Mc 6, 30-34
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato
Mc 6, 30-34
Mc 6, 14-29
Mc 2, 22-32
Mc 6, 1-6
Mc 5, 21-43
Mc 5,1-20
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos
llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la
barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu
inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni
siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas,
pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía
dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes,
dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se
postró ante Él y gritó con gran voz: “¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de
Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”. Es que Él le había
dicho: “Espíritu inmundo, sal de este hombre”. Y le preguntó: “¿Cuál es tu
nombre?”. Le contesta: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le
suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.
Había allí una gran piara de puercos que
pacían al pie del monte; y le suplicaron: “Envíanos a los puercos para que
entremos en ellos”. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron
y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo
alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo
contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que
había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la
Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que
lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.
Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.
Y al subir a la barca, el que había
estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le
dijo: “Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho
contigo y que ha tenido compasión de ti”. Él se fue y empezó a proclamar por la
Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
COMENTARIO
Sin duda, aquel hombre lo estaba pasando
muy mal. Estaba, según nos dice el texto del Evangelio de San Marcos,
gravemente endemoniado. Tenía muchos demonios. Por eso necesitaba el auxilio de
Aquel a Quien los demonios temían: el Hijo de Dios.
Jesús echa a los demonios de aquel
hombre. Sin embargo, a la ambición humana aquello, siendo tan maravilloso,
parece no importarle nada. Y es que aquellos hombres no querían perder e
negocio que hacían con los cerdos. Al parecer poco les importaba la vida de su
prójimo endemoniado.
Aquel hombre, como es de esperar, está
agradecido. Por eso quiere acompañar a Jesús. Pero el Maestro prefiere que diga
lo que Dios ha hecho en su favor. Por eso no nos extraña nada que la fama de
santidad de Jesucristo se extendiera por doquier.
JESÚS, ayúdanos a aceptar el auxilio de tu corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 5, 1-12a
Mc 4, 35-41
Mc 4, 26-34
Mc 4, 21-25
Mc 16, 15-18
Mc 3, 31-35
Mt 4, 12-23
“12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.13 Y dejando
Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí; 14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: 15 =
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán,
Galilea de los gentiles! = 16 = El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto
una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha
amanecido. = 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: ‘Convertíos,
porque el Reino de los Cielos ha llegado.’ 18 Caminando por la ribera del mar
de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés,
echando la red en el mar, pues eran pescadores, 19 y les dice: ‘Venid conmigo,
y os haré pescadores de hombres.’ 20 Y ellos al instante, dejando las redes, le
siguieron. 21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de
Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo
arreglando sus redes; y los llamó. 22 Y ellos al instante, dejando la barca y a
su padre, le siguieron. 23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus
sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y
toda dolencia en el pueblo.”
COMENTARIO
No
podemos negar que el Hijo de Dios tenía algo más que idea de qué era lo que
debía hacer y, más que nada, de cuándo y cómo debía hacerlo. Y cuando supo que su
primo Juan iba a morir supo que había llegado el tan ansiado momento.
Lo
que hizo Jesucristo fue predicar. Sí, predicó acerca del Reino de Dios como
Buena Noticia. Pero también escogió a
los que le iban a seguir más de cerca como Maestro que era e iba a seguir siendo.
Lo
que nos dice este texto del Evangelio de San Mateo es que Jesucristo no sólo
predicaba sino que, además, sanaba de dolencias no sólo del alma sino también
del cuerpo. Y es que para eso había salido.
JESÚS, gracias por
saber cumplir con tu misión
Eleuterio Fernández Guzmán