19 de septiembre de 2016

Que no quede nada oculto


Lc 8, 16, 18

“Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.”


COMENTARIO

De lo mucho que el Hijo de Dios dijo a lo largo de su vida, hay algo que nunca deberíamos olvidar porque tiene que ver con nuestra salvación eterna porque nada de lo que hacemos deja de tener trascendencia para la misma.

Dios, que todo lo sabe, nos ha dado gratuitamente muchos dones y bienes que no pueden quedar ciegos. También nos ha dado su Palabra que no podemos tenerla egoístamente sino, al contrario, transmitirla en la medida de nuestras posibilidades.

Y algo más que es crucial. Y es Cristo sabe que hay muchos hermanos suyos que creen tener una gran fe cuando, en realidad, son nidos hipócritas y sepulcros blanqueados. Y a esos todo se le quitará…


JESÚS,  ayúdanos a tener una fe firme y franca.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de septiembre de 2016

La astucia del mundo


Lc 16, 1-13

“Decía también a sus discípulos: ‘Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.’ Se ijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.’ ‘Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’ Respondió: ‘Cien medidas de aceite.’ Él le dijo: ’Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.’ Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’ Contestó: ‘Cien cargas de trigo.’ Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta.’ ‘El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más  astutos con los de su generación que los hijos de la luz. ‘Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? ‘Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.’”

COMENTARIO

Ser astutos

El mundo sabe cómo engañar a los hijos de Dios. Por eso utiliza todas las artimañas que puede. Ante esto, Jesús nos conmina a ser astutos para que el mundo no nos atrape con sus mundanidades.

No servir a dos señores

Apoyarse en el Primer Mandamiento de la Ley de Dios supone, sobre todo, tener en cuenta que no se puede estar poniendo una vela a Dios y otra al Diablo. Sólo vale ponerse al Todopoderoso. Lo demás no sirve ni nos conviene.

Saber a quién servir

De todas formas, lo único que nos conviene, por decirlo así, es tener muy claro que a quien debemos servir es a Quien nos ha creado. Todo lo demás está muy alejado de nuestro corazón o, al menos, debería estar más que alejado.


JESÚS, ayúdanos a servir a Dios como nuestro único Señor.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de septiembre de 2016

Aceptar todo de parte de Dios


Sábado XXIV del tiempo ordinario
Lc 8,4-15

En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: ‘Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: ‘El que tenga oídos para oír, que oiga’. 

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: ‘A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. 

‘La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia’”.

COMENTARIO

La forma de enseñar de Jesús iba al centro de las cosas de una forma instructiva. Por eso hacía uso de parábolas que, por cierto, era una forma muy común de enseñar en su tiempo. Sin embargo, las de Jesús dan muchas claves espirituales.

Aquella del sembrador, Dios mismo que eso hace, tiene mucho que ver con la respuesta que cada uno damos a la Palabra de Dios y su santa Voluntad. Por eso hay diversos grados de aceptación o no de la misma.

Cada uno de tales grados supone, por nuestra parte, una forma de situarnos ante Dios Todopoderoso. Así, desde la que, en apariencia, acepta todo pero enseguida se viene abajo hasta la que acepta todo y hace todo… hay unas muy diversas posibilidades que corresponde a cada uno de nosotros aceptar.


JESÚS, ayúdanos a ser de los que aceptamos todo de parte de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2016

Iba por el mundo predicando


Viernes XXIV del tiempo ordinario


Lc 8,1-3

En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.”

COMENTARIO

La labor que Jesús había venido a llevar a cabo en el mundo, mandato de Dios, tenía todo que ver con la posibilidad real de que el ser humano se salvase y alcanzase la vida eterna. Para eso debía predicar acerca de eso.

La predicación de Jesús la hizo el Maestro de pueblo en pueblo. Entonces la forma de comunicarse era, más que nada, a pie. Eso fue lo que hizo. Proclamaba la Palabra de Dios y lo que era fundamental: la salvación ha llegado y la Buena Nueva era, precisamente, que Él era el Reino.

Jesús no iba solo. Es de entender que, además de las muchas persona que podían seguirlo y buscarlo, había un grupo que era, digamos, más cercano a Cristo. Y entre el aquel grupo había un de mujeres que, con el paso del tiempo, demostraron que eran, muchas veces, las que más fe tenían.


JESÚS, ayúdanos a aceptar la Buena Noticia, la Palabra de Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2016

La voluntad de Dios en Cristo


Lc 2,33-35


En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’”.


COMENTARIO

Cuando José y María van al Templo a cumplir con lo escrito en la ley saben que hacen lo que está prescrito. No quieren dejar de hacer lo que deben hacer y presentan a Jesús en la Casa de su Padre.

Aquel anciano, Simeón, había pedido a Dios ver a su Salvador. Por eso, cuando ve a Jesús el Espíritu Santo le sopla que es, sin duda alguna, Aquel que estaba esperando desde hacía tantos años.

Y Simeón, profeta porque profetiza lo que ha de pasar y pasará, alegra el corazón de María pero también lo entristece: aquel Niño es el Salvador del mundo pero a su Madre algo terrible pasará en su corazón.

JESÚS, gracias por haber cumplido con la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de septiembre de 2016

La Cruz de Cristo


La Exaltación de la Santa Cruz

Jn 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: ‘Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él’”.

COMENTARIO

Aviso de lo por venir

Jesús establece un paralelismo entre lo que supuso la serpiente levantada en el desierto y cuando sea Él levantado en la cruz: tanto en un caso como en otro será para la salvación de los que lo miren.

Entregar al Hijo

Lo que hace Dios a favor de la humanidad nunca podrá ser pagado por nosotros, los hombres. Entregó a su Hijo para que, tras su muerte, la salvación entrara en el mundo y limpiara el mal del siglo.

La salvación del mundo

Y eso, la salvación del mundo, era la causa de la venida del Mesías  a la Tierra. Y es que era la voluntad de Dios que todo aquel que creyera en su Enviado y Ungido y mirara a la Cruz como instrumento de salvación… se salvara.


JESÚS,  ayúdanos a mirarte, ahí, colgado entre dos maderos y agradecerte tu auxilio.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de septiembre de 2016

Misericordia

Martes XXIV del tiempo ordinario
Lc 7,11-17

En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: ‘Joven, a ti te digo: levántate’. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo’. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina”

COMENTARIO

Nadie ignora que en el mundo, desde que fue creado por Dios, han sido muchas, y serán, las necesidades que tenemos las personas. Sin embargo, hay necesidades que son más importantes que otras. Y Jesús se da cuenta de eso.

Aquella mujer iba a quedar muy desamparada. Viuda y, además, ahora sin el hijo que se le había muerto, su situación iba a ser terrible. Por eso Jesús tiene misericordia, digamos, no del muerto, sino de la madre que llora desconsolada.

Dice el texto que el temor se apoderó de todos. Sin embargo, lo que más se apoderó de ellos fue el asombro porque se dieron cuenta de que aquel hombre, el Maestro, no era un hombre cualquiera sino que poder de Dios estaba con Él. Y es que era Dios mismo hecho hombre.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de septiembre de 2016

La mucha fuerza de la fe

Lunes XXIV del tiempo ordinario
Lc 7,1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: ‘Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga’. 

Jesús iba con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: ‘Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. 

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: ‘Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande’. Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.”

COMENTARIO

A lo largo de su vida llamada pública, Jesús se encuentra con muchas personas. Es decir, desde creyentes fieles judíos, pasando por temerosos de Dios o, por fin, simples paganos de religión no judía. El caso es que alguna vez muchos se llevan una sorpresa.

Aquel centurión quería mucho a su siervo. Tal es así que no ve otra solución que acudir a aquel Maestro del que muy bien había escuchado hablar. Seguramente sería, aquel hombre, un temeroso de Dios. No le avergüenza, para nada, acudir a un judío.

Jesús sabe que aquel hombre ha confiado la vida de su siervo a Cristo. Ha confiado totalmente en Quien dicen que puede curarlo. Por eso, Jesús le hace el favor aquel y cuando el buen hombre llega a su casa encuentra a su siervo curado. Otra cosa no podía esperar, ni él ni nadie, de Cristo.

JESÚS, ayúdanos a tener la fe del centurión. Al menos esa.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de septiembre de 2016

Domingo, 11 de septiembre de - Ser fieles a Dios


Lc 15, 1-32

“Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos.’  Entonces les dijo esta parábola.  ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?  Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;  llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."   Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.  ‘O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente  hasta que la encuentra?  Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido." Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.’  Dijo: ‘Un hombre tenía dos hijos;  y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió  la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. ‘Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me  muero de hambre!  Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.’ Y, levantándose, partió hacia su padre. ‘Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.’  Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas  sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,    porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.’ Y comenzaron la fiesta. ‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.’  El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca  me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo  cebado!’ ‘Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;  pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba  perdido, y ha sido hallado."‘

COMENTARIO

La alegría del Cielo

Cristo había venido al mundo a salvar lo que estaba perdido. Por eso sabe que no son los sanos los que necesitan médico y por eso conocer perfectamente que en el Cielo hay mucha alegría por aquellos que se convierten y creen.

Quien quiere alejarse de Dios

Ante nuestro Padre Dios podemos adoptar una actitud que no nos viene nada bien y que supone alejarse de Aquel que nos ha creado y mantiene en el mundo. Entonces nos mostramos ciegos y sordos ante su llamada.

Quien cree que ama a Dios

Pero hay quien cree que ama a Dios pero en el fondo está muy alejado de su Creador. Cree tenerlo todo hecho por aparentar que ama al Todopoderoso pero parece olvidar que Quien lo ha creado conoce todo de él y sabe de su hipocresía.


JESÚS,  ayúdanos a ser fieles a Dios Padre Todopoderoso.




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de septiembre de 2016

Cumplir la voluntad de Dios


Sábado XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,43-49

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’”.

COMENTARIO

Nuestro corazón

Jesús sabe que, como suele decirse, de donde no hay no se puede sacar. Es decir, conoce el corazón de sus hermanos los hombres y sabe que hay ocasiones en las que no suelen salir bien las buenas intenciones.

No hacer lo que Cristo dice

Cristo ofrece la posibilidad de hacer las cosas según dice el Hijo de  Dios que deben hacerse. Y podemos hacerlas como entiende el Maestro que deben hacerse. Entonces construimos sobre la Roca que es el Jesús.

Hacer lo que Cristo no dice

Pero también podemos actuar según sea nuestra voluntad y no hacer que acuerde con la de Jesucristo. Entonces hacemos muy mal las cosas porque sabemos las consecuencias de tal tipo de comportamiento.


JESÚS, ayúdanos a cumplir tu voluntad.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2016

Lo que creemos que somos


Viernes XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,39-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano’”.

COMENTARIO

La enseñanza de Jesús llega siempre al centro de la verdad de las cosas. Y es que conoce bien la naturaleza humana y hasta qué punto estamos equivocados, incluso, al respecto de nosotros mismos. Y eso es lo que hace hoy con algo esencial.

Jesús se pone de ejemplo. Y eso no es nada extraño porque el Maestro ha de enseñar a sus discípulos. Por eso nos dice que no debemos querer por encima de Él porque eso es, además de absurdo, algo ridículo.

Pero Cristo también nos dice algo muy importante: debemos tener en cuenta cómo somos nosotros antes de querer corregir al prójimo. Antes saber si fallamos… luego decir lo que debamos decir.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de nuestros defectos


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2016

El amor y la compasión

Jueves XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. 

‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.

COMENTARIO

El máximo amor

Jesús dio muchas instrucciones de cara a poder llevar una vida que agradara a Dios Padre. Pero lo más difícil de aceptar era estar de acuerdo con el amor hacia los enemigos. En el cumplimiento de tan gran voluntad del Creador se encuentra el centro de nuestra fidelidad espiritual.

Lo que nos corresponde querer

Hay algo que Cristo nos dice que demasiadas veces es olvidado. El caso es que debemos querer para los demás lo mismo que nosotros queremos para nosotros. Es una forma de aceptarlos en nuestra vida como aceptamos la nuestra.

Recibir según demos

Como Cristo siempre tiene en cuenta el futuro del ser humano cuando dice que se nos dará según hayamos dado nosotros nos está diciendo que debemos tener muy en cuenta, precisamente, qué y cómo damos a nuestro prójimo.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir la voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de septiembre de 2016

Bienaventurados


Miércoles XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 

‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.

COMENTARIO

El Evangelio de San Lucas también recoge las Bienaventuranzas. Como hace San Mateo, en un momento determinado de su predicación, el Hijo de Dios dijo lo que era necesario saber e importante llevar a cabo en sus discípulos.

Cada una de las llamadas Bienaventuranzas llama al corazón de aquellos que quieren seguir a Jesucristo. Cada una de ellas, además, nos muestra un camino a seguir que no debe nunca ser olvidado; cada una de ellas es expresión de la Ley de Dios.

Y un aviso de parte de Cristo a los quieran escuchar: aquellos que ahora, en el mundo, en el siglo, ríen y viven bien sin darse cuenta de la existencia de muchos que lloran y viven muy mal y nada hacen para tratar de corregir tales situaciones… no tendrán un futuro eterno nada bueno.


JESÚS, ayúdanos a ser como tú quieres que seamos.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de septiembre de 2016

Estamos creando la ideología del odio












Hace muchos años escuché a un sacerdote algo sucedido durante la II República Española. Transitando  por  donde trabajaban unos obreros,  recibió gruesos insultos de los mismos. Uno de ellos, como a modo de explicación, le dijo: es el odio. Y seguramente tenía razón. La República suscitó nuevas expectativas, también en el mundo católico. Pero ya en el periodo constituyente se perfila un marcado anticatolicismo. Enseguida, en 1932, fracasa en Sevilla un pronunciamiento militar de signo monárquico. No fue ni el primer intento ni el último de cambiar los acontecimientos por la fuerza. La vida política se va tiñendo de radicalismo y es progresivamente violenta. Cuando la CEDA gana las elecciones de 1933, trata de modificar los excesos anteriores. Pero en ese periodo –el odio- surge el intento revolucionario izquierdista que triunfó en Asturias, mientras fracasaba en Madrid y Cataluña.

 A partir de la revolución de octubre de 1934 los españoles se inclinan a los extremismos políticos sin arreglo posible. Es el odio. Las elecciones de febrero de 1936 buscaron, más que el poder democrático, la potencia política para aplastar definitivamente al enemigo. La convivencia se desgarra. Se odia. No se puede recordar en unas apretadas líneas ni siquiera una síntesis de los sucesos que precipitarán en la guerra civil. Ni siquiera se podrá afirmar nítidamente hasta qué punto los desmanes acaecidos durante la República propiciarían la asonada militar que impelería a esa lucha fratricida, pero es bien cierto que hubo miles de mártires por el sólo hecho de ser católicos. El triunfo de Franco propició la infiltración de la ideología nazi en el mundo universitario y las represiones y purgas no se hicieron esperar. El odio entre las dos Españas no había concluido.

Tal vez la generosidad de gentes con diferentes tendencias, comenzó con  la transición a propiciar el olvido, y quizá incluso el perdón por parte de todos. Acaso, en esa etapa de la vida española, comienza la verdadera concordia entre los sembradores del odio desde las diversas trincheras reales o figuradas. Ingresamos, por fin, en una contienda política respetuosa o moderada y el odio comienza a desaparecer de las vidas de los españoles de entonces y de los posteriores. Pero un presidente de gobierno  con su ley de Memoria Histórica, va poner patas arriba la convivencia tan duramente trabajada. Porque, a partir de esos momentos, la Memoria Histórica supondrá la resurrección de los fantasmas de bastantes años atrás. La Memoria se hará de modo unilateral, quizá por pensar que los otros ya hicieron la suya. Fuera como fuere, los manes del resentimiento comienzan a reaparecer. Se recrea un ambiente guerra-civilista casi ochenta años después.

Brotará esa nueva izquierda –marxismo puro- encargada de atizar de nuevo los odios de antaño, justamente cuando apenas quedan supervivientes de aquella contienda atroz ni de la República idealizada, pero particularmente sectaria con la Iglesia. Ahora la memoria consiste en quitar todo signo franquista, todo elemento que recuerde a los vencedores, a la vez que no se escatiman esfuerzos para enaltecer a algunos vencidos de dudosa catadura: Pasionaria, Lenin y Stalin tendrán sus calles y monumentos –algo que para mi carece de interés- pero se inicia una nueva etapa en la que comenzamos a construir la convivencia sobre el odio y esa especie no construye,  devasta. Esta nueva izquierda, lo mismo que la ultraderecha anterior (ciertamente testimonial y con poca fuerza), intenta acarrear algo  olvidado, pero que crece deprisa: el odio. No es una lid política normal: y a mi me interesa esto mucho más que la política partidista. Me importa mucho el impacto moral de una ideología del odio  avanzando como un fantasma.

Según el DRAE, el odio es antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea. Muchos filósofos y literatos han escrito sobre el odio como lo más opuesto al amor, mostrando que el odio puede generar aversión, sentimientos de desastre, destrucción del equilibrio armónico. Recientemente, la muerte del torero Víctor Barrio desató en las redes sociales una tormenta de odio quizá no vista con anterioridad en nuestro país. En otro orden de cosas, no se entiende el auge de los populismos sin el sustrato alimenticio del rencor. Está por todas partes y no sólo en España, aunque aquí adquiera las características de nuestra idiosincrasia que nos han dominado, acabando por imputar nuestra infelicidad a quienes no son o no piensan como nosotros. Plutarco había afirmado que el odio es la tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

El afán legislativo de algunos les lleva a despachar disposiciones sobre la Memoria que sobrepasan no sé si el límite de sus competencias, pero sí el de la libertad, porque se inmiscuyen hasta en los dominios particulares para excluir todo vestigio de un pasado que no gusta. La historia sucede como sucede y no cambia porque se borre un escudo. Me da igual que sea franquista, republicano o napoleónico. Recuerdo que delante el Ministerio de Exteriores italiano  hay un estilizado obelisco con la inscripción: Mussolini Dux. No  seamos cainitas si anhelamos convivir en serio, si demandamos que nadie nos tenga que decir a modo de explicación del acontecer: es el odio.


P. Pablo Cabellos Llorente

Los escogió


Martes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.”

COMENTARIO

Cuando Jesús fue enviado al mundo a salvar a sus hermanos los hombres era perfectamente consciente de que necesitaba que, tras su muerte, hubiera quien siguiera con su labor de predicación. Y escoge a doce hombres.

Aquellos lo dejaron todo. Es decir, para seguir al Maestro debían dar un cambio radical a su vida. Ya no valían los odres viejos ni los corazones viejos. Al contrario: debían cambiar para poder aceptar el mensaje que traía el Maestro.

Había muchos que seguían a Jesús. Los que querían escucharlo porque sabían que era un Maestro que enseñaba con autoridad no dudaban lo más mínimo en buscarlo. Y muchos quedaban curados porque tenían confianza en Aquel que había enviado Dios.


JESÚS, ayúdanos a seguirte y no abandonarte nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2016

Una lección de misericordia



Lunes XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,6-11
“Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”


COMENTARIO

Los que persiguen a Jesús aprovechan cualquier situación para ponerlo en entredicho y hacer ver que, según ellos, incumple muchos preceptos de la Ley. Aquel del sábado, además, era de los más importantes.

Jesús sabe, sin embargo, que su misión no consistía en contentar a los poderosos sino en tener en cuenta a los necesitados y aquel hombre, que tenía la mano derecha seca, no era poco necesitado. Y lo cura.

Ellos, los que lo persiguen, no creen que sea importante curar sino hacerlo en sábado. Y Jesús, que tenía más claras las prioridades a seguir y a tener en cuenta, no duda lo más mínimo en hacer lo que debe hacer. Por eso los malvados se preguntaban qué iban a hacer con Jesús…


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta la misericordia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2016

Cargar con la cruz de cada uno



Lc 14, 25-33

“Caminaba con él mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. ‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?  Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.’”

COMENTARIO

Las enseñanzas de Jesús eran, en muchos aspectos, duras de escuchar y más difíciles de seguir. Sin embargo, el Hijo de Dios no se arredra y continua con su enseñanza. Y lo de la cruz de cada uno era difícil de escuchar; mucho más lo de los bienes.

Para seguir a Cristo, lo dice Él, hay que coger la cruz que cada uno cargamos. Es posible, incluso, que haya quien lleve más de una cruz. Todas, pues, han de ser cargadas sobre nuestros hombros e ir tras la cruz de Cristo.

Y lo otro tampoco es fácil: los bienes. Y es que Jesús quiere el total desprendimiento de sus discípulos. Hay que renunciar a lo que era viejo y preparar el corazón para lo nuevo, para la doctrina santa y verdadera Ley de Dios que Cristo trajo al mundo.


JESÚS,  ayúdanos a cargar con nuestras cruces.


Eleuterio Fernández Guzmán

Dios



Eleuterio Fernández Guzmán