7 de octubre de 2014

Ser Marta y ser María


 Martes XXVII del tiempo ordinario
Lc 10,38-42

“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.


COMENTARIO


Los ejemplos que nos pone el evangelio de hoy, los de las amigas de Jesús y hermanas de Lázaro, son buenos porque nos ponen sobre la mesa dos actitudes distintas que podemos ofrecer ante Dios mismo y ante su Hijo Jesucristo.

Podemos ser Marta o María porque, es bien cierto que podemos optar por la actitud de ayuda a los demás, al estilo de Marta o tener en cuenta, más, en nuestra vida, la fe y lo espiritual.

En realidad debemos ser, a la vez, Marta y María. Así, por un lado, optamos por ser las manos de quienes las necesiten y, de paso, no olvidamos que lo hacemos por fe y por querer al prójimo como a nosotros mismos. Y tal ha de ser nuestra forma de actuar: ser Marta y María.




JESÚS, ayúdanos a tenerte en cuenta en nuestra vida sin olvidar, para nada, las necesidades del prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de octubre de 2014

Ser buenos con el prójimo




                                                     Lunes XXVII del tiempo ordinario



Lc 10,25-37

"En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: 'Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?'. Él le dijo: '¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?'. Respondió: 'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo'. Díjole entonces: 'Bien has respondido. Haz eso y vivirás'.

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: 'Y ¿quién es mi prójimo?'. Jesús respondió: 'Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?'. Él dijo: 'El que practicó la misericordia con él'. Díjole Jesús: 'Vete y haz tú lo mismo'".

COMENTARIO

La pregunta que le hacen a Jesús tiene su cosa. En primer lugar, quería decir que la persona que se la hacía quería alcanzar la vida eterna. Y eso es, ya, un gran avance al respecto de aquellos que no quieren saber nada de Dios. Pero, además, esperan respuesta de Quien creen puede responder a tan importante pregunta.

Jesús no puede dejar pasar la ocasión para enseñar. Y la parábola del buen samaritano dice mucho acerca de qué es lo que hay que hacer para alcanzar la  ida eterna pues el amor a Dios se da por entendido. ¿Y al prójimo?

Pero Cristo no deja ahí la parábola. Ha de hacer que aquella persona, y las demás que allí pudieran estar, aprendiesen algo muy importante: amar al prójimo quiere decir echarle una mano cuando la necesite y, en fin, ayudar a quien se encuentre en mala situación. Y, además le dice que haga él lo mismo...

JESÚS,  quieres que amemos a nuestros prójimos porque tal expresión lo es de ser buen discípulo tuyo. Ayúdanos no caer en la tentación contraria. 

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de octubre de 2014

Saber ver a Cristo

Sábado XXVI del tiempo ordinario




Lc 10,17-24


En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: 'Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre'. Él les dijo: 'Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos'

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: 'Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar'

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: '¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron'”.


COMENTARIO


En el libro de los Cielos

Dios nos escoge para que estemos con Él en su definitivo Reino, el Cielo. Por eso debemos hacer su voluntad y no por otro tipo de interés. Lo bueno llega de la mano de la Verdad.


Las cosas importantes

Lo que de verdad nos conviene lo revela a Dios a quienes le siguen, a quienes creen en Él. Los demás, aquellos que se creen sabios del mundo no son más que ignorantes de la verdadera voluntad de Dios.


Saber ver a Cristo

Ahora no podemos ver físicamente a Cristo. Sin embargo, lo encontramos en el prójimo, en el corazón de los que sufren, en los necesitados. Ahí podemos ver al Hijo de Dios y ahí es donde debemos buscarlo.




JESÚS, quieres que cumplamos la voluntad de Tu Padre. Ayúdanos a no mirar para otro lado a tal respecto.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de octubre de 2014

Escuchar a Cristo


Viernes XXVI del tiempo ordinario



Lc 10,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.


COMENTARIO


Jesús, mientras llevó una vida pública de predicación y, por tanto, de transmisión de la Palabra de Dios, hizo muchos milagros. Hechos extraordinarios jalonaron un caminar que hacía gozar a los que veían aquello que hacía. Pero no todos le creían.

Había muchos que, sin embargo, parecía no entender la misión que estaba cumpliendo el Maestro. No se arrepentían de sus pecados y, además, pretendían ser justos. Y Jesús sabe que tal no es, precisamente, la voluntad de Dios.

Jesús dice algo que es muy importante: escucharlo a Él es de una importancia tal que otra cosa mejor no hay. Hay que seguir lo que Cristo dice pues, siendo Dios hecho hombre, nada malo puede querer para nosotros. Y hacer otra cosa, además, tiene negativas consecuencias que no deberíamos olvidar.




JESÚS, quien a Ti te escucha hace lo propio con Dios. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestro corazón y a acariciar tus palabras porque son Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de octubre de 2014

Todos han de conocer la Palabra de Dios


Jueves XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 

‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.


COMENTARIO


Jesús sabe que es muy importante que su labor evangelizadora se difunda allá por donde eso sea posible. Por eso escoge a setenta y dos discípulos y los envía predicar. Y les da las oportunas instrucciones a tal efecto.

No han de contar salvo que con la Palabra de Dios. Nada han de llevar consigo pues Dios ha de proveer para los trabajadores de su mies. Pero, a la vez, han de rogar a Dios para que envíe a más trabajadores a su mies porque es grande y ha de ser labrada con la savia de su Palabra.

No obliga, sin embargo, Jesús a aceptar la Palabra de Dios y su doctrina. El ser humano es libre. Sin embargo, no deja de reconocer que Dios es justo y que, cuando sea el momento oportuno, se apartará de los que antes se apartaron de Él.




JESÚS, quieres que todos conozcan la Palabra de Dios. Ayúdanos a ser modernos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de octubre de 2014

Seguir a Cristo sin mirar atrás


 Miércoles XXVI del tiempo ordinario


Lc 9,57-62


En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. A otro dijo: ‘Sígueme’. El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios’. También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa’. Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’.

COMENTARIO


Era cierto que seguir a Jesús tenía que hacerse de forma radical, de raíz. Pero era normal que aquellos que querían hacer eso no olvidaran, de golpe y porrazo, lo que había sido su vida hasta tal momento.

Jesús sabe a qué atenerse. Sabe que no es fácil seguirle porque, en realidad, no tiene nada. Nada de nada aunque sabe que sólo le basta el Amor del Padre y su santa voluntad.

El Hijo de Dios dice algo muy grave (para los oídos de según qué personas): hay que dejarlo todo, no mirar atrás… para seguirle. En realidad, se trata, de querer hacer eso, de cambiar el corazón y, para eso, deben cambiar muchas cosas.





JESÚS, quieres que te sigamos pero que lo hagamos con todas las consecuencias. Ayúdanos a hacer eso.

Eleuterio Fernández Guzmán


30 de septiembre de 2014

Sobra la ira y la rabia


Martes XXVI del tiempo ordinario


Lc 9,51-56

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.”


COMENTARIO


Jesús, a pesar de los intentos de Satanás (en boca de Pedro) para que evitar aquello que, por voluntad de Dios, debía sucederle, sabía que nada podía hacer para oponerse a la misma. En realidad, podía pero, como hijo fiel, no quería.

Jesús quiere ir a Jesuralén porque sabe que allí le darán muerte y que la misma será para bien de la humanidad. Y algunos de sus discípulos, que al parecer, no entendían lo que estaba pasando, manifiestan una ira y una rabia que no era la propia del Reino de  Dios.

Jesús no puede permitir que se utilice el poder de Dios para hacer daño. Él, portavoz de la paz verdadera no estaba dispuesto que en nombre del Creador se pudiera dañar al prójimo. Y los reprende.


JESÚS, algunos de los tuyos manifiesta una ira y una rabia que no puedes permitir. Ayúdanos a tener un corazón blando, limpio, puro jovial y no vengativo.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de septiembre de 2014

Dios lo conoce todo

Jn 1,47-51


En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: 'Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño'. Le dice Natanael: '¿De qué me conoces?'. Le respondió Jesús: 'Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi'. Le respondió Natanael: 'Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel'. Jesús le contestó: '¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores'. Y le añadió: 'En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre'.


COMENTARIO


Es bien cierto que, en muchas ocasiones, Jesús hacía que lo que era normal, para Él, pareciera extraordinario. En el caso de Natanael pasa algo parecido. Y como para Dios nada hay imposible no le fue difícil a Cristo ver a aquel hombre allí, debajo de aquella higuera.

Para Natanael aquello le parece algo extraordinario. No sabía, en realidad, que Jesús era Dios pero algo le había soplado el Espíritu Santo cuando proclamó que aquel Maestro sólo podía ser el Hijo de Dios y, por tanto, el Rey de Israel.

Jesús debió sonreir por dentro. ¿Con sólo aquello ya le parecía tanto a aquel hombre? En realidad, no sabía lo que tenían que ver y aquello era, sin duda, una simple y sencilla manifestación del poder de Dios. Pero llegarían, como sabemos, tiempos aún más extraordinarios.

JESÚS, Natanael se extraña del poder de Dios. Sin embargo, tan sólo era una pequeña manifestación del mismo. Ayúdanos a aceptar la verdad como es.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de septiembre de 2014

Cumplir con la voluntad de Dios




 Domingo XXVI (A) del tiempo ordinario
Mt 20,28-32


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes: '¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue.

'¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?'. 'El primero', le dicen. Díceles Jesús: 'En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él'.


COMENTARIO

Quienes nos consideramos hijos de Dios sabemos que el Padre, de una manera o de otra, se dirige a nosotros para hacernos indicación de cuál es nuestra misión y qué es lo que debemos hacer conb nuestra vida de hijos suyos.

Podemos adoptar la decisión de seguir aquello que nos dice pero lo podemos hacer de una forma mentirosa. Es decir podemos decir que no seguimos sus indicaciones pero, al final, dándonos cuenta de lo que significa eso, seguirlas. Al fin... cuenta lo que hagamos.

Pero también podemos tratar de disimular y hacer como que sí... siendo no. Tal forma de actuar, además de mostrar una forma de ser falsa demuestra que no conocemos que Dios conoce, a su vez, neustros corazones y nuestras verdaderas intenciones.


JESÚS, quieres que cumplamos la voluntad de tu Padre y que lo hagamos directamente, sin subterfugios. Ayúdanos a ser como debemos ser: hijos de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


27 de septiembre de 2014

Temer a la Verdad

Sábado XXV del tiempo ordinario




Lc 9,43b-45

“En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: ‘Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto”.


COMENTARIO

Dice este texto del evangelio de San Lucas que aquellos que veían a Jesús estaban maravillados de aquello que hacía. Todos aquellos estaban deslumbrados por el don de su palabra y por los hechos extraordinarios que llevaba a cabo.

Jesús, sin embargo, sabía que no toda iba a ser de color de rosa. Tendría que llegar el momento en el que su vida sería de poca importancia para muchos. Entregaría su vida y lo haría a manos de aquellos que tantos habían seguido. Tal era la verdad.

Aquellos que escuchaban lo que les decía acerca de su futuro tenían miedo. No entendían mucho de lo que les estaba diciendo y si, además, tenía que ser con su muerte… mucho menos. Temían a la verdad.






JESÚS, el miedo es algo natural en el hombre. Ayúdanos a no tenerlo cuando se refiera a Ti y a la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de septiembre de 2014

Saber quién es Cristo


Viernes XXV del tiempo ordinario


Lc 9,18-22

Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’. Ellos respondieron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado’. Les dijo: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contestó: ‘El Cristo de Dios’. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’”.


COMENTARIO


El interés de Jesús por saber qué piensa la gente acerca de su persona no es por ignorancia. Es decir, no es que no lo sepa sino que quiere ver si sus apóstoles están al cabo de la calle de lo que pasa al respecto del Maestro.

Parece que hay bastante despiste. En realidad, nadie parece saber quién es Jesús. Y no es que Él no se haya explicado a través de su Palabra y de sus hechos sino que el pueblo es de dura cerviz.

Jesús profetiza acerca de su muerte. Les dice todo porque no quiere ocultarles nada. No pueden negar, sus más allegados discípulos, que no tuvieran conocimiento de lo que tenía que pasar. Además, tampoco deben decir que Él es el Mesías enviado por Dios porque aún no es el tiempo de que se sepa.




JESÚS, eres el Mesías, el Enviado de Dios pero muchos no se dan cuenta de eso. Ayúdanos a tenerlo siempre, siempre, presente.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de septiembre de 2014

Saber que Cristo es el Mesías



Jueves XXV del tiempo ordinario


Lc 9,7-9

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo:’ Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?’. Y buscaba verle”.


COMENTARIO

Es muy normal que el mundo se sorprenda de aquello que no entiende o que no quiere entender. El caso del mundano Herodes muestra lo que eso significa. No se entera de nada porque no cree, no tiene fe. Por eso mandó decapitar a Juan el Bautista.

Lo cierto es que hay gran desconcierto. Cuando la gente escucha a Jesús predicar no sabe, a ciencia cierta, quién es. Por eso el Hijo de Dios pregunta muchas veces, a sus apóstoles, que quién cree la gente que es.

Herodes, sin embargo, podía no estar perdido para siempre. Cuando sabe de Jesús quiere verle. Seguramente lo decía por curiosidad, por conocer de quien tanto bueno se decía. Podía, entonces, haberse convertido al conocer a Jesús de no haber sido por las circunstancias de aquel conocimiento…







JESÚS, los que no te conocen no pueden conocer a Dios. Por eso el mundo está tan perdido y alejado del Padre. Ayúdanos a tenerte siempre presente.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de septiembre de 2014

Caminar con Dios


  
Miércoles XXV del tiempo ordinario



Lc 9,1-6

“En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: ‘No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos’. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes”.


COMENTARIO

Cuando Jesús escogió a los doce que iban a ser sus apóstoles debía hacer algo más. Por eso les dona una serie de gracias propias de Dios y del poder del Todopoderoso. Por eso pueden, a partir de tal momento, curar enfermedades.

Pero Jesús les conmina a actuar de una forma muy concreta. Así, por ejemplo, no deben querer bienes materiales de forma que puedan ser dominados por ellos. Dios ha de proveer todo para aquellos que envía y eso es más que suficiente.

Aquellos escogidos salen a los caminos, van a los pueblos y hacen todo lo posible para cumplir con la misión que Jesús les había encomendado. Transmite, así, la Buena Noticia de que el Reino había llegado a la Tierra y que Dios había enviado al Mesías para procurar la salvación del mundo.






JESÚS, cuando envías a tus discípulos les das instrucciones muy válidas para un discípulo tuyo. Ayúdanos a serlo con conciencia de que lo somos.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de septiembre de 2014

Escuchar a Dios y actuar en consecuencia

Martes XXIV del tiempo ordinario


Lc 8,19-21


“En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte’. Pero Él les respondió: ‘Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen’".


COMENTARIO


Seguramente la Virgen María y los parientes de Jesús tenían por cierto y verdad que, con su predicación, estaba alterando el corazón de muchos poderosos y que eso nada bueno le podía traer. Por eso van a buscarlo.


Sin embargo, a pesar de los poderosos de su tiempo, había muchos que querían escuchar lo que decía aquel Maestro. Por eso a María le cuesta llegar hasta donde está, a primera fila, para llevárselo de allí.


Jesús, sin embargo, tiene más que claro que es lo que piensa. No es que desprecie a su madre, la Madre, sino que sabe que hay un vínculo con Dios que es, incluso, superior al que le une con la mujer que le trajo al mundo. Y a tal vínculo hay que escuchar.



JESÚS, los que te siguen han de saber que oyen y hacen, escuchan y llevan a su corazón. Ayúdanos a ser de los que, en verdad, oyen y hacen, escuchan y llevan al corazón.




Eleuterio Fernández Guzmán

22 de septiembre de 2014

Dios lo conoce todo de nosotros


Lunes XXV del tiempo ordinario


Lc 8,16-18


En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: 'Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará'”.


COMENTARIO


En muchas ocasiones Jesús de una forma que parece no sea fácil de entender. En tales ocasiones corresponde, estar a la voluntad de Dios para comprender qué es lo que el Hijo de Dios ha querido que llegue a nuestro corazón.

En esta ocasión Jesús nos pone sobre aviso acerca de la importancia que tiene para nosotros hacer lo que nos corresponde sin tratar de esconderlo a Dios. Y es que el Todopoderoso conoce hasta lo más recóndito de nuestro corazón.

Jesús nos dice algo que es muy importante y que tiene mucho que ver con la vida eterna: aquel que crea que tiene mucha fe pero lo que tiene es falsificación de la misma, se le quitará eso y a quien tenga, según algunos, poca fe pero mucha en el corazón de Dios se le dará más.





JESÚS, quieres que pongamos sobre la terraza, para que se vea, aquello que es nuestra fe. Ayúdanos a hacer lo que nos corresponde como hermanos tuyos e hijos de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


21 de septiembre de 2014

Dios nos llama siempre



Domingo XXV  del tiempo ordinario


Mt 20,1-16


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: 'El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido’. Ellos fueron.
'Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ‘¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?’. Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña’
'Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: ‘Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros’. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ‘Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’. Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos'”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de San Mateo llega a una conclusión que determina, a la perfección, la voluntad de Dios al respecto de qué es lo que quiere que sus hijos llevemos a cabo en nuestra vida. Ciertamente, es un final algo enigmático pero nadie ha podido defender la especie según la cual la voluntad de Dios sea, siempre, bien entendida.

Dios nos llama a la hora que quiere. De bien temprano en nuestra vida o a medio camino hacia su definitivo Reino. Incluso, al final de una vida alejada del Creador hace un intento de acercanos a Él.

Cumplir con la voluntad de Dios se puede hacer de muchas formas. Ahora bien, una de ellas no es la que se sostiene sobre la envidia o sobre un mejoramiento en la situación personal del prójimo. Eso Dios no puede quererlo.

JESÚS, que los últimos han de ser los primeros tiene un significado grande para los últimos de este mundo. Ayúdanos a no querer de los primeros de entre los nuestros sino estar, siempre, al servicio de nuestro prójimo.




Eleuterio Fernández Guzmán


20 de septiembre de 2014

Dios siembra en nuestro corazón



Sábado XXIV del tiempo ordinario

Lc 8, 4-15

“En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: ‘Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado’. Dicho esto, exclamó: ‘El que tenga oídos para oír, que oiga’.

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: ‘A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
‘La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia’".

COMENTARIO

Dios siembra en el corazón

Jesús nos pone ante los ojos una imagen muy sugerente: Dios, Creador nuestro, pone en nuestro corazón una simiente de gracia y de gloria que quiere que aceptemos porque nos lleva a la vida eterna.

Aceptar la simiente

Ante tal actitud de Dios podemos aceptar lo que el Todopoderoso ha sembrado en nuestro corazón. Es una actitud de buen hijo que supone aceptar la voluntad de Creador y no perdernos por los recovecos del mundo.

No aceptar la simiente

Pero también podemos optar por no aceptar lo que Dios quiere para nosotros. Así nos perdemos y nos alejamos del Creador. El Señor nos da tal posibilidad pero espera de nosotros, hijos suyos, que no caigamos en tal tentación.



JESÚS, la parábola del sembrador nos dice tanto… Ayúdanos a ser buena tierra donde la semilla de Dios entre y germine dando mucho fruto.


Eleuterio Fernández Guzmán