19 de febrero de 2022

Como estaba escrito

Mc 19, 2-13



Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías´’. Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.

Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: ‘Éste es mi Hijo muy querido, escúchenlo’. De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.


Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría ‘resucitar de entre los muertos’.


Y le hicieron esta pregunta: ‘¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?’


Jesús les respondió: ‘Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado? Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito’”.



COMENTARIO


Cuando el Hijo de Dios toma a Pedro, Santiago y Juan y los lleva al monte donde va a pasar lo que pasó, quiere que vean y, si es posible, que comprendan lo que sucederá ante sus ojos. Ellos, sin embargo, poco aprendieron en aquella ocasión.


Actúan aquellos discípulos como hombres que eran o, lo que es lo mismo, no captan el sentido sobre natural de la transfiguración ni de que ante sus ojos aparecieran Elías y Moisés como si de cualquier cosa se tratara. Y además, está eso de la resurrección…


Jesucristo les ha de explicar, una vez han bajado del monte y han escuchado que no debían decir nada, que todo lo que estaba escrito en la Sagrada Escritura judía se estaba cumpliendo paso a paso y, claro, en su momento también se cumpliría la del sufrimiento del Mesías...



JESÚS, gracias por ser tan franco con tus Apóstoles y con nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de febrero de 2022

Perder la vida o salvarla

Mc 8, 34; 9,1



Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: ‘El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles’.

Y les decía: ‘Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder’.



COMENTARIO


Como bien sabemos, el Hijo de Dios fue enviado al mundo para que el mundo se salvase. Sin embargo, podemos decir que la cosa no es tan fácil porque no es que viniera a salvar y ya está, sin nada que poner por nuestra parte sino que es, justamente, al revés: sí debemos poner de nuestra parte para salvarnos.


Lo que nos dice Jesucristo aquí no es nada fácil de hacer. Por eso, en un momento determinado de la Sagrada Escritura se dice que si encontrará el Señor alguien con fe cuando vuelva al mundo…


El caso es que lo que nos dice el Hijo de Dios tiene que ver con la salvación de nuestra alma y no con otra cosa. Y es que Jesucristo sabía muy bien que el alma permanece después de la muerte y va donde tenga que ir…, claro, poniendo nosotros de nuestra parte...



JESÚS, gracias por advertirnos acerca de cómo podemos salvarnos.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de febrero de 2022

El Hijo de Dios vivo

 

Mc 8,27-33

 

En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’. Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas’. Y Él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo’. 


Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres’”.

 

COMENTARIO

 

A Jesús le gustaba saber qué pensaban las personas e Él porque era una buena forma de ver si entendían lo que estaba haciendo y diciendo. Y por eso le pregunta a sus apóstoles que tenían un contacto muy directo con sus vecinos y conocidos.

 

La verdad es que muchos no sabían, a ciencia cierta, quién era. Por eso equivocaban su decir y, por eso mismo, no acababan entender exactamente la misión que tenían  que cumplir.  Pero Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, entendía perfectamente que Jesús era el Hijo de  Dios. Y así lo dice.

 

Pero a Jesús no le gusta nada de nada que Pedro, aquel a quien escogerá para ser el primera Papa diga lo que dice sobre lo que tiene que pasarle. Y le llama Satanás porque, en efecto, en aquel momento el Maligno le había hecho decir lo que no debía haber dicho nunca.

 

 

 

JESÚS, los que te conocen saben que eres Dios hecho hombre o, al menos, el Hijo de Dios. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.

 

 

 

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Misericordia

Mc 8,22-26


Cuando Jesús y sus discípulos, llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego a Jesús y le rogaban que lo tocara. Él tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: ‘¿Ves algo?’ El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: ‘Veo hombres, como si fueran árboles que caminan’.
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó sano y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole. ‘Ni siquiera entres en el pueblo’”.

COMENTARIO

Como el Hijo de Dios venía a salvar al mundo a todo aquel que necesitase ser salvado, no es nada extraño que eche una mano salvadora en más de una ocasión. Y, es más, si se lo pide alguien en beneficio de otro… más aún.

Aquel hombre, ciego, es seguro que lo estaba pasando más que mal pues la ceguera, ahora pero, sobre todo, entonces, era considerada, además de ser consecuencia de un pecado, algo que apartaba a la persona ciega de la sociedad.

Jesucristo no puede resistirse a curarlo porque, además, no quiere resistirse. Lo que no debió llevar nada bien el curado es no poder decir nada de aquel prodigio y milagro que le había correspondido aunque, debemos reconocer, que es casi seguro que no callara como lo que le pasó como, por cierto, pasa tras muchas veces muy a pesar de que el Hijo de Dios no quiera cierto tipo de publicidad...


JESÚS, infinitas gracias por ser tan misericordioso.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2022

Cuidado con cierta levadura


Mc 8, 24-31


En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: ‘Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ‘¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?’. ‘Doce’, le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: ‘Siete’. Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?’”.


COMENTARIO


Ciertamente, aquellos que andaban más de cerca con el Hijo de Dios, los Apóstoles, no acababan de comprender muchas de las cosas que hacía o que decía su Maestro. Y tampoco era extraño pues su formación no era, digamos y en general, excesiva.

Los Apóstoles actuaban como hombres que era y, como tales, no acababan de comprender que debían tener confianza en Aquel que los había creado y los mantenía en el mundo. Sin embargo, no podían comprender cómo se podía alimentar a tantas personas sin tener alimento que dar o, en todo caso, muy poco y escaso.

Sin embargo, y como puede apreciarse muchas veces, no contaban con el poder de Dios reflejado en el que tenía su¡ Hijo, Jesucristo.



JESÚS, gracias por tratar de hacer que, al menos, comprendamos las cosas del alma.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de febrero de 2022

Enviados al mundo

Lc 10, 1-19

 

“1 Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 2 Y les decía: ‘La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. 3 ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. 5 Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. 6 Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. 7 Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. 8 Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, 9 curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros’”.

 

COMENTARIO

 

Cuando el Hijo de  Dios envía a aquellos 72 discípulos es que sabía que era muy importante que la Buena Noticia se difundiera allí donde pudiera llegar. Y sabía, también, que había que pedir a Dios que escogiera a los que debían cultivar su campo.

 

Deben dejarlo todo a la santa Providencia de Dios pues, de otra forma, no acabarían de entender lo que supone que el Todopoderoso ama a sus hijos y los cuida.

 

El mensaje que deben ofrecer a todo aquel con el que se encuentren es bien claro: el Reino de Dios ha llegado al mundo y deben acogerlo en sus corazones.

 

 

JESÚS,  gracias por haber enviado a los 72.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2022

Les dio de comer

Mc 8, 1-20



En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Siento compasión de esta gente, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos”.

Los discípulos le preguntaron: “¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?” Él les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?” Ellos respondieron: “Siete”.

Entonces Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.

Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.

Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.”



COMENTARIO


La multiplicación de los panes y los peces y lo que eso supuso para aquellos que la presenciaron no es una circunstancia que no se deba tener en cuenta sino todo lo contrario. Y es que el Hijo de Dios mostró hasta dónde puede llegar el Amor y el poder de Dios.

Los Apóstoles respondieron como hombres que, al parecer, tienen poca fe. No saben, al parecer, que con ellos está Alguien que es más que un simple Maestro de la Ley de Dios.

Resulta curioso que sobrara de aquella comida de la que había bien poca. Y es que el Amor de Dios siempre se da en abundancia y nunca podemos decir que nos falte.



JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2022

Y creyeron en Él

Jn 2, 1-11



Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y, como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía’. Pero su madre dijo a los sirvientes:

‘Hagan todo lo que Él les diga’.

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: ‘Llenen de agua estas tinajas’. Y las llenaron hasta el borde. ‘Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete’. Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: ‘Siempre se sirve primero el buen vino, y cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento’.


Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.



COMENTARIO


La verdad es que este texto del Evangelio de San Juan, que tantas veces hemos leído y escuchado es un ejemplo de hasta dónde, primero, puede llegar el amor de una madre y, luego, hasta dónde pude llegar el poder de Dios.


Aquel matrimonio se iba a ver en ciertas dificultades pues la falta de vino, entonces, era algo muy mal visto e iban a quedar más que mal. María eso lo sabe y sabe que su hijo puede hacer mucho. Y casi ordena a los sirvientes que hagan lo que Jesús va a hacer. Y lo hacen.


Lo otro, el poder de Dios, se manifiesta claramente en la conversión del agua en vino que fue, además, el primer signo de tal poder. Y no sería, como sabemos, el último.



JESÚS, gracias por buen hacer.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de febrero de 2022

El Amor de Dios no tiene frontera

Mc 7, 24-30



Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.

En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.

Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

El le respondió: ‘Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros’.

Pero ella le respondió: ‘Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos’.

Entonces él le dijo: ‘A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija’.

Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.”



COMENTARIO


No deja de sorprendernos, como pasa siempre, el Amor del Hijo de Dios por toda criatura humana necesitada o, mejor, por toda criatura humana que pide auxilio para otra que está necesitada y lo hace con confianza en Su Persona.

El caso es que aquella mujer, y su hija podemos suponer, era pagana. Entonces alguien podría pensar que un judío no podía ayuda a alguien que no lo era. Pero es que Jesucristo era Dios hecho hombre y eso le daba, digamos, una legitimidad grande a la hora de beneficiar a quien lo necesitaba. Y aquel caso era de necesidad verdadera.

Aquella mujer responde con mucho tino a lo de la comida de los perros. Y es que ella, seguramente, podría considerarse indigna de recibir la atención del Maestro. Pero resulta que el Maestro no creía para nada en tal indignidad sino en todo lo contrario. Y cura a su hija que, además, era lo que iba a pasar y pasó.


JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2022

Del corazón salen las obras

Mc 7, 14-23



Jesús, llamando a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”

Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. Él les dijo: “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?” Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.

Luego agregó: “Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. “



COMENTARIO

Es verdad que, en muchas ocasiones, se solía achacar a la impureza el mal que el hombre tenía, aquello de malo que le pasaba. Por eso había muchas reglas acerca de qué se podía comer y qué no se podía comer. Pero el Hijo de Dios comprendía mejor la realidad del alma y del corazón y tenía muy claro lo que tantos no lo tenían…

Jesucristo lo dice con verdadera claridad: lo que entra de alimento en el hombre va al vientre y no al corazón. Por tanto, es difícil que pudiera contaminar, hacer impuro, al corazón. Y es que, lo contrario era la verdad: no había alimento que contaminara el alma del hombre.

Y, sin embargo, comprendía muy bien el Hijo de Dios de dónde salían las obras, lo que el hombre quería hacer y, a veces, muchas, hasta lo hacía: del corazón. Y era el corazón lo que debía mantenerse puro y no el estómago...



JESÚS, gracias por hablar con total claridad sobre lo que importa de verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2022

La Verdad de Dios

Mc 7, 1-13



Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.

Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: ‘¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?’ Él les respondió: ‘¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:

‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.


Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres’.


Y les decía: ‘Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’, y además: ‘El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte’. En cambio, ustedes afirman: ‘Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte…. En ese caso, le permiten no hacer nada más por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como éstas, hacen muchas otras cosas!’”


COMENTARIO

No podemos negar que en tiempos del Hijo de Dios, en la primera venida al mundo del mismo, había muchas cosas que el pueblo elegido por Dios tenía por buenas porque se habían hecho a lo largo de los siglos y eso hacía que nadie dudara de que lo que se hacía era buena cosa y que se debía seguir haciendo así.

Jesucristo sabía que había, entre ellos, personas especialmente consideradas como sabias, que mantenían aquellas costumbres por encima de todo y estaban dispuestas a zaherir a quien hiciese lo contrario.

El Hijo de Dios, sin embargo, sabía que la Verdad no era lo que ellos defendían y que debían cambiar aquellas “costumbres” porque lo único que se hacía defendiendo aquello era confundir al pueblo impidiéndole acercarse a Dios.



JESÚS, gracias por enseñar la Verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2022

Reconocer a Cristo

 

Mc 6, 53-56

 

 

“53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.

54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, 55 recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”

 

COMENTARIO

 

Este texto del Evangelio de San Marcos nos muestra la concepción que el pueblo judío tenía de la enfermedad. Así, consideraban salvados a los que había sido curados porque tenía al enfermo, también, por un pecador.

 

Muchos sabían que aquel Maestro no era como otros de los muchos que había en Israel. Y es que le reconocían una autoridad superior a los demás. Por eso le llevaban a los enfermos, para que curaran.

 

Allí donde iba Jesús mucho sabían que podían acudir a Él. Tenían confianza y fe en aquel hombre que era más que un hombre. Y, como en toras ocasiones, la fe les había curado y, a la vez, salvado.

 

 

JESÚS,  ayúdanos a tener fe en ti siempre, siempre, siempre.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2022

Pescadores de hombres

Lucas 5, 1-11 

“1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, 2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.’ 5 Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.’ 6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto  las dos barcas que casi se hundían. 8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.’ 9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.’” 11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

COMENTARIO

Parece que siempre le toca a Pedro hacerse cargo de ciertos momentos que, en la Sagrada Escritura, muestran que ha de mejorar mucho al respecto de su confianza hacia El Señor. 

Pedro, sin embargo, no acaba de desconfiar de Cristo porque le dice que, por ser Él, va a hacer lo que le dice al respecto de las redes para pescar. Y obtienen una gran pesca…

El caso es que Jesucristo no se conforma con eso porque quiere que ellos sean pescadores de hombres o, lo que es lo mismo, que traigan hacia el Reino de Dios a todas las personas que puedan,.

 

JESÚS,  gracias por enseñar de esa manera.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2022

Y les enseñó

Mc, 6, 30-34



Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: ‘Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco’. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.”


COMENTARIO


Era lógico que los Apóstoles anduvieran por el mundo dando noticia de la Buena Noticia y también lo es que volvieran donde Jesús para darle nuevas de eso que habían hecho.

También era lógico que el Hijo de Dios quisiera enseñar a sus Apóstoles acerca de lo que debían predicar y, a su vez, ellos enseñar. Por eso quiere que se aparten del gentío pero, en realidad, eso era muy difícil.

Tan difícil era que cuando Jesucristo vio que, a pesar de intentar alejarse del gentío el gentío acababa encontrándolos, se apiada de ellos y vuelve a enseñarles pues, es verdad, andaban como ovejas que no tienen pastor y Él era el Pastor Bueno.


JESÚS, gracias por enseñar como debe ser enseñada la verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2022

Lo que puede hacer el Mal

Mc 6, 17-29

 

“Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”. Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.


Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”. Ella fue a preguntar a su madre: “¿Qué debo pedirle?” “La cabeza de Juan el Bautista”, respondió ésta.
La joven volvió rápidamente donde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.


El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida, mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y ésta se la dio a su madre.


Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

COMENTARIO

 

El episodio bíblico de la muerte de Juan el Bautista es una clara muestra de hasta donde puede llegar la maldad y hasta dónde el ser humano puede ser necio y despreocupado.

 

Juan el Bautista no había hecho más que decirle a Herodes una verdad tan grande como que no podía casarse con la mujer con la que quería casarse. Y es de esperar que tal mujer no quiera muy bien a Juan. Por eso procura su muerte hasta que la consigue. Maldad en estado puro.

 

El Bautista había cumplido con la misión que tenía en encomendada y que no era otra que anunciar al Mesías y difundir y defender la Palabra de Dios. Por eso es asesinado de una manera tan vil.

 

 

JESÚS,  agradece a tu primo Juan haber sido fiel y leal a Dios.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2022

Escogidos y enviados por Cristo

Mc  6,7-13


En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.”

COMENTARIO

Enviados por Cristo

 

Jesús envía al mundo a los que escoge para ser sus evangelizadores. Sabe que a las personas que escoge y que responden sí a su petición, no les van a defraudar y van a hacer todo lo posible para que la Palabra de Dios llegue al mundo.

 

Lo que hay que tener en cuenta

 

Hay cosas que, en la vida de un creyente, tienen importancia pero otras no lo tienen. Jesús sabe que lo que importa no es acumular en esta vida sino, en todo caso, acumular para la vida eterna.

 

Dar a quien quiera recibir

 

Jesús sabe que no todas las personas van a recibir bien la Palabra de Dios, la doctrina Santa. Sin embargo, no obliga a nadie a aceptarla. Propone pero no impone y tal es la actitud que recomienda a los suyos.

 

 

JESÚS, aquello que comunicas a tus enviados, entonces, es importante, también, ahora mismo. Ayúdanos a ser buenos transmisores de la Palabra de Dios.

  

 

Eleuterio Fernández Guzmán