan caro y que tanto estimaba, al parecer en lo referido al dinero que costaba, aquel hombre, Judas, que era amante de lo que no era suyo.

De todas formas, mucho nos dice Jesucristo en este texto del Evangelio de San Juan. Y es que, en efecto, pobres siempre habrá pero el amor al Hijo de Dios ha de ser lo más importante.




JESÚS, gracias por hablar con una claridad tan santa.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de abril de 2019

Domingo de Ramos




Lc 23, 1-49



1 Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato.
2 Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro
pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey».
3 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices».
4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre».
5 Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde
Galilea, donde comenzó, hasta aquí».
6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
7 Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos
días estaba también en Jerusalén.
8 Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle,
por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
9 Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
10 Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
11 Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un
espléndido vestido y le remitió a Pilato.
12 Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
14 y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he
interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de
que le acusáis.
15 Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la
muerte.
16 Así que le castigaré y le soltaré».
18 Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
19 Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
20 Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,
21 pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito
que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré».
23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada
vez más fuertes.
24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
25 Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a
Jesús se lo entregó a su voluntad.
26 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo,
y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.
27 Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
28 Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos.
29 Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no
engendraron y los pechos que no criaron!
30 Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas:
¡Cubridnos!
31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
32 Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
33 Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la
derecha y otro a la izquierda.
34 Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Se repartieron sus
vestidos, echando a suertes.
35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que
se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido».
36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
37 y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
38 Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos».
39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y
a nosotros!»
40 Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma
condena?
41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio,
éste nada malo ha hecho».
42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino».
43 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
44 Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la
tierra hasta la hora nona.
45 El velo del Santuario se rasgó por medio
46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho
esto, expiró.
47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre
era justo».
48 Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se
volvieron golpeándose el pecho.
49 Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.

COMENTARIO

Hoy es Domingo de Ramos. Este día, todo alegría y gozo, también, para el Señor, es el más apropiado para darnos cuenta del daño que, nosotros mismos, hacemos a Quien entregó su vida por nosotros.

En el Domingo de Ramos, en aquel primer Domingo de Ramos, las esperanzas de un mundo caído estaban puestas en el Mesías que entraba por las puertas de la Ciudad Santa. Pero mucho, al parecer y como sabemos, no sabían ni entendían nada.

A nosotros, por otra parte, sólo nos queda dar las gracias a Dios por haber enviado al mundo a su Hijo a que entregara su vida por nosotros.


JESÚS, gracias por todo. Solo eso.


Eleuterio Fernández Guzmán