7 de enero de 2014

Jesús predica acerca de su Reino



Mt 4,12-17.23-25


“En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: 'Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz'.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: 'Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca'. Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.” 

COMENTARIO

Juan ha sido encarcelado por Herodes. Como en el caso de otros profetas, también ha de sufrir la misma muerte inmerecida y provocada por el egoísmo de los poderosos de su pueblo. Se cumplen, por eso mismo, las profecías. También en su caso pasa lo que ya está escrito que ha de pasar. 

Jesús sabe que ha llegado el momento exacto en el que decir al mundo lo que no le gustará escuchar. El Reino de Dios ha llegado pero las cosas no son como Dios quiere que sean. Por eso Jesús, como profeta, también se está “ganando” una muerte cruel e inmerecida. 

Pero el Creador sabía para qué había enviado a su Hijo. Cura enfermos y salva del Mal a los endemoniados. Y esto es lo que estaba escrito que pasaría cuando llegara el Mesías. Y a pesar de las pruebas claras de la divinidad del hijo del carpintero, muchos no le creyeron.


JESÚS, cuando empiezas a predicar sobre la llegada del Reino de Dios muchos no te creen. Pero otros muchos sí te siguen y creen en Ti. Ayúdanos a ser del segundo grupo... siempre. 



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2014

Aquellos Magos que tuvieron fe





Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: '¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle'. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: 'En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’'.

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: 'Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle'.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

COMENTARIO

Aquellos hombres habían recibido, digamos, el aviso de que el Rey del Universo iba a nacer en una tierra muy lejana a la suya propia. Creen lo que se les dice y se ponen en camino siguiendo la estrella que les llevaría hasta Belén.

El Mal, en la persona de Herodes, siempre trabaja para rechazar al Bien. Por eso quiere saber dónde nacerá el Rey que todos esperan. Pero no lo quiere saber para adorarlo sino para matarlo que es lo que hace cuando conoce que los Magos no han vuelto para decirle nada.

Aquellos hombres se habían convertido al conocer al Niño recién nacido. Vuelven por otro camino a su tierra o, lo que es lo mismo, además del que lo es físico por otro espiritual. Y allí llevarían, seguramente, la noticia, la Buena Noticia.


JESÚS, aquellos hombres que te llevan oro, incienso y mirra saben muy bien que eres el Hijo de Dios. Tuvieron fe. Ayúdanos, hermano y Padre, a no perderla nunca.



Eleuterio Fernández Guzmán


5 de enero de 2014

La Luz y la Palabra



Jn 1,1-18

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: 'Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo'. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.”

COMENTARIO

Lo primero que nos dice san Juan en su Evangelio refiere lo que sucedió en el Principio de todo. Dios creaba y el Hijo, la Palabra, permanecía junto a Él. Por y en la Palabra todo se hizo.

La Palabra, la Luz, sin embargo, al venir al mundo no fue recibida por todos sino rechazada por muchos. Y a pesar de eso dio la posibilidad de considerarse y ser hijos de Dios a los que la aceptan pues para serlo hay que aceptar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Por eso cuando Juan, que bautizaba en el Jordán se da cuenta de que Jesús ha venido enviado por Dios pues fue éste Quien le dijo al Bautista que la señal se cumpliría sobre el Hijo, anuncia la venida de la Palabra y que ese momento tenía que llegar.


JESÚS, Tú permanecías junto a Dios en el mismo momento de la Creación porque eras antes que todo existiera. Ayúdanos a creer en tan gran e importante misterio.



Eleuterio Fernández Guzmán


4 de enero de 2014

Lo dejan todo por Cristo



Jn 1,35-42

“En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbí —que quiere decir, ‘Maestro’— ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ —que quiere decir, ‘Piedra’.

COMENTARIO

Qué tendría Jesús que unos hombres, apenas conocerlo quieren seguirle… Jesús les pregunta que qué es lo que buscan. Les pregunta acerca de sus verdaderas necesidades. Y ellos contestan con la verdad: quieren saber dónde vive Él, el Maestro.

Empieza, Jesús, a escoger a los que le han de servir como apóstoles. Muy bien sabe uno de los jóvenes que lo siguió, el propio Juan autor de este evangelio, lo que hizo porque indica la hora exacta en la que sucedió aquello.

Andrés no puede callar aquello que ha escuchado. Sabe que ha visto al Mesías y se lo dice a su hermano Simón. Lo lleva donde Jesús y éste, porque sabe que será muy importante, le cambia el nombre.  Ya no será Simón sino Pedro, Piedra, porque sobre aquella Piedra iba a edificar su Iglesia.


JESÚS,  todos los que te conocen lo dejan todo por Ti. Ayúdanos a no ser como aquellos que no quieren escucharte ni tenerte en cuenta en sus vidas.





Eleuterio Fernández Guzmán


3 de enero de 2014

¿Qué pedir a los Reyes Magos?
















Cuando llega un momento tan importante como es el del nacimiento del Hijo de Dios, muchos acontecimientos van unidos al mismo. Por eso es esencial comprender qué pueden significar en nuestra vida y no tener esto que todos los años recordamos como una fecha más sin importancia en nuestra vida.
Jesús ha nacido. Lo han visitado, digamos, los más pobres del lugar. Por eso unos pastores, avisados por mensajeros celestiales, han acudido a Belén en busca de Aquel que han identificado los ángeles como el Mesías.

Aquellos pobres hombres acuden con ansia de conocer a quien tanto había sido esperado por el pueblo judío que fue, no lo debemos olvidar nunca, el elegido por Dios para transmitir su Palabra. No escogió a otro porque no quiso y quiso que así fuera y, ha de ser, para siempre, tenido eso en cuenta.

Pero también fueron otras muchas personas. Algunas porque les llamaba la atención que en un lugar tan pobre muchos se acercasen. Otros, también es posible, porque intuían algo o algo les había soplado en el corazón el Espíritu Santo… que de todo habría.

Pero entre aquellas personas, tres (se supone que tal número es el correcto por los regalos que llevaban) señores, ataviados con ricos ropajes, acuden también. Quieren adorar a un niño recién nacido porque se les ha dicho que es un Rey. Pero no un rey cualquiera sino el Rey por antonomasia, el Hijo de Dios.

Aquellos Magos o Reyes Magos considerados así por sus especiales conocimientos sobre el devenir de las estrellas, llevan, como hemos dicho y es más que conocido por todos, oro, incienso y mirra. También tenemos una cierta idea de lo que cada uno de tales regalos significa: el oro, el metal del Rey; el incienso, con su significado religioso y la mirra, relativo el sufrimiento que, con el tiempo, soportaría aquel Niño tan tierno que acababa de nacer.

En general, podemos decir que a los Reyes Magos, hoy día, también podemos pedirles regalos. No siempre materiales sino que supongan una entrega de algo que nos gustaría tener y que siempre es deseado. A lo mejor no sabemos cómo alcanzar tales regalos que son bienes preciados para nosotros y, por eso, les pedimos, por ejemplo:

-Paciencia para saber soportar a quienes son difíciles de soportar.

-Misericordia para quienes puedan zaherirnos.

-Amor para comprender al prójimo.

-Entrega propia, de uno mismo, para quien necesite nuestras manos y nuestro corazón.

-Capacidad de darnos cuenta de las necesidades del otro.

-Luz para iluminar el camino que llevamos pues, a veces, vivimos en la tiniebla.

-Ímpetu espiritual para salir de la tibieza en la que solemos vivir.

-Voluntad de llevar a cabo la de Dios en nuestra vida.

Y así podríamos estar un buen rato porque a cada cual se le pueden ocurrir muchas cosas que pedir a aquellos tres que acudieron con fe (creyeron sin ver) e hicieron posible que, cada siglo que ha pasado desde entonces, hayan sido millones y millones de personas las que han esperado, en fechas tan señaladas, un detalle o una atención de parte de quien les quiere.

Gracias a los tres llegados de allende las fronteras del Imperio Romano podemos decir que Dios llega a todas partes y que su voluntad ha de ser cumplida por todos sus hijos o, lo que es lo mismo, por toda la humanidad, creación suya que creó y mantiene.

Por tanto, podemos pedir por nosotros y para nosotros o por otros y para otros. El corazón, que ha de ser bien tierno y de carne y no duro o de piedra, ha de saber lo que, en verdad, necesitamos.

Ahora bien, no se nos olvide dejar algún alimento espiritual para tan dadivosos enviados de Dios al mundo. Por ejemplo, digamos, la promesa a cumplir de ser fieles al Creador y de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y bien la podemos dejar escrita en nuestra alma, para que ellos la vean y a nosotros no se nos olvide nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina


Aquellos Magos llegados de oriente

ELEUTERIO





Cuando nace el Hijo de Dios, en aquel mismo momento, unos hombres pobres que andan con su ganado cerca de Belén son avisados por un Ángel de que, en efecto, en aquel villorrio ha nacido, nada más y nada menos, que quien todos estaban esperando. 
Ni qué decir tiene que aquellos hombres raudos fueron en busca de su Salvador. Tantos siglos había esperado, generación tras generación, la llegada del Enviado de Dios que ellos no dudaron nada de nada al caminar hacia aquel Niño.
Pero en lugares muy lejanos de aquellas pocas casas que debía constituir el Belén bíblico donde, según las Sagradas Escrituras, iba a nacer el Mesías, algunos sabios habían sido avisados (¿también por el Ángel del Señor?) de que en una tierra muy alejada de sus naciones, iba a nacer alguien a quien debían adorar. Y eso, para unos hombres de ciencia conocedores de muchas realidades ajenas a la gran mayoría de las gentes, era cosa muy a tener en cuenta.
Y se ponen en marcha. Podemos imaginar que no todos partieron del mismo sitio sino que, de diversos reinos se encontraron, siguiendo a la Estrella, en un lugar determinado del camino o, a lo mejor, en algún cruce de sendas de importancia notable donde confluían los que venían de determinados territorios.
Aquellos llamados magos (no por practicantes de magia al uso sino, seguramente, por conocer, científicamente, muchas realidades) podemos decir que tuvieron fe.
En realidad será fácil decir que no conocían en quién debían fijar su creencia y que, por decirlo de una forma sencilla, seguían la estela de la estrella que les había sido indicada. Sin embargo, no podía faltar la confianza que ponían en los signos que habían adivinado de todo lo que estaba pasando entonces o estaba a punto de pasar.
Y caminaron. Siguieron un camino no exento de peligros y lo hicieron en la seguridad de llegar, un día, donde iba a nacer un ser humano muy especial. E Iban a adorarlo pues era Rey.
Es más que conocido que llevaban presentes. Partiendo del conocimiento que nos dice que, en aquella época era impensable que una persona se presentase en casa de una persona considerada superior, socialmente hablando, sin llevar un presente, no es de extrañar que aquellos hombres, por muy de ciencia que fueran, entendiendo que iban a postrarse ante un Rey, llevasen consigo lo que todos sabemos que llevaban.
Cada cual, con un significado propio, le acercó al Niño-Dios su regalo.
Quien llevó oro sabía que lo hacía ante un gran hombre aún pequeño y recién nacido; quien llevo incienso sabía que se encontraría ante una persona muy relacionada con Dios; y quien llevaba mirra estaba en la seguridad de que, como otros hombres, pasarían por graves y dolorosos momentos en su vida de ser humano ordinario.
Los Reyes Magos, los hombres de ciencia, los conocedores de las realidades escondidas a muchos, estaban por encima de otros tantos comportamientos mundanos. Y por eso no dudan en cumplir la misión que se les había encomendado: plantarse ante el Niño y mostrar su sometimiento, gozoso, a Quien se les ha dicho que lucirá por encima de todas las luminarias que hasta entonces han habido en el mundo.
Llegaron a Belén, tras hablar con Herodes y causar, sin ellos saberlo, la muerte de tantos niños inocentes. Y cuando allí encontraron, en aquel pesebre pobre, al Niño cumplieron lo que debían cumplir. Y fueron enviados de Dios para adorar a Quien merecía ser adorado.
Y, como sabemos, volvieron a sus respectivas tierras. Y allí llevaron la narración de cuanto les había pasado y de cómo, el mejor días de sus vidas, se postraron ante un Niño al que, ya, algunos odiaban. Pero ellos, poderosos en conocimiento se hicieron aún más pequeños que aquel recién nacido y supieron ser humildes, abajarse a la altura de Quien nada podía hacer según su situación de nacido. 
Algunos de entre los pastores dijeron, según cuentan por aquellas tierras de Galilea, que los Magos venidos de oriente lloraron como niños cuando se postraron ante el hijo de María. Y aunque eso no ha pasado a la historia, seguro que sí quedó en el corazón de la Madre, ahí, aquella mujer que guardaba todo bien dentro de sí misma.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

El Cordero de Dios presentado por Juan




Jn 1,29-34

“Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios’”.

COMENTARIO

Juan se ha dado cuenta de que Jesús es el Enviado de  Dios, aquel Cordero que, luego, será llevado al matadero. Por eso lo presenta como Quien es y no como aquel hombre, de nombre Jesús que, además, es primo suyo por parte de madre.

Dice Juan que Jesús existía antes que él. Eso, dicho con pensamiento humano, no podría ser posible porque el Bautista nació unos meses antes que el hijo de María. Sin embargo, si hablamos de eternidad y de creación se entiende que, en efecto, el Emmanuel ha estado siempre desde siempre y, por tanto, mucho antes que el Bautista.

Da, también, una pista, sobre Quien le envió a bautizar. Dios mismo le dice lo que ha de pasar y que será de tal forma la que deberá tener en cuenta para identificar a Jesús. Por eso, cuando el Espíritu Santo se posa sobre Jesús sabe que, en efecto, es el Enviado de Dios.


JESÚS, tu primo Juan cumple con la misión que tenía encomendada. Ayúdanos a tenerlo siempre presente en nuestra vida y a no olvidar lo que dijo acerca de enderezar los caminos del Señor.





Eleuterio Fernández Guzmán



2 de enero de 2014

La voz que clama en el desierto y cumple la voluntad de Dios



Jn 1,19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: '¿Quién eres tú?'. El confesó, y no negó; confesó: 'Yo no soy el Cristo'. Y le preguntaron: '¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?'. El dijo: 'No lo soy'. '¿Eres tú el profeta?'. Respondió: 'No'. Entonces le dijeron: '¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?'. Dijo él: 'Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías'.

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: '¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?'. Juan les respondió: 'Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia'. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”


COMENTARIO

Juan el Bautista sabía que la misión que estaba cumpliendo era voluntad de Dios, que pronto vendría el Mesías y que era a él a quien le había correspondido presentarlo al mundo a través de aquel bautismo. Pero muchos no sabían a qué atenerse.

Los enviados de los fariseos debían volver a sus enviantes con alguna respuesta pues no habrían entendido que nada le dijesen de aquel que parecía ser el Enviado de Dios. Sin embargo Juan sabe que no lo es y que sólo cumple con la misión de tratar de enderezar los caminos que llevan a Dios.

Sabía Juan que el Enviado de Dios ya estaba en el mundo. Incluso dice que está entre los que le preguntan porque debe tener alguna información, digamos, “secreta”, de parte del Espíritu Santo. Por eso sabe que él no es nada y que quien tiene que venir lo es todo.

JESÚS, tu primo sabe a ciencia cierta que no es el Mesías. Por tanto tiene el conocimiento de que has de venir y presentarte al mundo para cumplir con la misión encomendada por Dios. Ayúdanos a esperar tu segunda venida y estar preparados para ello.,



Eleuterio Fernández Guzmán


1 de enero de 2014

María, José y Jesús



Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”

COMENTARIO

Los pastores, fieles a lo que les habían dicho los ángeles, acuden a Belén para ver al Niño que acababa de nacer. Creyeron en el Mesías antes de verlo porque su fe era sencilla y confiaba en los mensajes de Dios.

María, Madre de Dios sabía que todo aquello que estaba pasando era muy especial. Lo fue la Encarnación y, luego, lo que sucedía. Por eso todo lo meditaba y aprendía de ello.

María y José eran judíos que cumplían con las leyes de los hombres y con las de Dios. Por eso acuden al Templo en el momento oportuno para cumplir con la ceremonia de circuncisión de Jesús que fue el nombre que le pusieron cumpliendo, otra vez, el mandato de Dios.


JESÚS, tus padres cumplían con las leyes porque sabían que era la voluntad de Dios. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán


30 de diciembre de 2013

Cristo se presenta a Dios

Lc 2,36-40

"Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del  Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él."


COMENTARIO

Aquellos ancianos, Simeón y Ana, estaban esperando, desde hacía mucho tiempo, la salvación de Israel. Eran, como todo el pueblo escogido por Dios, de los que creían que eso iba a suceder porque el Creador así lo había prometido.

Entre ellos, Ana era una mujer que había decidido, una vez haber enviudado, servir a Dios. Y allí esperaba que llegara el momento en el que Dios quisiese revelarle a su Hijo. Y llegó el momento. Su fe había podido más que el mundo. 

Y Jesús, una vez presentado en el Templo, según nos dice el texto de san Lucas, permaneció junto a sus padres, José y María. Y creció físicamente, en conocimiento de la Ley de Dios y, sobre todo, en gracia, en gracia de Dios. 


JESÚS, tu crecimiento junto a tus padres, era importante porque eres el Hijo de Dios. Ayúdanos a crecer, nosotros también, en sabiduría y en gracia de Dios. 

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de diciembre de 2013

Fermento de Dios


Pablo Cabellos Llorente










El Papa Francisco es tremendamente realista. Reconoce que muchos católicos no leen u olvidan enseguida la documentación elaborada por el Santo Padre o por los obispos. Pero esa consideración del ambiente no le impide cantar las verdades del barquero en la Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium", que él mismo considera programática. Aunque voy a detenerme solamente en la Introducción, tomo el título de un punto mucho más adelantado del escrito porque, de un modo u otro, es deliberadamente reiterativo para recordar la misión apostólica de los cristianos.
         
Efectivamente, en el n. 114, escribe: "Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio".  Desde el inicio de la Exhortación viene insistiendo en ese tema desde diversos puntos de vista.
            
Al comienzo escribe que la alegría del Evangelio llena la vida de los que se encuentran con Jesús. Sólo así, con Cristo, la Iglesia, el entero Pueblo santo, puede cumplir con su misión de mostrar al mundo el rostro de Dios. Por eso, inmediatamente comenta los riesgos del cristiano para vivir la vida recibida en el bautismo y llevarla a todas partes. El primer riesgo es nuestra propia debilidad pero, lleno de esperanza y para colmarnos de ella a todos, dice entre otras muchas cosas: "No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!" No se cansa de hacernos ver de mil maneras la Misericordia de Dios. Para volver a dejar claro el origen de nuestra fuerza, escribe con palabras de Benedicto XVI: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva".
            
Sólo así podremos ser fermento de la humanidad, no para poseerla o dominarla, sino para servir a la causa de Dios, que nunca roba nada al hombre, sino que le da todo, vela siempre por la causa del hombre, aunque en ocasiones no lo entendamos así. E inmediatamente escribe que el bien debe comunicarse. Rememora aquellas palabras que Pablo de Tarso escribe sobre sí mismo: ¡ay de mi si no anunciara el Evangelio! Y recuerda a todos que cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal. Así es, porque la acción de Dios en el hombre no destruye nada de cuanto es humano, sino que lo potencia y refuerza. Ante esa labor, la consecuencia más inmediata es la alegría del evangelizador, añadiendo con sentido del humor que quien la realiza  no puede tener cara de funeral.
            Hemos de ver, cada día con luces nuevas, la extraordinaria novedad del Evangelio, la palpitante y deslumbradora figura de Cristo, que continua vivo y activo en  quien lo busca. Me vienen a la mente unas palabras de San Josemaría, que andaba siempre impulsando a todos los hombres a ofertar a ese Jesús vivo, por el que se sintió fascinado desde muy joven, como afirmó Juan Pablo II. Me refiero ahora a estas frases: "Cristo vive. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia". El Papa escribe: "Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece".
            
Con esa clara conciencia -sin méritos propios, pero con la fortaleza de Dios-, los cristianos debemos caminar por el mundo con una ciencia que nunca falla, con la sabiduría de  que nunca ofertamos algo vetusto, ni mercancía averiada, ni tampoco triste. No descuidamos la memoria de nuestra fe, nuestra historia como pueblo, pero es una memoria agradecida que nos lanza hacia adelante, que nos mantiene siempre actuales con la perenne juventud de Dios.

           
Desde estas coordenadas, nos convoca a todos  sin exclusión alguna. A partir de ahí, Francisco traza el plan de su Exhortación programática que, abarcando muchas cuestiones actualísimas, pienso que tienen su base en lo que va escrito. De ahí parte lo que denomina "Iglesia en salida", es decir una Iglesia en la que están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de su misión evangelizadora, una nueva «salida» misionera que emplaza a todos.  El Papa ha hecho resonar con fuerza las palabras de Jesús en la parábola: salid a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis.


P. Pablo Cabellos Llorente


Publicado en Las Provincias

Y Cristo resucitó




Jn 20,2-8

“El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto’. Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.”

COMENTARIO

María de Magdala había visto que el cuerpo de Jesús no estaba donde tenía que estar que era donde lo habían dejado. No es de extrañar que se sintiera confusa y acudiera donde estaban los discípulos más allegados de Jesús y dar aquella noticia.

De entre ellos dos fueron rápidos en la acción. Tanto Pedro como Juan corrieron raudos a ver lo que decía María Magdalena que había pasado. El estado de nervios de los dos apóstoles lo podemos imaginar y, sin embargo, no duraron en ir al sepulcro de Jesús.

Pedro, llamado Simón, es el mayor de los dos. Llegó más tarde que Juan, que era más joven, pero el discípulo amado de Jesús no quiso entrar dentro del sepulcro. Pedro sí lo hizo y comprobó que, en efecto, no esta el cuerpo de Jesús. Y luego entró Juan. Y dice el texto que creyó. Creyó en todo lo que había dicho el Maestro.


JESÚS,  tus discípulos acuden a tu sepulcro porque te quieren. Ayúdanos a no olvidar nunca que resucitaste y que lo hiciste para siempre.





Eleuterio Fernández Guzmán


24 de diciembre de 2013

Anunciando el Reino de Dios



Lc 1, 67-79


Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: 'Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo. y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.'

COMENTARIO

Cuando Zacarías se da cuenta de lo que ha sucedido con su hijo y, sobre todo, con él mismo, sabe que algo muy importante ha hecho Dios por aquella familia que todos daban por desahuciada en cuanto a la descendencia se refiere.

Zacarias sabe que Jesús, aquel niño que aún no había nacido, iba a ser muy importante porque era el cumplimiento de la promesa que Dios había hecho a su pueblo. Con Él llegaba la salvación que tanto se había esperado.

Pero también tenía palabras gozosas para su hijo Juan. Profeta la llama porque, en efecto, lo será cuando llegue el momento. Y sus profecías servirán, primero, para preceder al Hijo de Dios y, segundo, para anunciar que, en efecto, había llegado Quien tanto se había esperado.



JESÚS, tu tío Zacarías sabía mucho porque mucho se le había comunicado. Ayúdanos a tener siempre presente sus palabras



Eleuterio Fernández Guzmán


23 de diciembre de 2013

Nace Juan el Bautista



Lc 1,57-66

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: 'No; se ha de llamar Juan'. Le decían: 'No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre'. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: 'Juan es su nombre'. Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: 'Pues, ¿qué será este niño?'. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

COMENTARIO

La voluntad de Dios ha de cumplirse porque el Padre sólo quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Así pasa en el caso de Zacarías quien dudó de lo que le dijo el Ángel y por eso quedó mudo. Y fue así justo hasta el momento en el que se circundidó al pequeño Juan.

Todo lo que le pasó a Zacarías era conocido por todo el pueblo y, digamos, por todas las personas que tenían relación con el templo donde prestaba servicio. Pero aquel hombre, que había dudado, cumplió a rajatabla lo que le dijo el Ángel. Y le puso por nombre Juan.

Las personas que conocían a Isabel y a Zacarías comprendían que lo que había sucedido no era nada normal sino, al contrario, bastante sobrenatural. Aquel niño sólo podía estar destinado a cosas grandes porque todo, sobre su concepción y vida, era maravilloso y era, sin duda, cosa de Dios.



JESÚS, tu tío Zacarías dudó en un momento crucial para su vida y para la vida de la humanidad. Ayúdanos a no caer en la misma tentación.



Eleuterio Fernández Guzmán


22 de diciembre de 2013

El fiel José




Mt 1,18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: 'José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados'. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: 'Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’'. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.”

COMENTARIO

Es un gran misterio divino lo que le sucedió a la joven que, piadosa y fielmente, de dirigía a Dios para pedir que enviara al salvador del mundo. Por eso cuando María quedó embarazada sin haber conocido varón a piadoso José le acometieron dudas. No es extraño eso.

El Ángel del Señor, que ya había hablado con María acerca de su voluntad sobre de la de Dios (que ella no iba a negar nunca en su vida) a lo que respondió con su “fiat”, comunica a José qué era lo que iba a suceder. No le dice lo que puede sino lo que, en efecto, va a suceder.

José, que es fiel a Dios a cumple su voluntad, queda convencido con lo que le dice el Ángel. No duda, como hiciera Zacarías cuando se le comunicó que Isabel iba a tener un hijo aún siendo mayor. Y tomó a María porque ya se había desposado con ella.


JESÚS, tu Padre aceptó lo que le dijo el Ángel. Otra cosa no podía ser pues era la voluntad de Dios. Ayúdanos a ser o, al menos acercarnos, tan fieles como lo fue José.




Eleuterio Fernández Guzmán