8 de julio de 2017

Lo nuevo y lo viejo


Sábado XIII del tiempo ordinario
Mt 9,14-17

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan’”.

COMENTARIO

Lo que responde Jesucristo a los que le preguntan tiene todo que ver, nada más y nada menos, que con la doctrina santa que había venido a traer al mundo. Y es que tanto el ayuno como lo que luego dice de lo nuevo y lo viejo tiene sustancia espiritual importante.

Sobre lo primero, el ayuno, es bien cierto que había tal costumbre espiritual en el seno del pueblo judío. Sin embargo, ellos no entendían, porque no querían ni parece que les conviniese, que era él el Hijo de Dios.

Es bien cierto lo que el Hijo de Dios dice de lo nuevo y de lo viejo. Y es que ellos debían abandonar las viejas ideas que tan buenas creían porque había venido, él, a traer la verdadera voluntad de Dios. No era posible, por tanto, querer mantener unas y otras porque sólo servían y valían las suyas.

JESÚS, ayúdanos a aceptar su santa Palabra.


Eleuterio Fernández Guzmán

7 de julio de 2017

Curar a los que necesitan ser curados


 Viernes XIII del tiempo ordinario
Mt 9, 9-13

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’. Mas Él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Cuando Jesucristo empezó a “reclutar” a sus Apóstoles podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no escogió a la inteligencia sabia de su tiempo. Sin embargo, a los que escogió quisieron seguirlo y eso le bastó al Maestro.

Aquel hombre, Mateo, era muy mal visto por sus vecinos. Y es que era recaudador de impuestos para el Imperio Romano y eso lo convertía, automáticamente, en pecador. Por eso lo odiaban con todas sus fuerzas.

Jesucristo, sin embargo, sabía que debía salvar a los que necesitaban ser salvados. Y eso se lo hace ver a los que quieren afearle la conducta acerca de porqué con ciertas personas mal vistas. Pero, ciertamente, los sanos no necesitan médico. Y ellos sin darse cuenta de que no estaban tan sanos como creían…


JESÚS,  ayúdanos a tener un corazón limpio.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de julio de 2017

La divinidad de Jesucristo

Jueves XIII del tiempo ordinario
Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

COMENTARIO

No podemos negar que, dada la fama de santidad que tenía el Maestro de Nazaret, muchos confiasen sus males o los de otros a su corazón y a su ánimo. Y eso para con aquel paralítico.

Aquel hombre lo tenía muy mal porque su parálisis lo tenía apartado de la sociedad. Necesitaba la curación del cuerpo y eso es lo que obtuvo al confiar en que Jesús lo iba a curar. Y lo curo para espanto de algunos de los allí presentes.

Lo terrible para algunos es que aquel hombre había dicho que perdonaba los pecados. Sólo Dios podía hacer eso. Por eso, para que vienen que era Él Dios mismo hecho hombre, no sólo le perdona los pecados sino que le cura su parálisis.


JESÚS,  gracias por hacer evidente tu divinidad.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de julio de 2017

No siempre se entiende el poder de Dios



Miércoles XIII del tiempo ordinario

Mt 8,28-34

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?’. Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: ‘Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos’. Él les dijo: ‘Id’. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.”

COMENTARIO

Es bien cierto que una cosa es lo que Dios quiere y otra, a veces muy distinta, lo que el ser humano, hijo tuyo, tenga por bien llevar a cabo. Y el ejemplo de aquellos propietarios de los cerdos es síntoma de eso.

Aquellos endemoniados conocían a Jesucristo. Es decir, los demonios que poseían a aquellos furiosos sabían perfectamente que aquel hombre era el Hijo de Dios. Y le tenían tanto miedo que le piden que no acabe con ellos sino que les dejan ir a unos cerdos que por allí había.

Jesucristo sabe que aquellos endemoniados necesitan su ayuda. No se preocupa lo más mínimo de las necesidades humanas y económicas de los propietarios de los cerdos. Y es que entendía perfectamente lo que era importante y lo que no.

JESÚS,  ayúdanos a tener confianza en ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de julio de 2017




Martes XIII del tiempo ordinario
Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. ‘Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Bien podemos pensar y creer que Jesucristo y sus discípulos más allegados, los Apóstoles, pasaron por multitud de situaciones que probaron la fe de los segundos. Y tampoco podemos negar que, en muchas ocasiones, no lo hicieron muy bien.

Aquellos hombres estaban asustados. Viendo cómo las aguas se agitaban más de la cuenta podrían verse muertos o algo por el estilo. ¿A quién recurrir entonces? Seguramente pensaron que a nadie mejor que a su Maestro.

Jesús sabe que ellos no pueden enfrentarse a según qué cosas. También conoce más que bien su poca fe. Por eso les llama, precisamente y no por casualidad, hombres de poca fe. Y ellos tampoco nos extraña que quedasen con el corazón lleno de sorpresa ante lo que había acabado de hacer su Maestro.


JESÚS,  ayúdanos a tener fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de julio de 2017

No podemos ser incrédulos respecto a Jesucristo

Jn 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré’. 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros’. Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’. Dícele Jesús: ‘«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

COMENTARIO

La incredulidad de Tomás

Aquel hombre, Tomás, no había estado presente la primera vez que su Maestro se presentó entre ellos tras su resurrección. No nos extraña, sabiendo, como sabemos, que no habían entendido mucho de lo que les había explicado, que no tuviese claro la resurrección de Jesucristo.

La insistencia de Jesucristo

El Mesías no dejó de enseñar. Es decir, cuando resucitó se quedó entre sus Apóstoles. Por eso volvió al domingo siguiente para que, sobre todo, quedaba bien fijado, para siempre, el sentido de la palabra “fe”.

Creer sin ver

Lo de arriba lo decimos porque, ante la declaración de Tomás acerca de Quién era aquel que allí estaba, Jesucristo define a la perfección lo que es la palabra fe: creer sin haber visto o, por decirlo de otra forma, confiar plenamente.

JESÚS,  ayúdanos a tener fe y a tenerla de verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2017

Seguir a Cristo supone esto



Mt 10, 37-42

“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a  mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. ‘Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. ‘Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.  ‘Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.’”

COMENTARIO

Dejarlo todo por Cristo 

El Hijo de Dios lo dice con una claridad que no puede llevar a engaño a nadie. Para seguirlo a Él ha que dejarlo todo pero entendiendo lo que eso quiere decir. 

Tomar nuestra propia cruz

Para seguir a Jesucristo debemos cargar con nuestra cruz o, incluso, con nuestras cruces. Y es que el Hijo de Dios quiere que hagamos como hizo Él camino del Calvario.

Tener en cuenta a los enviados de Dios

Hay recompensa por servir no sólo a Dios sino a los enviados de Dios. Y es que lo mismo que, en muchas ocasiones, Jesucristo dijo que tener en cuenta que lo que decía él era lo mismo que tenerlo en cuenta dijo por Dios. Lo mismo pasa al respecto de sus enviados. 


JESÚS, ayúdanos a seguirte. 

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2017

Confiar en Cristo

Sábado XII del tiempo ordinario

Mt 8,5-17

“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.

COMENTARIO

La labor espiritual que el Hijo de Dios lleva a cabo en aquellos años de vida pública tiene todo que ver con su amor y la misericordia de Dios. Pero si hay algo que Jesucristo tiene muy en cuenta es la confianza que se pone en su persona. Y aquel centurión tenía mucha.

El criado de aquel romano quedó curado. Y quedó curado por lo que dice el Hijo de Dios: aquel hombre, a pesar de no ser judío, tenía mucha fe. Y eso salvó a su criado y, suponemos, amigo.

Es más, Jesucristo continúa su labor. Consiste la misma, en esencia, en salvar a los que necesitan salvación. Y no sólo espiritual sino, también, física, porque, muchas veces, la segunda es el origen de cierto desprecio social. 

JESÚS, ayúdanos a confiar en ti como lo hizo aquel romano.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2017

Confiar en Cristo siempre



Viernes XII del tiempo ordinario
Mt 8,1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: ‘Señor, si quieres puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: ’Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio’”.

COMENTARIO

Seguramente, el Hijo de Dios no quería que se supiese todavía que había llegado el Enviado del Padre. Seguramente sabía que muchos aún no estaban preparados. Por eso le prohíbe al leproso que vaya pregonando por ahí la persona que lo había curado.

Había algo, sin embargo, que sí debía hacer aquel hombre sacado, de golpe, de la miseria. Debía acudir al sacerdote para que pudiese comprobar que la lepra había desaparecido. Así se convencerían que había habido curación.

Lo que cura al leproso, además de la voluntad de Jesucristo, es la fe, la confianza que tiene en aquel hombre que, como muchos dicen, enseña con autoridad. Sabe que puede curarle y por eso se dirige a Él.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de junio de 2017

Así fueron las cosas



Mt 16,13-19

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.

COMENTARIO

Se podría pensar que sentía curiosidad el Hijo de Dios por saber qué se pensaba sobre Él. Es decir, que quisiera saber, como si no lo supiera ya, qué es lo que la gente decía sobre su persona. Pero lo que hacía era buscar otra cosa, la respuesta de uno de sus Apóstoles.

Ciertamente, la respuesta que le dan los presentes no puede ser más descorazonadora. Y es que no hay unanimidad en qué piensan las personas sobre Jesucristo. Bueno, sí hay una unanimidad: nadie se ha dado cuenta, o al menos la gran mayoría, de que es el Hijo de Dios.

Pedro, sin embargo, inspirado por el Espíritu Santo, responde de forma correcta. Y Jesucristo lo premia con la vara de mando de su Iglesia. Por eso, desde entonces, la llamada Iglesia católica, ha sido el seno de la Verdad y la única Iglesia verdadera.


JESÚS,  gracias por haber dado las llaves a Pedro.



Eleuterio Fernández Guzmán                               

28 de junio de 2017

Dar buenos frutos


Miércoles XII del tiempo ordinario

Mt 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que hay muchos que, haciéndose pasar por profetas no son, sino malas personas que quieren controlar la vida de aquellos a los que dirigen sus profecías. Pues bien, de tales personas deben cuidarse sus discípulos.

El corazón de aquellos que quieren seguir al Hijo de Dios ha de estar limpio. Sólo así podrá obtenerse fruto bueno. Al contrario de la verdad: del corazón pecador sólo puede salir fruto malo.

Aquí hace Jesucristo una clara advertencia para aquellos que quieran ser sus discípulos: lo que hacemos tiene consecuencias de cara a nuestra vida eterna. Por eso debemos dar buen fruto porque es la mejor manera de que Dios retribuya tal comportamiento con la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a saber dar buen fruto agradable a Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de junio de 2017

Puertas anchas y puertas estrechas

Martes XII del tiempo ordinario

Mt 7,6.12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.


COMENTARIO

Haced lo que debemos hacer

El Hijo de Dios pone sobre la mesa una gran verdad que tiene que ver con nuestro actuación de hijos del Todopoderoso y hermanos suyos. Y es que, para comportarnos según quiere nuestro Creador no podemos hacer los demás cosas que a nosotros no quisiéramos que nos hiciesen.

La puerta de entrada al Cielo

Para entrar en el Cielo hay quienes creen que será cosa fácil conseguirlo. Sin embargo, bien dice Jesucristo que es estrecha la puerta pues han de ser muchos los sacrificios y las cruces que carguemos para conseguirlo.

Debemos ser de los escogidos

De todas formas, una cosa es la estrechez de la puerta por la que se entra en el definitivo Reino de Dios y otra, muy distinta, que queramos entrar por ella. Y tal es una forma de actuar propia de los hermanos del Hijo de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a escoger la puerta estrecha por la que se entra en el Cielo.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2017

Nos conviene saber cómo somos


 Lunes XII del tiempo ordinario

Mt 7,1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano’”.

COMENTARIO

Muchas veces el Hijo del hombre nos propone formas de ser que, francamente lo decimos, son muy difíciles de implementar. Así, por ejemplo, entiende más que mal la forma de juzgar. Y es que no quiere, del todo, que no juzguemos, sino que tengamos en cuenta cómo juzgamos.

En realidad, Jesucristo quiere que tengamos muy en cuenta la forma de ser que mostramos al prójimo. Por eso nos dice que debemos saber que según nosotros juzguemos… así seremos juzgados. Luego, juzgar podemos juzgar pero a ver cómo hacemos eso.

Algo de lo dicho por Jesucristo nos puede venir la mar de bien porque viene referido a lo que, en demasiadas ocasiones, solemos hacer: miramos al otro por encima del hombro sin tener en cuenta que es posible que nosotros pequemos más…

JESÚS,  ayúdanos a no juzgar como no quieres que juzguemos.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de junio de 2017

Dios todo lo sabe y todo lo puede



Mt 10, 26-33

“‘No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. ‘Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro  Padre. En cuanto  a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. ‘Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.”


COMENTARIO

Jesucristo, en este texto del Evangelio de San Mateo, dice lo que debería ser tenido siempre en el corazón de sus hermanos los hombres. Sabe que muchos los van a perseguir pero también sabe que Dios protege a los hijos que se declaran hijos suyos. 

Lo que sí se debe tener en cuenta es que lo que perdura tras la muerte no es el cuerpo, que se corrompe, sino el alma. Por eso el Hijo de Dios avisa acerca de que lo que importa es conservar el alma que será lo que, en su día, se unirá con el cuerpo el día de la resurrección de la carne.

Es más, sabe Jesucristo que el Padre, su Padre, conoce perfectamente a cada uno de sus hijos. Por tanto, aquellos que así se consideran no deben temer nada pero, tampoco, deben negar al Hijo del Todopoderoso porque, hacer eso, supondría negar al propio Dios.


JESÚS, gracias por querer ser hermano nuestro.


Eleuterio Fernández Guzmán 

24 de junio de 2017

El Precursor

Lc 1,57-66.80

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel’”.

COMENTARIO

Si el aviso acerca del nacimiento del que sería el Precursor del Mesías fue maravilloso (con el mismo dado a Zacarías, esposo de Isabel, prima de la Virgen María), su venida al mundo no va a ser menos maravillosa. Todo se había cumplido.

Aquel niño ya tenía un nombre puesto. Se iba a llamar Juan lo mismo que su primo se iba a llamar Jesús porque así se lo había hecho saber a María el Ángel Gabriel. Y, entonces, se soltó la lengua de Zacarías como se le había dicho por su desconfianza y su falta de fe.

Aquel niño, al ver todos lo que le había pasado a Zacarías, no podía ser niño cualquiera. Tanto su concepción (en una mujer de avanzada edad) sólo podía deberse a la intervención de Dios como su nacimiento hacían ver que sería alguien importante. Y así fue, en efecto.


JESÚS, gracias por haber instado el nacimiento de Juan.



Eleuterio Fernández Guzmán 

23 de junio de 2017

El yugo de Cristo

olemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Mt  11,25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 

‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que había muchos que, en su tiempo, cuando vino por primera vez al mundo, creían que lo sabían todos. Es más, se les tenía como los sabios, digamos, oficiales. Sin embargo, el Hijo de Dios agradecía a su Padre que a tales personas no les revelase lo importante de su voluntad y su santa Ley.

Era bien cierto, entonces, que nadie había visto a Dios salvo su Único Hijo. Y es que no sería hasta su muerte y su resurrección cuando se abrirían las puertas del Cielo. Pero entonces, en aquel momento, sólo Cristo había visto a Dios.

De todas formas, Cristo llama a los más necesitados de ser llamados: a los que sufren, a los que lloran, a los que son tomados por inútiles por una sociedad equivocada. Y les ofrece su corazón, sagrado, para que descansen en él.


JESÚS,  gracias por ser descanso para nuestras almas.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2017

Padre Nuestro


 Jueves XI del tiempo ordinario
Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Jesucristo les dice, a los que entonces le escuchan, que a la hora de orar no deben hacer como aquellos que no creen en Dios Todopoderoso. Y es que, al parecer, utilizaban más palabras que corazón.

Entonces, en aquel momento, el Hijo de  Dios, que sabe cómo se debe orar a Dios Creador, les enseña una oración que, desde entonces, ha sido la motivación más importante que tenemos los discípulos de Cristo.

El Padre Nuestro no es una oración complicada. En su sencillez lleva inscrita una profundidad grande. Y es que el Hijo de Dios sabe perfectamente cómo debemos dirigirnos al Padre pero, sobre todo, sabe qué debemos pedir. Por eso, lo que se enseña en el Padre Nuestro ha pasado por sobre los siglos y sigue siendo válido.


JESÚS, gracias por el Padre Nuestro.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de junio de 2017

Lo que debemos saber para practicar


Miércoles XI del tiempo ordinario
Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Hay bienes espirituales que, según cómo se lleven, pueden convertirse en verdaderos males que lastran nuestra vida espiritual. Y el Hijo de  Dios dedica esa predicación a explicar cómo se deben tener en cuenta para que el Creador los acoja en su corazón de Padre.

Dar limosna, orar y ayunar. Son realidades que nos pueden hacer mucho bien. Sin embargo, debemos tener en cuenta la advertencia de Jesucristo que sabe, perfectamente, que lo que hagamos a tal respecto no podemos hacerlo de cualquier forma ni con cualquier intención.

Hay algo, aquí, que es muy importante y que no deberíamos olvidar nunca: Dios ve en lo secreto de nuestro corazón y eso debería hacernos ver las cosas de manera distinta a como solemos verlas. Y eso es una clara advertencia de parte de Jesucristo que sólo quiere nuestro bien.


JESÚS,  ayúdanos a tener muy en cuenta tus palabras.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de junio de 2017

Una verdad, a veces, difícil de seguir


Martes XI del tiempo ordinario
Mt 5,43-48

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”

COMENTARIO

No podemos dejar de reconocer que el Hijo de Dios, en cuanto a su predicación, plantea unas situaciones difíciles de aceptar en su totalidad. Y es que el ser humano es muy dado a creer que lo que tiene por bueno y mejor es, en sí mismo, bueno y mejor.

Jesucristo habla de amar al enemigo. En teoría es lo que debemos hacer pero no podemos negar que no siempre resulta fácil hacer eso porque, en muchas ocasiones, los enemigos lo son, directamente, a muerte.

Jesús pone, aquí también, el listón muy alto. Y es que dice las cosas como deben ser. Por eso nos hace ver que, sí,  que es muy fácil amar a los que nos aman pero que dar un paso más, amar a los que nos odian con no ser fácil es lo que debemos hacer.


JESÚS,  ayúdanos a comprender y llevar a la práctica la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán
Normal style='text-align:justify'>Eleuterio Fernández Guzmán