29 de julio de 2013

Marta o María

Lc 10,38-42

“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada’.

COMENTARIO

Aquellas dos hermanas querían mucho a Jesús. Por eso se desvivían, cada una a su manera, cuando las visitaba. Cada cual lo hacía como Dios le daba a entender y haciendo rendir sus talentos aunque, claro, cada una de ellas pensaba lo que tenía oportuno acerca de la otra.

Marta estaba enfadada porque María, hermana suya, no hacía nada más que escuchar a Jesús y no se ocupaba de las muchas tareas que, en la casa, se juntaban cuando el Maestro, seguido de muchos, los visitaba.

María escuchaba. Puede parecer poco eso pero cuando sabemos que escuchaba a Jesús la cosa cambia mucho. Sabía que eso era, incluso, más importante que las muchas labores caseras que necesitaban ser atendidas ignorantes, éstas, de que Jesús era mucho más a tener en cuenta que los platos y las comidas. Por eso había escogido la parte buena; por eso mismo.
JESÚS, Marta y María te querían mucho. Nosotros decimos que también pero en demasiadas ocasiones no queremos ser ni una ni otra.





Eleuterio Fernández Guzmán


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