31 de octubre de 2016

La verdadera recompensa es Dios

Lc 14, 12-14


“12 Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.’”

COMENTARIO

El ser humano, el judío de entonces, el de ahora y el católico también, tiene, tenemos una tendencia que, en nosotros, es natural: queremos a los nuestros. Y eso no es que esté mal sino que es recomendación directa de Dios. Pero, como suele normal en las cosas del Todopoderoso, ahí no se queda la cosa.

Tener parabienes para con los nuestros es de lo más normal y lógico. Sin embargo, no podemos olvidar la parte de los Mandamientos de la Ley de Dios que Cristo resumió en: “y al prójimo como a ti mismo”. Y ahí hay mucho más de lo que podemos pensar.

El caso es que esto, que podría parecer una mera actitud voluntariosa de ser bueno viene una recompensa que no podemos olvidar y que, al fin y al cabo, es lo que todos queremos: la vida eterna. A eso Cristo lo llama “resurrección de los justos” porque, es que, seríamos eso: justos.

JESÚS,  ayúdanos a ser justos; ayúdanos.


Eleuterio Fernández Guzmán

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