13 de septiembre de 2014

Edificar con Cristo


Sábado XXIII del tiempo ordinario



Lc 6,43-49

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. 

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’”.


COMENTARIO


De lo que es malo nunca puede salir nada bueno. Eso lo dice Jesús porque sabe que, en efecto, quien no tiene buen corazón no puede llevar a cabo nada que se pueda considerar de acuerdo a la voluntad de Dios Y es que del corazón salen las obras.

Saber que Jesús es Dios hecho hombre supone, más que nada, tener en cuenta que lo que dice hay que ponerlo en práctica. No vale, por lo tanto, escuchar y luego hacer como si no hubiéramos hecho.

Edificar nuestra vida, nuestro ordinario vivir, sólo se puede hacer de acuerdo a la roca que es Cristo. Es la única forma de construir sobre Quien es fuerte pues, de hacerlo de otra forma, lo único que conseguiremos es construir sobre lo que no vale la pena construir y algo ajeno a la voluntad de Dios.




JESÚS, quieres que hagamos bien las cosas. Para eso nos recomiendas tener en cuenta lo que haces y dices. Ayúdanos a tenerte en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán


11 de septiembre de 2014

Ama y haz el bien sin mirar a quien



Jueves XXIII del tiempo ordinario


Lc 6, 27-38

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. 

‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.


COMENTARIO

El amor. Tal expresión de la misericordia de Dios quiere el Creador que sea reflejada en nuestras vidas a través de un corazón tierno, limpio. Jesús, por eso mismo, se manifestó en tal sentido y dio ejemplo de lo bueno y mejor que debemos hacer.

Es expresión hacer de eso hacer el bien. Sin embargo Jesús va más lejos y no se queda en la superficie de las cosas. Por eso pide a amar a los enemigos. Se obtiene, así, una gran recompensa porque el Creador quiere que amor entre todos sus hijos que somos todos.

También hay que ser compasivo y no juzgar y no condenar y perdonar… Jesús, como se puede apreciar en este texto del evangelio de San Lucas, pone el listón muy alto para sus discípulos. Y es que, en efecto, según hagamos así seremos juzgados por Dios.




JESÚS, lo que nos dices siempre es por nuestro bien. Ayúdanos a escucharte y, luego, a reflejar lo que escuchamos en nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de septiembre de 2014

Bienaventurados




 Miércoles XXIII del tiempo ordinario


Lc 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 

‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.


COMENTARIO


Jesús, según diría Él mismo, había venido al mundo no para abolir la Ley de Dios sino para que se cumpliera. Las Bienaventuranzas plasman a la perfección cuál es la voluntad de dios y hacia dónde quiere que vayan los seres humanos, creación suya.

Cada una de las que aquí recoge el evangelista San Lucas tienen todo que ver con aquellos que sufren. Así, los pobres, los que tienen hambre, los que lloran son los especialmente protegidos por Dios y por Cristo.

Sin embargo la Ley de Dios también prescribe lo que no está de acuerdo con la voluntad de Creador. Por eso se refiere a los que no hacen uso de su dinero abundante a favor de los necesitados o de los que hacen de su estómago el eje de su vida. En general, se refiere a los que no se dan cuenta de que lo que tienen es cosa de Dios.



JESÚS, son bienaventurados aquellos que lo pasan mal sin culpa. Ayúdanos a darnos cuenta de quién nos necesita.


Eleuterio Fernández Guzmán


9 de septiembre de 2014

Testigos directos de Cristo



Martes XXIII del tiempo ordinario



Lc 6,12-19

“En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos”.


COMENTARIO


Jesús oraba mucho. Decir eso pudiera parecer algo normal. Sin embargo, hay que añadir, además de que fuera normal que orara mucho, que lo hacía para encontrar respuesta a lo que su corazón le estaba pidiendo. Y eso hace en esta ocasión.

Jesús ha de escoger a los que estarán más cerca de Él. Y escoge no a ilustres personajes de su tiempo sino a personas humildes con trabajos humildes. Los quiere así porque su corazón no estaba viciado de las tergiversaciones a las que habían llegado los “sabios” acerca de la Ley de Dios.

No tarda nada Jesús en enseñar a sus apóstoles. En cuanto bajan de allí se encuentran a mucha gente que quiere ver al Maestro. Y el Maestro no les niega su ayuda sino que, al contrario, cura a todo enfermo y transmite la Palabra de Dios a todo aquel que quiera escucharle.



JESÚS, aquellos a los que escoges para ser sus apóstoles, tus principales testigos, ven lo que puedes hacer. Ayúdanos a creer como ellos creyeron.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de septiembre de 2014

De dónde viene Cristo





El Nacimiento de la Virgen María


Mt 1,1-16.18-23
Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. 
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.


COMENTARIO

Decimos muchas veces, porque es verdad, que Dios, que es Todopoderoso y Creador nuestro, se abajó a la condición de hombre y se encarnó en María la Virgen. Y nos parece cierto porque lo es. Por eso este texto del Evangelio de San Mateo apunta hacia la venida de Cristo a través del hombre.

Como era creído en tiempos de Jesús, el Mesías debía ser de la casa de David, aquel rey, también pecador, que dios sustancia a Israel dominando al enemigo que entonces le tendía trampas. Y Mateo entronca al hijo de José y María, precisamente, en un origen humano muy concreto: la casa de David. Todo, pues, se había cumplido.

Resulta sintomático de la naturaleza divina, de cómo vino Cristo al mundo, el hecho que hace ver Mateo. No dice que José engendró a Jesús sino que, simplemente, lo cita como el esposo de María, de “la que nació Jesús, llamado Cristo”.


JESÚS, tu genealogía nos muestra que vienes, exactamente, de dode decía la Escritura santa que debía venir. Ayúdanos a tener siempre en cuenta que la voluntad de Dios ha de cumplirse.




Eleuterio Fernández Guzmán




7 de septiembre de 2014

Dios con nosotros





Domingo XXIII del tiempo ordinario
Mt 18,15-20


En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos: 'Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. 

'Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos'”.




COMENTARIO

Seguramente hay realidades espirituales que son difíciles de llevar por parte de los fieles discípulos de Cristo. Una de ellas es la de corregir, fraterna y fraternalmente, a quien se haya equivocado en tal tipo de materias.

Jesús sabe que hay que hacerlo. Es más, tal es así, que a sus apóstoles entrega un don muy especial: podrán atar y desatar y eso quedará atado y desatado en el cielo. Sabe Cristo que la corrección era, entonces y ahora, más que necesaria.
Por otra parte, el Hijo sabe que el Padre siempre escucha las peticiones que se le dirigen. Es más, recomienda que se le pida en comunidad, más de uno, pues eso demostraría que la creencia en la misericordia de Dios es común.


JESÚS, quieres que nos dirijamos a Dios porque sabes que nos espera y nos escucha. Danos fuerza para no ser individualistas.




Eleuterio Fernández Guzmán


6 de septiembre de 2014

Señor del sábado



Sábado XXII del tiempo ordinario


Lc 6,1-5

“Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?’. Y les dijo: ‘El Hijo del hombre es señor del sábado’”.


COMENTARIO

Los guardianes de los preceptos judíos no estaban muy por la labor de que se quebrantara ninguno de los cientos que, con el paso del tiempo, se habían ido estableciendo. Les molestaba mucho.

Violar el sábado, trabajando o haciendo lo que estaba prohibido, no era muy visto por aquellos que no creían que eso pudiera hacerse. Por eso llaman la atención a Jesús y a los suyos por estar arrancando espigas “para comer”.

Jesús, sin embargo, sabe que la misericordia es mucho más importante que cumplir algunos preceptos. Es más, sabe que en determinadas ocasiones, se ha “violado” realidades más sagradas por cumplir con la necesidad del hombre. Y es que, además, Jesús es Señor y, por tanto, tiene prevalencia sobre cualquier tipo de precepto humano.


JESÚS, muchos de los que en tu tiempo vivían estaban muy equivocados al respecto de la Ley de Dios. Ayúdanos no caer en las trampas del Maligno a tal respecto.


Eleuterio Fernández Guzmán


5 de septiembre de 2014

Corazón nuevo, Ley de siempre de Dios



Viernes XXII del tiempo ordinario

Lc 5,33-39

“En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: ‘Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben’. Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’. 

Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’’”.


COMENTARIO

No era extraño que, antes que Jesús se manifestara al mundo tras su bautismo los judíos tuvieran por razonables las leyes que habían recibido de sus padres y que, por eso, se extrañasen de cosas como las del no ayuno de los discípulos de Cristo.

Jesús, sin embargo, no es que viniera al mundo a traer una ley nueva. Él mismo diría que había venido para que se cumpliera la de Dios. Y eso es lo que hace. Por eso estando Él presente, Dios mismo hecho hombre, ¿a qué venía el ayuno?

Y luego, Jesús, define a la perfección lo que han de ser los corazones nuevos. Los que son viejos y no quieren mudar no aceptarán su Palabra. Sin embargo, aquellos que vengan a ser otros, nuevos, la acogerán con amor y gozo.




JESÚS, quieres que cambiemos el corazón para acoger, en el nuevo, la Ley de Dios, la verdadera y no la tergiversada por los hombres. Ayúdanos a ser capaces de acogerte bien dentro.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2014

Pescadores de hombres



Jueves XXII del tiempo ordinario


Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”


COMENTARIO

Jesús no deja de enseñar. En el tiempo que pasó entre sus contemporáneos como Maestro aprovecha cualquier situación y cualquier circunstancia para transmitir la doctrina santa de Dios. Y esté donde esté se las arregla para llegar al corazón de los que le escuchan

Verdaderamente podemos decir que Pedro era casi un profeta. Le dice a Jesús que es un pecador y, como sabemos, con el paso del tiempo, demostraría que lo era. Pero ahora lo que siente es un tremendo agradecimiento por la muestra del poder divino de la que hace gala Jesús.

Jesús, sin embargo, sabe que aquel hombre rudo, aquella “piedra” iba a ser muy importante para la vida de la humanidad. Lo nombra “pescador de hombres” porque era la forma de decirle que iba a ser como Él: buscador de hombres para Dios Padre.




JESÚS, quieres que atraigamos a los hombres a Dios Todopoderoso. Ayúdanos a no evitar tan importante obligación.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de septiembre de 2014

Cristo vino para salvar

Miércoles XXII del tiempo ordinario


Lc 4, 38-44

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”


COMENTARIO

La voluntad de Dios era que Jesús viniera al mundo anunciara a la creación entre su Ley t su Palabra. Iba, pues, por los caminos del pueblo elegido por el Creador anunciando que el Reino del Todopoderoso había llegado, que era Él.

Aquellos que eran el Mal bien que lo conocían. Los demonios, discípulos del Ángel caído Satanás, conocían al Hijo. Le tenían miedo porque sabían que podía hacer con ellos lo que quisiera. Y huían, a diferencia de los discípulos de Cristo que lo buscaban y lo amaban.

Jesús fue consciente, al menos que sepamos desde que empezó la llamada vida pública del Hijo de Dios, que tenía que hacer lo que estaba haciendo. Por eso recoge este texto del evangelio de San Lucas que sabía que para eso había sido enviado.



JESÚS, sabes qué debes hacer. Nosotros, sin embargo, muchas veces pudiera dar la impresión de que lo olvidamos. Ayúdanos a no caer nunca en tal tentación.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de septiembre de 2014

Conocer a Cristo y creer en Él




Martes XXII del tiempo ordinario


Lc 4,31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región”.


COMENTARIO


Cuando Jesús recorría los caminos del mundo enseñando era normal que muchos de sus contemporáneos no creyesen en Él. Lo que decía no les gusta nada de nada porque les ponía, ante sus ojos, los pecados en los que caían.

Sin embargo, otros muchos (no demasiados, es verdad) sí creyeron en Él y en la doctrina que presentaba. Por eso sabían que enseñaba con autoridad y no como otros conocidos como sabios y entendidos en la Palabra de Dios. Ellos sí recibieron el Espíritu de Dios.

Otros también lo conocían, Los demonios sabían que era el Hijo de Dios, Quien había de venir al mundo. Por eso huían a su voz y por eso demostraban, con aquellos hechos, que Dios había cumplido su promesa de enviar un Salvador.




JESÚS, muchos no creían en ti pero otros sí sabían que eras el Hijo de Dios. Ayúdanos a ser como los que te conocieron y te quisieron.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de septiembre de 2014

Dios es Padre de todo ser humano


Lunes XXII del tiempo ordinario
Lc 4,16-30


En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor'.

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: 'Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír'. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: '¿No es éste el hijo de José?'. Él les dijo: 'Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria'. Y añadió: 'En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio'.

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.
COMENTARIO

Los vecinos de Jesús, al parecer, no comprendían lo que el hijo de José y de María estaba haciendo. Lo escuchan complacidos en la Sinagoga pero, a la hora de entender lo que está leyendo y, en realidad, lo que a El le afecta, no dan el paso siguiente de creerlo.

Jesús sabe que los antepasados de aquellos que ahora lo rechazan mataron a otros profetas. Y lo hacían porque no les gustaba nada de nada lo que les ponía sobre la mesa de su realidad. Les hacía ver lo que ellos no querían ver. Y eso pasa con Jesús.

Resulta curioso el sentido de avaricia que llegó a adquirir el puedo judío. Creían que sólo a sus miembros salvaría Dios sin darse cuenta de que el Creador es Padre y lo es de todos. Por eso salvó en otro tiempo a personas no judías. Pero eso, según refleja este texto, no era comprendido por aquellos que debían conocer la misericordia de Dios.


JESÚS, muchos de tus vecinos no entendían lo que les estabas diciendo. Ayúdanos a tener un corazón abierto y no cerrado.




Eleuterio Fernández Guzmán


31 de agosto de 2014

Negarse a sí mismo




Domingo XXII del tiempo ordinario


Mt 16,21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: '¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte'. Jesús se volvió y dijo a Pedro: 'Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios'.

Entonces dijo a los discípulos: 'El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta'”.


COMENTARIO

Jesús conoce a la perfección el pensamiento de cada ser humano. Por eso sabe que lo que le dice Pedro acerca de que a Él no le puede pasar aquello que está diciendo sobre su muerte no es propio de Cefas sino que el Demonio le está soplando al corazón lo que tiene que decir.

Pero Jesús tiene los conceptos más que clarificados. Por eso sabe que para seguirlo hay que soportar aquello que nos pesa en el corazón. Es como reconocer lo que nos pasa sin, por ello, venirse abajo sino, al contrario, tratando de arreglar ciertos desmanes.

En realidad, seguir a Cristo supone no estar con el mundo y a favor del mundo. Es lo que Jesús quiere decirnos cuando habla de perder la vida o de ganarla: se pierde cuando no se le sigue; se gana cuando se va tras el Hijo de Dios y se hace lo que quiere que hagamos.



JESÚS, quieres que te sigamos porque sabes que es lo mejor que puede pasarnos. Pero, para eso, debemos cargar con nuestra cruz y dejar atrás todo lo que éramos. Ayúdanos a tener esto muy en cuenta en nuestra vida.




Eleuterio Fernández Guzmán


30 de agosto de 2014

Talentos; los talentos


Mt 25,14-30

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 

‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’’”.



COMENTARIO

Dios nos da talentos

Esta parábola nos enseña que el Creador, a unos más y a otros menos; a unos algunos y a otros, otros, nos entrega talentos para que los hagamos rendir.

Hace rendir los talentos

Hay creyentes que no quieren hacer de sus talentos algo particular y para sí mismos. Así, los hacen rendir para los demás porque han entendido la voluntad de Dios y la llevan a la práctica.

Ocultar los talentos

Hay, sin embargo, creyentes que parece no entender aquello que Dios les quiere decir cuando les entrega unos talentos. Los esconden como si sólo fueran para ellos. Y para tales personas, que no han sabido compartir aquello que Dios les ha entregado no habrá un juicio favorable.


JESÚS, ayúdanos a compartir aquello que tu Padre nos ha entregado cuando nos ha creado; ayúdanos a no ser egoístas con nuestros talentos.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de agosto de 2014

La fe del Bautista



Mc 6,17-29

“En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura’”.


COMENTARIO

Aquel hombre, Juan, había venido al mundo porque Dios le había encargado una misión que cumplir. Su fe, por eso mismo, era grande y sabía que no valían medias tintas con el Creador. Por eso hizo lo que tenía que hacer y echó en cara a Herodes su matrimonio con quien no debía haberse casado.

El odio siembra malas semillas en el corazón del hombre. Por eso la mujer de Herodes quería ver muerto a quien tanto “daño” le estaba haciendo a su plácida vida en palacio. Y urde, urde, lo peor para el primo de Jesús.

Herodes, empero, era un cobarde. De no haber prevalecido en él el respeto humano no habría cumplido la promesa que hizo a la discípula del Mal. Sin embargo, pudo más el qué dirán antes que la verdad, antes, incluso, que su propio pensamiento acerca de aquel profeta llamado Juan.  




JESÚS, tu primo Juan supo cumplir con la misión que le había puesto Dios. Ayúdanos a tener tanta fe como él tuvo.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de agosto de 2014

Estar preparados


Jueves XXI del tiempo ordinario
Mt 24,42-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”».


COMENTARIO

El ser humano, digamos, ordinario, que tiene fe y cree en Dios todopoderoso, no sabe cuando va a ser llamado por el Padre a su presencia. No lo sabe pero, a la vez, parece no darse cuenta de que eso ha de pasar.

Jesús nos avisa de algo muy importante: vamos a ser llamados por Dios y no sabemos cuándo va a ser eso. Por eso explica, a los que quieran escuchar, que seremos llamados cuando menos lo esperemos y que debemos estar preparados.

Sin embargo, podemos optar por una actitud nada de acuerdo a la voluntad de Dios. Si miramos para otro lado como si eso nunca fuera a suceder o, pretextando que no sabemos cuándo va a ser eso, no haremos lo que tenemos que hacer y, seguramente, eso será nuestra perdición eterna.


JESÚS, nos pones sobre la pista de qué debemos hacer de cara a la llamada al tribunal de Dios. Ayúdanos a estar preparados, ¡ayúdanos!

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de agosto de 2014

¡Cuidado con la hipocresía!



Miércoles XXI del tiempo ordinario
Mt 23,27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que es crucial para el ser humano que su vida de fe sea como tiene que ser. A Dios no se le puede engañar y, por eso mismo, hacer como si eso fuera posible no es cosa recomendable.

El Hijo de Dios llama la atención a los que, teniendo que ser verdaderos maestros son como no tienen que ser: falsean su manifestación con el prójimo como si el Creador no conociera su corazón aunque es más que cierto que, como Cristo sabe, el Todopoderoso lo conoce todo.

Jesús profetiza acerca de su propia vida. Profeta de Dios, sabe que su final en la vida terrena estará a mano, precisamente, de aquellos cuyos padres ya mataron a otros profetas. Conoce Jesús que aquellos que actúan como no deben harán lo propio con respecto a Él mismo.




JESÚS, debes corregir a los que no son como tienen que ser y mienten acerca de su fe. Ayúdanos a no ser como aquellos hipócritas.

Eleuterio Fernández Guzmán