6 de diciembre de 2014

Dar gratis lo recibido


Sábado I de Adviento
Mt 9,35—10,1.6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’. 
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis’”.

COMENTARIO

Jesús evangeliza allá por donde camina. Su evangelización es de palabra y es de obra porque la misión encomendada por Dios abarca todo lo que, humanamente, sea posible. Y eso hace Cristo cumpliendo con la misma a la perfección. Y cura las dolencias físicas y espirituales pidiendo, además, que Dios envíe muchos que hagan lo mismo.

Pero Jesús hace algo más: envía a los suyos, a sus discípulos más allegados para que hagan lo mismo que Él estaba haciendo. Y lo hace dando una instrucción: primero deberán ir a aquellos judíos que hayan equivocado el camino que lleva a Dios. Procuraran, pues, que conozcan la Palabra de Dios y lo que eso significa.

Pero Jesús dice algo que es muy importante y que no debían olvidar aquellos que le seguían: habían recibido mucho bien del Mesías y eso era lo que debían dar a los demás.



JESÚS, ayúdanos a dar lo que hemos recibido y a darlo sin pedir nada a cambio.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de diciembre de 2014

Ver, poder ver

Viernes I de Adviento

Mt 9,27-31

“Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: ‘¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!’. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’. Dícenle: ‘Sí, Señor’. Entonces les tocó los ojos diciendo: ‘Hágase en vosotros según vuestra fe’. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: ‘¡Mirad que nadie lo sepa!’. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.



COMENTARIO


Aquellos hombres que seguían a Jesús eran ciegos. Eso, hoy día, pudiera no significar mucho por la consideración que se tienen de tales personas pero en tiempos de Jesús era lo mismo que condenarlos a una lenta muerte social.

Aquellos hombres que eran ciegos confiaban mucho en Jesús. Seguramente habrían escuchado lo que hacía y estaban más que seguros que sólo el Maestro podría curarlos. Y tal es su confianza que lo llaman Hijo de David que es lo mismo que decir que era el Mesías.

Y Jesús, que nunca se puede resistir a quien tiene fe los cura. Pero les pide un imposible: que no digan nada. Ellos, al contrario, sólo puede agradecer tal merced y tan gran gracia proclamando a los cuatro vientos qué había pasado y Quién los había curado.








JESÚS, ayúdanos a ver, sé Tú nuestros ojos del corazón.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de diciembre de 2014

Cumplir con la voluntad de Dios



Jueves I de Adviento

Mt 7,21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’”.


COMENTARIO

S bien cierto que tanto en tiempos de Jesucristo como ahora mismo, aquellos que le seguían, sus discípulos, podían tener por buenas sus oraciones y sus invocaciones a Dios Padre. Sin embargo, como bien dice el Hijo de Dios eso no es suficiente pues hay que cumplir la voluntad del Todopoderoso.

Jesús abunda en ejemplos para que eso se entienda. Está la actitud de quien cree que hace las cosas bien y construye su espíritu sobre material poco resistente, con oraciones que creen llegar a Dios pero que, por ejemplo, están faltas de verdadera caridad. Tales personas no triunfarán en cuanto a su relación con Dios.

Hay, sin embargo, otra forma de actuar: hacer las cosas de acuerdo a la voluntad de Dios y construir nuestra vida sobre la Roca que es Cristo. Así añadiremos, al Señor, Señor, el cumplimiento de la voluntad del Creador.


JESÚS,  ayúdanos a construir sobre Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de diciembre de 2014

Conscientes del poder de Dios


Miércoles I de Adviento


Mt 15,29-37

En aquel tiempo, pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y Él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. 

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino’. Le dicen los discípulos: ‘¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?’. Díceles Jesús: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos dijeron: ‘Siete, y unos pocos pececillos’. El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas
”.



COMENTARIO

Jesús curó a muchos. Eso lo sabemos más que bien porque lo hemos leído muchas veces en las Sagradas Escrituras. Y curó de dolencias físicas y espirituales. Y por eso allí donde iban muchos acudían a ser curados. Además, por eso, glorificaban a Dios porque se daban cuenta de que había enviado al Mesías.

Pero Jesús, al parecer, nunca tenía bastante con lo que hacía. En cualquier ocasión que podía se ponía al servicio de todos. Y en aquella ocasión la cosa era bien difícil pues eran muchos y disponían de muy poco.

Pero Dios nunca abandona a quien necesita ayuda y eso mismo hace en tal ocasión. Y es que Jesús da gracias a Dios y le pide tal merced. Por eso, precisamente por eso, sobraron… incluso sobró después de que comieran tanto porque para Dios nada hay imposible.




JESÚS, ayúdanos a ser conscientes del poder de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de diciembre de 2014

Darse cuenta de lo que es importante


Martes I de Adviento


Lc 10,21-24

En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

Jesús bendice a Dios o, lo que es lo mismo, le da gracias porque sabe que el Creador siempre quiere lo mejor para su descendencia. Y entre lo mejor está, sin duda alguna, aquello que tiene relación con el conocimiento de lo verdaderamente importante.

Cuando Jesús dice que sólo Él conoce al Padre no dice nada exagerado. Y tal es así porque hasta que el muere no baja al limbo de Abrahám para salvar a los justos que habían muerto antes de su llegada al mundo. Entonces, pues, en aquel momento en el que Jesús habla, nadie ha ido al Cielo como lo entendemos que se produce desde que Cristo abrió su puerta tras su muerte.

No es de extrañar que Jesús entienda que los que le oyen deben gozar por aquello que están viendo y que muchos otros, profetas incluidos quisieron ver y no pudieron. 
                                                                                                          


JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que comprenden lo verdaderamente importante.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de diciembre de 2014

Fe , ¡la fe!



 Lunes I de Adviento


Mt 8,5-11

En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. 

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos
’”.


COMENTARIO

Aquellos momentos en los que Jesús veía que había fe en la persona que se le acercaban debieron ser de mucho gozo para el Hijo de Dios. Y lo debieron ser porque comprobaba como en otros muchos se mostraba, precisamente, la poca fe que se tenía.

Aquel centurión, como se suele decir, era la excepción que, por desgracia, confirmaba la regla: tenía tanta fe que acudió a Jesús y se sometió a su voluntad sin necesitar que el Maestro entrase en su casa. Tal era la confianza que tenía.

Y Jesús no puede, por menos que curar al criado que tenía tan buen defensor. Y entonces suelta la bomba escatológica: muchos, que no eran del pueblo judío iban a salvarse… ¡Aleluya!







JESÚS, ayúdanos a ser de los que tiene fe en Dios, en el Espíritu Santo y en Ti mismo.

Eleuterio Fernández Guzmán


30 de noviembre de 2014

¡Velar, siempre velar!


Mc 13, 33-37

’Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.  Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena  al portero que vele;  velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!’”

COMENTARIO

Jesús continúa insistiendo acerca de la necesidad de velar por aquello que nos conviene y que no es otra cosa que la vida eterna por la que debemos suspirar y, por tanto, actuar en consecuencia.

Es bien cierto que no sabemos cuándo seremos llamados por Dios. Y, por eso mismo nuestra preparación ha de ser continua. Una verdadera confesión de fe que nos ayude a presentarnos ante Dios de una forma adecuada.

¡Velemos! Debemos velar siempre porque, de otra manera, con toda seguridad nos sorprenderá Dios con el espíritu dormido y, entonces, será el llanto y el rechinar de dientes pero ya nada tendrá remedio.


JESÚS,  ayúdanos a velar por nuestro propio bien.

Eleuterio Fernández Guzmán



29 de noviembre de 2014

Estar siempre preparados

Sábado XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21,34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre’”.


COMENTARIO

Sabe Jesús que las cosas del mundo pueden acabar pesando mucho en el corazón del hombre. Incluso que puede llevar a separarse de Dios al hijo que, creado por el Todopoderoso, tanto ama el Padre.

Jesús nos pone sobre la pista de qué debemos hacer. Aunque no resulta fácil cumplir con tal misión, tan particular y tan exigente para nuestro corazón, lo bien cierto es que permanecer a la espera de ser llamados por Dios debería ser una tarea muy importante para cada uno de nosotros.

El caso es que Jesús, como quiere lo mejor para nosotros, no ceja en el empeño de que comprendamos que es crucial para nuestra vida eterna que tengamos el corazón limpio para cuando, al ser llamados por Dios, sepamos cómo comportarnos.





JESÚS,  ayúdanos a velar siempre a la espera de ser llamados por Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de noviembre de 2014

Todo llegará como Cristo dice

Viernes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,29-33

En aquel tiempo, Jesús puso a sus discípulos esta comparación: ‘Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán’”.

COMENTARIO

Jesús sabía que, aquellos que le escuchaban, encontraban dificultades, algunas veces, en entender qué es lo que les quería decir. Les habla, por eso, en parábolas o haciendo comparaciones con cosas sencillas.

Jesús les pone el ejemplo de la higuera. Saben cuándo va a dar frutos porque tienen aprendido que así será porque Dios determinó, cuando al creó, que así fuera.

Todo, por otra parte, está escrito y, por eso mismo, sabrán que el Reino de Dios habrá llegado definitivamente cuando se produzcan los signos de los que ha hecho referencia. Es más, todo pasará menos la Palabra de Dios… que es eterna.


JESÚS, ayúdanos a esperar con perseverancia en la fe tu definitiva llegada.

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de noviembre de 2014

Perseverar en la fe y en la esperanza

Jueves XXXIV del tiempo ordinario
Lc 21,20-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
‘¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación’”.


COMENTARIO

Jesús, por ser Dios hecho hombre, sabe y conoce todo lo que ha de suceder. Así, por ejemplo, en este evangelio nos habla acerca de lo que puede ser el fin del mundo, su transformación definitiva cuando vuelva a venir en su Parusía.

No es nada bueno, humanamente hablando, lo que ha de suceder. Habrá muchas catástrofes físicas porque todo habrá de cambiar para venir a ser algo nuevo. Muchas señales nos indicarán que llega el Hijo de Dios a juzgar a vivos y a muertos.

Sin embargo, aún quedará esperanza para aquellos que perseveren en la fe. Jesús nos dice, por eso mismo, que los que aún crean en Él y no hayan sucumbido al mundo y al Anticristo, sabrán que se acerca la liberación definitiva.


JESÚS, ayúdanos a perseverar en la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de noviembre de 2014

El gozo de ser mártires de Cristo

Miércoles XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’”.

COMENTARIO

Lo que ha de venir… ya vino

Jesús, como profeta que era, sabía que la persecución hacia sus discípulos estaba asegurada. Por eso, entonces, los pone sobre aviso porque incluso sus propios familiares los iban a entregar.

El Espíritu Santo habla por nosotros

El Defensor nos iba a defender. Por eso Jesús nos consuela al respecto de qué decir sobre aquello que es objeto de persecución. Y debemos confiar en su palabra.

La salvación eterna

Jesús pone el acento en una palabra clave: perseverancia. Con ella, con perseverar en la fe y en la confianza en Dios, ganaremos la vida eterna. Ni las persecuciones podrán, han de poder, con nuestro espíritu.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre presentes las persecuciones.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de noviembre de 2014

Los que vienen en nombre de Cristo

Martes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,5-11

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida’. 

Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’. Él dijo: ‘Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato’. Entonces les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo
’”.


COMENTARIO

Estaba claro que aquel Maestro que había enseñado por los caminos y los pueblos, que se había cansado y hasta había llorado por sus amigos que sufrían, conocía lo que iba a suceder. Por eso profetiza acerca de lo que pasará, que acabará pasando, con el Templo de Jerusalén. Pero también habla de un final… final.

Pero muchos han de venir, habrán de venir, diciendo que son Jesucristo y que vienen al salvar al mundo. Pero cuando llegue el momento, terrible si lo pensamos, del fin del mundo, otras cosas, antes, han de pasar.

Jesús nos pone sobre el aviso de qué va a suceder cuando todo se transforme. Todo lo que dice se ha de cumplir, palabra por palabra, porque lo dice Quien ya ha visto que ha de suceder y no otra cosa pasará. Entonces muchos comprenderán que todo lo que dicho ha pasado según lo dijo Quien lo sabía.

JESÚS, ayúdanos a fiarnos de lo que nos dices porque eres la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de noviembre de 2014

Todo lo conoce Dios

Lunes XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21,1-4

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: ‘De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que una cosa era lo que se hacía, o aparentaba, y otra, muy distinta, la verdad del corazón de quien algo hacía. Y eso era lo común en la existencia de muchos de su tiempo.

El rico, quien tiene mucho dinero o propiedades puede hacer mucho por aquellos que sufren necesidades. Sin embargo, entonces y ahora había personas que por su condición social podían hacer mucho por los demás pero que, como en el caso del rico que echa donativos en el Templo, hacen poco.

Otros, sin embargo, tienen poco pero se sienten capaces de llevar a cabo grandes acciones (aunque parezca que no lo son) que Dios tiene en cuenta como lo que son: aprovechamientos buenos de la fe que se tiene.


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta, en nuestra vida, las verdaderas necesidades.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de noviembre de 2014

Merecimientos nuestros


Mt 25, 31-46


’Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa  las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.  Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme. ’Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te  dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.’ Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna”.


COMENTARIO

La verdad de Dios

No podemos decir que Jesús no se exprese con claridad acerca de nuestro destino eterno: nos corresponde a nosotros escoger entre lo bueno y lo malo, entre lo que nos proporcionará la vida eterna o la muerte eterna. Y muchas veces dice esto.

Lo que podemos hacer para merecer

Jesús pone ejemplos de qué podemos hacer para merecer ver el rostro de Dios y alcanzar la bienaventuranza. Se trata, sobre todo, de hacer el bien… al prójimo que, por ser hermano de Jesús, también lo es nuestro.


Lo que no debemos hacer

Podemos, de todas formas, hacer lo contrario a nuestros intereses espirituales y llevar una vida en la que el prójimo no sea nada para nosotros: no ayudar nada, no auxiliar nada, no pedir nada a Dios por nuestro prójimo…



JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta a nuestro prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de noviembre de 2014

Resurrección



Sábado XXXIII del tiempo ordinario

Lc 20,27-40

En aquel tiempo, acercándose a Jesús algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer’. 

Jesús les dijo: ‘Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven’. 

Algunos de los escribas le dijeron: ‘Maestro, has hablado bien’. Pues ya no se atrevían a preguntarle nada
”.



COMENTARIO

Ciertamente como escribiría San Pablo tiempo después, si la resurrección de Cristo no es cierta, nuestra ve es vana. El caso es que muchos verían a Cristo resucitado y, claro está, era cierto lo que veían sus hermanos. Pues ahora algunos dudan de que eso se posible y le plantean una pregunta a Jesús que sólo tiene en cuenta lo mundano de la situación.

Jesús les responde de forma correcta acerca de cómo es la vida del mundo futuro, de la vida eterna: no se trata de una repetición de la que aquí vivimos sino que es distinta: no se tomará marido ni mujer ni nada será igual que es en la vida terrena. Y eso porque Dios lo es de vivos y no de muertos.

Es bien cierto que ante aquella respuesta los saduceos no estuvieran muy contentos pues esperaban otra cosa. Sin embargo, sí hubo algunos que entendieron lo que quería decir Jesús y así se lo hicieron saber. Es más, a partir de este momento, como dice el texto bíblico de hoy, pocos se atrevieron a preguntarle nada.


JESÚS, ayúdanos a comprender todo acerca de la resurrección, de la tuya y de la nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de noviembre de 2014

Las cosas de Dios son de Dios


Viernes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 19,45-48

"En aquel tiempo, entrando Jesús en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: 'Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración’. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!'. Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios".


COMENTARIO

No era de extrañar que pasara lo que acababa de pasar. Jesús, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, no podía estar de acuerdo no ya (que también) con la tergiversación de su Ley sino, además, con el hecho de utilizar de forma perversa su Templo.

Dice Jesús que su Casa, el Templo, era casa de oración. Y es que Dios tiene aquellos lugares considerados sagrados como parte, precisamente, de su propio ser y tiene querencia muy especial por ellos porque en los mismos su creatura se dirige de una forma muy especial a Él.

Tampoco es de extrañar que, a partir de entonces, en aquel momento crucial de la vida de Jesús, muchos se dieran cuenta de que aquel Maestro era muy peligroso para sus intereses mundanos pero otros se dieran cuenta de que aquel Maestro era bueno y benéfico para sus corazones.


JESÚS, ayúdanos a no convertir nuestro corazón en un templo mundano sino en el que es propio del Espíritu Santo.


Eleuterio Fernández Guzmán


20 de noviembre de 2014

Lágrimas de Dios


 Jueves XXXIII del tiempo ordinario



Lc 19,41-44

"En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: '¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita'".


COMENTARIO

Desde que Dios le dijo a Abrahám que dejara todo lo suyo y siguiera por el camino que le diría, el pueblo escogido por el Creador para ser el suyo, había estado esperando la llegada del Mesías que tenía que liberarlo de tantas miserias humanas como estaban pasando.

Llegó Jesús al mundo pero el pueblo no lo recibió. Algunos, sin embargo, sí creyeron en Él y se salvaron pero la gran mayoría hizo caso omiso a sus santas palabras y advertencias.

Jesús llora porque sabe lo que va a pasar con Jerusalén, la ciudad santa. Se entristece porque, a sabiendas de lo que va a pasar, parece que nada puede hacer para evitarlo salvo predicar y que algunos se salven de la muerte eterna.

JESÚS, lloras por tu pueblo porque lo amas. Ayúdanos a no estar ciegos ante tus palabras.



Eleuterio Fernández Guzmán


19 de noviembre de 2014

Dones y talentos



Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,11-28

"En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: ‘Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

'Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

'Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’'.

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén".


COMENTARIO

Dios nos da talentos. Quiere que hagamos uso de ellos porque, en verdad, nos los da en beneficio de nuestras personas y, claro está, también en beneficio de nuestro prójimo.

A cada cual nos da una serie de dones y talentos que podemos hacer fructificar o no. Está de nuestro lado tal opción pues el Creador nunca obliga a hacer uso de ellos aunque, es de creer, que se apena porque no hagamos el correcto uso de los mismos.

Este texto puede parecer terrible porque pudiera dar la impresión de que Dios es uno que lo es terrible. Sin embargo, es a nosotros a quien corresponde situarse en un lado o en otro de su vida y su Amor.



JESÚS, ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos.

Eleuterio Fernández Guzmán