29 de abril de 2014

Cristo bajó del cielo


 Martes II de Pascua


Jn 3,7-15


En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: 'No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu'. Respondió Nicodemo: '¿Cómo puede ser eso?'. Jesús le respondió: Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna'”.


COMENTARIO

Ciertamente Nicodemo estaba muy sorprendido. Aquella conversación con Jesús le estaba dejando más dudas de las que él, como maestro de Israel, era capaz de asumir. Había conceptos que no podía asimilar.

Jesús sabe que nacer de nuevo es posible, sólo, si se entienden lo que eso quiere decir. Aceptar lo que Él dice es tener en el corazón la Palabra de Dios y, por eso mimo, aceptar que es cierto que el Enviado de Dios vino al mundo para transformar los corazones y hacer los que eran viejos quedarán atrás en el tiempo.

Jesús profetiza acerca de lo que será su muerte. En una cruz, levantado como aquella serpiente de Moisés. Y, como aquella serpiente será causa de salvación para quien lo mire y sepa que es el Hijo de Dios y que está muriendo por cada uno de nosotros como, por ejemplo, le pasó a Dimas, el buen ladrón.
JESÚS, Tú eres la salvación del mundo y, en concreto, la de cada uno de nosotros, hermanos tuyos e hijos, todos, de Dios. Ayúdanos a limpiar nuestro corazón de lo que nos sobra y corrompe nuestra vida.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de abril de 2014

Nacer a la nueva vida


Lunes II de Pascua


Jn  3,1-8


Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: 'Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él'. Jesús le respondió: En' verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios'.

Dícele Nicodemo: '¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?'. Respondió Jesús: 'En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu'.


COMENTARIO

Es bien cierto que no todos los que eran bien considerados en la sociedad judía odiaban a Jesús. Nicodemo era un discípulo suyo de los que lo eran en secreto por miedo, eso sí, a los que querían matar al Maestro. Por eso es de suponer que acudiría a Jesús a horas extrañas para formarse en la fe que transmitía.

Jesús sabe que para alcanzar la vida eterna hace falta algo más que quererlo y pedirlo a Dios Padre. En realidad, el nacer de nuevo supone un venir a ser otra persona, espiritualmente hablando. Y eso Nicodemo aún no lo comprende.

Aquel hombre, seguramente de mucha fe en Dios Todopoderoso no acaba de entender que ha dejar, muy y mucho, su antigua fe porque sólo así, acogiéndose al corazón de Jesús, el Enviado e Hijo de Dios, a la verdadera Ley del Padre, alcanzará la tan ansiada vida eterna.


JESÚS, sabes que sólo quien se acerca a Ti con confianza y con fe verá al Padre en las praderas de su Reino. Ayúdanos a no tener duda alguna a tal respecto.





Eleuterio Fernández Guzmán


27 de abril de 2014

Fe, la Fe


Domingo II de Pascua



Jn 20,19-31


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 'La paz con vosotros'. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: 'La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío'. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: 'Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos'». 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: 'Hemos visto al Señor'. Pero él les contestó: 'Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré'.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: 'La paz con vosotros'. Luego dice a Tomás: 'Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente'. Tomás le contestó: 'Señor mío y Dios mío'. Dícele Jesús: 'Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído'.

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

Cuando Jesús se presenta después de su Resurrección dice mucho e importante a los que allí se encuentra, sus apóstoles. Exhala sobre ellos el Espíritu Santo y los envía, al mundo, a proclamar la Buena Noticia que el mundo ha de saber y comprender.

Todos, sin embargo, no lo creen. Tomás, llamado el incrédulo por las mismas palabras de Jesús, tecesita ver y tocar sus heridas. Es hombre de poca fe y necesita signos que le demuestren que, en vedad, Jesús ha resucitado.

Cuando Jesús lo ve no le acusa de nada sino le pide que confirme su fe. Y luego, define la fe de la forma más perfecta que hay: tiene ve el que cree sin ver. Nada de signos necesarios para creer pues basta la misma y propia fe.



JESÚS, cuando te apareces a tus discípulos tras haber venido del mundo de los muertos, alguno de ellos no te cree. Es incrédulo. Ayúdanos a no ser, nosotros, nunca, como Tomás.




Eleuterio Fernández Guzmán


26 de abril de 2014

Enviados





Sábado de la octava de Pascua

Mc 16, 9-15

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’”.

COMENTARIO

Jesús no podía quedar sin comunicar, Él mismo, que se había cumplido, primero, todo lo que estaba escrito y, luego, y por tanto, lo que Él mismo había muchas veces aunque sin la total comprensión por parte de sus oyentes.

Jesús sabe que tienen mucho que aprender sus discípulos más cercanos. Ahora, con su Resurrección, es el momento adecuado (creen porque han visto) y no le parece demasiado bien que no hayan creído a quien sí le habían visto. Tampoco es de extrañar que eso fuera así porque, en efecto, habían entendido poco acerca de lo que supone la resurrección.

Pero Jesús los ama mucho. Por eso los envía al mundo para que el mundo sepa lo que ha pasado con Aquel que vino al mundo, precisamente, a salvar a la humanidad de sus pecados. Deben comunicar la Buena Noticia que es, precisamente, Él mismo.



JESÚS, a pesar de la dureza de corazón de tus apóstoles, los amas con todo tu corazón y los envías a comunicar lo que había pasado… para bien de la humanidad. Ayúdanos a ser, nosotros también, apóstoles de ahora mismo.





Eleuterio Fernández Guzmán


25 de abril de 2014

Dios conoce y sabe


  

Viernes de la octava de Pascua


Jn 21,1-14


En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’. Le contestaron: ‘No’. Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’. Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar’». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Venid y comed’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos”.


COMENTARIO

Al parecer, aquellos que había seguido más de cerca de Jesús habían vuelto a sus antiguos trabajos. Pronto querían que todo lo que había pasado fuera, eso mismo, pasado. Sin embargo, Aquel que los había enseñado tenía, aún mucho que decir.

Jesús, que todo lo sabe, también conoce dónde pescar y, por lo tanto, donde deben dirigirse sus discípulos para atraer hacia sí a quien está alejado de Dios o, simplemente, no lo conoce. Por eso aún tenía mucho que enseñarles.

Los discípulos tienen miedo. A pesar de que se les ha aparecido en otras ocasiones aún no tienen muy claro que sea Jesús quien se les ha presentado. Pero ellos confían, al fin y al cabo, en su Maestro.



JESÚS, conoces todo lo que somos y todo lo que hacemos pero no siempre confiamos en Ti. Ayúdanos no dudar nunca.





Eleuterio Fernández Guzmán


24 de abril de 2014

Resucitó y se presentó





Jueves de la octava de Pascua


Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo’. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de comer?’. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 
Después les dijo: ‘Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’’. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas’”.


COMENTARIO

Los apóstoles no las tenían todas consigo. Cuando ven a Jesús es poco decir que se sintieron sorprendidos. Al parecer aún no habían comprendido eso de que resucitaría al tercer día como había dicho el Maestro.

Jesús tranquiliza a los atribulados testigos de su aparición. Es de carne pero también es de Espíritu. Por eso les pide algo de comer pues así verían que no era un fantasma (como ellos habían creído). Confirma, así, que todo había sido verdad y según lo prometido.

En realidad, todo se ha cumplido. Por eso Jesús les vuelve a decir lo que tantas veces les había dicho: Dios no hace las cosas sin sentido alguno sino, muy al contrario, de acuerdo a su santa y providente voluntad. Y así había sido.


JESÚS, seguramente no daban crédito los que te vieron por primera vez después de tu Resurrección. Ayúdanos a no tener tantas dudas de fe como aquellos otros nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


23 de abril de 2014

Tardos de corazón




Miércoles de la octava de Pascua


Lc 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 

Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’. Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”.


COMENTARIO

Los decepcionados

Muchos de los discípulos de Jesús quedaron, además de tristes por lo que había sucedido con el Maestro, muy decepcionados. Ellos esperaban que el Mesías esperado tuviera un cariz distinto al que había tenido Jesús. No comprendieron mucho de lo que les había pasado.

Lo que debían conocer

Jesús les echa en cara, cuando habla con ellos, que no conocían aquello que estaba escrito, de Él, en las Sagradas Escrituras. Todo apuntaba, exactamente, a lo que le había pasado. Pero ellos tenían el corazón cerrado además de los ojos…

Reconociendo a Cristo

Otra vez un gesto. Necesitan el gesto de partir el pan para reconocer, en aquel hombre al que habían invitado a pasar la noche en su casa, a Jesús. Entonces se dan cuenta de que, en efecto, su corazón ardía cuando les explicaba lo que de Él decían las Escrituras Santas.



JESÚS, aquellos discípulos, que seguro te querían mucho, no alcanzaban a comprender lo que había sucedido. Ayúdanos a no estar tan ciegos como ellos estaban.





Eleuterio Fernández Guzmán


22 de abril de 2014

Jesucristo sale al encuentro


Martes de la octava de Pascua



Jn 20,11-18

En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: 'Mujer, ¿por qué lloras?'. Ella les respondió: 'Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto'. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: 'Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?'. Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: 'Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré'. Jesús le dice: 'María'. Ella se vuelve y le dice en hebreo: 'Rabbuní', que quiere decir 'Maestro''. Dícele Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’'. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras”.

COMENTARIO

María Magdalena quería mucho a Jesús. No extraña, para nada, que vaya al sepulcro y que, además, esté llorando fuera. Pero, cuando ve a los ángeles (que no se ven todos los días) seguramente algo bueno pasó en su corazón.

Aquellos enviados de Dios estaban allí, en cierta manera, para consolar a María Magdalena. Pero ella no los conoce. Es más, luego confunde a Jesús con la persona que trabajaba aquel huerto donde fue enterrado el Maestro. Ella aún no lo ha visto.

Jesús sale al encuentro de María. Podemos imaginar qué pasaría por el corazón de aquella joven cuando voó al Maestro. Entonces Jesús la envía a comunicar la Buena Noticia de su Resurrección. Ella no lo duda y cumple, de inmediato, con aquella tan especial misión.


JESÚS, cuando resucitas sales al encuentro de los que te conocieron. Que nunca se nos olvide que volviste para quedarte para siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán


21 de abril de 2014

Es que el Mal nunca descansa






Lunes de la octava de Pascua


Mt 28,8-15


En aquel tiempo, las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: '¡Dios os guarde!'. Y ellas se acercaron a Él, y abrazándole sus pies, le adoraron. Entonces les dice Jesús: 'No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán'.

Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: 'Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos’. Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones. Ellos tomaron el dinero y procedieron según las' instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy”.



COMENTARIO


Encuentro con Jesús

Las mujeres que se encuentran con Jesús se han de quedar estupefactas. Se han dado cuenta de que todo lo que les había dicho era cierto y verlo supone la confirmación de toda su fe, de toda su creencia en el Maestro y Mesías.

No cesan de perseguir a Cristo

Aquellos que querían matar a Jesús parece que no están conformes, ni siquiera, con la muerte injusta e ilegal que le procuraron. Buscan, además, acallar la verdad.
Lo que ha quedado

Por mucho que se difundiera la verdad según la cual Jesús había resucitado, como muchos habían visto, lo bien cierto es que otros muchos nunca creyeron en la Resurrección de Jesús. Es más, aún, hoy día, muchos no creen en la misma por muchas pruebas que se puedan aportar de ella.



JESÚS, resucitaste para mostar el poder de Dios. Muchos, sin embargo, no creyeron entonces ni creen ahora. Ayúdanos a no estar tan ciegos como ellos.




Eleuterio Fernández Guzmán


20 de abril de 2014

¡Resucitó!







Jn 20. 1-9




El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.


COMENTARIO

María de Magdala quería mucho a Jesús. No es, pues, extraño sino todo lo contrario, que acudiera el domingo a primera hora de la mañana a visitar el sepulcro del Maestro. Y se encuentra con algo terrible: no está el cuerpo de Quien dejaron hace apenas unos días.

Cuando María Magdalena acude corriendo, es de suponer que no fue despacio a comunicar el hallazgo a los apóstoles, aquellos que escuchan adoptan, dos de ellos, una decisión automática: han de ir a ver el sitio donde habían dejado a Jesús.

Que Juan llegara el primero de los dos era de esperar pues era el más joven. Que no entre al ver lo que ve, tampoco es extraño pues quería demasiado a Jesús como para ver lo que no quería ver. Pedro, sin embargo, entra, y ve lo que ha pasado. Luego, el discípulo amado se convence de entrar y cree. Cree porque ha comprendido que todo lo que les había dicho Jesús era cierto.



JESÚS, cuando resucitas muchos no creen lo que han visto. Es cierto que era difícil de entender. Ayúdanos a tener por cierto todo lo que pasó... porque pasó.




Eleuterio Fernández Guzmán


18 de abril de 2014

Gracias Padre

Viernes Santo









Gracias Padre por enviar a Cristo para que fuésemos salvados.

Gracias Padre por admitirnos en tu definitivo Reino tras la muerte de tu Hijo.

Gracias Padre por aceptar la sangre de Jesús como oblación por nosotros.

Gracias Padre por recordarnos, cada Viernes Santo, hasta qué extremo se puede amar. 

Gracias Padre. 






Eleuterio Fernández Guzmán

17 de abril de 2014

Servir



Jueves Santo



Jn 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 

Llega a Simón Pedro; éste le dice: ‘Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?’. Jesús le respondió: ‘Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde’. Le dice Pedro: ‘No me lavarás los pies jamás’. Jesús le respondió: ‘Si no te lavo, no tienes parte conmigo’. Le dice Simón Pedro: ‘Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza’. Jesús le dice: ‘El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos’. 

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros’”.

COMENTARIO


El Mal siempre trabaja

El Demonio no cesa de cumplir su misión. Por eso acosa a Judas hasta que consigue que en el corazón de aquel apóstol que había elegido Jesús entre la idea de que debe entregarlo. Y Judas lo acepta al ver, seguramente, perdidas sus esperanzas de un Mesías guerrero.


Pedro no se conoce a sí mismo

Aquel apóstol que luego negaría tres veces a Jesús no quiere que su Maestro le lave los pies (cosa propia de sirvientes) Sin embargo, el amor que tiene por el Jesús, ante la sola posibilidad de que le dé de lado, le hace exclamar que le lave todo el cuerpo si tal es la volunta del Mesías.


Servir

Aquella noche, con aquel gesto de lavar los pies a los apóstoles, Jesús quiere enseñarles (así lo dice para que le entiendan) que deben servir a los demás. Incluso en aquello, que es materia de esclavos o de los últimos de la casa, deben tener por bueno lo que hacen porque Dios lo ve todo y lo sabe todo.





JESÚS, les das ejemplo a los presentes de qué es lo que debe hacer un discípulo tuyo: servir es la palabra y servicio, el objeto de la vida y existencia de un hijo de Dios. Ayúdanos a servir, ayúdanos a servir.





Eleuterio Fernández Guzmán


16 de abril de 2014

¿No somos cada uno de nosotros?




Miércoles Santo

Mt 26,14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: ‘¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?’. Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. 

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?’. Él les dijo: ‘Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’’. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. 

Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: ‘Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará’. Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ‘¿Acaso soy yo, Señor?’. Él respondió: ‘El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!’. Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ‘¿Soy yo acaso, Rabbí?’. Dícele: ‘Sí, tú lo has dicho’”.

COMENTARIO

Los acontecimientos establecidos por Dios se están desarrollando de una forma precisa. Nada está dejado al azar sino que la voluntad del Creador se está cumpliendo a la perfección. Así, mientras se prepara la última Pascua que Jesús vive con sus discípulos, el Mal hace de las suyas.

La Última Cena, aquella que el Hijo de Dios vivió con sus más allegados, sirvió para mucho. Por ejemplo, para que quien debía entregarlo se manifestase ante todos pero sin que nadie se diera cuenta. Nadie salvo Jesús, claro está.

Judas, que sabía que había vendido al Mesías, pregunta por disimular. Bien sabía lo que había hecho y por eso inquiere de Jesús si es él quien ha hecho lo que ha hecho. Seguramente también escuchó aquello de que quien lo había entregado mejor hubiera sido que no hubiera nacido.




JESÚS, mientras comes la Pascua aquel que te ve a entregar no sabe dónde meterse. Ayúdanos a no ser, en otros sentidos, como lo fue Judas.





Eleuterio Fernández Guzmán


15 de abril de 2014

La terrible tristeza de Pedro


Martes Santo



Jn 13,21-33.36-38

En aquel tiempo, estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: ‘En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará’. Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando’. Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: ‘Señor, ¿quién es?’. Le responde Jesús: ‘Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar’. Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: ‘Lo que vas a hacer, hazlo pronto’. Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta’, o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. 
Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros’. Simón Pedro le dice: ‘Señor, ¿a dónde vas?’. Jesús le respondió: ‘Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde’. Pedro le dice: ‘¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces’”.


COMENTARIO

Es cierto que los que estaban presentes en aquella cena, la Última llamada así por ser, en efecto, la última Pascua que Jesús comió con sus más allegados, no extrañaban las palabras del Maestro. Judas era uno de ellos y no conocían sus verdaderas intenciones.

Jesús sabe, momento a momento, lo que le va a suceder. Por eso les dice a los presentes que, por ahora, no pueden ir donde Él va a ir. Luego, con el paso del tiempo, irán pero ahora, dentro de pocas horas, será el Hijo de Dios quien acuda al Padre.

Pedro se siente valiente. Así, en la cena, contento de estar con el Maestro, es capaz de los más puros pensamientos. Pero Jesús sabe que a lo que dice le podrá, por la fuerza de las circunstancias, la realidad. Pedro, sin duda, debió quedar triste cuando escuchó aquello del Maestro. Seguro, además, que no le creyó.



JESÚS, los que comen contigo aquella Cena esperan lo mejor de Ti y de sus vidas. Sin embargo, no saben siquiera lo mínimo que ha de pasar. Ayúdanos a no olvidar nunca tus palabras entonces y tus hechos, después.





Eleuterio Fernández Guzmán


14 de abril de 2014

A pesar del Mal Jesús no abandona



Lunes Santo


Jn 12,1-11


Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. 
Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: '¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?'. Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: 'Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis'.

Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús”.


COMENTARIO

Las asechanzas del Maligno no paran. Ni siquiera después de haber visto que Jesús resucitaba a Lázaro (con lo que eso supone para un ser humano mortal y para los que ven lo que ha pasado) se dan por vencidos. Es más, ahora hasta quieren matar a Lázaro...

Jesús acude a casa de sus amigos. Lo que hace María, gozosa de tener como amigo a un tal Amigo, no puede, por menos, que hacer algo considerado como bueno: ungir con un perfume a Jesús. Pero el Enemigo, que siempre acecha, tienta a Judas.

Jesús, que sabe todo lo que va a pasar, acepta de buen grado aquello que hace María. Ella misma acudirá, el domingo, al lugar donde Cristo está enterrado, seguramente para terminar de preparar el cadáver del Maestro. Aquel perfume era una mera anticipación de lo que luego pasaría.


JESÚS, cuando los egoístas mundanos quieren matarte porque no les gusta nada de nada lo que dices y lo que haces (¡lo que haces!) algunos acuden para verte. Ayúdanos a buscarte siempre y a no abandonarte nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán