6 de septiembre de 2016

Los escogió


Martes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.”

COMENTARIO

Cuando Jesús fue enviado al mundo a salvar a sus hermanos los hombres era perfectamente consciente de que necesitaba que, tras su muerte, hubiera quien siguiera con su labor de predicación. Y escoge a doce hombres.

Aquellos lo dejaron todo. Es decir, para seguir al Maestro debían dar un cambio radical a su vida. Ya no valían los odres viejos ni los corazones viejos. Al contrario: debían cambiar para poder aceptar el mensaje que traía el Maestro.

Había muchos que seguían a Jesús. Los que querían escucharlo porque sabían que era un Maestro que enseñaba con autoridad no dudaban lo más mínimo en buscarlo. Y muchos quedaban curados porque tenían confianza en Aquel que había enviado Dios.


JESÚS, ayúdanos a seguirte y no abandonarte nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2016

Una lección de misericordia



Lunes XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,6-11
“Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”


COMENTARIO

Los que persiguen a Jesús aprovechan cualquier situación para ponerlo en entredicho y hacer ver que, según ellos, incumple muchos preceptos de la Ley. Aquel del sábado, además, era de los más importantes.

Jesús sabe, sin embargo, que su misión no consistía en contentar a los poderosos sino en tener en cuenta a los necesitados y aquel hombre, que tenía la mano derecha seca, no era poco necesitado. Y lo cura.

Ellos, los que lo persiguen, no creen que sea importante curar sino hacerlo en sábado. Y Jesús, que tenía más claras las prioridades a seguir y a tener en cuenta, no duda lo más mínimo en hacer lo que debe hacer. Por eso los malvados se preguntaban qué iban a hacer con Jesús…


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta la misericordia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2016

Cargar con la cruz de cada uno



Lc 14, 25-33

“Caminaba con él mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. ‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?  Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.’”

COMENTARIO

Las enseñanzas de Jesús eran, en muchos aspectos, duras de escuchar y más difíciles de seguir. Sin embargo, el Hijo de Dios no se arredra y continua con su enseñanza. Y lo de la cruz de cada uno era difícil de escuchar; mucho más lo de los bienes.

Para seguir a Cristo, lo dice Él, hay que coger la cruz que cada uno cargamos. Es posible, incluso, que haya quien lleve más de una cruz. Todas, pues, han de ser cargadas sobre nuestros hombros e ir tras la cruz de Cristo.

Y lo otro tampoco es fácil: los bienes. Y es que Jesús quiere el total desprendimiento de sus discípulos. Hay que renunciar a lo que era viejo y preparar el corazón para lo nuevo, para la doctrina santa y verdadera Ley de Dios que Cristo trajo al mundo.


JESÚS,  ayúdanos a cargar con nuestras cruces.


Eleuterio Fernández Guzmán

Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2016

La ley del Amor de Dios

Sábado XXII del tiempo ordinario

Lc 6,1-5

Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?’. Y les dijo: ‘El Hijo del hombre es señor del sábado’”.

COMENTARIO

Resulta curioso que aquellos que perseguían a Jesús, que eran los más poderosos de entres los judíos, no conocieran lo que contenían sus Sagradas Escrituras. Por eso les dice Jesús eso de que ni siquiera habían leído…

El caso es que lo que hacen los discípulos de Jesús era alimentarse. No parece que eso sea muy grave. Sin embargo, los fariseos no les dicen que no deben hacer eso porque pudieran estar robando sino que no lo deben hacer porque es sábado…

Pero Jesús sabe la verdad, es la Verdad, y les dice algo que, seguramente, no les iba a gustar nada: él era el señor del sábado que era lo mismo que decir que era Dios mismo.


JESÚS,  ayúdanos a comprender la Ley de Dios




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2016

Lo viejo y lo nuevo



Viernes XXII del tiempo ordinario
Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: ‘Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben’. Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’.

Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’”.

COMENTARIO

Aquellos que no querían comprender a Jesús buscaban cualquier ocasión para echarle en cara sus acciones. Y aquella de hacerle ver que sus discípulos no parecían tan piadosos como otros tuvo una respuesta adecuada: cuando muera… entonces ayunarán sus discípulos.

Pero hay algo que es muy importante (además de eso) en este texto bíblico: Jesús habla de lo que es nuevo y de lo que es viejo, de lo que se debe olvidar y de lo que, ahora que está Él en el mundo, hay que no olvidar nunca.

Habla Cristo de lo viejo y de lo nuevo. Y con ejemplos quiere decirles que aquello que, hasta ahora, habían tenido por bueno, debía ser olvidado. Él había venido a traer la verdadera Ley de Dios que era lo que ahora debían tener en cuenta. Era vino nuevo y necesitaba un corazón nuevo.


JESÚS, ayúdanos a tener un corazón nuevo que acepte tu Palabra.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2016

Confiar en Cristo


Jueves XXII del tiempo ordinario
Lc 5,1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”

COMENTARIO

Jesús predicaba

Como muchas veces se nos dice en la Sagrada Escritura, Jesús dedicó su tiempo, entre otras maravillosas acciones, a predicar. No dejó de hacerlo porque, además, había muchas personas que querían escuchar al Maestro que enseñaba con autoridad.

Bogar mar adentro

Jesús le dice a Pedro que bogara mar adentro. Y es que cuando los escogió como Apóstoles suyos ya les dijo que los iba a convertir en pescadores de hombres (ahora mismo lo hace). Por eso le dice eso… debe remar hacia aguas que, a lo mejor, son difíciles pero que con la confianza en Dios saldrá bien parado de su predicación.

Confiar en Cristo

A pesar de las circunstancias, Pedro, aquel pescador de hombres, confía en Jesús porque sabe que si dice que allí hay pesca… allí habrá pesca. Por eso iba a ser considerado como el primero entre iguales.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de agosto de 2016

Para eso había sido enviado


Miércoles XXII del tiempo ordinario

Lc 4,38-44

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”

COMENTARIO

Por mucho que hubiera quien criticara a Jesús, no iba a dejar de cumplir la misión para que había sido enviado que no era otra que salvar a quien necesitase ser salvado y hacer lo posible para que se salvara.

Eso hace, por ejemplo, con la suegra de Pedro la cual, en cuanto estuvo curada se puso a servir a los presentes agradeciendo, así, aquella curación milagrosa. Por eso muchos acudían a su presencia para ser curados porque había muchos que necesitaban curación.

Pero hay algo muy importante que dice Cristo en este texto: había venido para anunciar la Buena Nueva de la venida del Reino de Dios. Y eso era lo que hacía por muchos problemas que pudiera causarle su actividad predicadora.

JESÚS, ayúdanos a aceptar tu predicación salvadora.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2016

El poder de Dios


 Martes XXII del tiempo ordinario

Lc 4,31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.”

COMENTARIO

Cuando Jesús enseña no lo debe hacer de una forma ordinaria. Lo decimos porque en este texto del evangelio de San Lucas se nos dice que lo hacía con autoridad que era como decir que otros no lo hacían así.

Pero Jesús había venido al mundo a salvar. Es decir, que quería, digamos, beneficiar a los necesitados haciendo uso del poder del Todopoderoso. Por eso libera a aquel endemoniado del demonio que lo poseía quien, es cierto, reconoce a Cristo como el Santo de Dios.

Aquellos que ven lo que está pasando no pueden salir de su asombro. En realidad, no sabemos si es porque no eran capaces de comprenderlo que había hecho aquel Maestro o porque se dieron cuenta de que, en efecto, era el Mesías.

JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de agosto de 2016

La fe siempre vence

Mc 6,17-29

En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO

Herodes tenía a Juan el Bautista por un profeta. Es decir, como el resto de sus vecinos, sabía que era un hombre santo y que lo que decía no era porque quisiera causar daño alguno sino para que se respetase la Ley de Dios. Es más, hablaba como profeta y, por tanto, según le instaba el Todopoderoso a hablar.

Aquella mujer, Herodías, sabía que lo que decía el Bautista era cierto y verdad. No extraña, para nada, que quisiera que aquel que le había hecho ver a su marido Herodes que no estaba bien que se hubiese casado con ella, desapareciese.

Aquel hombre, Herodes, por respetos humanos, ordena que se decapite a Juan. Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo y que eso le acarrearía una gran desgracia pero no supo sobreponerse a las circunstancias y se dejó caer en la tentación.


JESÚS, ayúdanos a no dejarnos vencer por el respeto humano.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de agosto de 2016

Saber humillarse



Lc 14, 1.7-14

“Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te  convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo  a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.’ Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.’

COMENTARIO              

El lugar que debemos ocupar

Jesús nos advierte acerca de la posición que queremos ocupar en la sociedad. No importa nuestro egoísta interés sino la voluntad de Dios que prefiere a unos hijos, a una descendencia suya, que no sea soberbia y quiera más de lo que merece.

Tener en cuenta a los necesitados

Como es muy propio del Hijo de Dios, pone en primer lugar a los más necesitados de auxilio. A ellos quiere que dediquemos nuestra mayor atención y nuestro mayor cuidado.

Saber ser humilde

Lo que, en realidad, importa, es ser humilde. Sólo así seremos ensalzados por Dios y nos tendrá muy en cuenta para la vida eterna. Sólo así podremos decir, con verdad, que hemos cumplido su santa voluntad.


JESÚS,  ayúdanos a ser humildes y no soberbios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de agosto de 2016

Talentos

Sábado XXI del tiempo ordinario

Mt 25,14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.

COMENTARIO              

Este texto del Evangelio de San Mateo nos pone sobre el aviso de qué es lo que hacemos con aquellos que Dios, en su bondad y misericordia, nos otorga. Y es que el Creador no nos crea y nos deja en el mundo sin más sino que procura nuestro bien mediante dones y gracias o, también, mediante determinados talentos.

Hay, aquí, dos formas de actuar que son, cada una de ellas, ejemplo de cómo se puede actuar según nos corresponde: una de ellas era la propia de quien sabe que vale la pena llevar a cabo aquello para lo que hemos nacido.

Sin embargo, hay otra forma de actuar que poco tiene que ver con la misión citada arriba. En tal caso, no podemos esperar nada bueno de la voluntad del Todopoderoso que quiere que su descendencia actúe como debe actuar.


JESÚS,  ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de agosto de 2016

Ser necios o prudentes

Viernes XXI del tiempo ordinario

Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.

COMENTARIO

La parábola que Jesús dice a los que escuchan, en esta ocasión, tiene mucho que ver con nosotros mismos. Y es que no en pocas ocasiones actuamos de forma necia con algo tan importante como nuestra salvación eterna.

Ciertamente, Jesús hace uso del ejemplo de aquellas vírgenes pero, en realidad, quiere referirse a cada uno de sus discípulos. Actuar de una forma o de otra puede procurarnos una vida futura mejor o peor. Y depende, exactamente, de cada cual.

Si actuamos como las vírgenes necias y no buscamos nuestro interés y conveniencia espiritual, tendremos mucho que perder; si lo hacemos como las prudentes, podremos entrar en el banquete celestial cuando seamos llamados por Dios.


JESÚS,  ayúdanos a ser prudentes.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de agosto de 2016

Prepararse


 Jueves XXI del tiempo ordinario

Mt 24,42-51
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de San Mateo es una clara advertencia de parte de Cristo a cada uno de sus hermanos los hombres pero, sobre todo, para aquellos que se consideran sus discípulos.

Ciertamente, no sabemos cuándo vamos a ser llamados por Dios. Esto ha de querer decir, primero, que seremos llamados y, segundo, que ignoramos el momento exacto. Por eso hace falta prepararse.

Jesús nos dice que hay dos formas de actuar: hacerlo de forma negligente como si nunca fuéramos a ser llamados por Dios; hacerlo de forma adecuada preparándonos sabiendo que, en efecto, vamos a ser llamados.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados cuando seamos llamados.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de agosto de 2016

Encontrar a Cristo


Jn 1,45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verá’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.




COMENTARIO


Felipe quiere comunicar al mundo que ha encontrado, que han encontrado, a Quien Dios había prometido enviar para que el mundo se salvara. Sabe que Jesús es el Mesías y no puede callarlo.

Aquel hombre, Natanael, se extraña mucho de aquello que le dice Jesús. No concibe que alguien, digamos, ordinario, le pueda decir que lo ha visto como le dice aquel hombre que le ha visto. Y por eso deduce que sólo el Hijo de Dios puede hacer eso. 

Pero Jesús sabe que eso no tiene tanta importancia como cree Natanael. Es más, sabe que sus hermanos los hombres tiene, aún, mucho que ver y que entonces se darán cuenta de todo lo que les irá diciendo. 


JESÚS, ayúdanos a encontrarte



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de agosto de 2016

No ser hipócritas


Martes XXI del tiempo ordinario
Mt 23,23-26
En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’”.

COMENTARIO                

Seguramente, muchos de los que perseguían a Jesús creían que lo estaban haciendo bien. Ellos creían que seguían la Ley de Dios cuando, en realidad, nada de eso estaban cumpliendo y el Hijo de Dios se lo hace ver.

Los guías espirituales del pueblo judío son llamados hipócritas. Eso era ponerlos a los pies de los caballos si el pueblo acababa por entender que aquellas palabras del Maestro eran justas. Y los llama ciegos porque no se daban cuenta del daño que estaban haciendo con su actitud.

Lo que Jesús les dice es que, antes de querer hacer ver a los demás qué es lo que deben hacer, se purifiquen por dentro. El corazón debían cambiarlo y convertirlo a la Ley de Dios verdadera y no a la que ellos tenían por verdadera.

JESUS, ayúdanos a no ser hipócritas con nuestra fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2016

Fieles como María

Lc 1, 26-38

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’ Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.’  María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’ El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, ‘porque ninguna cosa es imposible para Dios.’ Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Y el ángel dejándola se fue.”

COMENTARIO

En el episodio de la Encarnación muchas cosas están en juego. No se trata, tan sólo, de que Dios envía a su Ángel a visitar a una joven (casi niña) de Israel sino del hecho mismo de acudir allí para hacer una proposición crucial a la que espera una respuesta positiva.

Pudiera parecer que aquel Ángel nova a preguntar nada a María. Y es que dice, claramente, lo que ha de pasar, lo que va a pasar. Sin embargo, no es posible creer que contra la voluntad de aquella joven judía Dios hubiera hecho su voluntad, al menos, de aquella manera.

María dice sí. Y es que la desposada de José siempre había sido muy fiel a Dios y, seguramente desde la más tierna edad se había entregado de corazón al Todopoderoso. Y si ahora le enviaba a su Ángel no iba a responder de otra manera cuando estaba en juego la salvación completa.
JESÚS, ayúdanos a ser fieles como lo fue María.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2016

Los que se salvan


Lc 13, 22-30

“Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’ Él les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos! Y os responderá: ‘No sé de dónde sois.’ Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. = ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’ = «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. ‘Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.’”


COMENTARIO

Dice este texto evangélico que Jesús iba de ciudad en ciudad enseñando porque tal era la misión que tenía encomendada de parte de su Padre Dios. Y muchos le preguntaban porque era la forma de enseñar de aquel entonces: el discípulo pregunta y el Maestro, contesta.

La pregunta se las trae: la cantidad de los que se van a salvar y van a alcanzar la vida eterna. Y Jesús, a eso, responde que se debe tener cuidado con la forma de vida que se lleva porque no todo el que crea que va entrar en el Cielo, entrará. E, incluso, muchos de aquellos que creían tener derecho.

Es más, Jesús, para avisar a muchos de los que podían estar escuchándole, les dice algo que algunos de entre ellos no iban a tener por bueno: muchos extranjeros entrarán en el Cielo lo que quería decir, por el contrario, que muchos de ellos, los hijos del pueblo escogido por el Todopoderoso, no lo harán.


JESÚS, ayúdanos a entrar por la puerta estrecha.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2016

Amar a Dios y amar al prójimo

Viernes XX del tiempo ordinario

Mt 22,34-40
En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’”.

COMENTARIO

No resulta difícil pensar que aquellos hombres que perseguían a Jesús de forma tan torpe eran pobres hombres. Resulta que ahora quieren coger en un renuncio al Hijo de Dios al respecto del primer Mandamiento de la Ley, precisamente, del Todopoderoso.

Jesús, como es de imaginar, debía pensar que no acababan de entender nada de nada de lo que, hasta entonces, había hecho y dicho en sus años de predicación. Preguntarle a Él por eso era algo, sencillamente, ridículo. ¡Y querían ponerlo a prueba!

La contestación de Cristo es clara: dos cosas se han de tener en cuenta en el Primer Mandamiento: el amor a Dios y el amor al prójimo. Y eso último, seguramente, era lo que más necesitaban aquellos que le preguntaban.


JESÚS,  ayúdanos a amar a nuestro prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2016

Prepararse adecuadamente

Jueves XX del tiempo ordinario

Mt 22,1-14

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’.

COMENTARIO

En esta parábola, el Hijo de Dios nos pone sobre la mesa una realidad importante que no debemos olvidar pero que, por desgracia, muchas veces se olvida: debemos tener cuidado con la forma en la que nos presentamos ante Dios.

Aquel hombre quiere preparar una fiesta porque su hijo ha contraído matrimonio. Invita a muchos pero cada uno pone una excusa para no acudir. Estos, a nivel espiritual, están perdidos porque han preferido las cosas del mundo.

Otros, sin embargo, sí acuden. Pero no es oro todo lo que reluce. Y es que alguno de ellos no acude preparado a la fiesta. Y eso tiene que ver con nuestra preparación para nuestro juicio particular porque no siempre estamos tan preparados como creemos. Y es que no basta con aceptar a Dios sino que hay que mostrar que se le acepta.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados para presentarnos ante Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán