21 de marzo de 2015

Las dudas acerca de Cristo



Sábado IV de Cuaresma



Jn 7,40-53

En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: ‘Éste es verdaderamente el profeta’. Otros decían: ‘Éste es el Cristo’. Pero otros replicaban: ‘¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?’. 

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ‘¿Por qué no le habéis traído?’. Respondieron los guardias: ‘Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre’. Los fariseos les respondieron: ‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’. 

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’. Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’. Y se volvieron cada uno a su casa”
.


COMENTARIO

Se está tramando el final humano de Jesús. Los que le persiguen siembran dudas acerca de su persona y de la misión que está cumpliendo el Maestro. No extraña, por tanto, que cundiera, precisamente, la duda ente aquellos que lo conocían.

Los considerados sabios, socialmente hablando, sabían que Jesús era muy peligroso para sus intereses porque estaba diciendo la verdad. Por eso se apoyan unos a otros sosteniendo que si ninguno de ellos lo había apoyado lo mismo debían hacer el resto de judíos.

Sin embargo, no todos era de igual pensar. Nicodemo, también sabio como ellos, se había dado cuenta de que aquel Maestro era mucho más que un Maestro. Por eso era discípulo suyo aunque en secreto. Trata de defenderlo pero las fuerzas del Mal habían ocupado el corazón de muchos.



JESÚS, ayúdanos a no dudar de ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2015

La muerte al acecho



Viernes IV de Cuaresma


Jn 7,1-2.10.14.25-30


En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: ‘¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es’. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: ‘Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado’. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora”.


COMENTARIO

Cuando leemos las Sagradas Escrituras correspondientes al Nuevo Testamento sabemos lo que va a pasar. Desde entonces, desde aquellos días, han pasado muchos siglos y muchas han sido las veces que se ha recordado lo que entonces pasó. Sin embargo, para aquellos días lo que decía Jesús era, verdaderamente, revolucionario.

Los que perseguían al Hijo de Dios sabían que, para sus mundanos intereses, Jesús era muy peligros. Decía cosas que nunca se habían escuchado y, lo que es peor, que movían al pueblo creyente a cambiar su corazón aunque no, precisamente, hacia donde antes había estado.

Jesús sabe quién es y de dónde ha venido. También sabe que muchos de los que dicen conocer a Dios están muy lejos de haberlo conocido. Él, sin embargo, siendo el Hijo, conoce perfectamente al Padre. Por eso aquellos que le persiguen le tienen tanta inquina, rabia y odio.


JESÚS, ayúdanos a creer que eres el Enviado de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2015

José, el fiel y justo hijo de Dios



Mt 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. 

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado
”.


COMENTARIO

Antes de que José supiese lo que había pasado, su desposada María  había recibido la visita del ángel Gabriel. Le había dicho sí a Dios y, por eso mismo, se encontraba embarazada del Hijo del Creador. Y ahora llega el momento de disipar los miedos de aquel hombre justo.

José tenía dudas. No era para menos porque desconocía la verdad de las cosas. Sin embargo el Ángel del Señor le comunica todo acerca del embarazo de María. Se disipan todas las dudas en el corazón del justo.

¿Qué haría José? Podía haber optado por no hacer caso al sueño y seguir con su idea de repudiar en secreto a la joven María. Sin embargo, fiel a Dios y a su enviado Gabriel sigue paso a paso lo que se le había indicado seguir. Y cumple con la voluntad de Dios… como buen hijo.


JESÚS, ayúdanos a ser fieles como lo fue tu padre adoptivo José.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de marzo de 2015

Cristo es Dios hecho hombre y lo demuestra


Miércoles IV de Cuaresma

Jn 5,17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’”.


COMENTARIO

Cristo es Dios

En este texto evangélico Jesús da a entender la verdad más importante: Él es Dios hecho hombre y puede hacer lo mismo que puede hacer el Creador. Y, de hecho, lo hace resucitando a muertos o dando la vista a ciegos, curando a paralíticos y devolviendo a la vida social a leprosos.

Cristo nos juzgará

Como bien se nos dice será Jesucristo quien nos juzgará cuando llegue el día esperado de la liberación del ser humano, de la salvación definitiva. Entonces, el Hijo de Dios separará a los buenos de los malos y a cada uno nos destinará a donde nos corresponda estar.

Cumplir la voluntad de Dios

El caso es que todo lo que hace Jesucristo lo hace por voluntad de Dios. Es decir, no hace nada que Dios no quiera que haga porque está sometido totalmente a lo que el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) tenga por bueno y mejor para su descendencia el hombre. Y Jesús se aplica a cumplirla a la perfección.


JESÚS, ayúdanos a comprender lo importante que es cumplir la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de marzo de 2015

La fe que cura

Martes IV de Cuaresma

Jn 5,1-3.5-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo. Jesús le dice: Levántate, toma tu camilla y anda’. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado
”.

COMENTARIO


La fe que cura

Aquel hombre estaba enfermo desde hacía muchos años. Nadie le ayudaba a curarse, nadie le echaba una mano. Pero el confía en Aquel que le pregunta por su enfermedad, intima con el Hijo de Dios y eso le cura y le salva.

Los que no reconocen a Cristo

Los que no quieren a Jesús porque ven que cura, nada menos, que en sábado, quieren saber quién ha sido. Es de suponer que se imaginan que la persona que obliga a otro a llevarse su camilla en un día en el que no se podía hacer eso sólo puede ser Jesús. Sin embargo, quieren oírlo de la boca del curado.

La lección de Cristo sobre el pecado

Jesús actúa de forma muy astuta con aquel hombre. Sabiendo que existía la creencia de relación entre el pecado y la enfermedad (Jesús no creía eso, por supuesto) le hace ver al curado que no debe pecar más no vaya a ser que le pasar algo peor.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti y en tu Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de marzo de 2015

Y creyó…


Lunes IV de Cuaresma


Jn 4,43-54

En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. 

Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis’. Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo’. Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive’. 

Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘«Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre’. El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea
”.



COMENTARIO

Es más que cierto que el pueblo judío estaba acostumbrado a los signos. Es decir, que necesitaba de algo más que palabras para creer en algo. Y eso es lo que pasa a muchos que hablan con Jesús.

Aquel padre estaba muy preocupado por su hijo. Tal sería así que acude a Jesús como el último remedio a la difícil situación por la que está pasando. E insiste en ello aunque el Maestro diga aquello de que necesitan señales…

La confianza del padre en que Jesús salvaría a su hijo salvó, en efecto, al enfermo. Por eso Jesús, comprendiendo que aquel hombre quiere mucho a su descendencia, lo cura de aquella enfermedad. Y es que la fe abre muchos caminos y, sobre todo, el de la salvación.




JESÚS, ayúdanos a confiar y creer en ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de marzo de 2015

No querer recibir a la Luz de luces



Jn 3, 14-21


Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,  así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,  para que todo el que crea en él no perezca,  sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.


COMENTARIO

Dios entregó a su Hijo

Seguramente el Creador podía haber hecho las cosas de otra forma. Sin embargo, quiso entregar a su Hijo para el mundo saliera de la fosa en la que se había dejado caer.


Creer en el Hijo de Dios

Ante Cristo se puede actuar de dos formas: creyendo en Él o no creyendo en Él. Es más que cierto que se nos dice, con toda claridad, que creer en Jesús supone estar salvado y que no creer… no salvarse.

Contemplar y creer en la Luz del mundo

Cuando Jesús vino al mundo muchos creyeron en Él pero otros muchos no quisieron escuchar sus santas palabras y procuraron una muerte que, al final, consiguieron ver llevada a cabo.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que creen en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de marzo de 2015

Saber qué somos



Sábado III de Cuaresma

Lc 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado’”.

COMENTARIO

Jesús conocía los corazones de las personas. Por eso nos dice el texto que algunos se creían justos aunque, seguramente, no lo eran tanto. Además también se nos dice que despreciaban a los demás y eso era, ya, síntoma de poco amor al prójimo.

De los dos que estaban en el templo había uno que se creía mejor que los demás. Oraba dando gracias a Dios, sí, pero lo hacía de una forma un tanto artera y embustera: el Creador conocía su corazón y sabía que todo era apariencia. Aquel no se fue de allí justificado.

El otro, sin embargo, sabía que era pecador. Pero no sólo lo sabía sino que, además, lo reconocía ante Dios. Se sabía eso y quería mejorar. Por eso lo confesaba en el lugar adecuado. Aquel sí se fue de allí justificado.



JESÚS, ayúdanos a reconocer lo poco que somos.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de marzo de 2015

Los principales Mandamientos


Viernes III de Cuaresma


Mc 12,28b-34

En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas
"


COMENTARIO

Sabemos, al conocer a través de las Sagradas Escrituras lo que le pasó a Jesús, que había muchos que le odiaban pero que también había otros que lo querían y que creían en Él.

Seguramente había preguntas que hacérselas al Hijo de Dios era un poco peligroso porque la respuesta era, exactamente, la que ellos esperaban. Y preguntar a Jesús sobre el primer mandamiento de la Ley de Dios era, realmente, arriesgado. A lo mejor creían que no lo sabía…

La respuesta de Jesús es la correcta. Amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos es lo que, justamente, espera el Creador de nosotros, su descendencia. Y eso lo afirma aquel que le pregunta confirmando que, como era de esperar, Jesús estaba de acuerdo con él.



JESÚS, ayúdanos a tener por buenos y verdaderos los Mandamientos de la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de marzo de 2015

Estar con Cristo Jesús


Jueves III de Cuaresma


Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’”.

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús gustaban de acusarlo de las cosas más peregrinas a sabiendas de que afectaban mucho al pueblo judío. Y decir que Jesús actuaba por mandado del Príncipe de los demonios era acusación muy grave.

Jesús, sin embargo, como conoce sus corazones, sabe que están dominados, ellos sí, por el Mal y que lo acusan para tratar de ponerlo mal ante sus semejantes. Pero, como es de esperar, le sale el tiro por la culata y les da a ellos mismos.

El Hijo de Dios sabe que para caminar hacia el definitivo Reino de Dios sólo hace falta una cosa (y sus derivaciones, claro está): seguirlo a Él, estar con Él, confiar en Él. Otra forma de actuar no supone más que perder el tiempo y, lo que es peor, el tiempo eterno.

JESÚS, ayúdanos a estar siempre contigo y a tu lado.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de marzo de 2015

Cristo vino a hacer cumplir la Ley de Dios


Miércoles III de Cuaresma


Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús había muchos miembros del pueblo elegido por Dios que habían llegado a la conclusión de que el sentido que se habían formado acerca de la Ley de Dios era la correcta. Y así vivían.

Jesús, sin embargo, sabía que la cosa no iba bien. Bueno, en realidad sabía que no iba bien desde hacía mucho tiempo. Él, por tanto, había venido a que cada sílaba de la norma divina se cumpliese. Y eso le iba a ocasionar muchas incomprensiones.

Lo que Jesús enseña no es muy difícil de entender: no cumplir la Ley de Dios es ser el último en su Reino; cumplirla, uno de los más grandes. Y eso, que tan sencillo era de entender, no llegaba al corazón de muchos.
  


JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de marzo de 2015

No olvidemos que Dios ajusta nuestras cuentas



Martes III de Cuaresma


Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.

COMENTARIO

Podemos decir que Jesús es, sobre todo, muy didáctico cuando habla. Es decir, quiere enseñarnos aquello que nos conviene porque sabe que es importante. Y nosotros, por supuesto, debemos aprender de lo que nos dice.

El ejemplo de aquel que, debiendo mucho, mucho se le fue perdonado, es síntoma de lo que nos puede pasar a nosotros. Nosotros también debemos mucho a Dios pues nuestra naturaleza pecadora nos lleva muchas veces a caer en el pecado y manchar, así, nuestra alma.

Aquel hombre perdona a quien tanto le debía. Dios también nos perdona a nosotros. Sin embargo se nos exige aquello que decimos en el Padre Nuestro: “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Y muchas veces no nos damos cuenta de que el Creador ajustará las cuentas, las nuestras, en nuestro Juicio Particular.

JESÚS, ayúdanos a perdonar: ayúdanos a perdonar.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de marzo de 2015

Del grupo de los que creen

 Lunes III de Cuaresma


Lc 4,24-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó”.

COMENTARIO

Si hay algo que a nadie le gusta, por lo general, es que se le ponga la verdad ante los ojos. Y eso es lo que este texto del evangelio de san Lucas nos muestra: Jesús dice una verdad que a los conformes con la forma de llevar la fe judía no gusta nada.

Jesús conocía, todos lo conocían, que los profetas habían tenido un futuro muy corto en el seno del pueblo elegido por Dios. Al mismo no le gustaba nada que se les recordara la verdad de las cosas y, menos aún, que se le dijera en la cara que muchos, que no eran de su pueblo, habían sido beneficiados por el Creador. No lo comprendían ni querían comprenderlo.

No extraña, para nada, que muchos se enfadaran mucho con Jesús. Es más, que intentaran matarlo en aquel mismo momento despeñándolo era lo que se podía esperar de aquellos que vivían muy conformes con aquella forma de actuar. Pero tampoco extraña nada de nada que a Jesús nada pudieran hacerle. Aún no había llegado su momento.



JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que creen.


Eleuterio Fernández Guzmán



8 de marzo de 2015

La justa ira de Dios



Jn 2, 13-25.

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas,  y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero  de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.’ Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: = El celo por tu Casa me devorará. = Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’ Jesús les respondió: ‘Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.’ Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’ Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre”.


COMENTARIO


Muchas veces se quiere representar a Jesús de una forma un tanto alejada de lo que en realidad sería. Era un ser humano y, por tanto, no es de extrañar que tuviera reacciones como la que aquí se muestra. Es más, viendo de qué se trata no es nada de extrañar.

Muchos habían convertido el Tempo de Jesusalén en un negocio humano excesivamente alejado del sentido filial que requiere Dios por su poder y su misericordia. Y eso a Jesús le debía sacar de quicio. Por eso hace lo que hace con aquellos negociantes de la fe o, mejor, con la fe.

Jesús les habla de lo que va a pasar con Él: morirá y, al tercer día, resucitará. Pero ellos tienen el corazón cerrado y el amor embotado: no entienden nada de lo que pasa.


JESÚS,  ayúdanos a comprender tus santas palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de marzo de 2015

Pródigos ante Dios Padre

Sábado II de Cuaresma

Lc 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre. 
‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta. 
‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’”.

COMENTARIO

Alejarse del Padre

Aquel hijo que quería ir por el mundo para disfrutar de él no sabe que se aleja del Padre. Bueno, lo sabe porque quiere marcharse pero ignora lo que Dios le tenía preparado en tierras lejanas donde nadie le acogía con el corazón.


Arrepentirse

Aquel joven se da cuenta de que ha pecado. A lo mejor cae en tal cuenta porque ve la situación en la que ha ido a caer pero, al fin y al cabo, se arrepiente y quiere ser otro tipo de persona… mejor que la que se alejó de su padre.


El Perdón de Dios

Aquel padre sin embargo, igual que Dios Padre, ha perdonado hace mucho tiempo a su hijo. Quiere tenerlo cabe sí y eso hace que, en cuanto lo ve, se le eche a los brazos y lo cubra de besos. Su amor había podido más que su rencor.


JESÚS, ayúdanos a saber perdona y a amar a nuestro prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán