Mc 8, 22-26
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó sano y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole. 'Ni siquiera entres en el pueblo'".
Mc 8, 22-26
Lc 10, 1-9
COMENTARIO
Cuando el Hijo de Dios envía al grupo de setenta y dos discípulos para que transmitieran la Buena Noticia antes de que llegara a las ciudades y lugares el mismo Maestro lo hace, digamos, para que esté preparado el pueblo que debe recibir una nueva doctrina. Pero sabe que, como dice, los envía como ovejas que van a ir al lugar donde están los lobos...
Podemos decir que no los envía con las manos vacías. Y es que les otorga la posibilidad de curar como podía hacerlo él mismo.
El caso es que no quiere Jesucristo que se obligue a nadie a creer sino que debe ser propuesta la Buena Noticia y si es recibida por quien la escucha eso estará bien y si no lo es...
JESÚS, gracias por haber enviado a los que fueron por delante de ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mc 8,11-13
“En aquel tiempo, salieron los fariseos
y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin
de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por
qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación
ninguna señal’. Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla
opuesta.”
COMENTARIO
Los que en su tiempo, casi como ahora, no
querían a Jesús ni gozaban, precisamente, con su mensaje, buscan cualquier
ocasión para dejarlo en evidencia. Ellos no sabían, al parecer, que en eso
tenían poco que hacer.
Podemos imaginar lo que debía pasar por
el corazón de Jesús cuando aquellos que veían lo que había dicho y hecho,
además, le pedían señales… Debió pensar que en aquel campo no se podía sembrar
mucho.
El Hijo de Dios era consciente de que, de
todas formas, debía continuar con su labor evangelizadora. Si allí había
corazones que no estaban dispuestos a recibir la Palabra de Dios, habría otros
que sí lo estaría, campos fértiles donde sembrar la verdadera semilla de la
salvación.
JESÚS, ayúdanos a
tener confianza en Ti y a seguirte.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 5, 17-37
Jn 2, 1-11
Mc 7, 31-37
Mc 7, 24-30
Mc 7, 14-23
Mc 7,1-13
Mc 6, 30-34
Mc 6, 14-29
Mc 2, 22-32
Mc 6, 1-6