10 de septiembre de 2016

Cumplir la voluntad de Dios


Sábado XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,43-49

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’”.

COMENTARIO

Nuestro corazón

Jesús sabe que, como suele decirse, de donde no hay no se puede sacar. Es decir, conoce el corazón de sus hermanos los hombres y sabe que hay ocasiones en las que no suelen salir bien las buenas intenciones.

No hacer lo que Cristo dice

Cristo ofrece la posibilidad de hacer las cosas según dice el Hijo de  Dios que deben hacerse. Y podemos hacerlas como entiende el Maestro que deben hacerse. Entonces construimos sobre la Roca que es el Jesús.

Hacer lo que Cristo no dice

Pero también podemos actuar según sea nuestra voluntad y no hacer que acuerde con la de Jesucristo. Entonces hacemos muy mal las cosas porque sabemos las consecuencias de tal tipo de comportamiento.


JESÚS, ayúdanos a cumplir tu voluntad.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2016

Lo que creemos que somos


Viernes XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,39-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano’”.

COMENTARIO

La enseñanza de Jesús llega siempre al centro de la verdad de las cosas. Y es que conoce bien la naturaleza humana y hasta qué punto estamos equivocados, incluso, al respecto de nosotros mismos. Y eso es lo que hace hoy con algo esencial.

Jesús se pone de ejemplo. Y eso no es nada extraño porque el Maestro ha de enseñar a sus discípulos. Por eso nos dice que no debemos querer por encima de Él porque eso es, además de absurdo, algo ridículo.

Pero Cristo también nos dice algo muy importante: debemos tener en cuenta cómo somos nosotros antes de querer corregir al prójimo. Antes saber si fallamos… luego decir lo que debamos decir.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de nuestros defectos


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2016

El amor y la compasión

Jueves XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. 

‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.

COMENTARIO

El máximo amor

Jesús dio muchas instrucciones de cara a poder llevar una vida que agradara a Dios Padre. Pero lo más difícil de aceptar era estar de acuerdo con el amor hacia los enemigos. En el cumplimiento de tan gran voluntad del Creador se encuentra el centro de nuestra fidelidad espiritual.

Lo que nos corresponde querer

Hay algo que Cristo nos dice que demasiadas veces es olvidado. El caso es que debemos querer para los demás lo mismo que nosotros queremos para nosotros. Es una forma de aceptarlos en nuestra vida como aceptamos la nuestra.

Recibir según demos

Como Cristo siempre tiene en cuenta el futuro del ser humano cuando dice que se nos dará según hayamos dado nosotros nos está diciendo que debemos tener muy en cuenta, precisamente, qué y cómo damos a nuestro prójimo.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir la voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de septiembre de 2016

Bienaventurados


Miércoles XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 

‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.

COMENTARIO

El Evangelio de San Lucas también recoge las Bienaventuranzas. Como hace San Mateo, en un momento determinado de su predicación, el Hijo de Dios dijo lo que era necesario saber e importante llevar a cabo en sus discípulos.

Cada una de las llamadas Bienaventuranzas llama al corazón de aquellos que quieren seguir a Jesucristo. Cada una de ellas, además, nos muestra un camino a seguir que no debe nunca ser olvidado; cada una de ellas es expresión de la Ley de Dios.

Y un aviso de parte de Cristo a los quieran escuchar: aquellos que ahora, en el mundo, en el siglo, ríen y viven bien sin darse cuenta de la existencia de muchos que lloran y viven muy mal y nada hacen para tratar de corregir tales situaciones… no tendrán un futuro eterno nada bueno.


JESÚS, ayúdanos a ser como tú quieres que seamos.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de septiembre de 2016

Estamos creando la ideología del odio












Hace muchos años escuché a un sacerdote algo sucedido durante la II República Española. Transitando  por  donde trabajaban unos obreros,  recibió gruesos insultos de los mismos. Uno de ellos, como a modo de explicación, le dijo: es el odio. Y seguramente tenía razón. La República suscitó nuevas expectativas, también en el mundo católico. Pero ya en el periodo constituyente se perfila un marcado anticatolicismo. Enseguida, en 1932, fracasa en Sevilla un pronunciamiento militar de signo monárquico. No fue ni el primer intento ni el último de cambiar los acontecimientos por la fuerza. La vida política se va tiñendo de radicalismo y es progresivamente violenta. Cuando la CEDA gana las elecciones de 1933, trata de modificar los excesos anteriores. Pero en ese periodo –el odio- surge el intento revolucionario izquierdista que triunfó en Asturias, mientras fracasaba en Madrid y Cataluña.

 A partir de la revolución de octubre de 1934 los españoles se inclinan a los extremismos políticos sin arreglo posible. Es el odio. Las elecciones de febrero de 1936 buscaron, más que el poder democrático, la potencia política para aplastar definitivamente al enemigo. La convivencia se desgarra. Se odia. No se puede recordar en unas apretadas líneas ni siquiera una síntesis de los sucesos que precipitarán en la guerra civil. Ni siquiera se podrá afirmar nítidamente hasta qué punto los desmanes acaecidos durante la República propiciarían la asonada militar que impelería a esa lucha fratricida, pero es bien cierto que hubo miles de mártires por el sólo hecho de ser católicos. El triunfo de Franco propició la infiltración de la ideología nazi en el mundo universitario y las represiones y purgas no se hicieron esperar. El odio entre las dos Españas no había concluido.

Tal vez la generosidad de gentes con diferentes tendencias, comenzó con  la transición a propiciar el olvido, y quizá incluso el perdón por parte de todos. Acaso, en esa etapa de la vida española, comienza la verdadera concordia entre los sembradores del odio desde las diversas trincheras reales o figuradas. Ingresamos, por fin, en una contienda política respetuosa o moderada y el odio comienza a desaparecer de las vidas de los españoles de entonces y de los posteriores. Pero un presidente de gobierno  con su ley de Memoria Histórica, va poner patas arriba la convivencia tan duramente trabajada. Porque, a partir de esos momentos, la Memoria Histórica supondrá la resurrección de los fantasmas de bastantes años atrás. La Memoria se hará de modo unilateral, quizá por pensar que los otros ya hicieron la suya. Fuera como fuere, los manes del resentimiento comienzan a reaparecer. Se recrea un ambiente guerra-civilista casi ochenta años después.

Brotará esa nueva izquierda –marxismo puro- encargada de atizar de nuevo los odios de antaño, justamente cuando apenas quedan supervivientes de aquella contienda atroz ni de la República idealizada, pero particularmente sectaria con la Iglesia. Ahora la memoria consiste en quitar todo signo franquista, todo elemento que recuerde a los vencedores, a la vez que no se escatiman esfuerzos para enaltecer a algunos vencidos de dudosa catadura: Pasionaria, Lenin y Stalin tendrán sus calles y monumentos –algo que para mi carece de interés- pero se inicia una nueva etapa en la que comenzamos a construir la convivencia sobre el odio y esa especie no construye,  devasta. Esta nueva izquierda, lo mismo que la ultraderecha anterior (ciertamente testimonial y con poca fuerza), intenta acarrear algo  olvidado, pero que crece deprisa: el odio. No es una lid política normal: y a mi me interesa esto mucho más que la política partidista. Me importa mucho el impacto moral de una ideología del odio  avanzando como un fantasma.

Según el DRAE, el odio es antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea. Muchos filósofos y literatos han escrito sobre el odio como lo más opuesto al amor, mostrando que el odio puede generar aversión, sentimientos de desastre, destrucción del equilibrio armónico. Recientemente, la muerte del torero Víctor Barrio desató en las redes sociales una tormenta de odio quizá no vista con anterioridad en nuestro país. En otro orden de cosas, no se entiende el auge de los populismos sin el sustrato alimenticio del rencor. Está por todas partes y no sólo en España, aunque aquí adquiera las características de nuestra idiosincrasia que nos han dominado, acabando por imputar nuestra infelicidad a quienes no son o no piensan como nosotros. Plutarco había afirmado que el odio es la tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

El afán legislativo de algunos les lleva a despachar disposiciones sobre la Memoria que sobrepasan no sé si el límite de sus competencias, pero sí el de la libertad, porque se inmiscuyen hasta en los dominios particulares para excluir todo vestigio de un pasado que no gusta. La historia sucede como sucede y no cambia porque se borre un escudo. Me da igual que sea franquista, republicano o napoleónico. Recuerdo que delante el Ministerio de Exteriores italiano  hay un estilizado obelisco con la inscripción: Mussolini Dux. No  seamos cainitas si anhelamos convivir en serio, si demandamos que nadie nos tenga que decir a modo de explicación del acontecer: es el odio.


P. Pablo Cabellos Llorente

Los escogió


Martes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.”

COMENTARIO

Cuando Jesús fue enviado al mundo a salvar a sus hermanos los hombres era perfectamente consciente de que necesitaba que, tras su muerte, hubiera quien siguiera con su labor de predicación. Y escoge a doce hombres.

Aquellos lo dejaron todo. Es decir, para seguir al Maestro debían dar un cambio radical a su vida. Ya no valían los odres viejos ni los corazones viejos. Al contrario: debían cambiar para poder aceptar el mensaje que traía el Maestro.

Había muchos que seguían a Jesús. Los que querían escucharlo porque sabían que era un Maestro que enseñaba con autoridad no dudaban lo más mínimo en buscarlo. Y muchos quedaban curados porque tenían confianza en Aquel que había enviado Dios.


JESÚS, ayúdanos a seguirte y no abandonarte nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2016

Una lección de misericordia



Lunes XXIII del tiempo ordinario
Lc 6,6-11
“Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”


COMENTARIO

Los que persiguen a Jesús aprovechan cualquier situación para ponerlo en entredicho y hacer ver que, según ellos, incumple muchos preceptos de la Ley. Aquel del sábado, además, era de los más importantes.

Jesús sabe, sin embargo, que su misión no consistía en contentar a los poderosos sino en tener en cuenta a los necesitados y aquel hombre, que tenía la mano derecha seca, no era poco necesitado. Y lo cura.

Ellos, los que lo persiguen, no creen que sea importante curar sino hacerlo en sábado. Y Jesús, que tenía más claras las prioridades a seguir y a tener en cuenta, no duda lo más mínimo en hacer lo que debe hacer. Por eso los malvados se preguntaban qué iban a hacer con Jesús…


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta la misericordia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de septiembre de 2016

Cargar con la cruz de cada uno



Lc 14, 25-33

“Caminaba con él mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. ‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?  Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.’”

COMENTARIO

Las enseñanzas de Jesús eran, en muchos aspectos, duras de escuchar y más difíciles de seguir. Sin embargo, el Hijo de Dios no se arredra y continua con su enseñanza. Y lo de la cruz de cada uno era difícil de escuchar; mucho más lo de los bienes.

Para seguir a Cristo, lo dice Él, hay que coger la cruz que cada uno cargamos. Es posible, incluso, que haya quien lleve más de una cruz. Todas, pues, han de ser cargadas sobre nuestros hombros e ir tras la cruz de Cristo.

Y lo otro tampoco es fácil: los bienes. Y es que Jesús quiere el total desprendimiento de sus discípulos. Hay que renunciar a lo que era viejo y preparar el corazón para lo nuevo, para la doctrina santa y verdadera Ley de Dios que Cristo trajo al mundo.


JESÚS,  ayúdanos a cargar con nuestras cruces.


Eleuterio Fernández Guzmán

Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2016

La ley del Amor de Dios

Sábado XXII del tiempo ordinario

Lc 6,1-5

Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?’. Y les dijo: ‘El Hijo del hombre es señor del sábado’”.

COMENTARIO

Resulta curioso que aquellos que perseguían a Jesús, que eran los más poderosos de entres los judíos, no conocieran lo que contenían sus Sagradas Escrituras. Por eso les dice Jesús eso de que ni siquiera habían leído…

El caso es que lo que hacen los discípulos de Jesús era alimentarse. No parece que eso sea muy grave. Sin embargo, los fariseos no les dicen que no deben hacer eso porque pudieran estar robando sino que no lo deben hacer porque es sábado…

Pero Jesús sabe la verdad, es la Verdad, y les dice algo que, seguramente, no les iba a gustar nada: él era el señor del sábado que era lo mismo que decir que era Dios mismo.


JESÚS,  ayúdanos a comprender la Ley de Dios




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2016

Lo viejo y lo nuevo



Viernes XXII del tiempo ordinario
Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: ‘Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben’. Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’.

Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’”.

COMENTARIO

Aquellos que no querían comprender a Jesús buscaban cualquier ocasión para echarle en cara sus acciones. Y aquella de hacerle ver que sus discípulos no parecían tan piadosos como otros tuvo una respuesta adecuada: cuando muera… entonces ayunarán sus discípulos.

Pero hay algo que es muy importante (además de eso) en este texto bíblico: Jesús habla de lo que es nuevo y de lo que es viejo, de lo que se debe olvidar y de lo que, ahora que está Él en el mundo, hay que no olvidar nunca.

Habla Cristo de lo viejo y de lo nuevo. Y con ejemplos quiere decirles que aquello que, hasta ahora, habían tenido por bueno, debía ser olvidado. Él había venido a traer la verdadera Ley de Dios que era lo que ahora debían tener en cuenta. Era vino nuevo y necesitaba un corazón nuevo.


JESÚS, ayúdanos a tener un corazón nuevo que acepte tu Palabra.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2016

Confiar en Cristo


Jueves XXII del tiempo ordinario
Lc 5,1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”

COMENTARIO

Jesús predicaba

Como muchas veces se nos dice en la Sagrada Escritura, Jesús dedicó su tiempo, entre otras maravillosas acciones, a predicar. No dejó de hacerlo porque, además, había muchas personas que querían escuchar al Maestro que enseñaba con autoridad.

Bogar mar adentro

Jesús le dice a Pedro que bogara mar adentro. Y es que cuando los escogió como Apóstoles suyos ya les dijo que los iba a convertir en pescadores de hombres (ahora mismo lo hace). Por eso le dice eso… debe remar hacia aguas que, a lo mejor, son difíciles pero que con la confianza en Dios saldrá bien parado de su predicación.

Confiar en Cristo

A pesar de las circunstancias, Pedro, aquel pescador de hombres, confía en Jesús porque sabe que si dice que allí hay pesca… allí habrá pesca. Por eso iba a ser considerado como el primero entre iguales.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de agosto de 2016

Para eso había sido enviado


Miércoles XXII del tiempo ordinario

Lc 4,38-44

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”

COMENTARIO

Por mucho que hubiera quien criticara a Jesús, no iba a dejar de cumplir la misión para que había sido enviado que no era otra que salvar a quien necesitase ser salvado y hacer lo posible para que se salvara.

Eso hace, por ejemplo, con la suegra de Pedro la cual, en cuanto estuvo curada se puso a servir a los presentes agradeciendo, así, aquella curación milagrosa. Por eso muchos acudían a su presencia para ser curados porque había muchos que necesitaban curación.

Pero hay algo muy importante que dice Cristo en este texto: había venido para anunciar la Buena Nueva de la venida del Reino de Dios. Y eso era lo que hacía por muchos problemas que pudiera causarle su actividad predicadora.

JESÚS, ayúdanos a aceptar tu predicación salvadora.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2016

El poder de Dios


 Martes XXII del tiempo ordinario

Lc 4,31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.”

COMENTARIO

Cuando Jesús enseña no lo debe hacer de una forma ordinaria. Lo decimos porque en este texto del evangelio de San Lucas se nos dice que lo hacía con autoridad que era como decir que otros no lo hacían así.

Pero Jesús había venido al mundo a salvar. Es decir, que quería, digamos, beneficiar a los necesitados haciendo uso del poder del Todopoderoso. Por eso libera a aquel endemoniado del demonio que lo poseía quien, es cierto, reconoce a Cristo como el Santo de Dios.

Aquellos que ven lo que está pasando no pueden salir de su asombro. En realidad, no sabemos si es porque no eran capaces de comprenderlo que había hecho aquel Maestro o porque se dieron cuenta de que, en efecto, era el Mesías.

JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de agosto de 2016

La fe siempre vence

Mc 6,17-29

En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO

Herodes tenía a Juan el Bautista por un profeta. Es decir, como el resto de sus vecinos, sabía que era un hombre santo y que lo que decía no era porque quisiera causar daño alguno sino para que se respetase la Ley de Dios. Es más, hablaba como profeta y, por tanto, según le instaba el Todopoderoso a hablar.

Aquella mujer, Herodías, sabía que lo que decía el Bautista era cierto y verdad. No extraña, para nada, que quisiera que aquel que le había hecho ver a su marido Herodes que no estaba bien que se hubiese casado con ella, desapareciese.

Aquel hombre, Herodes, por respetos humanos, ordena que se decapite a Juan. Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo y que eso le acarrearía una gran desgracia pero no supo sobreponerse a las circunstancias y se dejó caer en la tentación.


JESÚS, ayúdanos a no dejarnos vencer por el respeto humano.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de agosto de 2016

Saber humillarse



Lc 14, 1.7-14

“Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te  convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo  a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.’ Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.’

COMENTARIO              

El lugar que debemos ocupar

Jesús nos advierte acerca de la posición que queremos ocupar en la sociedad. No importa nuestro egoísta interés sino la voluntad de Dios que prefiere a unos hijos, a una descendencia suya, que no sea soberbia y quiera más de lo que merece.

Tener en cuenta a los necesitados

Como es muy propio del Hijo de Dios, pone en primer lugar a los más necesitados de auxilio. A ellos quiere que dediquemos nuestra mayor atención y nuestro mayor cuidado.

Saber ser humilde

Lo que, en realidad, importa, es ser humilde. Sólo así seremos ensalzados por Dios y nos tendrá muy en cuenta para la vida eterna. Sólo así podremos decir, con verdad, que hemos cumplido su santa voluntad.


JESÚS,  ayúdanos a ser humildes y no soberbios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de agosto de 2016

Talentos

Sábado XXI del tiempo ordinario

Mt 25,14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.

COMENTARIO              

Este texto del Evangelio de San Mateo nos pone sobre el aviso de qué es lo que hacemos con aquellos que Dios, en su bondad y misericordia, nos otorga. Y es que el Creador no nos crea y nos deja en el mundo sin más sino que procura nuestro bien mediante dones y gracias o, también, mediante determinados talentos.

Hay, aquí, dos formas de actuar que son, cada una de ellas, ejemplo de cómo se puede actuar según nos corresponde: una de ellas era la propia de quien sabe que vale la pena llevar a cabo aquello para lo que hemos nacido.

Sin embargo, hay otra forma de actuar que poco tiene que ver con la misión citada arriba. En tal caso, no podemos esperar nada bueno de la voluntad del Todopoderoso que quiere que su descendencia actúe como debe actuar.


JESÚS,  ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de agosto de 2016

Ser necios o prudentes

Viernes XXI del tiempo ordinario

Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.

COMENTARIO

La parábola que Jesús dice a los que escuchan, en esta ocasión, tiene mucho que ver con nosotros mismos. Y es que no en pocas ocasiones actuamos de forma necia con algo tan importante como nuestra salvación eterna.

Ciertamente, Jesús hace uso del ejemplo de aquellas vírgenes pero, en realidad, quiere referirse a cada uno de sus discípulos. Actuar de una forma o de otra puede procurarnos una vida futura mejor o peor. Y depende, exactamente, de cada cual.

Si actuamos como las vírgenes necias y no buscamos nuestro interés y conveniencia espiritual, tendremos mucho que perder; si lo hacemos como las prudentes, podremos entrar en el banquete celestial cuando seamos llamados por Dios.


JESÚS,  ayúdanos a ser prudentes.



Eleuterio Fernández Guzmán