1 de mayo de 2020

Tener fe o no tenerla

Mt 13, 54-58
·Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: '¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?' Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.' Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe."
COMENTARIO

No hay duda alguna que la fe, para el Hijo de Dios, era algo más que importante y siempre vemos que la misma acarrea bondad y misericordia de su parte. Y es que Aquel que había sido enviado por el Todopoderoso para que el mundo se salvase tenía muy en cuenta que quien se dirigía a Él creyese en Él.
En este caso, en su mismo pueblo hay quien lo tiene por una persona común, hijo de María y de José. Sin embargo, no parece que crean en Él, que confían en su labor de Mesías.
Jesucristo, como es de esperar y cumpliendo con su misión y con su forma de ser, no podía hacer mucho allí donde no confiaban en su persona. Sin embargo, estamos seguros de que sí lo hizo con aquellos que sí creían en Él.


JESÚS, gracias por ser bueno con aquellos que creen en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2020

El Pan Vivo que lleva a la vida eterna

Jn 6, 44-51
"Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo."

COMENTARIO

Podemos decir que, en muchas ocasiones, el Hijo de Dios ha dicho cosas parecidas a las que recoge hoy el Evangelio de San Juan. Es decir, que no en pocas de ellas no se ha limitado a teorizar sobre esto o sobre lo otro acerca de la vida eterna sino que ha dicho, con toda claridad, lo que supone la misma y, sobre todo, cómo se puede alcanzar. Y en el día de hoy sobreabunda el tema con una claridad meridiana. Y es que nos dice que quien cree en Él, quien lo acepta como Hijo de Dios o quien, en suma, come de Él (adelanto de la Eucaristía) alcanza la vida eterna.
Ciertamente, no podemos decir que sea necesario decir nada más que lo que nos dice Jesucristo acerca de la vida eterna y de cómo llegar a ella. Ahora bien, no basta, claro está, con escuchar estas palabras y decir algo así como “qué bien” sino que hay que poner por obra lo que supone creer en el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por evidenciar la verdad de las cosas del alma.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de abril de 2020

Ser humilde


Mt 11, 25-30
"En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: 'Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 'Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.'"

COMENTARIO

Lo que nos dice el Hijo de Dios y recoge el evangelista que fuera recaudador de impuestos es de tanta importancia que debería formar parte el frontispicio de nuestra vida. Y es que tiene que ver, totalmente, con cómo debemos ser para ser agradables a Dios.
Es bien cierto que aquellos que escuchaban a Jesucristo esperaban que su Maestro les llevara al corazón pensamientos que les fueran agradables o que, digamos, no molestara a su realidad. Sin embargo, no siempre era así, claro está.
Ser humilde no es poca cosa. Es decir, saber serlo supone que, por nuestra parte, sabemos en qué posición estamos con respecto a Dios. Y eso es lo que pide Jesucristo: que seamos humildes porque Él lo es y, sin duda alguna, no hay mejor ejemplo que seguir.

JESÚS, gracias por ser humilde.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2020

El Pan del Cielo


Jn 6, 30-35
"Ellos entonces le dijeron:'«¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.' Jesús les respondió: 'En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.' Entonces le dijeron: 'Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: 'Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed."

COMENTARIO

No podemos negar que los que conocían al Hijo de Dios, aquellos que habían visto lo que era capaz de hacer con el poder del Todopoderoso, no podían hacer otra cosa que creer. Sin embargo, también habría personas que sólo lo conocían, digamos, de oídas, y querían signos.
Todos ellos sabían aquello del maná caído del cielo. Pero estaban seguros de que había sido Moisés quien había procurado alimento al pueblo judío que andaba hambriento por el desierto.
Jesucristo sabía que aquel maná bajado del cielo lo había dado Dios a su pueblo y no Moisés. Por eso les ha de decir que el nuevo Pan bajado del Cielo es Él y que quien cree en Él no pasará nunca hambre y sed.

JESÚS, gracias por ser tan claro con quienes te escuchan.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de abril de 2020

Creer en Jesucristo


Jn 6, 22-29

“Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?’ Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.’ Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.’”

COMENTARIO

Ciertamente, no es de extrañar que aquellos que, muy poco antes, habían sido testigos directos de la multiplicación de los panes y de los peces y del alimento que pudieron llevarse a la boca, quieran buscar a Quien eso ha hecho.

Tampoco debe extrañarnos de que Jesucristo les diga lo que les dice porque no es otra cosa que la pura verdad: ellos no lo buscan por lo que pudieran haber entendido espiritualmente acerca de la citada multiplicación. No. Ellos lo buscan porque quieren volver a comer de la forma como comieron antes.

El Hijo de Dios, que tenía un mensaje que enviar al mundo, no duda lo más mínimo en hacer explícita la verdad: ellos deben tener en cuenta, mucho más, el alimento espiritual que lleva a la vida eterna porque el otro perecerá con toda seguridad. Y, para ello, es algo elemental y esencial que creen en Quien ha sido enviado por Dios al mundo para que el mundo se salve.




JESÚS,  gracias por decir la verdad siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2020

Lo reconocieron al partir el pan



Lc 24, 13-25


“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23  y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’ 25  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31    Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”


COMENTARIO

Tampoco debería extrañarnos tanto que aquellos hombres estuvieran preocupados por todo lo que había pasado. Y es que a su Maestro lo acababan de matar en una Cruz y lo más prudente, humanamente hablando, era salir corriendo hacia su pueblo.

Ellos, claro, no sabían nada de lo que había pasado. Por eso no acaban de comprender que alguien les diga lo que les dice aquel que los acompaña. Y es cuando parte el pan cuando se dan cuenta de que es su Maestro el que ha estado y está con ellos.

No es poco cierto que, en su descargo, podemos decir que, en cuanto se dieron cuenta de que era Jesús quien les había partido el pan salen corriendo hacia donde estaban los Apóstoles para decir lo que les había pasado. Y es que, al fin, se les abrieron los ojos.

JESÚS,  gracias por haber abierto los ojos a los de Emaús.

Eleuterio Fernández 

25 de abril de 2020

Proclamar la Buena Noticia

Mc 16, 15-20

"15 Y les dijo: 'Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.' 19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban."
COMENTARIO

El texto bíblico reservado para el día de hoy corresponde a lo que fue la Ascensión del Hijo de Dios a los cielos. Sin embargo, es bien cierto que siendo el día el que se dedica a recordar especialmente a San Marcos, viene, digamos, que ni pintado.
Lo que hace Jesucristo es algo parecido, pero confirmando lo hecho entonces, a lo que hizo cuando se apareció a los Apóstoles que estaban escondidos por miedo a los judíos: los envía al mundo a transmitir la Buena Noticia del Reino de Dios.
Jesucristo les da unas señales o, por decirlo de otra forma, unos poderes especiales que confirmarán, a quienes los escuchen y vean, que son enviados del Mesías. Y ellos, como se nos dice, hacen lo que les ha dicho que deben llevar a cabo el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por enviar a tus Apóstoles al mundo.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de abril de 2020

El hambre de pan y de espíritu


Jn 6, 1-15
"Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: '¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?' Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: 'Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.' Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: 'Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?' Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.' Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: 'Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.' Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: 'Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.' Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.'"

COMENTARIO

Este caso, este hecho milagroso, de la multiplicación de los panes y los peces, es síntoma más que claro de dónde estaban unos y donde estaba Otro. Y es que muestra muy bien lo que es anhelar el sustento y lo que es hacer lo propio con la vida eterna.
Aquellas miles de personas podemos imaginar que tenían hambre. Lo que no sabemos es si ellas confiaban en algo o, por el contrario, simplemente fueron imprudentes al no llevar comida tan lejos de sus casas.
El Hijo de Dios, sin embargo, tiene en cuenta las necesidades de su prójimo e, incluso sabiendo que muchos de los que allí están sólo van por lo que pueda pasar, les da de comer a todos. Pero el verdadero pan espiritual, a lo mejor, no supieron comerlo.


JESÚS, gracias por ser Bueno y por perdonar tantos errores.

Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2020

Vida eterna

Jn 3, 31-36
"'El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que resiste al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.'"

COMENTARIO

Era más que importante de lo que podía parecer que el Hijo de Dios anunciase al mundo, nada más y nada menos, que la salvación o, lo que es lo mismo, la ansiada vida eterna. Y es que desde hacía muchos siglos, el pueblo escogido por Dios sabía que, en un momento determinado, su Creador enviaría al mundo a su Ungido, al Mesías, para que el mundo se salvase.
En realidad, Jesucristo dice muchas veces y de muchas maneras que quien cree en Él, enviado de Dios, se salva y que quien no lo confiesa como Hijo de Dios y como Mesías no se salva. Es así de sencillo.


JESÚS, gracias por cumplir con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2020

Lo que vale la pena saber y hacer

Jn 3, 16-21

"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."

COMENTARIO

Lo que nos dice este texto del Evangelio de San Juan tiene todo que ver con nuestra salvación eterna y lo deberíamos tener más que en cuenta. En realidad, San Juan dice lo que otras muchas veces dice Jesucristo y, por eso mismo, no lo deberíamos olvidar.
En realidad, todo se centra en algo: Dios ha enviado a su Único Hijo engendrado y no creado al mundo para que el mundo se salve. Jesucristo hizo, en su primera venida al mundo, todo lo que pudo para que se comprendiese, primero, que se debía creer en Él y, luego, que todo lo que decía no lo decía porque tuviera ocurrencias o algo por el estilo sino porque era la misión que debía cumplir y venía al mundo de parte de Dios; que era Él Dios hecho hombre.
Por eso, todo el que se acerca a Jesucristo y lo acepta como Hijo de Dios, está salvado y quien no hace eso, no. Así de simple.

JESÚS, gracias por hacer lo que debías hacer

Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2020

Creer para tener vida eterna


Jn 3, 7b-15

“’Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.’ 9 Respondió Nicodemo: ‘¿Cómo puede ser eso?’ 10 Jesús le respondió: ‘Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? 11 ‘En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero  nosotros no aceptáis nuestro testimonio. 12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que  ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.”

COMENTARIO

La conversación entre el Hijo de Dios y Nicodemo es más que sustanciosa. Y que en ella trata Jesucristo de temas muy importantes que, hoy día incluso, nunca se deberían olvidar por tener con una vida que va más allá de la que ahora vivimos, en las que nos movemos y existimos.

Nicodemo, muy a pesar de ser persona ilustrada del pueblo de Israel, y formado en las leyes de Dios y en su Sagrada Escritura, para no comprender lo que para Jesucristo es tan obvio. Aún no se le ha quitado el velo que tiene en los ojos y en el corazón.

Jesucristo, sin embargo, como sabe más que bien lo que debe ser aprendido, insiste en que conozca Nicodemo que sólo Él ha venido del Cielo de junto a Dios. Y que sólo quien cree en Él, enviado de Dios, alcanzará la vida eterna.



JESÚS,  gracias por poner negro sobre blanco la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de abril de 2020

Volver a nacer de fuego y agua



Lunes, 20 de abril de 2020

Jn 3, 1-8

“1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ‘Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.’ 3 Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.’ 4 Dícele Nicodemo: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’ 5 Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.’”

COMENTARIO

Nosotros sabemos, por este pasaje y por otros de la Sagrada Escritura propia del Nuevo Testamento, que Nicodemo era un discípulo de Cristo. Y que era, primero, muy especial, porque era magistrado pero, luego, que lo era en secreto porque, de haberse sabido que lo era había seguridad total y absoluta de que su vida habría corrido mucho peligro. Y quería saber, conocer bien la doctrina con la que estaba de acuerdo. Y pregunta porque no es capaz de comprender todo lo que le dice su Maestro.

Jesucristo, sin embargo, sabe que aquel hombre jugará un papel ciertamente importante en la vida del pueblo judío como testigo de su vida y testigo, además, privilegiado. Y procura que aprenda lo que de verdad importa. Y es que, para poder ser, de verdad, discípulo suyo hay que volver a nacer… al espíritu. Y eso a través del bautismo y del fuego del Espíritu Santo.


JESÚS,  gracias por explicar a Nicodemo lo que es tan difícil de comprender.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de abril de 2020

Señor mío y Dios mío




Jn 20, 19-31


“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 25 Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 27 Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 28 Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ 29 Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31       Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

Es fácil comprender que los discípulos más allegados del Hijo de Dios, después de la muerte en la Cruz de su Maestro, tuvieran miedo. Y no era de extrañar porque eran conscientes de lo que podían hacer, con su poder, los que en el poder religioso judío estaban.

Había uno de ellos, Tomás, que, por lo que fuera, no estaba en el Cenáculo la primera vez que se les apareció, en cuerpo y alma, Jesucristo. Y, como humano y mundano, reaccionó de la forma esperada: no creía si no veía.

A Tomás le tenía reservada una sorpresa Jesucristo. Y es que, cuando le dice que ponga sus manos donde quería ponerlas, según dijo otro día, para creer que aquel hombre era su Maestro, sólo pudo exclamar la expresión tan conocida que reconocía que Aquel era, no sólo su Señor sino, también, su Dios.

JESÚS,  gracias por definir la fe de forma tan certera: creer sin ver.

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de abril de 2020

Sólo creían viendo

Mc 16, 9-15

"Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: 'Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.'" 

COMENTARIO

Ciertamente, no es difícil de creer que aquellos que habían visto el final que había tenido su Maestro, no tuvieran nada claro que aquello que se les había dicho fuera verdad. Y es que sus corazones debían estar algo más que derrumbados. Y se escondían por miedo a tener un final similar al del Hijo de Dios.
Aquellos hombres, tuvieron que aceptar que Jesucristo les echara en cara que habían sido, o eran, incrédulos. Y es que, sin duda alguna, no creían a nadie que les dijera que habían visto al Maestro vivo.
Jesús, como es lógico, los comprende y perdona. Por eso envía a sus Apóstoles al mundo a anunciar que sí, que ha resucitado y que la Buena Noticia ha de ser transmitida.


JESÚS, gracias por cumplir con tu misión hasta las últimas consecuencias.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de abril de 2020

Y Cristo tuvo que insistir

Jn 21, 2-14
"Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: 'Voy a pescar.' Le contestan ellos: 'También nosotros vamos contigo.' Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: 'Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?' Le contestaron: 'No.' Él les dijo: 'Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.' La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: 'Es el Señor'.Cuando Simón Pedro oyó 'es el Señor', se puso el vestido -pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: 'Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: 'Venid y comed.' Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres tú?', sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos."

COMENTARIO

Da la impresión de que el Hijo de Dios ha de convencer poco a poco a sus Apóstoles de que ha resucitado y de que está allí con ellos. Y es aquellos hombres eran algo duros de entendederas.
Ellos, pescadores, habían vuelto a sus labores habituales. En realidad, una vez se terminó, por decirlo así, su caminar con Jesucristo por los caminos de Israel, debían de hacer algo para llevarse el pan a la boca. Aún no confiaban todo lo que debían confiar en la Providencia de Dios.
Jesucristo, de todas formas, insiste con ellos: está allí y quiere volver a comer, como hiciera la primera vez que se les apareció en el Cenáculo. Quiere demostrarles que no es un fantasma sino que se real, de cuerpo entero, y está allí para que comprendan y para que aprendan.

JESÚS, gracias por insistir tanto con tus Apóstoles.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de abril de 2020

Todo se había cumplido


Lc 24, 35-48
"Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: 'La paz con vosotros.' Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: '¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.' Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: '¿Tenéis aquí algo de comer?' Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: 'Éstas son aquellas palabras mías que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.' Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras y les dijo: 'Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.'"

COMENTARIO

No podemos negar que cuando se dice que los Apóstoles estaban escondidos por miedo a los judíos era porque, de verdad, debían tener miedo a quienes, por haber matado al Maestro no iban a dudar lo más mínimo con hacer otro tanto con sus discípulos.
Cristo, de todas formas, había resucitado. Y se aparece ante ellos. Lo hace sin que se den cuenta, no llama a la puerta sino que, dada su nueva situación puede hacer lo que hace… y lo hace. Y les da la paz, la de Dios y no la del mundo. Y ellos se sorprende, seguramente.
El Hijo de Dios, una vez hecho eso, les muestra que no es un fantasma sino que puede comer. Y lo hace. Y les demuestra que todo lo que estaba escrito en las Sagradas Escrituras judías se había cumplido. Y ellos eran testigos, luego mártires, de todo aquello.

JESÚS, gracias por tranquilizar a tus Apóstoles y, así, a nosotros mismos.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de abril de 2020

Ver y creer

Lc 24, 13-55
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado; pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle. Él les dijo: «¿De qué discutís por el camino?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que han pasado allí éstos días?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»
Él les dijo: “¡Qué poco entendéis y cuánto os cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Entró, pues, y se quedó con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.


COMENTARIO

No podemos negar que aquellos dos, que habían sido discípulos del Hijo de Dios, sabían que algo muy malo había pasado cuando lo vieron, seguramente, morir en la Cruz. Pero, al parecer, no lo tenían tan claro y su fe parecía, más bien, escasa.
Cuando Jesucristo les explica todo aquello de las Sagradas Escrituras judías sobre el Mesías, sobre cómo debía venir al mundo y morir luego, ellos no se dan cuenta de que es su Maestro quien les está hablando.
Ellos, cuando ver partir el pan a Jesucristo, caen en la cuenta de que sí, de que es su Maestro. Y entonces lo reconocen pero Él desaparece. Y ellos, ya no dudan más, se les han abierto los ojos y corren a la Ciudad Santa donde todo iba a empezar de nuevo, una nueva Creación de parte de Dios a través de su Hijo.

JESÚS, gracias por ser así con aquellos dos discípulos tan descreídos.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de abril de 2020

Y María Magdalena también vio y creyó


Jn 20,11-18
En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’. Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto’. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’. Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’, que quiere decir ‘Maestro’. Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”

COMENTARIO

Podemos imaginar qué estaría pasando por el corazón de María Magdalena. Ella, que quería con todas sus fuerzas a Jesucristo había estado muy cerca de la Cruz. Lo había visto morir y ahora veía el cuerpo que no estaba…

Los ángeles no saben por qué llora la de Magdala pero sí que el Hijo de Dios ha resucitado y no comprenden que haya muchos que aún creen que Cristo está en aquel sepulcro.

Tampoco es difícil ver, con el corazón a Magdalena. Al principio no reconoce al Hijo de Dios pero luego, cuando se da cuenta de que es el Maestro que ha resucitado, que lo hecho como bien dijo muchas veces, no duda en correr hacia sus compañeros que están escondidos. 

JESÚS,  ayúdanos a creer en tu Resurrección.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de abril de 2020

No estar a bien con la Verdad



Mt 28, 8-15

“8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’ Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. 10 Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.’11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. 12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, 13 advirtiéndoles: ‘Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos.’ 14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.’15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.”

COMENTARIO

No podemos negar que a la hora de la verdad, de lo que pasó con la Resurrección del Hijo de Dios, no todo el mundo la vio de igual manera. Así, los hay que se alegraron y los hay que hicieron todo lo posible para que no se supiera nada.

Aquellas mujeres, como es lógico, hicieron lo que Jesús les dijo. Dieron, pues, aviso, a sus hermanos en la fe, de que debía ir a Galilea. Y es que allí iba a tener continuación la historia de la salvación.

Otros, sin embargo, que no creían conveniente que la verdad se supiese, trataron de esconderla lo más posible. Y, nos dice la escritura que, hasta el momento de ser la misma escrita, aquella era la versión que se tuvo de todo. Y, seguramente, hoy mismo sigue siendo la misma entre los judíos.



JESÚS,  gracias por aceptar todo lo que Dios quiso para ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

12 de abril de 2020

¡Resucitó!


Jn 20, 1-9

“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ 3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.

COMENTARIO

María Magdalena fue al Sepulcro porque quería terminar las labores de embalsamamiento que, por la llegada del sábado judío, no había podido terminarse. Y podemos imaginar la sorpresa que se llevaron las mujeres que allí acudieron al ver que la losa que tapaba el Sepulcro había sido corrida.

Ciertamente, aquellos Apóstoles no tenía mucha intención de creer a la mujer que les había dicho que no estaba el cuerpo de su Maestro. Y ellos mismos van a verlo, Pedro y Juan.

Lo más curioso es que, hasta entonces, no parecen haber creído en todo lo que les había enseñado y dicho el Hijo de Dios. Tuvieron que ver que su cuerpo no estaba para, entonces, creer. Y es que no sin razón muchas veces los había llamado Jesús hombres de poca fe.


JESÚS,  gracias por haber cumplido hasta el último de tus avisos espirituales.

Eleuterio Fernández Guzmán