29 de diciembre de 2020

Se presenta otra vez al mundo el Hijo

Lc 2, 22-25

"Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.


Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 'Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.'


Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: 'Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.'"


COMENTARIO

El episodio de la purificación nos muestra con bastante exactitud la actitud de muchos de los contemporáneos del Hijo de Dios. Y es que es fácil apreciar una forma y otra de hacer las cosas no siempre de acuerdo a la Voluntad de Dios.

Aquellos dos ancianos esperaban la salvación de Dios y se dan cuenta de que ha llegado; aquellos padres, José y María, cumplen con la ley establecida para aquellos casos.

El caso es que mucho queda dicho: muchos se opondrán al Niño cuando y ano lo sea; otros se pondrán a su favor; y a María algo muy grave le ha de suceder para que Simeón se exprese como se expresa sobre la espada que iba a atravesarle el corazón. 


JESÚS, gracias por cumplir siempre con la Voluntad de tu Padre. 


Eleuterio Fernández Guzmán

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