7 de marzo de 2013

Que sople el Espíritu






La Iglesia que fundó Cristo, la católica, se encuentra en uno de esos momentos de su historia en los que es mejor aguantar la respiración del corazón el tiempo que sea necesario para que, quien corresponda, haga lo que tenga que hacer.

La Sede, como se sabe, está Vacante o, lo que es lo mismo, ahora mismo nadie ocupa la silla de San Pedro y el Vicariato de Cristo no lo desempeña ningún creyente católico.

Esto, es lo cierto, es lo normal que se produzca cuando muere un Papa o cuando, como ha sucedido ahora, el Santo Padre ha tomado la decisión, seguro que orando antes mucho y encomendándose a Dios Padre Todopoderoso, de retirarse a un monasterio a orar por la humanidad y, claro, por sí mismo.

Ahora, por eso mismo, estamos a la espera de que se decida cuándo va a ser el Cónclave en el que se elegirá el nuevo Papa de la Esposa de Cristo. Estamos a la espera sabiendo que la decisión la tomaran los cardenales cuando tengan que tomarla y que es lo nuestro pedir a Dios por el hecho mismo de ser tomada y, luego, por lo que tenga que venir.

En el momento en el que se cierre la puerta de la Capilla Sixtina y los cardenales se sienten en sus asientos y empiecen las votaciones que tengan que llevarse a cabo, entrará en liza Alguien en el que muchos no creen y en el que otros tantos piensan que poco tiene que hacer aquí: el Espíritu Santo.

La Tercera Persona de la Santísima Trinidad nos acompaña, como dijo Jesús a sus discípulos, enseñándonos sobre lo bueno y sobre lo malo. También tiene mucho que decir al corazón de cada uno de los cardenales que están legitimados para elegir al nuevo Papa.

El Espíritu Santo, como sabemos, sopla donde quiere pero seguro que ahora tiene que soplar entre las paredes de la famosa Capilla donde, por tradición, es el lugar escogido para llevar a cabo la votación y para que se transmita a la humanidad entera (no sólo a la católica) a través del ya más que conocido humo (blanco o negro según vayan siendo las votaciones) que la Iglesia católica tiene nuevo Papa.

Por eso conviene dejar tranquilo al Espíritu de Dios porque sabe mucho mejor que nosotros, incluso que los más inteligentes teólogos o cardenales, lo que es importante, en este momento histórico, para la Iglesia católica. Por lo tanto, es mucho mejor dejar de hacer las listas de papables, de aquellos que pueden o no optar a ocupar la silla de Pedro. Ya dirá el Espíritu Santo lo que Dios quiere. Lo demás, con franqueza lo digo, es un puro pasar el tiempo y, además, una pérdida absoluta de esfuerzo que no servirá, además, para nada.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Estar con Cristo siempre








Lc 11,14-23

“En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’.”

COMENTARIO

Era de esperar que aquellos que perseguían a Jesús para denunciarlo por haber incumplido alguno de los muchos preceptos que habían introducido en la Ley de Dios esperaran cualquier ocasión para ponerlo en evidencia. Y aquella era una muy buena: expulsa a un demonio y ellos dice que es porque es enviado del Maligno.

Jesús sabe que hemos de tener un corazón fuerte contra las asechanzas del Mal que, continuamente busca enfrentarnos con Dios. Quien no actúa de tal forma, perderá, seguramente, su vida y, sobre todo, la que es eterna.

Jesús dice algo que es muy importante: hay que estar al lado del Hijo de Dios porque, de otra forma, nos perderemos para siempre. Además, estar a su lado ha de querer decir, quiere decir, hacer como Él hace y, al fin y al cabo, atraer hacia el Reino de Dios a los que están alejados del mismo.

JESÚS, hay que estar contigo siempre. El caso es que, muchas veces, lo olvidamos. 

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de marzo de 2013

Cumplir con la Ley de Dios



  
Miércoles III de Cuaresma

Mt 5,17-19

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.


COMENTARIO

Muchos había en la época de Jesús que tenían por cierto que el Mesías tenía que venir a destruir al enemigo del pueblo judío y que, en fin, iba a haber tabla rasa con todo lo que había entonces. Querían una especie de revolución.

Jesús, sin embargo, había venido a hacer que la Ley de Dios se cumpliese de forma exacta y que no hubiese más tergiversación de la misma. Es más, nada de lo establecido por Dios podía dejar de cumplirse ni se dejaría de cumplir porque era voluntad del Creador.

Lo que, en realidad, hay que llevar a cabo, es cumplir la voluntad de Dios y enseñar que eso es lo que hay que hacer. Otra forma de comportarse supone alejarse de lo que el Todopoderoso quiere para nosotros y es, además, una forma muy poco filial de comportarse.



JESÚS, el cumplimiento de la voluntad de Dios es lo más importante para nosotros, su creación. Sin embargo, lo olvidamos demasiadas veces.




Eleuterio Fernández Guzmán


3 de marzo de 2013

Estar, verdaderamente, cerca de Dios



Domingo III (C) de Cuaresma

Lc 13,1-9


“En aquel tiempo, llegaron algunos que contaron a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.



Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’’”.




COMENTARIO

Una cosa es lo que creemos que es bueno para nosotros y otra, muy distinta, la que es, en efecto, bueno para Dios. Nosotros estamos en la seguridad de que hacemos lo que debemos pero en demasiadas ocasiones nos equivocamos.

En realidad, la voluntad de Dios no es que pequemos sino, todo lo contrario, que estemos de acuerdo con lo que el Creador quiere que hagamos. No guarda, pues, relación lo que nos pasa con el hecho de que Dios quiera algo malo para nosotros porque no puede ser cierto que el Creador quiera nada malo para sus hijos.

Espera, Dios, a pesar de lo que hacemos que volvamos a Él nuestra existencia y nuestra vida. Tiene paciencia con nosotros porque sabe que siempre estamos a tiempo de volver a Él pues nunca  nos deja por imposibles.  

  
JESÚS,  siempre  nos recomiendas que estemos cerca de Dios porque el Padre, nuestro Creador, siempre nos espera. Nosotros, sin embargo, en demasiadas ocasiones puede dar la impresión de que no lo creemos.



Eleuterio Fernández Guzmán


2 de marzo de 2013

Dios siempre nos quiere a su lado



Sábado II de Cuaresma

Lc 15,1-3.11-32

"En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’’”.


COMENTARIO

Jesús, con aquella parábola, nos pone a Dios como un Padre Bueno y Misericordioso que no duda en acogernos en su corazón cuando nos hemos alejado de Él y queremos volver a su seno eterno.

Aquel hombre quería mucho a sus hijos. Tanto es así que permitió que uno de ellos se marchara de su lado con la herencia que le correspondía. Podemos imaginar la tristeza de aquel hombre y la desazón en su corazón.

Viene el arrepentimiento. Así como aquel hijo se arrepintió de lo que había hecho, así nosotros mismos debemos arrepentirnos de habernos alejado de Dios (si lo hemos hecho, claro) y pedir al Padre que nos perdone porque hemos sido pecadores. Así.


JESÚS, aquellos que somos tus discípulos sabemos que Dios, nuestro Creador, siempre nos quiere a su lado y que siempre nos espera. Es una pena que, por egoísmo o por soberbia, muchas veces no nos demos cuenta.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de marzo de 2013

La verdadera piedra angular




  
Viernes II de Cuaresma


Mt 21,33-43.45-46

”En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’.

Dícenle: ‘A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo’. Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos’.

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.


COMENTARIO

Muchos de los que escuchaban a Jesús no lo querían ni sentían nada especial bueno hacia Él. Esperaban el momento para acusarlo de alguna actuación contra a la ley. Por eso cuando escuchan aquella parábola de los labradores que matan a los enviados por el dueño del campo les parece que se refiere a ellos mismos que, a lo largo de los siglos, han matado a muchos de los profetas de Dios.

Seguramente, lo que menos les gustaba escuchar era que por causa de su comportamiento Dios les quitara el Reino, Su Reino, y se lo diera a quien, en verdad, tuviera fe. Les acusaba, por eso mismo, de no tener, en verdad, fe alguna. Y eso les enfadaba mucho.

Jesús sabe que Él mismo es la piedra angular sobre la que se construirá la nueva Iglesia, la Iglesia católica. Por eso no duda en proclamar que lo que han desechado, lo que van a desechar ellos mismos será lo que acabe venciendo.


JESÚS, eres la piedra sobre la que se construye el mundo, la roca sobre la que crecer arraigados a la fe. Por eso es triste que, en demasiadas ocasiones, estemos tan ciegos al respecto de ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de febrero de 2013

Hasta siempre


           
Pablo Cabellos Llorente








¿Cómo se despide a un padre que, sin haber fallecido, promete estar siempre cerca de nosotros, pero escondido para el mundo? Es tan fiel a su conciencia que muy posiblemente apenas lo veamos. ¡Qué poco entiende a ese Padre quien lo sospecha  vigilante del heredero! Aunque sin los parámetros de la fe y de un serio conocimiento del Papa, con los esquemas usuales, no se comprende apenas a Benedicto XVI, ni antes ni ahora. ¿Alguien ha pensado en el martirio de la humildad?, ¿en el sacrificio de no ver más a quienes ama intensamente?

Con  mirada cristiana -o simplemente de hombre honrado- nunca calibraremos la hondura de su aseveración al comparecer tras la fumata blanca: un simple y humilde trabajador en la viña del Señor. Como tal ha vivido su pontificado y de igual modo se aparta. Pero hay que subrayar con Machado que es un hombre bueno en el buen sentido de la palabra, es decir, un simple y humilde trabajador, porque ha servido sencillamente a un nivel altísimo. No podemos pensar en un siervo gris, descolorido, sin valor, sino en un hombre tierno y fuerte, sencillo e inteligente, amable y riguroso, paciente y valeroso. Así son los grandes hombres, así son los limpios de corazón.

Cervantes señaló: el agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras. Nuestro  reconocimiento a su figura frágil y gigante no puede ser mero recuerdo entrañable, sino el hondo aprovechamiento de su espiritualidad profunda, de su doctrina lúcida, de su gobierno paternal, de su apertura al mundo manifestada, desde los años de perito conciliar, en su empeño por el diálogo Razón-Fe,  Ciencia-Revelación, Iglesia-Mundo. También en su trato con las confesiones cristianas, otros creyentes e increyentes. El conocido coloquio con Habermas  es buena muestra del acercamiento de  distancias procurado con todos. Su honradez estudiando propuestas controvertidas es ejemplar. No desdeñó los opuestos: escuchó y estudió y respondió.

Como corresponde al sucesor de Pedro, sin cesiones doctrinales, sin temblarle la mano ante problemas muy desagradables que afrontó. Pero no sólo intramuros de la Iglesia, sino cuando ha plantado cara al relativismo o al laicismo, al uso de la religión para utilidad temporal e incluso como alegato para matar: así lo formuló de modo magistral en Ratisbona. Ha planteado a los católicos  con especial ahínco el tema de la unidad el pasado Miércoles de Ceniza y en otras muchas ocasiones. Evocando constantemente que la misión de la Iglesia es esencialmente santificadora -servicio de la Caridad incluido, siempre en relación con la verdad-, ha reafirmado también su papel de ayuda para purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos, como indicó en Westminster Hall.

Porque no sé cómo se despide a un padre que no ha muerto, ni adivino el dolor de ese padre, ni si estas líneas son certeras. No obstante, quedarían cojas si no recordara su insistencia para invitarnos a releer y vivir el Concilio Vaticano II sin las convulsiones del denominado postconcilio. En la reunión del pasado día 14 con los sacerdotes romanos, en improvisada y paternal tertulia, se refirió largamente a distintos aspectos del concilio, pero realzó  el concepto de comunión -ahí está el cimiento de la unidad- que se ha convertido progresivamente en expresión de la esencia de la Iglesia, comunión en las diversas dimensiones: con el Dios Trinitario -Él mismo es comunión entre Padre, Hijo y Espíritu Santo-, comunión sacramental, comunión concreta en el episcopado y en la vida de la Iglesia.

Trató de otras herencias del concilio, pero bastaría vivir hondamente esta misteriosa comunión, un concepto íntimo, capital y difícil de expresar. Cimenta la unidad, pero es más. Expresado en modo no técnico e imperfecto, es la realidad de los vasos comunicantes en su más alto grado, una especie de fusión, de entrelazamiento misterioso entre todo el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, un organismo vivo  del que todos somos  parte. Escribió san Pablo: nosotros, que somos muchos, formamos en Cristo un solo cuerpo.

Repasó ampliamente el Vaticano II, subvertido por lo que calificó de concilio virtual, el del maltrato de la liturgia y los sacramentos, del intento para mudar la moral, etc. Afirmaba que nos corresponde continuar cambiando aquel concilio virtual por el real, para ejecutar, con la fuerza del Espíritu Santo, la verdadera renovación de la Iglesia, la tarea de todos, "para que nadie se vuelva perezoso en la fe". Su última audiencia pública ha sido a corazón abierto, con la emoción contenida, pero aportando su fe y agradecimiento  porque la Barca de Pedro está gobernada por Dios. Hemos visto  su conmovedora paternidad con todos.

Estas palabras no son un adiós, sino un hasta siempre, Benedicto XVI, con la disposición valiente de ser fieles a un Papa que -como sus predecesores, gracias a Dios-  lo ha dado todo por la Iglesia. Parafraseándole su declaración de renuncia, bien podemos decirle: Queridísimo Santo Padre, te damos las gracias de todo corazón por el peso que has llevado con tu ministerio, y te pedimos perdón por nuestros defectos.

P. Pablo Cabellos Llorente

Publicado en www.lasprovincias.es

Saber lo que debemos hacer



Jueves II de Cuaresma

Lc 16, 19-31

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’”.



COMENTARIO

A lo mejor, casi seguro o, seguramente, esto es cierto, el ser humano no espiritual (y sólo carnal) no tiene muy en cuenta a su prójimo. Embebido en sus cosas nada le importa de lo que pasa a su alrededor pues ya tiene bastante, piensa, con lo suyo.

Si hay algo que Dios no puede querer de ninguna de las maneras es la falta de misericordia con el prójimo porque todos somos sus hijos y, por eso mismo, no hacer el bien cuando se puede hacer es un pecado grave de toda gravedad que se ha tener en cuenta cuando corresponda tenerlo en cuenta.

Lázaro subió al seno de Abrahám no porque fuera pobre pues podía haber sido un pobre malvado. Como lo no fue sino que se limitó a pedir el auxilio de quien podía dárselo, Dios le premió con la vida eterna. Y a Epulón… ya sabemos qué le pasó.


JESÚS, tener en cuenta a quien necesita ayuda es muy importante para Dios y para nosotros. Sin embargo, en demasiadas ocasiones hacemos como si eso no fuera con nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


27 de febrero de 2013

Saber quienes somos





Miércoles II de Cuaresma


Mt 20,17-28

“En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’.

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que tenía que ir preparando a sus más cercanos discípulos acerca de lo que tenía que venir y que no era otra cosa que su muerte y muerte en cruz. Seguramente no entendieron, en un principio lo que les quería decir.

Algunos de ellos le piden a Jesús tener un lugar privilegiado a su lado. Ellos, sin embargo, que reciben de el Maestro la noticia de que sufrirán una muerte muy parecida a la de El mismo, les hace ver que, incluso así muriendo, el lugar en el Reino de Dios lo asigna el Creador.

El último será el primero en el Reino de Dios. Con esto, Jesús les quiere hacer ver que el servicio, la entrega por los demás, es de crucial importancia para encontrarse, de verdad, en el Reino de Dios. Han, hemos, de comprender, que como hizo Jesús mismo, aquellos que nos hacemos llamar discípulos suyos debemos tener el darse como principal objetivo de nuestra vida.

JESÚS, los que te siguen han de auxiliarse unos a otros. Tal forma de comportamiento ha de ser entendida como elemento de santificación. Por eso, seguramente, no somos tan santos como deberíamos.




Eleuterio Fernández Guzmán


26 de febrero de 2013

Hacer lo que debemos hacer




Martes II de Cuaresma

Mt 23,  1-12

“En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Doctores’, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que una cosa era lo que decían los Maestros de la Ley y otra, muy distinta, lo que hacía. Aquellos que le escuchaban debían saber que la Ley de Dios, dicha por boca de sus Maestros, estaba en el lugar donde tenía que estar.

Aquellos que dicen una cosa y hacen otra muy distinta es la que hacen han de estar muy mal vistos por Dios. Si tales personas son las que deben dirigir al pueblo del Creador, la cosa se pone muy peligrosa para ellos y, seguramente, para sus dirigidos.

Jesús nos recomienda que tengamos por Padre a Quien es Padre y que lo tengamos como ejemplo de cómo debemos comportarnos y hacía dónde debemos mirar. Otra cosa es tergiversar, seguramente, su Ley y hacerla a nuestro gusto particular.




JESÚS, sabes que los que enseñan la Ley de Dios actúan, muchas veces, contra ella. Eso es lo que, en demasiadas ocasiones, hacemos nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de febrero de 2013

Lo que Dios quiere





Lunes II de Cuaresma

Lc 6,36-38

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.

COMENTARIO

Jesús, en cada conversación que tenía con aquellos que le seguían pronunciaba la Verdad de Dios. La misma, seguramente, no acordaba mucho con aquello que la gente creía acerca de la norma divina. Él, sin embargo, había venido a que se cumpliera hasta el último acento de la Ley.

Muchas cosas buenas dice Jesús en la conversación que nos trae el evangelio del médico evangelista. No juzgar porque estamos demasiado acostumbrados a hacerlo: perdona porque estamos demasiado acostumbrados a no hacerlo; dar para que se nos dé por Dios Nuestro Señor...

Lo que hagamos, nos quiere decir Jesús, será lo que luego obtengamos en la vida eterna. Nos lo dice con total claridad y, por eso mismo, estamos a tiempo de no perder el que nos corresponda ganar en la vida eterna.


JESÚS,  cuando nos dices lo que tenemos que hacer lo haces por nuestro bien: que perdonemos, que no juzguemos y, en fin, que seamos buenos hijos de Dios. Sin embargo, demasiadas veces lo olvidamos.



Eleuterio Fernández Guzmán


22 de febrero de 2013

Saber Quién es Cristo



Mt 16,13-19

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’.

Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.

COMENTARIO

Jesús pregunta a sus apóstoles acerca de quién cree la gente que es Él. Por lo general, existe un gran despiste entre sus contemporáneos. Parece que no han comprendido que es el Hijo de Dios enviado por Dios para salvar al mundo que tanto había esperado el pueblo judío.

Simón, luego Pedro, sabe quién es Jesús. Por eso lo dice sin temor a equivocarse. Le ha inspirado el Espíritu Santo y por edo ha dicho que es el Hijo de Dios quien le pregunta. Eso le vale una alabanza de parte de Jesús: ha sabido aceptar al Espíritu Santo aquel hombre que luego le negaría.

Jesús hace algo muy importante: entrega las llaves del Reino de los Cielos a Pedro. Sobre él ha de edificar Jesús su Iglesia y, por eso mismo, otorga un poder muy especial a aquel hombre: el de atar y desatar. Todo quedará, en el cielo, como él haga en la tierra.


JESÚS, a Simón, a quien cambias el nombre por el de Pedro, le entregas las llaves de la Iglesia. Él, que supo reconocerte y, luego, negarte… Por eso es tan triste que nosotros, muchas veces, no cesemos de negarte en el mundo.




Eleuterio Fernández Guzmán


20 de febrero de 2013

Creer en Cristo por ser Cristo



 Miércoles I de Cuaresma


Lc 11,29-32

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO

Jesús tiene que predicar la Verdad y llevar al mundo la enseñanza divina que tiene a Dios como único Dios y Creador Todopoderoso. Lo que hace, pues, Jesucristo, no es más que cumplir la misión que tiene encomendada y cumplir con la voluntad de Dios.

A muchos de lo que le escuchan sólo les son de su gusto las señales que demuestren que lo que se dice es verdad o que apoyen una doctrina. Sin embargo, Jesús sabe que ni siquiera así creerán porque están muy apartados del camino que lleva al definitivo Reino de Dios.

Aquellos, por otra parte, que para el pueblo judío no son considerados dignos de recibir el Amor de Dios serán los que, cuando llegue el momento, juzgarán lo hecho por el pueblo elegido por el Creador. Tales pueblos acabarán siendo más importantes que el mismísimo pueblo judío.



JESÚS, los que te escuchan, muchos de ellos, prefieren ver hechos extraordinarios. Les gusta lo nuevo, lo más actual, lo mundano. Y así es como nosotros nos comportamos demasiadas veces.




Eleuterio Fernández Guzmán


19 de febrero de 2013

Dios Padre, Padre nuestro




Martes I de Cuaresma

Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Era lógico que los discípulos, viendo a Jesús en un estado de oración tan profundo, quisieran que les enseñaran aquello que hacía, cómo se dirigía a Dios su Padre. Querían, al menos, imitar su actitud profunda de oración.

La oración que les enseña no pretende ser ostentosa ni está compuesta por un sinfín de palabras. El Padre nuestro es esencial y elemental para el discípulo de Cristo y, así, para el hijo de Dios. Enseña lo necesario para saber cuál es la voluntad de Dios.

En la oración enseñada por Cristo pedimos lo que es importante para nosotros y, también, lo que esperamos de Dios. Le pedimos lo que, en general, necesitamos aunque a veces no demos muestras de excesivo respeto hacia tales peticiones.



JESÚS, la oración que les enseñaste a los que te preguntaban es la misma que, muchos siglos después, proclamamos desde nuestro corazón tus discípulos. A veces, sin embargo, no parece que lo sintamos tanto como decimos.




Eleuterio Fernández Guzmán


18 de febrero de 2013

Seremos medidos según hagamos






Lunes I de Cuaresma

Mt 25,31-46

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.



‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna’”.


COMENTARIO

A lo largo de su predicación, Jesús hizo muchas referencias escatológicas porque había venido, precisamente, a procurar la salvación eterna todo aquel que creyese que era el Hijo de Dios y que había sido enviado por el Padre.

Según hagamos, así seremos medidos cuando nos presentemos ante Dios. Pero después, cuando el Creador quiera, se producirá la segunda venida de Jesucristo. Lo hará en gloria y entonces unos serán destinados al cielo eterno y otros la fuego eterno.

Jesús nos pone sobre la pista de qué tenemos que hacer ahora mismo, mientras aquí estamos. Ayudar a quien lo necesita y ser, así, misericordiosos, es una recomendación directa del Hijo de Dios. Actuar de otra forma no os procurará nada bueno cuando sea la resurrección de los muertos.

JESÚS,  sabes que es muy importante que comprendamos que debemos salvarnos. Nosotros, sin embargo, en demasiadas ocasiones hacemos como si eso no se refiriera a nuestra existencia definitiva, la eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán


17 de febrero de 2013

Encíclicas del Beato Juan Pablo II: Redemptoris mater

ELEUTERIO 






Es más que conocido y sabido que el Beato Juan Pablo II era profundamente mariano y que sentía un amor por la Madre de Dios no fuera de lo común sino, más concretamente, dentro de lo más común de los creyentes católicos. Sin embargo, siendo como era un intelectual de gran talla sabía decir las cosas, también en este tema, de una forma especial y nos ponía sobre la pista de muchas realidades en las que, simplemente, no caíamos los simples creyentes.   

Algo así hace con su Encíclica Redemptoris mater, dada a la luz pública el 25 de marzo del año 1987. Lo hace desde el comienzo de la misma cuando dice (1) que “La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvación, porque  ‘al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, para que recibieran la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!’ (Gál 4, 4-6)”.

La Madre de Dios es, además, instrumento espiritual en manos de Dios que juega un papel muy importante en el misterio de su Hijo Jesús, Hijo de Dios y hermano nuestro. Por eso (8) “María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través de este acontecimiento: la anunciación del ángel. Acontece en Nazaret, en circunstancias concretas de la historia de Israel, el primer pueblo destinatario de las promesas de Dios. El mensajero divino dice a la Virgen: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’ (Lc 1, 28). María  ‘se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo’ (Lc 1, 29). Qué significarían aquellas extraordinarias palabras y, en concreto, la expresión ‘llena de gracia’ (Kejaritoméne)”.

Y luego, María, da su visto bueno, su fiat, a lo que hace ver el Ángel Gabriel. Ella, la Madre, manifiesta un acuerdo total con la voluntad de Dios porque a ella se debe desde que nació y desde que decidió que sería, para siempre, hija del Creador con conciencia de serlo.

En efecto (13), “en la Anunciación María se ha abandonado en Dios completamente, manifestando  ‘la obediencia de la fe’ a aquel que le hablaba a través de su mensajero y prestando  ‘el homenaje del entendimiento y de la voluntad’. Ha respondido, por tanto, con todo su  ‘yo’ humano, femenino, y en esta respuesta de fe estaban contenidas una cooperación perfecta con  ‘la gracia de Dios que previene y socorre’ y una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo”.

Por eso la Virgen María, Madre del Hijo de Dios que daría a luz a la Iglesia para que su misión continuara llevándose a cabo por sus apóstoles y, luego, por los sucesores de los mismos y por el mismo vicario de Cristo (Pedro el primero de ellos) debía estar, tenía que estar, estuvo y está, en el centro de la Iglesia que peregrina hacia el definitivo Reino de Dios. Por eso  (35) “La Virgen Madre está constantemente presente en este camino de fe del Pueblo de Dios hacia la luz. Lo demuestra de modo especial el cántico del Magníficat que, salido de la fe profunda de María en la visitación, no deja de vibrar en el corazón de la Iglesia a través de los siglos. Lo prueba su recitación diaria en la liturgia de las Vísperas y en otros muchos momentos de devoción tanto personal como comunitaria.

‘Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre (Lc 1, 46-55)”..

María, pues, aquella joven que dijo sí sometiéndose gozosa y voluntariamente a la voluntad de Dios, supo estar donde le correspondía estar tras la muerte de Jesús, su hijo. Fue centro de la Iglesia naciente y, desde entonces, centro de la que peregrina.

Y es que María es mediadora y de su mediación esperamos la comprensión de Dios a nuestras flaquezas y el perdón de Cristo a nuestras caídas. Lo bien cierto es que (39) “En el caso de María se trata de una mediación especial y excepcional, basada sobre su  ‘plenitud de gracia’, que se traducirá en la plena disponibilidad de la  ‘esclava del Señor’. Jesucristo, como respuesta a esta disponibilidad interior de su Madre, la preparaba cada vez más a ser para los hombres  ‘madre en el orden de la gracia’. Esto indican, al menos de manera indirecta, algunos detalles anotados por los Sinópticos (cf. Lc 11, 28; 8, 20-21; Mc 3, 32-35; Mt 12, 47-50) y más aún por el Evangelio de Juan (cf. 2, 1-12; 19, 25-27), que ya he puesto de relieve. A este respecto, son particularmente elocuentes las palabras, pronunciadas por Jesús en la Cruz, relativas a María y a Juan”.

María, aquella casi niña que concibió por obra del Espíritu Santo, está a nuestro lado porque una madre nunca abandona a sus hijos. Y ella, en nuestro mundo, nos ampara y en nuestro porvenir sueña como mejor sabe quien supo decir sí a Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Análisis Digital