7 de julio de 2015

Trabajadores de la mies de Dios

Martes XIV del tiempo ordinario

Mt 9,32-38

En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel’. Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios’. 

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’”.

COMENTARIO

Jesús tenía el poder de Dios porque era Dios hecho hombre. Por eso hacía cosas que era imposible hiciera otro ser humano. Ciertamente había personas que no estaban de acuerdo con aquello que hacía y le echaban en cara, incluso, los bienes que hacía aflorar.

Jesús transmitía la Buena Noticia que consistía en sostener que el Reino de Dios ya había llegado al mundo y que había que aceptarlo en el corazón para no contrariar al Todopoderoso. Por eso Jesús caminaba sanando a quien necesitara ser sanado.

De todas formas, sabía Jesús que necesitaba a otras personas que su mensaje. De otra forma difícilmente habría salido de Israel. Por eso pide a sus discípulos que ellos, a su vez, se dirijan a Dios para que suscite, entre ellos, a personas que trabajen en su mies.

JESÚS, ayúdanos a ser trabajadores de la mies del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de julio de 2015

La fe en Cristo


Lunes XIV del tiempo ordinario

Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca’”.

COMENTARIO

El caso de la hija de Jairo es uno de los muchos a los que Jesús dio solución buena y positiva. Y es que el Hijo de Dios caminó por el mundo haciendo el bien y no aquello que no se esperaba de Él.

Aquel hombre, Jairo, era importante. Sin embargo, ni todo su poder había podido hacer nada para evitar que su hija pequeña cayese enferma y que la enfermedad terminara con su vida. Le quedaba la fe, la confianza en el Maestro. Y no dudo en ir a buscar.

Otro tanto le pasó a la mujer que padecía flujos de sangre. También creía que sólo con tocar el manto de Jesús quedaría curada (¡qué gran fe!) Y quedó curada. Y es que Jesús nunca puede resistirse a quien muestra confianza en su persona y en Dios mismo.


JESÚS, ayúdanos a tener fe y que siempre sea franca.


Eleuterio Fernández Guzmán



5 de julio de 2015

Creer en Cristo Jesús


Domingo XIV del tiempo ordinario
Mc 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su patria, y sus discípulos le seguían. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe’”.

COMENTARIO

Jesús predicó, durante los años que lo hizo, por todos los lugares donde pudo. No es de extrañar que también fuera al pueblo donde había vivido la mayoría de los años de su vida. Y tampoco nos extraña nada de nada que el sábado fuera a la sinagoga.

Sin embargo, sí es de extrañar que los que lo conocían dijeran aquello que decían de Él. Y es que aunque no sepamos nada, es de imaginar que durante los años de su vida llamada escondida manifestara piedad y amor a la Palabra de Dios. Tampoco era tan extraño que hablara como hablaba.

Pero Jesús sabía que muchos de aquellas personas tenían el corazón duro y que no escuchaban lo que decía. Les parecía extraño que un maestro como aquel Maestro pudiera ser tan importante. Por eso Jesús no pudo hacer grandes cosas en su propia tierra aunque, claro está, curara a muchas personas que tenían, seguramente, el corazón más abierto que los considerados sabios.



JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán



4 de julio de 2015

Odres nuevos para vino nuevo



Sábado XIII del tiempo ordinario

Mt  9,14-17

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que las costumbres judías eran muy seguidas por la gran mayoría de miembros del pueblo elegido por Dios. Prácticas como el ayuno, por ejemplo, eran tenidas por cruciales para comprender la fe de sus miembros.

Sin embargo Jesús sabe que las cosas han de ser de otra forma y que así, con tales costumbres, no llegarán al corazón de Dios. Por eso enseña la forma correcta de llevar a cabo ciertos comportamientos.

Jesús trae lo nuevo. Y lo nuevo no es otra cosa que la Ley de Dios en su comprensión perfecta. Lo que pasaba era que con la forma de entender la misma por parte de muchos judíos no podía en Creador ocupar un sitio, de verdad, en sus corazones. Por eso Jesús predica acerca de los nuevos corazones, de la savia nueva, del vino nuevo. Y tal corazón, tal savia y tal vino requiere de unos depósitos espirituales también nuevos.

JESÚS, ayúdanos a tener el corazón preparado para albergar tu amor y tu misericordia.


Eleuterio Fernández Guzmán



3 de julio de 2015

Felices los que creen sin ver porque ellos creen



Jn 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré’». 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente’. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’. Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús se apareció a los Apóstoles por primera vez Tomás no estaba allí. Seguramente habría salido fuera de la casa donde estaban escondidos por miedo a los judíos a llevar a cabo alguna labor importante para ellos. Pero no estaba.

Cuando conoce que Jesús se ha aparecido no lo cree. No tiene fe y duda de que eso haya pasado. Necesita ver y tocar para creer. Y actúa así porque, al no haber visto al resucitado no concibe la idea de que eso sea posible.

Pero Jesús lo sorprende. No sólo vuelve a aparecer sino que le dice a Tomás que haga lo que decía que iba a hacer. Y Tomás, como pasaría con Pablo, cae del caballo de su increencia y cree. Y Jesús define la fe de forma perfecta: creer sin ver, confiar sin tener que tocar.


JESÚS, ayúdanos a creer sin ver, a tener verdadera fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2015

No dudar nunca de Cristo



Jueves XIII del tiempo ordinario

Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.’”

COMENTARIO

Jesús era llamado por aquellos que lo necesitaban de verdad. Por eso hacía lo que, a ojos de los hombres, era imposible de comprender. Y aquel hombre necesitaba mucha ayuda pues padecía de parálisis que era, por decirlo así, una causa de apartamiento de la sociedad en la que vivía.

Jesús le perdona los pecados. Eso lo hace porque en su forma de ver las cosas, la de su cultura, quien está enfermo lo está porque ha pecado él o su familia. Sin embargo, Jesús sabe que eso no es así. Y le perdona los pecados. Pero algunos de ellos saben que eso sólo lo puede hacer Dios y a Jesús no lo tiene por el Padre.

Ante la cerrazón espiritual de los que tienen duro el corazón Jesús hace lo que les ha de abrir los ojos: le dice al paralítico que ande. Lo cura de aquella enfermedad terrible. Eso, al menos, hizo ver a algunos que Dios estaba con Aquel Maestro que enseñaba con autoridad.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2015

Al encuentro del necesitado de verdad



Miércoles XIII del tiempo ordinario


Mt 8,28-34

“En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?’. Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: ‘Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos’. Él les dijo: ‘Id’. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término’”.


COMENTARIO

Es bien cierto que lo que Jesús quería no era, siempre, lo que querían aquellos que le rodeaban. Pero el Hijo de Dios quería cumplir con la misión que Dios le había encomendado que no era otra que salvar a los que necesitaban salvación.

Jesús sabía que los endemoniados eran personas que, por eso mismo, habían sido tomados por el Maligno, por sus demonios. Necesitaban una ayuda muy especial, una oración muy profunda y, por decirlo así, la intervención directo del Creador con todo su poder.

Sin embargo, había muchos que no querían que se les estropeara el negocio que hacían. Aquellas personas trabajan con cerdos y la buena acción de Jesús les había perjudicado en el trabajo. Preferían su propio bien antes que el beneficio de alguien tan necesitado como aquel endemoniado. No tenían amor ni sentían misericordia.


JESÚS, ayúdanos a prefería el bien del prójimo a nuestros intereses egoístas.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2015

El poder de Dios


Martes XIII del tiempo ordinario

Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Alguno podría decir y sostener que a Jesús le importaba poco la vida de aquellos con los que iba en aquella barca. Sin embargo, nada de eso es cierto ni verdad. Lo que pasaba es que sabía que podía solucionar pronto aquello.

Los que iban con Jesús le seguían porque lo querían. Sin embargo, como eran seres humanos tenían el miedo que se espera de quien va en una barca y está a punto de hundirse. Nada de eso debería extrañar a nadie.

Sin embargo, Jesús sabe que quien tiene fe no puede tener miedo. Y les echa un pequeño rapapolvo para que se den cuenta que la fe puede contra lo malo de su vida y que, con ella, pueden sobreponerse a lo que les pueda pasar. Pero deben tenerla.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti siempre, siempre, siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de junio de 2015

Saber quién es Cristo



Mt 16,13-19

“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.

COMENTARIO

Nosotros sabemos que Jesucristo lo conocía todo de todos. Es decir, que si por él fuera no tendría que hacer preguntas como la que hace y que recoge este texto del evangelio de san Mateo. ¿Quién dicen que soy?

Es cierto que, como muchas personas no tenían un conocimiento completo de las Sagradas Escrituras judías no acababan de entender que Jesús era el Mesías que había de venir. Pero Pedro, aquel hombre que luego negaría a Jesús tres veces lo sabía. Y si eso era sí era porque se lo había revelado el Espíritu Santo.

A Pedro Jesús le hace un encargo muy grande: quiere que sea sobre quien se edifique la Iglesia que va a constituir. Es más, le entrega las llaves de la misma para que ate y desate o, lo que es lo mismo, para que establezca lo que está de acuerdo a la voluntad de Dios y lo que no.


JESÚS, ayúdanos a reconocerte y a amarte.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2015

La fe del creyente







Mc 5, 21-43


“Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.

Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.

Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.’ Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’  Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"‘ Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le  contó toda la verdad. El le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.’

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’  Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe.’

Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: ‘¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.’ Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los  suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘= Talitá kum =‘, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate.’  La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.  

Y es insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”


COMENTARIO
                         
También en el evangelio de san Marcos (el que muestra más hechos extraordinarios de parte de Jesús) se muestra, en muchas ocasiones, lo que supone la fe para Jesús y, así, para Dios. Los dos casos de este texto son muestra de lo que supone la misma.

Aquel hombre, Jairo, estaba muy preocupado por su hija. Sabía que iba a morir y que sólo podía acudir a Jesús. Nadie más podía hacer nada. Seguramente eso le dijeron los médicos. También se lo dijeron los que le dieron la noticia de la muerte de su hija. Lo mismo sucede en el caso de la hemorroísa. Ambas personas tienen confianza en Jesús y por eso acuden al Maestro.

La fe es para Jesús algo tan importante, tan crucial en la vida de un hermano suyo, de un hijo de Dios, que supone, directamente, la salvación para sí o para quien se reclame ayuda. En aquel tiempo, en aquellos primeros tiempos, la fe tenía efecto directo en beneficio de quien se buscaba beneficio.


JESÚS, ayúdanos a tener fe; ayúdanos a no olvidarte y acudir a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de junio de 2015

Lo que hace la fe


Sábado XII del tiempo ordinario



Mt 8,5-17

En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído». Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’”.

COMENTARIO

Jesús ama. Lo sabemos bien porque a lo largo de los evangelios podemos verlo en muchas ocasiones en las que muestra el verdadero amor. Es más sabemos que murió, precisamente, por amor. Y eso lo muestra muchas veces.

Aquel centurión era romano. En un principio podría parecer que poco tendría que hacer con alguien de una religión extranjera. Sin embargo, debía ser temeroso de Dios y creer que Jesús podía curar a un criado suyo. También quería a su criado. Por eso le pide al Maestro que lo cure. Es más, que no es, siquiera, necesario que acuda a su casa. Basta con su voluntad y palabra.

Jesús, ante tal manifestación de confianza y, así, de fe, sólo puede hacer dos cosas: primero, cura al enfermo; luego, hace ver a lo que le escuchas que aquella muestra de fe es la que hay que tener. Otra cosa no sirve.


JESÚS, ayúdanos a tener la fe del centurión. Al menos, ésa.

Eleuterio Fernández Guzmán
o son muestra de lo que supone la misma.


Aquel hombre, Jairo, estaba muy preocupado por su hija. Sabía que iba a morir y que sólo podía acudir a Jesús. Nadie más podía hacer nada. Seguramente eso le dijeron los médicos. También se lo dijeron los que le dieron la noticia de la muerte de su hija. Lo mismo sucede en el caso de la hemorroísa. Ambas personas tienen confianza en Jesús y por eso acuden al Maestro.

La fe es para Jesús algo tan importante, tan crucial en la vida de un hermano suyo, de un hijo de Dios, que supone, directamente, la salvación para sí o para quien se reclame ayuda. En aquel tiempo, en aquellos primeros tiempos, la fe tenía efecto directo en beneficio de quien se buscaba beneficio.


JESÚS, ayúdanos a tener fe; ayúdanos a no olvidarte y acudir a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2015

Tal es la voluntad de Dios


Viernes XII del tiempo ordinario


Mt 8,1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: ‘Señor, si quieres puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: ‘Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio’”.

COMENTARIO

Jesús había venido al mundo, enviado por Dios, para salvar a los que necesitaban salvación. Tanto la salvación del alma como la del cuerpo  eran objeto de atención del Hijo de Dios. Y aquel hombre, leproso, necesitaba una ayuda más que grande e importante.

Aquel hombre confiaba en Jesús. Seguramente habría escuchado lo que hacía aquel Maestro que enseñaba de forma distinta y con autoridad. Y se dirige a Él con fe. Necesita una curación más que importante.

Jesús sabía que el leproso tenía fe. Lo cura porque tiene fe porque confiar en el Hijo de Dios supone hacer lo propio con Dios mismo. Aún, de todas formas no había llegado el momento de que supiese que era el Mesías.

JESÚS, ayúdanos a confiar en la santa voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de junio de 2015

Edificar sobre la Roca que es Cristo

Jueves XII del tiempo ordinario

Mt 7,21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.’”


COMENTARIO

Jesús conocía que, muchas veces, se decía algo pero, en el fondo del corazón se entendía lo contrario. Por eso avisa, pone sobre aviso acerca de la verdad de las cosas y de que no siempre en el corazón de Dios lo que hacemos se recibe de igual forma.

Jesús quiere que se comprenda la diferencia que hay entre construir una vida acorde con lo que quiere Dios y, al contrario, de una forma no acorde con eso. Construir una vida sobre cimientos falsos sólo puede tener como consecuencia la ruina y la desesperación, la fosa de la que escribió el salmista.

Pero, al contrario, construir sobre la Roca que es Cristo, sobre su santa doctrina y su santa Palabra sólo puede tener buenas consecuencias para sus hermanos los hombre porque lo construido así es propio de los hijos de Dios.



JESÚS, ayúdanos a construir según tu Palabra.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2015

El Precursor de Cristo

Lc 1,57-66.80

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”


COMENTARIO

Que la vida del ser humano está totalmente relacionada con la voluntad de Dios se comprueba en el caso particular de Zacarías y de su hijo Juan, que sería llamado el Bautista pues lo sería, entre otros, del Hijo de Dios.

Se le había dicho a Zacarías que nacería un hijo de quien llamaban la estéril Isabel. Él no se había fiado del Ángel del Señor y fue castigado a permanecer mudo hasta que naciera el niño. Y así pasó. Eso vino a confirmar la voluntad del Padre expresada a través de su Ángel.

No es de extrañar que aquellos que vivían donde había nacido Juan se preguntarán qué iba a ser de un niño al que tantas señales apuntaban como ser humano importante. Y llevado de la me mano de Dios crecía a la espera de la llegada de su momento.

JESÚS, ayúdanos a mantener una fe grande como la de tu primo Juan.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2015

La puerta estrecha de la Ley de Dios

Martes XII del tiempo ordinario


Mt 7,6.12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.


COMENTARIO

Jesús, a lo largo de su predicación, enseñó lo que era bueno y mejor para el ser humano. El caso es que en materia de fe hay un principio básico que vale para todo lo que el creyente tenga que tener en cuenta.

Hacer lo que queramos que se nos haga. Tal es el principio que ahora enseña Jesús. Es tan elemental que pudiera parecer que no hacía falta que lo enseñara. Sin embargo, si así lo hace es porque no se debía tener por bueno y verdad.

Es más. Jesús aprovecha para enseñar algo que es esencial: entrar en el Cielo no es cosa fácil. Es más, es conveniente entrar por la puerta estrecha que ha de querer decir que seguir los mandatos de Dios no son fáciles de seguir si llevamos una vida mundana.


JESÚS, ayúdanos a aplicar en nuestra vida tus santas palabras.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2015

Juzgar al estilo de Cristo


Lunes XII del tiempo ordinario


Mt 7,1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano’”.

COMENTARIO

Hay quienes tienen por bueno y verdad que el discípulo de Cristo no ha de juzgar nunca. El caso es que lo que nos dice Jesús es que, en el caso de tener que hacer, lo hagamos según Él juzga, según el Maestro juzga.

El caso es que Jesús dice, precisamente por eso, que seremos juzgados según juzguemos. Y eso ha de querer decir que si juzgamos como Él juzga, nuestro juicio será benévolo porque Dios no puede tener por malo un tan juicio.

¿Y cómo juzga Jesús? Jesús juzga con amor, Jesús juzga teniendo en cuenta, antes de hacerlo, la voluntad de Dios; Jesús, en fin, juzga ateniéndose a la Ley de la Misericordia y del perdón. Así debemos juzgar. Sólo así nuestro juicio será tenido en cuenta en el Juicio por parte del Todopoderoso.

JESÚS, ayúdanos a saber juzgar.


Eleuterio Fernández Guzmán



21 de junio de 2015

El poder de Dios





Mc 4, 35-40

“Este día, al atardecer, les dice: ‘Pasemos a la otra orilla.’  Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.  En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’ El, habiéndose  despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino  una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’”.


COMENTARIO


Jesús no dejaba de enseñar. En los años de su llamada “vida pública” no cesó de cumplir la misión para la que había sido enviado por Dios: transmitir la Buena Noticia y la Verdad de la Ley de Dios.

Sus apóstoles, que a duras penas podía seguir el ritmo de vida entregada que llevaba Jesús le acompañan porque saben que es la única manera de conocer qué es lo importante acerca del Reino de Dios.

Pero sus apóstoles parecen no tener mucha fe. Confían poco en el poder de Dios. Y a Jesús le basta con una orden para que todo le obedezca. Y eso pasa con aquella borrasca. No extraña, por tanto, que Jesús les eche en cara su falta de confianza.

JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán