3 de marzo de 2018

No nos alejemos de Dios



Lc 15, 3.11-32

“1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos.’ 3 Entonces les dijo esta parábola.

11 Dijo: ‘Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.’ Y él les repartió la hacienda. 13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. 14 ‘Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.’ 20 Y, levantándose, partió hacia su padre. ‘Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.’ 22 Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.’ Y comenzaron la fiesta. 25 ‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.’ 28 Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. 29 Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ 31 ‘Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.’”

COMENTARIO

Había muchos, incluso de entre los que perseguían a Jesús, que escuchaban lo que decía. Era, seguramente, para cogerlo en algún renuncio… Pero el Hijo de Dios sabe que debe aprovechar todo momento para enseñar lo que es importante aprender.

La parábola del hijo pródigo podía aplicarse a cualquiera. Es decir, ¿quién no se ha alejado de Dios alguna vez? Por eso aquellos que escuchaban debían darse por aludidos.

La actitud de aquellos hijos no era de lo más recomendable: uno se aleja, directamente, de su padre; el otro, que parece bueno, o es, sino, envidioso y odia a su hermano. Y no podemos negar que, seguramente, todos somos o uno y otro.


JESÚS, ayúdanos a nunca alejarnos de Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de marzo de 2018

No dudar nunca de Cristo



Mt 21, 33-43.45-46

“33 ‘Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la  rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. 34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. 35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.

36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. 37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán.’ 38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.’ 39 Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ‘¿qué hará con aquellos labradores?’ 41 Dícenle: ‘A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.’ 42 Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en las Escrituras: = La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? = 43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.’ 45 Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. 46 Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.”



COMENTARIO


El Hijo de Dios había venido al mundo para que la Ley de Dios y la sana doctrina divina se cumpliera hasta la última palabra de la misma. Pero, para eso, debía poner las cosas y la verdad sobre la mesa. Y eso no gustaba a los poderosos de su tiempo.

Aquel ejemplo del dueño de la viña muy bien era entendido por los que escuchaban. Y es que siempre se había tenido la imagen del pueblo de Israel como si fuera una viña plantada por Dios. Y por eso les molesta tanto que se refiera a ellos, sumos sacerdotes y fariseos, cuando dice que hubo quien mató a los enviados. Y quieren matarlo.

Jesús, sin embargo, bien sabía que aún no había llegado su momento. Y es que, siendo cierto, que los ostentaban el poder religioso no querían al Hijo de Dios había quien sí lo quería y le seguía.

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de marzo de 2018

Lázaros y Epulones



Lc 16,19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. 

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’. 

Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, ‘para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’‘".


COMENTARIO                 

Darse cuenta de la pobreza ajena
Jesús pone este ejemplo porque sabe que, muchas veces, miramos al pobre con poco amor y pocas ganas de echar una mano. Aquel rico, llamado Epulón, no tenía para nada en cuenta a quien tantas necesidades tenía.

Aquellos que van al Cielo

En este texto evangélico indica claramente qué personas van al Cielo y qué personas van al Infierno: aquellos que sufren sin nada poder hacer y no reciben el bien del prójimo acudirán a la Casa del Padre; aquellos que pudiendo hacer bien no lo hacen saben que tienen una eternidad muy mala y negativa.

En la Palabra de Dios está la respuesta

Jesús lo dice con toda claridad: no hace falta que busquemos muy lejos de nosotros porque en la Palabra de Dios está la respuesta a nuestras tribulaciones. A ella debemos acudir.  


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de las necesidades del prójimo.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de febrero de 2018

Servir; saber servir


Mt 20, 17-28

“17 Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: 18 ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte 19 y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará. 20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. 21 El le dijo: ‘¿Qué quieres?’ Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.’ 22 Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’ Dícenle: ‘Sí, podemos.’ 23 Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. 24 Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. 26 No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; 28 de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.’”



COMENTARIO

El ansia de ser importante, entre los Apóstoles del Hijo de Dios, es grande. Por eso cuando escuchan aquello que les dice, lo único que piensan algunos es cómo situarse en la nueva situación.

Cristo, sin embargo, sabe que las cosas no pueden hacerse desde el punto de vista humano. Es Dios quien establece quien se sienta a su derecha y a su izquierda. Los demás han de cumplir con su santa voluntad.

Y servir. Hay algo que ellos deben saber. Y es que para ser importante en el Reino de los Cielos, hay que servir al prójimo y no querer ser servido. Y eso bien que lo mostró el Hijo de Dios. Por eso se lo pide a aquellos que tan importantes quieren ser.


JESÚS, ayúdanos a servir.

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de febrero de 2018

Saber lo que debemos ser



Mt 23, 1-12

“1 Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos 2 y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. 3 Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. 4 Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. 5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; 6 quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, 7 que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’. 8 ‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. 9 Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. 10 Ni tampoco os dejéis llamar ‘Directores’, porque uno solo es vuestro Director: el Cristo. 11 El mayor entre vosotros será vuestro servidor. 12 Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.”



COMENTARIO

Lo que Jesucristo quiere decir con las palabras que recoge este pasaje del Evangelio de San Mateo es que debemos sabe a qué atenernos en materia de fe porque no siempre lo que parece bueno lo es.

Había quien parecía que hacía bien las cosas pero a Dios no se le puede engañar. Por eso Jesucristo, que los conocía más que bien, pone sobre la mesa la verdad que no era, precisamente, lo que aquellos llevaban a la práctica.

De todas formas, hay algo que es muy importante en este texto: hay que ser servidor de quien necesita ser servido. Y, además, no debemos olvidar tampoco la humildad como virtud esencial a tener en cuenta porque sólo siendo humilde se alcanza del definitivo Reino de Dios.


JESÚS, ayúdanos a ser humildes.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de febrero de 2018

Misericordioso ha de ser nuestro corazón


Lc 6, 36-38

“36 ‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. 37 No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.’”

COMENTARIO

Lo que el Hijo de Dios nos dice en este texto del Evangelio de San Lucas es la base, sencillamente, de nuestra fe católica. Y es que son palabras que van, directamente, al corazón.

Debemos ser compasivos. Y lo debemos ser porque nuestro Padre del Cielo lo es con nosotros, que en tantas tentaciones caemos y tantos pecados cometemos mientras que el Señor nos perdona por tener un corazón de carne.

Hay algo, sin embargo, que debemos tener en cuenta. Y es que según hagamos nosotros al respecto de nuestro prójimo así seremos tratados por Dios. Y eso debería ser más que suficiente como para tomar según qué decisiones y llevar a cabo según qué acciones.


JESÚS, ayúdanos a tener fe y a actuar en consecuencia.

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de febrero de 2018

Escuchar a Cristo




Mc 9, 2-10

“2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3 y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de  blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. 5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: 'Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados -. 7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: 'Este es mi Hijo amado,  escuchadle.' 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. 9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara  de entre los muertos. 10 Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de 'resucitar de entre los muertos.'”


COMENTARIO

Cuando Jesucristo escoge a Pedro, Juan y Santiago lo hace porque sabe que van a ser testigos de algo muy importante y que ellos van a saber transmitir aquello que iban a ver. Y acuden al monte donde iba a producirse la transfiguración del Señor.

Podemos imaginar qué pasaría entonces por el corazón de aquellos que eran testigos de la aparición de Elías y Moisés. Seguramente, pensarían que estaban viendo algo extraordinario. Y, sin embargo, no acababan de entender el sentido de todo aquello.

Para acabarlo de arreglar, el Maestro les dice eso de la resurrección, de la suya y de cuándo eso iba a suceder. Pero ellos, que aún no habían acabado de comprender todo aquello que estaban viendo, andan preocupados por aquello de la resurrección. Y es que aún no había llegado el momento de entender.


JESÚS, ayúdanos a escucharte siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de febrero de 2018

Ser perfectos en el amor




Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”·.


COMENTARIO

La perfección del discipulado de Cristo es y está en el amor. Por eso Jesús tuvo muy en cuenta enseñar qué significa eso. Y, ciertamente, no era ni es fácil llegar al convencimiento efectivo de lo que supone amar.

Jesús pone el ejemplo del enemigo. Hasta entonces se había enseñado a odiar al enemigo pero el Hijo de Dios enseña algo que es muy distinto: amarlo. Y eso, digamos, que no era nada fácil para un pueblo que se había dado cuenta de que tenía muchos que no lo querían y eso les había llevado a muchas guerras.

Pero Jesús, como siempre, da un paso más. Pide algo que, así dicho, puede resultar imposible. Lo que quiere es que seamos como Dios, que es perfecto. Nos pide que imitemos al Padre en cuanto a perfección en el amor y por eso se reconocerá que somos discípulos del Hijo.


JESÚS, ayúdanos a intentar, al menos intentar, ser perfectos.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de febrero de 2018

La Ley de Dios es así


Mt 5,20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. 

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.



COMENTARIO

Jesús había venido a hacer cumplir la Ley de Dios porque, ciertamente, se había tergiversado bastante el sentido de la voluntad del Creador. Por eso se ve en la obligación de matizar lo que significan sus santos preceptos. Y lo hace con algunos ejemplos.

Los actos religiosos aunque importantes tienen que ceder ante lo que supone lo que Dios quiere para nosotros. Y Jesús sabe que se ha llegado a un momento en el que se privilegia aquello relacionado con las formas espirituales antes que dar importancia a lo que, de verdad, la tiene.
Pone el ejemplo de la justicia de Dios. Tiene mucho que ver con la bondad, con la misericordia y con la humildad. Aquí no vale ni sirve la soberbia. Por eso recomienda Cristo que, antes de que las cosas lleguen a mayores, prevalezca la reconciliación y al amor entre los hombres.



JESÚS, ayúdanos a comprender la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de febrero de 2018

Saber entender a Cristo

Jn 8, 51-59

“51 ‘En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.’
52 Le dijeron los judíos: ‘Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás.’ 53 ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?’ 54 Jesús respondió: ‘Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, 55 y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra.
56 Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio
y se alegró.’
57 Entonces los judíos le dijeron: ‘¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?’ 58 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.’ 59 Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.”

COMENTARIO

Según lo que podemos leer en este Evangelio de San Juan, había muchos que no es que no quisieran a Jesús sino que no entendían nada de nada de todo lo que había dicho.

El caso es que el Hijo de Dios lo dice con toda claridad: es a Dios a quien glorifica y no a Él mismo. Sin embargo, eso era aún peor para los que lo perseguían porque se ponían a la altura del Todopoderoso.

Y quieren matarlo. Allí mismo toman piedras para apedrearlo porque creen que ha dicho algo que consideran blasfemia o algo peor. Pero aún no había llegado la hora de la muerte de Cristo. Y se alejó de ellos con toda facilidad.

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti ni de tu Palabra.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de febrero de 2018

No es necesaria más señal que Cristo


Lc 11,29-32

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.

COMENTARIO

La historia del pueblo judío estaba llena de ejemplos  a seguir y, sobre todo, a tener en cuenta. El caso es que aquellos que vivieron en tiempos de Jesús le pedían una señal. Propio de aquellos que no creen más que en lo que era su actuar.

Jesús sabe, sin embargo, que la fe es otra cosa. No necesita de pruebas que demuestren la verdad de lo que se cree. Y aquellos que le escuchaban esperaban de Él algún tipo de prodigio que les demostrara que era el Mesías. Pero Él sabía que aquellos no merecían tal cosa.

Jesús compara los tiempos de Jonás y los suyos. En aquel tiempo los ninivitas creyeron en el mensaje que Dios les transmitía a través de aquel santo profeta. Pero aquellos que viven con Jesús no parecen que acaben de comprender que sus tiempos son, ahora, los últimos.


JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de febrero de 2018

Padre Nuestro




Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas
’”.


COMENTARIO

Jesús tenía mucho en cuenta la oración. Él mismo se dirigía al Padre en muchas ocasiones y era muy importante que sus discípulos supieran, en concreto, cómo orar a Dios.

Había la creencia, como nos dice Jesús, de hacer oración de una forma muy inadecuada. Dios sabe todo lo que necesitamos y, aunque eso no quiera decir que no le debamos pedir nada no es importante hacerlo, como aquí se nos dice, con demasiada palabras.

Jesús, entonces, les enseña la oración señera del discipulado del Hijo de Dios: Padre Nuestro… Y es crucial, entre sus peticiones, aquella que se refiere al perdón… ¡Tantas veces no somos capaces de perdonar!


JESÚS, ayúdanos a orar a Dios como Dios quiere que oremos.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de febrero de 2018

Confesar la fe


Mc 1, 12-15

A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los  ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’”

COMENTARIO

Vence Cristo a Satanás

Cuando Jesús fue llevado por el Espíritu Santo Dios al desierto sabía a lo que se enfrentaba. Allí el Maligno, Satanás, iba a tentarlo para tratar de llevar al terreno del Mal. Pero, como sabemos, salió vencedor acudiendo a Dios y a su santa Palabra.

Juan el Bautista cumple con su misión

El primo de Jesús, el hijo de Zacarías e Isabel, llamado Juan y, por misión, anunciador y Precursor del Mesías, había cumplido con la voluntad de Dios como profeta y, eso mismo, le lleva a prisión y, luego, a una injusta muerte. Eso significaba que había llegado el tiempo final.

Cristo anuncia el Reino de Dios

Lo que tenía que hacer y decir Jesús lo llevaba bien escrito en su corazón de Dios hecho hombre. Debía, sobre todo, decir que había llegado el tiempo tan esperado por el pueblo judío: el Reino de Dios no es que estuviera cerca sino que, con Él, ya había llegado.

JESÚS, ayúdanos a creer en Ti, a buscarte a Ti, a encontrarte a Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de febrero de 2018

Seguir, sin duda, a Cristo



Lc 5,27-32

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’”.


COMENTARIO

Escuchar a Cristo

A lo largo de la historia de la humanidad creada por Dios el Creador ha llamado al hombre a seguir hasta su definitivo Reino. Al final de los tiempos lo ha hizo a través de su Único Hijo y llamó la atención acerca de escucharlo y seguirlo.


Seguir a Cristo

Entre los dones que nos entregó Dios se encuentra el de la libertad. Por eso cuando Jesús le dijo a Mateo que le siguiera podría no haber hecho caso. Era publicano y, seguramente, llevaba una buena vida. Pero lo dejo todo, todo, por seguir al Maestro sin, siquiera conocerlo.


Necesitar salvación

El caso es que Jesús vino al mundo a hacer lo que Dios le había indicado. Tenía relación con la salvación de la humanidad. Todos, sin embargo, no necesitaban salvación por llevar una vida verdaderamente justa y de hijos de Dios. Sin embargo, otros muchos sí la necesitaban, sí la necesitamos.



JESÚS, sálvanos y llévanos con el Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de febrero de 2018

Entender la voluntad de Dios



Mt  9,14-15

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios o, lo que es lo mismo, los Diez Mandamientos que el Creador entregó a Moisés, podían interpretarse de una u otra forma. Es decir, ellos mismos son lo que son pero concretarlos, al parecer del pueblo judío, era otra cosa.

Algunos interpretaban las cosas de una forma algo tergiversada. No habían llegado a entender lo que quiso decir Dios cuando dejó dicho lo que dijo. Y ellos, por su parte, querían tomar sus propias normas a rajatabla de las mismas. Y el ayuno era una muy grave para aquel pueblo.

Jesús, sin embargo, que prefiere la misericordia a los sacrificios entiende de otra forma la Palabra de Dios. Por eso les profetiza acerca su futuro (Él es el novio de la Esposa la Iglesia) y, cuando falte… entonces habrá que ayunar. Y eso, sin duda, hacemos.

JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2018

Negarse a sí mismo

Lc 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”.


COMENTARIO

Como se ha podido comprobar a lo largo de la historia, seguir a Jesús no es nada fácil. No lo es si el seguimiento es verdadero y es cierto y no está llevado por aquello que suponga no hacer lo que se tiene que hacer. Por eso Jesús dice, en este texto evangélico, lo que dice.

Lo que anuncia es terrible: ha de morir de una forma terrible traicionado por los suyos y a manos de los suyos. Pero hay esperanza: resucitará al tercer día y eso será el máximo gozo de los suyos.

Sin embargo, en estas palabras de Jesús encontramos el quid de la cuestión de nuestra fe: debemos seguir a Jesús con nuestra cruz. Así salvaremos nuestra vida… eterna. Lo demás no tiene importancia alguna.


JESÚS, ayúdanos a cargar con nuestra cruz.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de febrero de 2018

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Dar limosna

Hacer lo posible para que se sepa que se ha socorrido a un necesitado no es buena cosa de cara a Dios. El Creador no gusta de todo lo que sea soberbia o actuación similar y, por eso mismo, no hay que ir trompeteando cuando se hace el bien. Es obligación de cada hijo de Dios hacer y actuar así.

Orar

¿Hay algo más íntimo que la oración? Con ella nos dirigimos al Padre Creador y con ella manifestamos lo que queremos al respecto del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!). Por eso tampoco es conveniente ir proclamando que oramos. Basta con que lo sepa Dios.

Ayunar

Ofrecer un sacrificio personal por un bien superior es algo que Dios tiene en cuenta en beneficio espiritual de quien así actúa. El Padre ve en lo secreto de nuestro corazón. Con esto nos debería bastar.


JESÚS, ayúdanos a actuar como es la santa voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de febrero de 2018

Confiar plenamente en Dios

Mc 8,14-21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia:’Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ‘¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?’ ‘Doce’, le dicen. ‘Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: ‘Siete’. Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que sus discípulos más allegados o, lo que es lo mismo, sus apóstoles, estaban en fase de aprendizaje de la voluntad de Dios y de la santa doctrina emanada del corazón del Padre. Por eso había muchas cosas que no acababan de entender.

Ellos dudaban, al parecer, de que tendrían alimento para todos con un solo pan. Por eso Jesús les recuerda el poder de Dios con el que repartió unos pocos panes y peces entre miles de personas. Les hace ver que con fe todo se puede conseguir.

Procura Jesús que sus apóstoles comprendan lo que supone tener fer. Sabe que les va a costar pues después de haber visto la multiplicación de panes y peces con la que alimentó a tantas personas ninguna duda debían tener. Pero, en efecto, aún tenían el corazón embotado.



JESÚS, quieres que tus apóstoles, que serán los evangelizadores, comprenden que es muy importante confiar en Dios. Ayúdanos a no caer en las tentaciones en las que ellos cayeron.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de febrero de 2018

Los que necesitan señales de parte de Dios



Mc 8, 11-13

“11 Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. 12 Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.’
13 Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”

COMENTARIO

Es seguro que los que no querían bien al Hijo de Dios buscaban cualquier ocasión para perderlo. Y si había algo que caracterizada a los fariseos era aquella enfermiza tendencia a perseguir a Jesucristo.

Ellos querían una señal. Y aquello era como pedir a Jesucristo una prueba de que era el Hijo de Dios, el Mesías. Al parecer, no se convencían ni con lo que decía ni con lo que hacía siendo eso, muchas verdad, exactamente extraordinario o milagroso.

Pero Jesucristo sabe que hay cosas que son más importantes que eso. Y es que sabe que quien pide pruebas no tiene demasiada confianza en Quien debería tenerla. Por eso, Jesucristo les promete, al contra de su deseo, no darles señal alguna.

JESÚS, no permitas que dudemos de tu naturaleza y de tu poder.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2018

Una fe muy grande



Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’.

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes”.

COMENTARIO

Muchos necesitados sabían que Jesús podía hacer mucho por ellos. Por eso aquel leproso se arrodilla, en señal de adoración, ante Jesús. Quiere quedar limpio de la terrible enfermedad de la lepra que le aparta de la sociedad.

Jesús se compadece de aquel hombre que muestra confianza en su persona. Y es que le dice que si quiere puede curarlo. ¡Si quiere! Es expresión de entender que el Maestro puede, si quiere, hacer mucho por él. Y Jesús lo cura. No puede hacer menos por quien le muestra una tal fe, una tal confianza.

Jesús no quiere que se sepa aun que ha llegado el Mesías. Sabe que no están preparados todavía. Pero aquel hombre, curado de su enfermedad, no puede callar. Nos lo podemos imaginar dando loas y alabanzas a grito pelado por los caminos.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe tan grande como la que manifestó aquel leproso.



Eleuterio Fernández Guzmán