9 de enero de 2011

Bautizados con Espíritu y fuego

9 de enero de 2010


Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».


COMENTARIO

El Bautista no se sentía digno de bautizar a Jesús. Sabemos, sin embargo, que su bautizo, el de Cristo, no fue uno que lo fuera sacramental (Él no tenía pecado ni necesitaba, por lo tanto, que se le perdonara) sino que servía de ejemplo a aquellos que, entonces, seguían a su primo nacido de Isabel.

No podemos olvidar, por otra parte, que Dios se complace en su Hijo y así nos lo hace saber. Entonces, sabiendo que el Creador ama con todo su Amor a Jesucristo, seguir a quien tanto ama (pues Cristo es Dios hecho hombre) ha de ser la primera disciplina del creyente: sigo al Mesías porque le amo.


JESÚS, que siempre tengamos presente que, tras el bautismo, somos hijos de tu Padre, y no sólo criaturas, y que, por lo tanto, nuestra vida tiene que ser llevada acorde con su voluntad y no podemos desviar nuestro existir ordinario por caminos de perdición del alma. 






Eleuterio Fernández Guzmán

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