16 de septiembre de 2017

Tener en cuenta a Cristos

Lc 6,43-49

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, 
a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen 
higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón 
saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. 

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga 
mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante 
a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. 
Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla 
por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a
un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente  al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’”.

COMENTARIO

De lo que es malo nunca puede salir nada bueno. Eso lo dice Jesús porque sabe que, en efecto, 
quien no tiene buen corazón no puede llevar a cabo nada que se pueda considerar de 
acuerdo a la voluntad de Dios Y es que del corazón salen las obras.

Saber que Jesús es Dios hecho hombre supone, más que nada, tener en cuenta que lo que 
dice hay que ponerlo en práctica. No vale, por lo tanto, escuchar y luego hacer como si no 
hubiéramos hecho.

Edificar nuestra vida, nuestro ordinario vivir, sólo se puede hacer de acuerdo a la roca que es Cristo. Es la única forma de construir sobre Quien es fuerte pues, de hacerlo de otra forma, lo único que conseguiremos es construir sobre lo que no vale la pena construir y algo ajeno a la voluntad de Dios.

JESÚS, quieres que hagamos bien las cosas. Para eso nos recomiendas tener en cuenta lo que haces y dices. Ayúdanos a tenerte en cuenta.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2017

Junto a la Cruz de Cristo


Jn 19, 25-27

"25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa."

COMENTARIO

Cuando Jesucristo se encontraba en aquella situación, en la cruz, en su Cruz, podía haber dicho lo que hubiera querido. Pero lo que dijo, esta Palabra, tenía que ver con el devenir de la humanidad creyente.

Las palabras dirigidas a su Madre, a la Virgen Santísima, tienen que ver con el destino de todo hijo de Dios. Por eso cuando dice “Mujer, ahí tienes a tu hijo” quiere decir que todo ser humano tiene a María como Madre.

Y Juan, aquel discípulo que había estado muy cerca de María, iba a recibir a la Madre de su Maestro para hacerla, así, Madre de todos los hombres. Por eso la recibe en su casa como si fuera, porque lo era, su Madre.


JESÚS, ayúdanos a saber tener a tu Madre como Madre nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de septiembre de 2017

Creer en Cristo para salvarnos

Jn 3, 13-17

13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

COMENTARIO

La conversación de Jesucristo con Nicodemo refleja mucho: las ansias de Cristo de enseñar y las de Nicodemo de aprender. Por eso el segundo pregunta acerca de lo que no entiende: quiere saber, quiere amar al Maestro.

Lo importante de esto es que el Hijo de Dios vincula la salvación eterna con algo. Es decir, no se salva quien quiere salvarse y ya está sino que se ha de creer en el Enviado de Dios, confesar que es su Mesías.

Pero, además, quien creyera que el Mesías había venido, entonces, a juzgar al mundo, se equivocaba. Él había venido a que el mundo se salvase creyendo en su persona. Sólo así es posible salvarse.



JESÚS, ayúdanos a creer siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de septiembre de 2017

Los que son Bienaventurados

Lc 6, 20-26

“20 Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. 21 Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. 22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. 23 Alegráos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 24 «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. 25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. 26 ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.”


COMENTARIO

Lo que dice Jesucristo en este texto del Evangelio de San Lucas, las conocidas “Bienaventuranzas” tiene todo que ver con lo que quiere Dios de nosotros y con lo que, en verdad, somos nosotros.

El Hijo de Dios quiere lo mejor para sus hermanos los hombres. Por eso va detallando, uno a uno, los principios que se deben seguir y que, de olvidarlos, nos puede llevar a una verdadera enemistad con el Todopoderoso.

No es esto lo peor sino, sólo el principio de lo peor. Y es que Jesucristo avisa. Lo que nos dice tiene que ver lo que “recompensa” que tienen aquellos que no siguen las Bienaventuranzas. Y no podemos decir que sea nada bueno sino, al contrario, malo y muy malo.


JESÚS, ayúdanos a ser bienaventurados.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de septiembre de 2017

Y escogió a los Doce

Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos”.


COMENTARIO


Jesús oraba mucho. Decir eso pudiera parecer algo normal. Sin embargo, hay que añadir, además de que fuera normal que orara mucho, que lo hacía para encontrar respuesta a lo que su corazón le estaba pidiendo. Y eso hace en esta ocasión.

Jesús ha de escoger a los que estarán más cerca de Él. Y escoge no a ilustres personajes de su tiempo sino a personas humildes con trabajos humildes. Los quiere así porque su corazón no estaba viciado de las tergiversaciones a las que habían llegado los “sabios” acerca de la Ley de Dios.

No tarda nada Jesús en enseñar a sus apóstoles. En cuanto bajan de allí se encuentran a mucha gente que quiere ver al Maestro. Y el Maestro no les niega su ayuda sino que, al contrario, cura a todo enfermo y transmite la Palabra de Dios a todo aquel que quiera escucharle.



JESÚS, aquellos a los que escoges para ser sus apóstoles, tus principales testigos, ven lo que puedes hacer. Ayúdanos a creer como ellos creyeron.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de septiembre de 2017

En medio de los que oran

Mt 18, 15-20

15 ‘Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16   Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que = todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. = 17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el  publicano. 18 ‘Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.19        ‘Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.’”
       
COMENTARIO

Pudiera parecer que reprender al hermano en la fe no está bien o que es como meterse con lo que no nos corresponde. Sin embargo, el Hijo de Dios aprecia más que se respete más la Ley de Dios que los respetos humanos.

La corrección fraterna, pues, corresponde a cada uno de sus hermanos en la fe. Y es que sabe Jesucristo que vale la pena pasar un momento duro que permitir que un alma vaya al infierno.

Quiere decirnos, de todas formas, algo importante. Orar a Dios no es poca cosa ni es una pérdida de tiempo. El Padre escucha a sus hijos y,  por eso, pedir en nombre de su Hijo es tener una garantía cierta de ser, aún, más escuchados.


JESUS,  ayúdanos a orar bien.



Eleuterio Fermández Guzmán

9 de septiembre de 2017

Señor del sábado



Lc 6,1-5

Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?’. Y les dijo: ‘El Hijo del hombre es señor del sábado’”.


COMENTARIO

Los guardianes de los preceptos judíos no estaban muy por la labor de que se quebrantara ninguno de los cientos que, con el paso del tiempo, se habían ido estableciendo. Les molestaba mucho.

Violar el sábado, trabajando o haciendo lo que estaba prohibido, no era muy visto por aquellos que no creían que eso pudiera hacerse. Por eso llaman la atención a Jesús y a los suyos por estar arrancando espigas “para comer”.

Jesús, sin embargo, sabe que la misericordia es mucho más importante que cumplir algunos preceptos. Es más, sabe que en determinadas ocasiones, se ha “violado” realidades más sagradas por cumplir con la necesidad del hombre. Y es que, además, Jesús es Señor y, por tanto, tiene prevalencia sobre cualquier tipo de precepto humano.

JESÚS, ayúdanos a comprender la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2017

Nace María, Madre nuestra



Viernes, 8 de septiembre de 2017


COMENTARIO

Los textos bíblicos que se nos ofrecen para el día de hoy, 8 de septiembre, tienen que ver con la generación de Jesucristo, con la venida al mundo del Hijo de Dios.

Permita Dios que, sin embargo, dediquemos este pequeño comentario a lo que celebramos hoy: el nacimiento de su Madre.

María debía venir al mundo, así estaba dispuesto en el corazón de Dios desde ante de todo, en su misma eternidad. Por eso la privó, para su bien, del pecado original en el momento de ser concebida, también, de forma milagrosa por una mujer ya anciana.

María vino al mundo para que el mundo se salvara. Tal era la misión que tenía encomendada en su corazón. Y, como no podía fallar… no falló.

Pero hoy, 8 de septiembre, celebramos (y damos gracias a Dios por eso) que nuestra Madre, y la suya (o, mejor al revés) nació. Y estamos exultantes y gozosos, como el salmista que da gracias al Todopoderoso por haberlo defendido. Y es que no fue poco que María nos defendiese del Mal aceptando, con un sí eterno, la propuesta que, años después (tampoco muchos, la verdad) le hiciera Gabriel, el Ángel de Dios.



DIOS Y PADRE NUESTRO,  gracias por darnos a María, tu Madre y la nuestra.


Eleuterio Fernández Guzmán

7 de septiembre de 2017

Pescadores de hombres

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”


COMENTARIO

Jesús no deja de enseñar. En el tiempo que pasó entre sus contemporáneos como Maestro aprovecha cualquier situación y cualquier circunstancia para transmitir la doctrina santa de Dios. Y esté donde esté se las arregla para llegar al corazón de los que le escuchan

Verdaderamente podemos decir que Pedro era casi un profeta. Le dice a Jesús que es un pecador y, como sabemos, con el paso del tiempo, demostraría que lo era. Pero ahora lo que siente es un tremendo agradecimiento por la muestra del poder divino de la que hace gala Jesús.

Jesús, sin embargo, sabe que aquel hombre rudo, aquella “piedra” iba a ser muy importante para la vida de la humanidad. Lo nombra “pescador de hombres” porque era la forma de decirle que iba a ser como Él: buscador de hombres para Dios Padre.





JESÚS, quieres que atraigamos a los hombres a Dios Todopoderoso. Ayúdanos a no evitar tan importante obligación.

6 de septiembre de 2017

Cristo vino para salvar

Lc 4, 38-44

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”


COMENTARIO

La voluntad de Dios era que Jesús viniera al mundo anunciara a la creación entre su Ley t su Palabra. Iba, pues, por los caminos del pueblo elegido por el Creador anunciando que el Reino del Todopoderoso había llegado, que era Él.

Aquellos que eran el Mal bien que lo conocían. Los demonios, discípulos del Ángel caído Satanás, conocían al Hijo. Le tenían miedo porque sabían que podía hacer con ellos lo que quisiera. Y huían, a diferencia de los discípulos de Cristo que lo buscaban y lo amaban.

Jesús fue consciente, al menos que sepamos desde que empezó la llamada vida pública del Hijo de Dios, que tenía que hacer lo que estaba haciendo. Por eso recoge este texto del evangelio de San Lucas que sabía que para eso había sido enviado.



JESÚS, sabes qué debes hacer. Nosotros, sin embargo, muchas veces pudiera dar la impresión de que lo olvidamos. Ayúdanos a no caer nunca en tal tentación.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2017

Ver para creer…



Lc 4, 31-37



“En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.”



COMENTARIO

La misión que debía llevar a cabo el Hijo de Dios tenía, como sabemos, un sentido bien claro: debía salvar a los que necesitaban salvación porque los que no estaban enfermos (de cuerpo o de alma), como también dijera Jesucristo, no necesitaban médico.

Una persona tomada por los demonios (uno o varios, eso no importa) era un ser humano, hermano del Enviado por Dios al mundo para que el mundo se salvase, que necesitaba de un auxilio muy especial porque aquella especie sólo se podía sacar con oración. Y en eso, el Hijo de Dios, era un consumado conocedor y experto.

No nos extraña nada de nada que cuando aquellos que estaban allí presentes vieron como el demonio salió del cuerpo de aquella persona (¡qué sería ver aquello, qué confirmación de divinidad) quedaran atónitos y supieran, en el acto, que aquel Maestro era, ciertamente, el Mesías.

JESÚS, ayúdanos a creer siempre en ti, sin alejamiento alguno.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2017

Cumplir la voluntad de Dios no siempre era del agrado de todos


Lc 4, 16-22.24-27.29-30

“16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. 17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: 18 = El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos = 19 = y proclamar un año de gracia del Señor. = 20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21 Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.’ 22 Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’ 24 Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.» 25 «Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; 26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. = 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.’ 29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. 30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.’”


COMENTARIO

No podemos negar que en muchas ocasiones el Hijo de Dios debía decir la verdad y eso, precisamente eso, no venía bien a todos. Y hoy es uno de esos días.

No era poco cierto, sin embargo, que a los de su pueblo, Nazaret, les parecía extraño que uno de entre ellos, que además habían visto crecer hasta hacía bien poco, pudiera parecer ser lo que parecía. Y dudaban de su persona.

Pero debía, Cristo, continuar con su labor de predicación. Y no era poco decir que Dios había tenido en cuenta, en otros tiempos, a personas que no eran miembros del pueblo judío. Vamos, que también los amaba.



JESÚS,  ayúdanos a confiar ti siempre, siempre, siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2017

Lo que Dios quiere no es siempre lo que nosotros queremos



Mt 16, 21-27

“21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. 22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’ 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! 24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. 26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? 27 ‘Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta’”.


COMENTARIO

No podemos negar que, en muchas ocasiones, la voluntad de Dios no concuerda con la nuestra o, mejor, la nuestra no concuerda con la suya. Y nunca deberíamos olvidar que ha de ser, justamente, lo contrario.

Cuando Jesucristo dice aquello acerca del final de su vida hay quien ni quiere creerlo ni quiere entenderlo. Pedro es, como el mayor entre iguales, quien le dice que eso no puede ser. Pero Cristo reconoce en su actitud la de Satanás. Quiere apartar al Hijo de Dios de la voluntad de su Padre.

Pero el Hijo de Dios dice y tiene la verdad: lo bien cierto es que lo que quiere Dios se ha de cumplir. Y no sólo eso sino que siempre debe hacerse según sea la misma porque ¿puede querer alguien algo contrario a lo que quiera su Padre del Cielo? Pues muchos, al parecer, sí.


JESÚS, ayúdanos a aceptar siempre la voluntad de tu Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2017

Sobre los talentos



Sábado XXI del tiempo ordinario

Mt 25,14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 
‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.



COMENTARIO

Jesucristo, en la labor predicadora y, por tanto, de enseñanza, que llevó a cabo a lo largo de aquellos tres años, procuró que sus hermanos los hombres se salvaran. Para el se servía de parábolas para llegar a su corazón.

Aquel hombre, que podía ser referido a Dios mismo, entrega una serie de talentos (aquí dinero pero podemos imaginar dones, gracias) a cada uno de sus siervos para que los haga rendir. Y quiere que los hagan rendir porque es su voluntad.

Aquí hay de todo: hay quien hace todo lo posible para que, en efecto, rindan aquellos talentos. Aquellos son premiados. Pero hay quien no hace eso sino que, por miedo, nada hace por eso (efecto del respecto humano podemos suponer). Aquel es castigado.


JESÚS, ayúdanos a ser de los que hacen rendir los talentos.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2017

No debemos querer ser necios



Viernes XXI del tiempo ordinario
Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.



COMENTARIO

Cuando Jesucristo relata el caso de las vírgenes que iban a contraer matrimonio y salen a esperar al novio, quiere que comprendan, aquellos que le escuchan, que ellos también son como quien espera la venida de Dios. No se sabe cuándo ha de venir pero debemos estar preparados.

Los hay que son prudentes. Prudentes son aquellos creyentes que, sabiendo de la verdadera existencia del Todopoderoso y de que ve a todo ser creado por Él, sabe que no puede descuidar su alma. La limpia siempre que se da cuenta de que está sucia y tiene preparada la luz par que no le coja desprevenido. Es decir, procura tener siempre el alma limpia.

El necio es aquel que, sabiendo que ha de pasar lo que ha de pasar, pareciera que eso no quiere decir nada para Él. No limpia el alma porque, como no sabe cuándo va a venir Dios, cree que siempre está a tiempo cuando, en realidad, ignora cuando va a ser llamado por su Creador...


JESÚS, ayúdanos a tener el alma siempre limpia.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de agosto de 2017

Hay que estar en vela… ¡siempre!


Mt 24, 42-51


“42 ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. 44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. 45 ‘¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? 46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. 47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. 48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, 49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera yen el momento que no sabe, 51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.’”


COMENTARIO

Sabía Jesucristo que, en un momento determinado y cuando Dios, su Padre y el nuestro, quiera, ha de volver al mundo para juzgar a vivos y a muertos. Por eso sabía que era muy importante que todos supiesen algo de lo cual dependía la vida eterna.

Estar esperando la llegada del Hijo de Dios supone algo más que esperar. Y es que la preparación de sus hermanos los hombres no puede ser de cualquiera forma. Nuestro corazón lo debemos dejar limpio de impurezas. Entonces estaremos preparados para cuando venga.

Hay aquí una advertencia muy grave hecha de parte de Jesucristo. Y es que a quien no esté preparado, a quien no tenga el alma limpia, se le aplicará un castigo. ¡Sí! Dios castigará a quien no la tenga limpia pues es bueno pero también es justo.



JESÚS, ayúdanos a tener el alma limpia… ¡siempre!


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2017

No ser nunca sepulcro blanqueado


Mt 23, 27-32

“27 ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! 28 Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. 29 ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, 30 y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’ 31 Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. 32 ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! 33 ‘¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?’”.


COMENTARIO

No podemos negar, porque sería faltar a la realidad de las cosas, que Jesucristo, muchas veces, no utilizaba un lenguaje dulce y agradable. Y es que la misión que debía cumplir era tan importante que de nada valían ni servían las medidas tintas.

A los que quieran escucharle, a los que entonces, allí mismo, le escuchaban, lo dice todo para que se entienda: hay personas, los considerados sabios y guías religiosos, que son más apariencia que otra cosa. Por eso Jesucristo los llama sepulcros blanqueados porque, por fuera, pueden parecer puros pero, por dentro, están podridos.

De todas formas, sabe el Hijo de Dios que muchos de aquellos que le escuchan y que se sienten zaheridos, no van a cambiar ni de idea ni de camino, van a seguir equivocándose. Por eso sabe que van a seguir la misma senda que aquellos que mataron a los profetas: a la fosa de la que tanto habla el salmista.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos sepulcros blanqueados.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de agosto de 2017

Lo que puede el respeto humano

Mc 6, 19.21-29

“19 Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía.
21 Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un
banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. 22 Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré.’ 23 Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.’ 24 Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’ Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista.’ 25 Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.’

26 El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. 27 Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel 28 y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

29 Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le
dieron sepultura.”

  
COMENTARIO

Resulta curioso, aunque no imposible de entender, que haya algo llamado “respeto humano” que puede llegar a hacer tanto daño en el alma de una persona. Y es que Herodes temía más al qué dirán de sus invitados y eso le hizo perder la vida a Juan el Bautista. Y decimos que resulta curioso lo que puede hacer tal desviación de la conducta humana porque aquel mandatario corrupto de corazón y de alma sabía que el Bautista era un profeta y no le gustaba mucho la idea de matarlo. Pero pudo más la promesa mundana, sin sentido y hecha a lo loco (dar hasta la mitad de su reino por un baile demuestra que no era persona muy cabal) y por eso ordenó a un soldado que cortase la cabeza del primo de Jesús. Y el mal volvió a vencer porque el corazón podrido de Herodías y la sensiblería de su hija  pudo más que lo que hubiera sido una petición, digamos, más mundana. Y es que ella quería acallar la voz que clamaba en el desierto y ha quedado, para la historia, como una persona capaz de todo, el fin sí justificaba los medios para ella, con tal de conseguir su egoísta gusto. Y es que eso hace el respeto humano con los débiles y tibios.

JESÚS, ayúdanos a no tener respeto humano y a decir sí donde sea sí y no donde sea no.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de agosto de 2017

Confundir realidades espirituales



 Lunes XXI del tiempo ordinario
Mt 23,13-22
En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’”.


COMENTARIO

No podemos negar que Jesucristo, durante el tiempo en el que llevó a cabo su predicación, se vio en la obligación de contradecir muchas de las prácticas espirituales que, seguramente, había visto muchas veces llevar a cabo cuando era, sólo, el hijo del carpintero.

Ahora, sin embargo, no puede callar. Y es que se da cuenta que determinadas formas de llevar a cabo una fe que, se dice, tener en Dios Todopoderoso no son, precisamente, del agrado del Creador.

Teniendo en cuenta que los escribas y fariseos eran los guías espirituales del pueblo judío, era de la mayor importancia poner las cosas en su sitio. Ciertas cosas no se podían seguir haciendo de la misma forma. Y eso no gustó a muchos, como bien sabemos.

JESÚS,  ayúdanos a comprender la Ley de Dios en todo su sentido y significado.


Eleuterio Fernández Guzmán