Mt 9, 1-8
30 de junio de 2022
El poder de Dios
29 de junio de 2022
Pedro
Mt 16, 13-19
Ellos le respondieron: ‘Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas’.
‘Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?’.
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’.
28 de junio de 2022
No tener poca fe
Mt 8, 23-27
Él les respondió: ‘¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?’ Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: ‘¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?’”.
27 de junio de 2022
Seguir a Cristo supone mucho
Mt 8,18-22
“En
aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra
orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que
vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos;
pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los
discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele
Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’”.
COMENTARIO
Seguir a Cristo, en aquellos
momentos primeros de su predicación y ahora mismo, supone algo más que sostener
que se es discípulo suyo porque hacer sólo es hacer, exactamente, nada. Y Jesús
lo explica muy bien en este texto del evangelio de san Mateo.
Jesús, para empezar, pone
todas las cartas sobre la mesa. Ha de saber todo aquel que quiera seguirlo que
no va tener una vida fácil. Muchos serán perseguidos porque al Hijo de Dios hay
muchos que no lo quieren. Y a ellos les va a pasar lo mismo. Depende, pues, de
su voluntad.
El caso es que seguir a
Jesús no es poco. Supone, antes que nada, olvidarse de que se ha tenido una
vida anterior, un corazón viejo. Supone, por tanto, tener en cuenta que se ha
venir a tener un corazón nuevo, de carne.
JESÚS,
ayúdanos
a serte fieles.
Eleuterio Fernández Guzmán
26 de junio de 2022
Saber seguir a Cristo
Lc 9, 51-62
“51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su
asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, 52 y envió mensajeros
delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para
prepararle posada; 53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a
Jerusalén. 54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor,
¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’ 55 pero
volviéndose, les reprendió; 56 y se fueron a otro pueblo.57 Mientras iban
caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas.’ 58 Jesús le dijo:
‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del
hombre no tiene donde reclinar la cabeza.’ 59 A otro dijo: ‘Sígueme.’ El
respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre.’ 60 Le respondió: ‘Deja
que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.’
61 También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de
los de mi casa.’ 62 Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira
hacia atrás es apto para el Reino de Dios.’”
Es
más que conveniente entender las palabras del Hijo de Dios pues es posible nos
pudieran llevar a engaño. Y es que, al parecer, nada de lo nuestro sirve ni
vale para poder seguir a Cristo. Y eso, claro, no es así.
Cuando Jesucristo fue enviado al mundo lo fue, digamos, para que la situación, como poco, del pueblo elegido por Dios, cambiase de forma radical pues de raíz era la cosa. Y eso era lo que hacía Cristo cuando, por ejemplo, hablaba y predicaba.
Es, sin duda, muy importante seguir al Hijo de Dios. Pero no se le puede seguir de cualquiera manera, sin por ejemplo, haber olvidado lo que éramos antes y todo lo que eso suponía. Sólo así se puede seguir a Cristo. Y nosotros creemos que Él se refiere a eso: a vino nuevo… odres nuevos, como dice en otra ocasión.
Eleuterio Fernández Guzmán
25 de junio de 2022
Hágase según tu Palabra
Mt 8, 5-17
Al entrar en Cafarnaúm, se acercó a Jesús un centurión, rogándole:
“Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”.
Jesús le dijo: “Yo mismo iré a sanarlo”. Pero el centurión respondió: “Señor,
no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi
sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial
subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: “Ve”, él va, y
a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”,
él lo hace”. Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les
aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les
digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con
Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del
Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar
de dientes”. Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”. Y
el sirviente se sanó en ese mismo momento. Cuando Jesús llegó a la casa de
Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y se le
pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. Al atardecer, le llevaron
muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y sanó a
todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que había sido
anunciado por el profeta Isaías: “Él tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí
nuestras enfermedades”.
COMENTARIO
El
caso de aquel hombre romano y que, por tanto, no era de religión judía, es síntoma
de la confianza que se puede llegar a tener en el Hijo de Dios. Y lo que le
pasa es, justamente, el resultado de aquella confianza.
Sabía
muy Jesucristo que aquel hombre, aunque no fuera de religión judía, confiaba en
su persona y sabía que sólo Él podría ayudar a su sirviente a quien, por
cierto, debía querer mucho para arriesgarse en una conversación como aquella.
Lo
que podemos ver, tanto en el caso del romano como de la suegra de Pedro es que,
en efecto, el Hijo de Dios había venido al mundo a salvar aquello que debía ser
salvado. Y bien que lo hizo y hace.
JESÚS, gracias por
cumplir tan bien tu misión.
Eleuterio Fernández Guzmán
24 de junio de 2022
Confesión de fe
Lc 15, 3-7
‘Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.
23 de junio de 2022
El Bautista
Lc 1, 57-66.80
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: ‘No, debe llamarse Juan’.
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: ‘¿Que llegará a ser este niño?’ Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.”
22 de junio de 2022
Dar buen fruto
Mt 7, 17-22
“15 ‘Guardaos
de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16
Por sus frutos los conoceréis. Acaso se
recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? 17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos,
pero el árbol malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos
malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen
fruto, es cortado y arrojado al fuego. 20 Así que por sus frutos los
reconoceréis.’”
COMENTARIO
Hay
algo que el Hijo de Dios dice dos veces en este texto del Evangelio de San
Mateo: “por sus frutos los reconoceréis”. Y es que, en verdad, una cosa es lo
que decimos y otra, a veces muy distinta, lo que hacemos.
Es
cierto y verdad que resulta difícil que de un árbol malo pueda obtenerse fruto
bueno sino que, como es de esperar, el resultado sea malo de toda maldad.
En
realidad, Jesucristo quiere que nosotros seamos como el árbol bueno que da buen
fruto. Así reconocerán que somos discípulos suyos.
JESÚS, gracias por
querer que demos buen fruto.
Eleuterio Fernández Guzmán
21 de junio de 2022
Entrar por la puerta estrecha
Mt 7, 6. 12-14
‘No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
19 de junio de 2022
Oró y repartió
Lc 9, 11b-17
“Les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. 12 Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: ‘Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.’13 El les dijo: ‘Dadles vosotros de comer.’ Pero ellos respondieron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.’ 14 Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: ‘Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.’ 15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos. 16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. 17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.”
18 de junio de 2022
Confiar plenamente en Dios
Mt 6, 24-34
‘Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.
Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’ Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.’”
17 de junio de 2022
Cuidado con lo que vemos
Mt 6, 19-23
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!’”
16 de junio de 2022
El Padre Nuestro
Mt 6-7-15
15 de junio de 2022
El cómo debemos hacer
Mt 5, 1-6.16-18
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.’”