Lc 19, 45-48
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras."
Lc 19, 45-48
Lc 19, 41-44
Lc 19,11-28
"En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: ‘Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.
'Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.
'Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’'.
Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén."
COMENTARIO
Dios nos da talentos. Quiere que hagamos uso de ellos porque, en verdad, nos los da en beneficio de nuestras personas y, claro está, también en beneficio de nuestro prójimo.
A cada cual nos da una serie de dones y talentos que podemos hacer fructificar o no. Está de nuestro lado tal opción pues el Creador nunca obliga a hacer uso de ellos aunque, es de creer, que se apena porque no hagamos el correcto uso de los mismos.
Este texto puede parecer terrible porque pudiera dar la impresión de que Dios es uno que lo es terrible. Sin embargo, es a nosotros a quien corresponde situarse en un lado o en otro de su vida y su Amor.
JESÚS, ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 17, 20-25
Lc 15,1-10
“En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a
Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Éste
acoge a los pecadores y come con ellos’.
Entonces les dijo esta parábola. ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si
pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar
la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone
contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos,
y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había
perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo
pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad
de conversión.
‘O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde
una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que
la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice:
‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo
modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador
que se convierta’”.
COMENTARIO
Es muy cierto que, en tiempos de Jesús, había muchos que se decían
maestros y gustaban de ser escuchados por otros como ellos. Sin embargo, Jesús
no había venido al mundo a ser llamado bueno sin serlo sino, al contrario, a
ser bueno y así ser llamado.
A Jesús, sin embargo, muchos no creían en lo que predicaba. Y
murmuraban porque veían como se acercaba mucho a los considerados pecadores. El
caso es que Jesús había venido a salvar a los que muchos consideraban perdidos.
Jesús pone ejemplos. Aquella manera de enseñar era la que
comprendían los hombres de su tiempo. Y los ejemplos que pone les dicen algo
muy importante: hay que salvar lo que está perdido pues, de otra manera, ¿qué
mérito se tiene?
JESÚS, ayúdanos tener en cuenta lo que, de verdad, importa en
nuestra vida.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 14, 25-33
"En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y
volviéndose les dijo: 'Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su
madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su
propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos
de mí, no puede ser discípulo mío.
'Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero
a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo
puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a
burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué
rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si
con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si
no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de
paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus
bienes, no puede ser discípulo mío'".
COMENTARIO
Jesús sabe que es muy importante
seguirle pero también reconoce que es muy difícil. Sin embargo, propone el
seguimiento total y sin tener en cuenta lo que se ha sido hasta entonces.
Es lógico y humano pensar que nosotros
tenemos apego a lo que es nuestro. Por eso, no sólo nuestra familia sino
también nuestros bienes nos atraen y, muchas veces, nos alejan de Dios. Jesús
no quiere que eso siga siendo así si es que queremos ser sus discípulos.
Jesús, en esto, es totalmente radical
porque sabe que no hacerlo así supondría estar engañándolo y eso es lo mismo
que hacerlo con Dios. Tal radicalidad es, además, garantía de ganancia de la
vida eterna.
JESÚS, ayúdanos a seguirte de la
forma que Tú demandas.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 13, 18-.21
Mc 10, 46-52
Lc 12, 54-59
Lc 12, 49-53
Lc 12, 35-38
Lc 10, 1-9
Lc 11, 47-54
Lc 11, 42-26
Mt 11, 25-30
Lc 11, 15-26
Lc 11, 1-4
Mc 10, 2-16
Mt 7, 7-11
Lc 10, 13-16