9 de mayo de 2020

Ser el Padre, ser Dios hecho hombre

Jn 14, 7-14
"'Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.' Le dice Felipe: 'eñor, muéstranos al Padre y nos basta.' Le dice Jesús: '¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.'"
COMENTARIO

Padre
Sabemos que el Hijo de Dios era muy paciente con sus discípulos y, sobre todo, con los que no lo eran. Por eso no duda lo más mínimo en decir una y otra vez que la relación entre el Creador y Él es más que cercana. Vamos, que son uno.

Obras
Aquellos que escuchan las palabras de Jesucristo deberían haber creído, al menos, por aquello que hacía. Y es que se salía de no ordinario que alguien pudiera multiplicar los panes y los peces, resucitar a muertos...

Oración
De todas formas Jesucristo quiere y ansía que nos dirijamos a Dios. Y nos pide oraciones que, además, han de ser en su hombre, el del Hijo, para mejor ser escuchados.

JESÚS, gracias por darnos unos consejos tan certeros y sabios.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de mayo de 2020

Camino, Verdad y Vida

Jn 14, 1-6
"'No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino'. Le dice Tomás: 'Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?'  Le dice Jesús: 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. '"

COMENTARIO

Lo que nos dice hoy el Hijo de Dios tiene todo que ver con el ansia de vida eterna que tenemos sus discípulos. Además, nos asegura algo que tiene, también, todo que ver con eso, precisamente.
Jesucristo está en el Cielo preparándonos un lugar para cuando lleguemos. En realidad, no sabemos, en el fondo, cómo será tal lugar pero nos da la seguridad de que, de todas formas, que nos diga eso tranquiliza nuestro corazón.
Además, para que sepamos cómo, exactamente, debemos hacer y ser para poder, un día, hacer uso de tales mansiones, nos dice, con toda claridad el camino a seguir: Él, que es Camino, es Verdad y es Vida.

JESÚS, gracias por darnos una pista tan clara de cómo debemos ser.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de mayo de 2020

Recibir al Hijo de Dios

Jn 13, 16-20

"'En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. 'Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. 'Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe, me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a aquel que me ha enviado.'"

COMENTARIO


El Hijo de Dios lleva, por así decirlo, unos días apuntando hacia Dios de una manera bien clara y bien definida. Y lo hace no son subterfugios ni con palabras que no se puedan entender sino, al contrario, de una manera clara y diáfana. Y lo hace porque sabe y reconoce que aceptar tales palabras supone aceptar la Voluntad del Todopoderoso y, así, alcanzar la vida eterna.
El caso es que hoy incide en algo que muchas veces olvidamos: quien acepta a quien ha sido enviado por el Hijo de Dios lo que está haciendo no es aceptar, que también, al Hijo de Dios, sino a Quien lo ha enviado, que no es otro que el Creador.
Todo eso, podemos decir, no es nada difícil de entender pero, a veces, sí lo es de llevar al corazón.

JESÚS, gracias por haber sido siempre Quien eres.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de mayo de 2020

Aceptar a Cristo


Jn 12, 44-50
"Jesús gritó y dijo: 'El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.'" 
COMENTARIO

Podemos imaginar al Hijo de Dios tratando de hacerse entender acerca de lo que era más que importante entender. Por eso utiliza palabras sencillas que lleguen al corazón de los que le escuchan. En realidad, quiere que conozcamos que su persona, Él, no es Él solo sino que tiene que ver todo con Dios, su Padre y Creador nuestro.
Que Jesucristo diga eso ha de querer decir que tiene una importancia más que elevada. Y es que nos dice que no es poco importante sino al contrario porque la Voluntad de Dios es la vida eterna.
Para alcanzar la vida eterna no basta con querer alcanzarla. Eso sería demasiado fácil. Al contrario es la verdad: hace falta creer en el Hijo de Dios, aceptarlo como Mesías y, en fin, salir de la tiniebla en la que habitualmente nos movemos.

JESÚS, gracias por ser como eres, así, Dios mismo.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de mayo de 2020

Ser Uno con el Padre


Jn 10, 22-30
"Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: '¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.' Jesús les respondió: 'Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.
Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.'"

COMENTARIO

Pudiera parecer que muchos de los que escuchan al Hijo del hombre no quieren creer lo que dice o, al menos, les cuesta mucho creerlo. Y es que dice muchas y más veces que tiene que ver más que mucho con Dios, aquel que lo ha enviado al mundo para que el mundo se salve. Ellos, sin embargo, diera la impresión de que les parece extraño que una persona como Él sea el Mesías. Por eso lo dice tantas veces como es necesario decirlo. Y, es más, en este caso, acaba diciendo algo que debería disipar todas las dudas que pudiera albergar corazón alguna. Y es que dice que Dios y Él son Uno.
En realidad, eso debería haber terminado con todo lo que los corazones de los que le escuchaban pudieran tener de tiniebla. Y es que, como era Dios hecho hombre, sólo podían esperar de Él lo mejor.

JESÚS, gracias por ser Palabra, por ser la Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de mayo de 2020

Él cuida de sus ovejas


Jn 10, 11-18


“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.”


COMENTARIO

El principio y el final de este texto bíblico nos informa de lo que, en esencia, es el culmen de nuestra fe católica. Y es que el Hijo de Dios se muestra como es pero, sobre todo, muestra Quien lo ha enviado para que sea como es.

En realidad, nada de esto nos debería ser extraño. Y es que en muchas ocasiones, de una manera o de otra, Jesucristo ha mostrado que era plenamente consciente de qué había venido a hacer al mundo, de que había venido al mundo y, en fin, de la manera como iba a ser su muerte.

Hay quien duda acerca de que el Hijo de Dios fuera consciente de eso, de que era el Mesías y de que debía cumplir la misión para la que había sido enviado. Y, para esto, nos dice que su vida la da porque quiere, voluntariamente. Así de sencillo y así de simple.



JESÚS,  gracias por cumplir con tu misión hasta las últimas consecuencias.

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de mayo de 2020

El Buen Pastor

Jn 10, 1-10

“1 ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro  lado, ése es un ladrón y un salteador; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. 4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.’6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 7  Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. 10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’”.

COMENTARIO


Por si alguien tuviera alguna duda de la importancia que tiene el seguimiento del Hijo de Dios, Jesucristo nos habla de su papel en el mundo cuando vino. Y es que es el Buen Pastor, en imagen bíblica, y por eso debemos seguirlo, entrar en su redil para vivir la vida eterna, cuando eso sea y, ahora mismo, la que corresponde a un hijo de Dios.

Nos lo dice Jesucristo con toda claridad: antes que Él vinieron otros que no fueron los verdaderos enviados del Creador y Todopoderoso. Sin embargo, ha venido el Enviado de Dios, Él, para que el mundo se salve si cree en Él y lo confiesa como Hijo de Dios.


JESÚS,  gracias por ser Tú.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2020

Cuerpo y sangre que salvan



Jn 6,60-69

“En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’. Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuándo veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen’. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre’. 

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando Cristo habla de cosas como comer su carne y beber su sangre muchos se escandalicen. Eso o cuando habla de hacer determinados sacrificios. Pero, ciertamente, hay cosas que considera Jesucristo que aún son más difíciles de comprender.

Ciertamente, para una mentalidad mundana, decir que la carne no sirve para nada es decir mucho. Sin embargo, no es poco cierto que la carne acabará desapareciendo y sólo el Espíritu prevalecerá.

Hay algo que debieron tener en cuenta entonces y que debemos tener en cuenta ahora: la Palabra de Cristo-Dios es la única que da validez a una vida digna de ser vivida como hijo del Todopoderoso. Y esto sabiendo que, de todas formas, es el Padre quien nos escoge.

JESÚS,   ayúdanos aceptar tu cuerpo y tu sangre.


Eleuterio Fernández Guzmán


1 de mayo de 2020

Tener fe o no tenerla

Mt 13, 54-58
·Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: '¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?' Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.' Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe."
COMENTARIO

No hay duda alguna que la fe, para el Hijo de Dios, era algo más que importante y siempre vemos que la misma acarrea bondad y misericordia de su parte. Y es que Aquel que había sido enviado por el Todopoderoso para que el mundo se salvase tenía muy en cuenta que quien se dirigía a Él creyese en Él.
En este caso, en su mismo pueblo hay quien lo tiene por una persona común, hijo de María y de José. Sin embargo, no parece que crean en Él, que confían en su labor de Mesías.
Jesucristo, como es de esperar y cumpliendo con su misión y con su forma de ser, no podía hacer mucho allí donde no confiaban en su persona. Sin embargo, estamos seguros de que sí lo hizo con aquellos que sí creían en Él.


JESÚS, gracias por ser bueno con aquellos que creen en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2020

El Pan Vivo que lleva a la vida eterna

Jn 6, 44-51
"Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo."

COMENTARIO

Podemos decir que, en muchas ocasiones, el Hijo de Dios ha dicho cosas parecidas a las que recoge hoy el Evangelio de San Juan. Es decir, que no en pocas de ellas no se ha limitado a teorizar sobre esto o sobre lo otro acerca de la vida eterna sino que ha dicho, con toda claridad, lo que supone la misma y, sobre todo, cómo se puede alcanzar. Y en el día de hoy sobreabunda el tema con una claridad meridiana. Y es que nos dice que quien cree en Él, quien lo acepta como Hijo de Dios o quien, en suma, come de Él (adelanto de la Eucaristía) alcanza la vida eterna.
Ciertamente, no podemos decir que sea necesario decir nada más que lo que nos dice Jesucristo acerca de la vida eterna y de cómo llegar a ella. Ahora bien, no basta, claro está, con escuchar estas palabras y decir algo así como “qué bien” sino que hay que poner por obra lo que supone creer en el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por evidenciar la verdad de las cosas del alma.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de abril de 2020

Ser humilde


Mt 11, 25-30
"En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: 'Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 'Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.'"

COMENTARIO

Lo que nos dice el Hijo de Dios y recoge el evangelista que fuera recaudador de impuestos es de tanta importancia que debería formar parte el frontispicio de nuestra vida. Y es que tiene que ver, totalmente, con cómo debemos ser para ser agradables a Dios.
Es bien cierto que aquellos que escuchaban a Jesucristo esperaban que su Maestro les llevara al corazón pensamientos que les fueran agradables o que, digamos, no molestara a su realidad. Sin embargo, no siempre era así, claro está.
Ser humilde no es poca cosa. Es decir, saber serlo supone que, por nuestra parte, sabemos en qué posición estamos con respecto a Dios. Y eso es lo que pide Jesucristo: que seamos humildes porque Él lo es y, sin duda alguna, no hay mejor ejemplo que seguir.

JESÚS, gracias por ser humilde.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2020

El Pan del Cielo


Jn 6, 30-35
"Ellos entonces le dijeron:'«¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.' Jesús les respondió: 'En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.' Entonces le dijeron: 'Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: 'Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed."

COMENTARIO

No podemos negar que los que conocían al Hijo de Dios, aquellos que habían visto lo que era capaz de hacer con el poder del Todopoderoso, no podían hacer otra cosa que creer. Sin embargo, también habría personas que sólo lo conocían, digamos, de oídas, y querían signos.
Todos ellos sabían aquello del maná caído del cielo. Pero estaban seguros de que había sido Moisés quien había procurado alimento al pueblo judío que andaba hambriento por el desierto.
Jesucristo sabía que aquel maná bajado del cielo lo había dado Dios a su pueblo y no Moisés. Por eso les ha de decir que el nuevo Pan bajado del Cielo es Él y que quien cree en Él no pasará nunca hambre y sed.

JESÚS, gracias por ser tan claro con quienes te escuchan.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de abril de 2020

Creer en Jesucristo


Jn 6, 22-29

“Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?’ Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.’ Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.’”

COMENTARIO

Ciertamente, no es de extrañar que aquellos que, muy poco antes, habían sido testigos directos de la multiplicación de los panes y de los peces y del alimento que pudieron llevarse a la boca, quieran buscar a Quien eso ha hecho.

Tampoco debe extrañarnos de que Jesucristo les diga lo que les dice porque no es otra cosa que la pura verdad: ellos no lo buscan por lo que pudieran haber entendido espiritualmente acerca de la citada multiplicación. No. Ellos lo buscan porque quieren volver a comer de la forma como comieron antes.

El Hijo de Dios, que tenía un mensaje que enviar al mundo, no duda lo más mínimo en hacer explícita la verdad: ellos deben tener en cuenta, mucho más, el alimento espiritual que lleva a la vida eterna porque el otro perecerá con toda seguridad. Y, para ello, es algo elemental y esencial que creen en Quien ha sido enviado por Dios al mundo para que el mundo se salve.




JESÚS,  gracias por decir la verdad siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2020

Lo reconocieron al partir el pan



Lc 24, 13-25


“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23  y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’ 25  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31    Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”


COMENTARIO

Tampoco debería extrañarnos tanto que aquellos hombres estuvieran preocupados por todo lo que había pasado. Y es que a su Maestro lo acababan de matar en una Cruz y lo más prudente, humanamente hablando, era salir corriendo hacia su pueblo.

Ellos, claro, no sabían nada de lo que había pasado. Por eso no acaban de comprender que alguien les diga lo que les dice aquel que los acompaña. Y es cuando parte el pan cuando se dan cuenta de que es su Maestro el que ha estado y está con ellos.

No es poco cierto que, en su descargo, podemos decir que, en cuanto se dieron cuenta de que era Jesús quien les había partido el pan salen corriendo hacia donde estaban los Apóstoles para decir lo que les había pasado. Y es que, al fin, se les abrieron los ojos.

JESÚS,  gracias por haber abierto los ojos a los de Emaús.

Eleuterio Fernández 

25 de abril de 2020

Proclamar la Buena Noticia

Mc 16, 15-20

"15 Y les dijo: 'Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.' 19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban."
COMENTARIO

El texto bíblico reservado para el día de hoy corresponde a lo que fue la Ascensión del Hijo de Dios a los cielos. Sin embargo, es bien cierto que siendo el día el que se dedica a recordar especialmente a San Marcos, viene, digamos, que ni pintado.
Lo que hace Jesucristo es algo parecido, pero confirmando lo hecho entonces, a lo que hizo cuando se apareció a los Apóstoles que estaban escondidos por miedo a los judíos: los envía al mundo a transmitir la Buena Noticia del Reino de Dios.
Jesucristo les da unas señales o, por decirlo de otra forma, unos poderes especiales que confirmarán, a quienes los escuchen y vean, que son enviados del Mesías. Y ellos, como se nos dice, hacen lo que les ha dicho que deben llevar a cabo el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por enviar a tus Apóstoles al mundo.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de abril de 2020

El hambre de pan y de espíritu


Jn 6, 1-15
"Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: '¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?' Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: 'Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.' Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: 'Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?' Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.' Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: 'Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.' Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: 'Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.' Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.'"

COMENTARIO

Este caso, este hecho milagroso, de la multiplicación de los panes y los peces, es síntoma más que claro de dónde estaban unos y donde estaba Otro. Y es que muestra muy bien lo que es anhelar el sustento y lo que es hacer lo propio con la vida eterna.
Aquellas miles de personas podemos imaginar que tenían hambre. Lo que no sabemos es si ellas confiaban en algo o, por el contrario, simplemente fueron imprudentes al no llevar comida tan lejos de sus casas.
El Hijo de Dios, sin embargo, tiene en cuenta las necesidades de su prójimo e, incluso sabiendo que muchos de los que allí están sólo van por lo que pueda pasar, les da de comer a todos. Pero el verdadero pan espiritual, a lo mejor, no supieron comerlo.


JESÚS, gracias por ser Bueno y por perdonar tantos errores.

Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2020

Vida eterna

Jn 3, 31-36
"'El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que resiste al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.'"

COMENTARIO

Era más que importante de lo que podía parecer que el Hijo de Dios anunciase al mundo, nada más y nada menos, que la salvación o, lo que es lo mismo, la ansiada vida eterna. Y es que desde hacía muchos siglos, el pueblo escogido por Dios sabía que, en un momento determinado, su Creador enviaría al mundo a su Ungido, al Mesías, para que el mundo se salvase.
En realidad, Jesucristo dice muchas veces y de muchas maneras que quien cree en Él, enviado de Dios, se salva y que quien no lo confiesa como Hijo de Dios y como Mesías no se salva. Es así de sencillo.


JESÚS, gracias por cumplir con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2020

Lo que vale la pena saber y hacer

Jn 3, 16-21

"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."

COMENTARIO

Lo que nos dice este texto del Evangelio de San Juan tiene todo que ver con nuestra salvación eterna y lo deberíamos tener más que en cuenta. En realidad, San Juan dice lo que otras muchas veces dice Jesucristo y, por eso mismo, no lo deberíamos olvidar.
En realidad, todo se centra en algo: Dios ha enviado a su Único Hijo engendrado y no creado al mundo para que el mundo se salve. Jesucristo hizo, en su primera venida al mundo, todo lo que pudo para que se comprendiese, primero, que se debía creer en Él y, luego, que todo lo que decía no lo decía porque tuviera ocurrencias o algo por el estilo sino porque era la misión que debía cumplir y venía al mundo de parte de Dios; que era Él Dios hecho hombre.
Por eso, todo el que se acerca a Jesucristo y lo acepta como Hijo de Dios, está salvado y quien no hace eso, no. Así de simple.

JESÚS, gracias por hacer lo que debías hacer

Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2020

Creer para tener vida eterna


Jn 3, 7b-15

“’Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.’ 9 Respondió Nicodemo: ‘¿Cómo puede ser eso?’ 10 Jesús le respondió: ‘Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? 11 ‘En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero  nosotros no aceptáis nuestro testimonio. 12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que  ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.”

COMENTARIO

La conversación entre el Hijo de Dios y Nicodemo es más que sustanciosa. Y que en ella trata Jesucristo de temas muy importantes que, hoy día incluso, nunca se deberían olvidar por tener con una vida que va más allá de la que ahora vivimos, en las que nos movemos y existimos.

Nicodemo, muy a pesar de ser persona ilustrada del pueblo de Israel, y formado en las leyes de Dios y en su Sagrada Escritura, para no comprender lo que para Jesucristo es tan obvio. Aún no se le ha quitado el velo que tiene en los ojos y en el corazón.

Jesucristo, sin embargo, como sabe más que bien lo que debe ser aprendido, insiste en que conozca Nicodemo que sólo Él ha venido del Cielo de junto a Dios. Y que sólo quien cree en Él, enviado de Dios, alcanzará la vida eterna.



JESÚS,  gracias por poner negro sobre blanco la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de abril de 2020

Volver a nacer de fuego y agua



Lunes, 20 de abril de 2020

Jn 3, 1-8

“1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ‘Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.’ 3 Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.’ 4 Dícele Nicodemo: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’ 5 Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.’”

COMENTARIO

Nosotros sabemos, por este pasaje y por otros de la Sagrada Escritura propia del Nuevo Testamento, que Nicodemo era un discípulo de Cristo. Y que era, primero, muy especial, porque era magistrado pero, luego, que lo era en secreto porque, de haberse sabido que lo era había seguridad total y absoluta de que su vida habría corrido mucho peligro. Y quería saber, conocer bien la doctrina con la que estaba de acuerdo. Y pregunta porque no es capaz de comprender todo lo que le dice su Maestro.

Jesucristo, sin embargo, sabe que aquel hombre jugará un papel ciertamente importante en la vida del pueblo judío como testigo de su vida y testigo, además, privilegiado. Y procura que aprenda lo que de verdad importa. Y es que, para poder ser, de verdad, discípulo suyo hay que volver a nacer… al espíritu. Y eso a través del bautismo y del fuego del Espíritu Santo.


JESÚS,  gracias por explicar a Nicodemo lo que es tan difícil de comprender.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de abril de 2020

Señor mío y Dios mío




Jn 20, 19-31


“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 25 Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 27 Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 28 Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ 29 Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31       Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

Es fácil comprender que los discípulos más allegados del Hijo de Dios, después de la muerte en la Cruz de su Maestro, tuvieran miedo. Y no era de extrañar porque eran conscientes de lo que podían hacer, con su poder, los que en el poder religioso judío estaban.

Había uno de ellos, Tomás, que, por lo que fuera, no estaba en el Cenáculo la primera vez que se les apareció, en cuerpo y alma, Jesucristo. Y, como humano y mundano, reaccionó de la forma esperada: no creía si no veía.

A Tomás le tenía reservada una sorpresa Jesucristo. Y es que, cuando le dice que ponga sus manos donde quería ponerlas, según dijo otro día, para creer que aquel hombre era su Maestro, sólo pudo exclamar la expresión tan conocida que reconocía que Aquel era, no sólo su Señor sino, también, su Dios.

JESÚS,  gracias por definir la fe de forma tan certera: creer sin ver.

Eleuterio Fernández Guzmán