25 de septiembre de 2021
Querer saber
24 de septiembre de 2021
¿Quién es Cristo para nosotros?
23 de septiembre de 2021
Querer ver a Cristo
Lc 9, 7-9
22 de septiembre de 2021
Proclamar el Reino de Dios
"Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para sanar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: 'No lleven nada para el camino, ni bastón, ni provisiones, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos'”.
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos en todas partes.
21 de septiembre de 2021
Los consejos fuertes de Dios
Mt 9, 9-13
20 de septiembre de 2021
Que no quede nada oculto
Lc 8, 16, 18
“Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o
la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los
que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada
secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís;
porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le
quitará.”
COMENTARIO
De lo mucho que el Hijo de Dios dijo a lo
largo de su vida, hay algo que nunca deberíamos olvidar porque tiene que ver
con nuestra salvación eterna porque nada de lo que hacemos deja de tener
trascendencia para la misma.
Dios, que todo lo sabe, nos ha dado
gratuitamente muchos dones y bienes que no pueden quedar ciegos. También nos ha
dado su Palabra que no podemos tener egoístamente sino, al contrario,
transmitirla en la medida de nuestras posibilidades.
Y algo más que es crucial. Y es Cristo
sabe que hay muchos hermanos suyos que creen tener una gran fe cuando, en
realidad, son nidos hipócritas y sepulcros blanqueados. Y a esos todo se le
quitará…
JESÚS, ayúdanos a
tener una fe firme y franca.
Eleuterio Fernández Guzmán
19 de septiembre de 2021
Ser como un niño
Mc 9, 30-37
“30 Y
saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, 31
porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será
entregado en manos de los hombres; le
matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.’ 32 Pero ellos no entendían lo que les decía y
temían preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba:
‘¿De qué discutíais por el camino?’ 34 Ellos callaron, pues por el camino
habían discutido entre sí quién era el mayor. 35 Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere
ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.’ 36 Y tomando un
niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: 37
‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me
reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.’”
COMENTARIO
Tampoco
debería extrañarnos que aquellos hombres, que apenas habían entendido nada de
lo que les estaba enseñando el Hijo de Dios, tampoco comprendiesen aquello de
que su Maestro iba a morir y luego a resucitar.
Al
contrario era la verdad: no entendían casi nada y lo único que les preocupaba era
saber, por decirlo pronto, quién era el primero de ellos porque querían el poder
que ellos entendían que eso suponía.
Sin
embargo, las cosas no iban por ese camino sino que, al contrario, debían ser
como niños si es que querían ser recibidos por Dios. Y ellos, seguros estamos
de eso, aún se extrañaron más que Cristo les hablara así de aquellas personas,
los niños, a los que ellos consideraban tan poca cosa…
JESÚS, gracias por poner las cosas en su sitio.
Eleuterio Fernández Guzmán
18 de septiembre de 2021
Salió el sembrador…
Lc 8, 4-8.11-15
17 de septiembre de 2021
Aquellas mujeres
16 de septiembre de 2021
La fe mueve corazones
Lc 7, 36-38.41-50
15 de septiembre de 2021
Y nos la dio por Madre
Jn 19,25-27
14 de septiembre de 2021
Para que el mundo se salve
Jn 3, 13-17
13 de septiembre de 2021
La fe mueve corazones
Lc 7, 1-10
“Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un
sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído
hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar
a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia,
diciéndole: ‘Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y
nos ha construido la sinagoga’. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca
de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: ‘Señor, no te
molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré
digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente
se sanará. Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo
soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él
viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace”. Al
oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo
seguía, dijo: ‘Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”’
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente
completamente sano.”
COMENTARIO
El
caso de aquel centurión que pide, con toda humildad y fe, es síntoma de lo que
debe hacer un creyente y que no es otra cosa que creer. Y es que aquel hombre confiaba
en el Maestro de Nazaret y sólo podía esperar algo bueno de su ser y actuar.
Este
texto del Evangelio de San Lucas es un ejemplo de qué es lo que nosotros debemos
hacer. Y no se trata de algo que pudiera considerarse grandilocuente sino, al
contrario, bien sencillo: creer.
La
fe mueve el corazón del Hijo de Dios. Y lo mueve en beneficio de aquel que pide
intercediendo por su prójimo a quien, como aquí vemos, quería mucho. Y eso sólo
pudo derretir el corazón de Cristo.
JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso.
Eleuterio Fernández Guzmán
12 de septiembre de 2021
Saber quién es Cristo
Mc 8, 27-35
“27 Salió
Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el
camino hizo esta pregunta a sus
discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ 28 Ellos le dijeron:
‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.’
29 Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’’ Pedro le
contesta: ‘Tú eres el Cristo.’ 30 Y les mandó enérgicamente que a nadie
hablaran acerca de él. 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía
sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los
escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32 Hablaba de esto
abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. 33 Pero él,
volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:
‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios,
sino los de los hombres.’ 34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos,
les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.35 Porque quien
quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará’”.
COMENTARIO
No
es nada extraño que cuando alguien nos dice que va a sufrir mucho por culpa de
otros intentemos que eso no sea así porque no comprendemos que pueda serlo Y
eso es lo que pasa con Pedro.
Pedro
no quiere el mal para el Hijo de Dios. Y
eso no es nada raro sino, humanamente, comprensible. Sin embargo, Jesucristo,
que conocía a la perfección la Voluntad de Su Padre, sabía que su discípulos hablaba
como hombre.
De
todas formas, bien lo dice Jesucristo: quien quiera salvar su vida, la eterna,
deberá perder la mundana. Sólo así es posible alcanzar la existencia que añora
todo hijo de Dios.
JESÚS, gracias por mostrarnos el camino hacia el Cielo.
Eleuterio Fernández Guzmán
11 de septiembre de 2021
No conviene ser necios
Lc 6, 43-49
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla su boca.
¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquél que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la inundación, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.
En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande."
10 de septiembre de 2021
¡Cuidado con lo que creemos ser!
Lc 6, 39-42
9 de septiembre de 2021
¿Ley?, la de Dios
Lc 6, 27-38
8 de septiembre de 2021
Nace María, Madre de Dios y Madre nuestra
María, pequeño retoño de Dios
venido al mundo
para que el mundo se salve;
María, luz entre las luces
que Dios ha puesto,
salvadora de los hombres
y esperanza de una humanidad
cansada y tibia.
María, naces por Voluntad
del Padre,
Inmaculada, Virgen serás siempre
e intercesora de tus hijos
los hombres.
María, recordamos que tu corazón
diría sí, luego, años después.
Y así, en aquel momento,
Ana y Joaquín, tus padres del mundo,
supieron que Dios es grande
y es bueno.
María, recordamos tu nacimiento
y la venida al mundo
de la Mediadora.
María, ahora que hay quien no cree,
que hay quien blasfema,
que hay quien no ama a Dios, tu Padre y el nuestro,
María, decimos, pide al Creador
por aquellos que no aman, que blasfeman,
que no creen.
María, amada y anhelada María,
ahora naces para cada uno de nosotros
y nosotros te agradecemos que quisieras, luego,
que todos fuéramos hijos tuyos.
María, hoy naces y lo haces siempre,
en nuestro corazón, como otra Natividad,
la que Dios quiso que fuera, con la tu hijo,
ejemplo.
María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.
Eleuterio Fernández Guzmán
7 de septiembre de 2021
Y escogió a Doce
Lc 6,12-19
“En
aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración
de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre
ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su
hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a
Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas
Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de
discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y
de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser
curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos
quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una
fuerza que sanaba a todos”.
COMENTARIO
Jesús oraba mucho. Decir eso pudiera
parecer algo normal. Sin embargo, hay que añadir, además de que fuera normal
que orara mucho, que lo hacía para encontrar respuesta a lo que su corazón le
estaba pidiendo. Y eso hace en esta ocasión.
Jesús ha de escoger a los que estarán más
cerca de Él. Y escoge no a ilustres personajes de su tiempo sino a personas
humildes con trabajos humildes. Los quiere así porque su corazón no estaba
viciado de las tergiversaciones a las que habían llegado los “sabios” acerca de
la Ley de Dios.
No tarda nada Jesús en enseñar a sus
apóstoles. En cuanto bajan de allí se encuentran a mucha gente que quiere ver
al Maestro. Y el Maestro no les niega su ayuda sino que, al contrario, cura a
todo enfermo y transmite la Palabra de Dios a todo aquel que quiera escucharle.
JESÚS, aquellos a los que escoges para ser sus apóstoles,
tus principales testigos, ven lo que puedes hacer. Ayúdanos a creer como ellos
creyeron.
Eleuterio Fernández Guzmán