26 de julio de 2022

Así será el fin del mundo


Mt 13,36-43

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: Explícanos la parábola de la cizaña del campo’. Él respondió: ‘El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 

‘De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga’”.

 

COMENTARIO

 

De las muchas que Jesús habla de lo que ha de pasar, en el porvenir de la humanidad, la que viene referida en este evangelio de San Mateo, es la más clara. No se anda con medias tintas ni nada por el estilo sino que lo dice todo con meridiana claridad.

 

Los apóstoles le preguntan por el significado de la parábola de la cizaña. Ellos, en realidad, no la han entendido porque no es poco cierto que no estaba muy formados intelectualmente. Pero el Hijo de Dios sabe eso y procura que aprendan y conozcan lo que es esencial.

 

Pero lo mejor viene luego. Habla Cristo de lo que será el fin del mundo. No habla en hipótesis o imaginativamente sino sobre lo que ha de pasar. Y, en verdad, según lo dice es mucho mejor no haber ocupado el papel de la cizaña.

 

JESÚS, ayúdanos a no ser cizaña sino trigo que da buen fruto.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de julio de 2022

Servir

Mt 20,20-28

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’. 

 

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.

 

COMENTARIO

 

Muy a pesar de los deseos humanos e, incluso, muy a pesar de los deseos humanos de carácter espiritual, lo que Dios quiere de nosotros lo decide Quien nos ha creado. Por ejemplo, decidir quién se sienta a su derecha o a su izquierda.

 

De todas formas, bien nos dice Cristo que para estar ahí, a la derecha o a la izquierda de Dios (sea lo que sea que quiera decir eso) no basta con manifestar preferencia por tales lugares. Hay que hacer algo más que manifestar tal deseo.

 

Lo que el Hijo de Dios quiere decirnos es que hay seguir su ejemplo. Vino a servir y a no ser servido y en esto, en esto también, el discípulo no puede ser más que el Maestro. Si Él vino a ayudar al prójimo en tal sentido dicho el servicio… lo mismo debemos hacer sus discípulos.

 

JESÚS, ayúdanos a saber ser servidores.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

23 de julio de 2022

Vid y sarmientos


Jn 15, 1-8

 

“1 ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. 8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.

 

COMENTARIO

 

La imagen que utilizar el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Juan era muy querida por todos aquellos que le escuchaban porque sabían que, como tal, la de la viña, como pueblo de Israel y el viñador, Dios, era creencia común.

 

Cristo, además, dice algo de importancia vital. Y es que, según nos habla el Mesías, es Él la viña y nosotros los sarmientos. Y quiere decir con eso que sin Él nada podemos hacer. Por eso debemos permanecer en Él y Él en nosotros.

 

El caso es que nada hay por casualidad en la viña del Señor. Por eso nos advierte Cristo que lo que quiere su Padre, Dios Eterno y Todopoderoso, es que demos fruto. Para eso lo envió al mundo.

 

 

 

JESÚS,  gracias por cumplir tu misión tan a la perfección.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de julio de 2022

La fe y el amor de la Madgalena

 

Jn 20,1-2.11-18

 

 

“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto’.


Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’. Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto’. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’. Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’ —que quiere decir: Maestro’—. ‘Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”

 

 

COMENTARIO

 

Aquella mujer, María Magdalena, tenía mucho que agradecer a Cristo. Al parecer había sacado de ella una serie de demonios que la habían hecho perderse por caminos nada recomendables para quien quiere entrar en el reino de los cielos.

 

María de Magdala acude al sepulcro porque quiere cuidar un poco el cuerpo del Maestro. Ella se sorprende de que no esté allí su cuerpo y pregunta. En principio no lo reconoce pero cuando sí lo reconoce exulta de alegría y gozo.

 

Jesús la envía. Lo que quiere que haga el Hijo de Dios es que comunique a los otros, a sus apóstoles y demás discípulos que están escondidos por miedo a los judíos, que ha resucitado. Era el principio de todo un devenir divino.

 

JESÚS, ayúdanos a tener la fe de María Magdalena

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

17 de julio de 2022

Ser Marta o María

 

Lc 10, 38-42


“Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.’ Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.”

 

COMENTARIO

Aquellos eran amigos de Jesús. Desde pequeños habían conocido al que ahora era un Maestro de fama reconocida. Y no era extraño que fuera a su casa para hablar con ellos y para pasar un rato en su compañía.

Marta era muy trabajadora. Ella se estaba ocupando de todo lo que aquella visita estaba trayendo de dificultad. Y se enfada con su hermana María que, al parecer, sólo hacía que escuchar a Jesús.

Pero María, según dice Jesús, ha optado por lo mejor. En realidad, hace falta muy poco para existir con sencillez. Pero ella había escogido lo mejor porque quería escuchar al Maestro. Y eso era lo más importante.


JESÚS, ayúdanos a ser como María y a querer escucharte.


Eleuterio Fernández Guzmán

Hermanos en Cristo

 

Mt 12, 46-50

 

“Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: ‘¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.’ Pero él respondió al que se lo decía: ‘¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’ Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.’”

 

COMENTARIO

 

Con Jesús había mucha gente. Nos dice este texto del evangelio de san Mateo que había allí una muchedumbre. Y cómo sería la cosa para que la Virgen María ni siquiera pudiera acercarse a su hijo amado para hablar con Él.

 

Muchos de los que escuchan a Jesús tienen, de su fe, una concepción en exceso equivocada. Por eso, cuando allí se presentan María con otros miembros de su familia, no se dan cuenta de que Jesús tiene un concepto muy distinto de las cosas que pasan en su vida.

 

Para Jesús hay algo que es muy importante. Y no es que quiera hacer de menos a su Madre y a sus parientes sino que sabe que quien actúa según la voluntad de Dios transmitirá su Palabra con gozo y, lo que es más importante, la pondrá en práctica.

 

 

JESÚS, ayúdanos a ser verdaderos hermanos tuyos.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de julio de 2022

Misericordia de Dios


Mt 12,1-8

En aquel tiempo, Jesús cruzaba por los sembrados un sábado. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: ‘Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado’. Pero Él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado’”.

 

COMENTARIO

Lo que iba del Amor de Dios al que los hombres se representaban como tal era mucho. Por eso Jesús debía corregir aquella forma de ver las cosas que tenía poco que ver con lo que Dios quería para su descendencia.

La ley del sábado era muy rígida. Es decir, aquellos que tenían de la fe un sentido, en exceso, duro, no eran capaces de comprender lo que valía la pena al respecto de lo que el Todopoderoso entendía como bueno y mejor para sus hijos.

Una palabra lo decía todo: Misericordia. Era lo que Dios tenía por entrañas o, mejor, lo que el Creador sabía que era bueno para su creación humana. Por eso Jesús era el Señor… también del sábado.

JESÚS, ayúdanos a comprender el sentido de tu Misericordia.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de julio de 2022

Mansedumbre y humildad

Mt 11, 28-30

 

 

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. = Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.”

 

 

COMENTARIO

 

Cuando Jesús viene por primera vez al mundo sabe que hay muchos de sus hermanos que no lo están pasando nada bien. Por eso se dirige, precisamente, a los que más han necesidad de hombro sobre el que apoyarse y de corazón en el que refugiarse.

 

Cristo nos dice que debemos acudir a él por varias razones: en primer lugar porque es necesario que aprendamos de Quien es el Hijo de Dios; en segundo lugar porque es humilde y mando y por eso mismo debemos tenerlo como ejemplo.

 

Lo bien cierto es que pudiera parecer que seguir al Hijo de Dios es algo difícil y no demasiado fructífero. Sin embargo nos dice él mismo que lo que pudiera parecer difícil de llevar es ligero y que su carga es suave.

 

JESÚS,  ayúdanos a ser mansos y humildes como tú lo eres.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

13 de julio de 2022

Los pequeños en la fe


Mt 11,25-27

 

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’”.

 

COMENTARIO

 

Jesús sabe que hay muchos que, creyéndose mayores de edad espiritual, no son más que niños que no han alcanzado, siquiera, el nivel mínimo para acceder al Cielo. Ellos, sin embargo, se consideran sabios.

 

Jesús, sin embargo, sabe que hay otros que, muy lejos de tales personas, mucho menos formados espiritualmente y pobres de espíritu, conocen aquellos principios elementales pero fundamentales que son los que nos procuran la salvación eterna.

 

Hay algo, además, que deberíamos tener en cuenta y que tiene mucho que ver con lo que interesa a todo aquel que quiere salvarse: es Cristo quien escoge a quién revelar lo que es crucial para su vida. Cristo, pues, escoge y elige y los demás, en todo caso, aceptamos o no aceptamos.

 

 

 

JESÚS, ayúdanos a ser de los pequeños en la fe.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de julio de 2022

No convertirse tiene graves consecuencias


Mt 11,20-24

 

“Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo hace que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te hundirás! = Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.’”

 

COMENTARIO

 

No podemos negar que Jesús hizo unas claras advertencias acerca de los lugares que, habiendo sido testigos de su palabra y su acción, no quisieron convertirse. Para ellas nada bueno está preparado.

 

Resulta, como poco, curioso, que unos creyentes como era los del tiempo de Cristo, ávidos de signos que mostrasen lo que decía ser Cristo, no hicieran el mínimo caso a los signos milagrosos que realizó ante ellos.

 

Aquello era una clara blasfemia contra el Espíritu Santo porque no aceptaron la posibilidad de salvación a través de la conversión que les había ofrecido Cristo. Por eso dice el Hijo de Dios que lo que les espera el día del Juicio no va a será nada, precisamente, bueno sino, al contrario, malo y muy malo.

 

JESÚS,  ayúdanos a creerte para que no caigamos en blasfemias contra tu Espíritu.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

El divino orden de las cosas

Mt 19, 27-29

 

“Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’  Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. 30 ‘Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.’”

 

COMENTARIO

 

Jesús habla ahora de lo que hay tras la muerte. Y es que aquellos que le preguntan sobre qué será de ellos que lo han dejado todo por seguirle, quieren saber, quieren conocer, al fin y al cabo, cuál será su compensación. Humanamente, se entiende…

 

Jesús sabe que todo aquel que lo deja todo por Él tiene una compensación muy grande cuando aún vive en la tierra pero luego, luego, tras la muerte, la misma será de una cantidad y calidad que no pueden ni imaginar. Ellos, por ejemplo, los apóstoles, se sentarán en doce tronos en el Cielo.

 

Pero hay algo más. Hay que tener en cuenta lo que hacemos aquí, mientras deambulamos por este valle de lágrimas. Y es que muchos de los que se consideran primeros serán los últimos en el Cielo y, al revés, muchos de los que son últimos, allí han de ser los primeros.
Y es que el orden de las cosas, para Dios, no es el mismo que el que tenemos sus hijos.

 

JESÚS, ayúdanos a comprender el orden de las cosas según el Padre.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

10 de julio de 2022

El prójimo


Lc 10, 25-37

 “25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?’ 26 Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’ 27 Respondió: = ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas = y con toda  tu mente; = y a tu prójimo como a ti mismo.’ = 28 Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás.’  29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’ 30 Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. 31 Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. 32   De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. 33 Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; 34   y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le  llevó a una posada y cuidó de él. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva."  36 ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’ 37 Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él.’ Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo.’”

 

COMENTARIO

En tiempos de la primera venida del Hijo de Dios, es cierto y verdad que había muchas personas que creían conocer la Ley a la perfección y no dudaban en manifestar tal realidad. Y a ellos no había quién se les opusiese porque eran considerados sabios.

Sin embargo, Jesucristo sabía que las cosas del espíritu y las relacionadas  con la Ley de Dios no eran según los citados arriba creían y no tenía más remedio que corregirlos para que aprendieran la Verdad.

El caso de aquel hombre malherido y al que no atienda más que una persona samaritana a los que los judíos odiaban era un síntoma bien claro de por dónde iban las cosas y cómo las quería Dios.

 

JESÚS, gracias por enseñar la Verdad.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de julio de 2022

Matar el alma

 

Mt 10,24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

‘No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos’”.

 

COMENTARIO

 

Jesús sabe que, a lo mejor, hay quien quiere ser más que él mismo. Sin embargo, conocer la capacidad humana de mantener una fe que se dice firme es suficiente como para saber que es más que suficiente con que procuremos ser igual que Él; más, imposible.

 

El caso es que Jesús nos avisa acerca de lo que debe importarnos: aquellos que pretenden hacer daño a nuestro cuerpo, nada tienen de importantes. Y tal así porque el cuerpo, con la muerte, desaparecerá. Lo que debemos tener en cuenta es a los pretenden que nuestra alma perezca para siempre. No, pues, atengamos a la tentación ni a los tentadores.

 

Algo, sin embargo, es muy importante. Y es que si tenemos fe no podemos hacer de ella algo anecdótico. Es decir, que si se da la ocasión de mostrar que somos discípulos de Cristo no podemos esconder la realidad espiritual de la que decimos tomar parte.

 

JESÚS, ayúdanos a no esconderte por conveniencias humanas.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

8 de julio de 2022

Confianza en el Espíritu Santo

Mt 10,16-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 

Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre’”.

 

COMENTARIO

 

Cuando Jesús envía a sus discípulos sabe que no van a un mundo ideal donde toda persona quiera escuchar lo que ellos tenían que decir al respecto del Reino de Dios y del Mesías. Sabe que, en efecto, los envía a lugares donde van a ser poco queridos.

 

El caso es que, como ha dicho otras veces, por su causa habrá separación. Sin embargo, no se trata de una separación negativa sino de una que clasifica al ser humano entre aquellos que quieren la vida eterna y aquellos que la rechazan. Y tal separación sólo puede ser buena para los que escogen vivir eternamente en el Cielo.

 

Tendrán, además, una ayuda extra. El Espíritu Santo los ayudará en aquellos momentos en los que sean acusados ante los tribunales. Y ellos, seguramente sin saber cómo, hablarán como sólo Dios puede hablar.

 

 

JESÚS, ayúdanos a confiar en el Espíritu Santo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de julio de 2022

El Reino de Dios está cerca

Mt 10,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

 

La misión que Cristo había venido a llevar a cabo debía ser continuada por aquellos que había escogido y ellos habían aceptado la misma. Por eso los envía para proclamar que el Reino de Dios estaba cerca. Es más, estaba tan cerca como quisieran aceptar a Cristo como el Mesías.

 

Jesús sabe que lo que Dios da al hombre lo da de forma que, si es aceptado, debe rendir. Son los talentos que da a cambio de que sean usados. Por eso Cristo habla de que hay que dar gratis lo que se ha recibido gratis.

 

El caso es que lo que se hace tiene consecuencias en la vida eterna. Es decir, que todo aquello que hacemos ahora mismo y mañana y hasta cuando aquí estemos, tiene que ver con lo que nos pasará una vez hayamos muertos. Por eso es más que bueno aceptar a Jesús como el Hijo de Dios.

 

JESÚS, ayúdanos a dar gratis lo que hemos recibido gratis.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

6 de julio de 2022

Dios quiera que no seamos ovejas perdidas

Mt 10,1-7

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Franco, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca’".


COMENTARIO

  

Cuando Jesús escoge a los que iban a ser sus apóstoles no lo hace sin establecer, para ellos, un estatuto especial con respecto a los demás que iban a ser discípulos suyos. A ellos les da un poder que, viniendo de parte de Dios, era el que necesitaban para cumplir con la misión que se les iba a encomendar.

 

Los nombres de aquellos hombres nos han llegado desde entonces para certificar una elección. Es Dios-Cristo quien escoge a los que quiere y deja, a los mismos, la posibilidad de seguir al Hijo de Dios.

 

¿Qué quería Cristo de ellos? Primero, que fueran por el mundo transmitiendo la Buena Noticia; segundo, que lo hicieran con las ovejas perdidas del pueblo de Israel o, lo que es lo mismo, con aquellos que habían dejado de pertenecer al pueblo elegido por Dios.

 

 

JESÚS, ayúdanos a ser ovejas que has encontrado.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

5 de julio de 2022

Trabajadores para la mies es lo que queremos

Mt 9, 32-38

 

“Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel.’ Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.’  Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.“

 

COMENTARIO

 

¿Habrá una blasfemia más grande que decir que Jesús expulsa a los demonios por el Príncipe de los demonios? Y es que esto, en realidad, suponía que era discípulo de Satanás. Eso, al menos, era lo que sostenían aquellos que lo perseguían a muerte.

 

Jesús, de todas formas, no se arredraba nada cuando eso se le decía o, al menos, escuchaba que otros habían dicho de Él. Al contrario: iba por los caminos y los pueblos predicando acerca del Reino de Dios y sanando a los que necesitaban ser sanados.

 

De todas formas, Jesús sabía que él sólo no iba a poder abarcar todo el espacio físico que necesitaba ser abarcado. Por eso pide a sus apóstoles que rueguen a Dios para que suscite, entre los miembros del pueblo elegido ahora (el cristiano) a los que puedan pastorearlo.

 

 

JESÚS, pide al Padre, intercediendo por una necesidad tan grande a tal respecto, que envíe a trabajadores a su mies.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

4 de julio de 2022

La fe salva

Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.”

 

COMENTARIO

 

Todos conocemos el amor que Cristo sentía por sus semejantes, sus hermanos los hombres. Si, además, concurría petición basada en la fe o confianza en su persona… el resultado ya podemos imaginar cuál era.

 

Aquella mujer confiaba mucho en el amor de Cristo. Pensaba que tan sólo con tocar un poco de su manto iba a quedar curada. Y Cristo, que sabe que eso es posible no puede hacer otra cosa que curarla.

 

La fe de aquella mujer la salvó. Lo mismo pasa con la hija de aquel hombre, Jairo, que pretende que Jesús le eche una mano bien grande. Y eso es lo que pasa porque el Hijo de Dios nunca abandona a quien lo necesita de verdad.

 

JESÚS, ayúdanos a no perder nunca la fe.

 

Eleuterio Fernández Guzmán