Fe y Obras
21 de enero de 2026
El amor siempre ha de prevalecer
16 de enero de 2026
Lo que puede la fe
Mc 2, 1-12
1 Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia "de que estaba en la casa. 2 Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. 3 Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. 4 Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. 5 Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: 'Hijo, tus pecados te son perdonados'. 6 Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: 7 '¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?' 8 Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: '¿Qué están pensando? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -: 11 ' A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'. 12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: 'Jamás vimos cosa parecida'".
COMENTARIO
Los casos de curación eran tenidos como signos de la intervención de Dios en la humanidad. Por eso, aquella de aquel hombre preocupaba a muchas personas presentes porque suponía mucho.
A Jesucristo eso no le preocupaba porque sabía la misión que debía cumplir y por eso cura a aquella persona.
Es seguro que muchos de los presentes lo miraron con muy malos ojos porque se estaba poniendo en lugar de Dios al perdonar los pecados pero era lo que debía hacer el hijo de Dios . Y lo hizo.
ORACIÓN
Señor, danos confianza en tu hijo Jesucristo.
23 de marzo de 2025
Necesaria conversión
Lc 13, 1-9
“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.’ Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’ Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.’”
COMENTARIO
Es más que cierto que, en el tiempo de Jesucristo, el pueblo judío establecía una relación demasiado directa entre el devenir de una persona, en lo malo, y lo que se podía considerar pecado. Es decir, si una persona sufría alguna desgracia o percance era, según se creía, porque había sido castigada por Dios por haber pecado. Pero el Hijo del Todopoderoso sabía que las cosas no siempre eran así porque, en realidad, lo que debían hacer ellos, para aceptar la verdadera Voluntad de Dios en sus vidas era convertirse.
Jesucristo pide, pues, la conversión porque la sabe necesaria para la salvación eterna. Y por eso avisa con toda claridad: si no hay conversión, entendemos que de verdadero corazón y no falsa, no habrá salvación eterna. Así de simple y de sencillo de comprender.
JESÚS, gracias por poner en nuestro corazón la necesidad de conversión.
Eleuterio Fernández Guzmán
26 de febrero de 2025
Estar con Cristo
Mc 9,38-40
“En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros’. Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros’.”
COMENTARIO
Los apóstoles, que iban predicando por aquellos mundos de Dios, se daban cuenta de que había personas, y no era ninguno de ellos, que se “atrevía” a expulsar demonios en nombre de Jesucristo. No podían entender cómo eso era posible.
Los apóstoles tratan de impedir que eso pudiera llevarse a cabo. No acababan de entender que el mensaje de Cristo no tenía unos destinatarios limitados sino que era para toda la humanidad, y toda la humanidad debía ser salvada.
Pero Jesús tiene, también ahora, palabras sabias. Dice alqo que vale para entonces y, también, para ahora mismo: quien “no está contra nosotros, está por nosotros” pues sabía que todo aquel que no fuera discípulo del Maligno debía ser, por fuerza espiritual, discípulo suyo.
JESÚS, aquellos que te siguen más de cerca son algo egoístas pues sólo quieren cumplir con su misión ellos solos. Ayúdanos a no manifestarnos como en aquel momento se manifestaron tus apóstoles.
Eleuterio Fernández Guzmán
25 de febrero de 2025
Servir; ser servidorees
Mc 9,30-37
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará’. Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.
Llegaron a Cafarnaúm, y
una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el
camino?’. Ellos callaron, pues por el camino habían discutido
entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce,
y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos
y el servidor de todos’. Y tomando un niño, le puso en medio de
ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: ‘El que reciba a
un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba
a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado’”.
COMENTARIO
Jesús tenía que instruir a sus discípulos sobre aquello que era importante que supieran. Y, entre tales realidades espirituales que comprendiesen que iba a morir de una forma difícil de olvidar. Pero ellos aún no tenían abierto el entendimiento.
Era importante que entendieran una de las formas mejores de revelar que eran sus discípulos: servir al prójimo. Por tanto, debían aprender, y no siempre era fácil abajarse, que tener en cuenta las necesidades del otro era fundamental para su vida de apóstoles.
Pero Jesús también quería que comprendiesen que recibir, en su hombre, a personas que estaban socialmente desmerecidas, era tan importante como transmitir una doctrina. Es más, que tal era la doctrina que debían transmitir pues los más necesitados siempre tenían que ser a los que más tuviesen en cuenta.
JESÚS, enseñas a los que son tus apóstoles lo que es importante. Pero también eso haces con nosotros, hoy día. Ayúdanos a no olvidar lecciones espirituales tan importantes.
Eleuterio Fernández Guzmán
20 de febrero de 2025
El Hijo de Dios Vivo
Mc 8,27-33
“En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’. Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas’. Y Él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo’.
Y les mandó enérgicamente
que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el
Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos,
los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los
tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro,
se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus
discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi
vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los
de los hombres’”.
COMENTARIO
A Jesús le gustaba saber qué pensaban las personas e Él porque era una buena forma de ver si entendían lo que estaba haciendo y diciendo. Y por eso le pregunta a sus apóstoles que tenían un contacto muy directo con sus vecinos y conocidos.
La verdad es que muchos no sabían, a ciencia cierta, quién era. Por eso equivocaban su decir y, por eso mismo, no acababan entender exactamente la misión que tenían que cumplir. Pero Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, entendía perfectamente que Jesús era el Hijo de Dios. Y así lo dice.
Pero a Jesús no le gusta nada de nada que Pedro, aquel a quien escogerá para ser el primera Papa diga lo que dice sobre lo que tiene que pasarle. Y le llama Satanás porque, en efecto, en aquel momento el Maligno le había hecho decir lo que no debía haber dicho nunca.
JESÚS, los que te conocen saben que eres Dios hecho hombre o, al menos, el Hijo de Dios. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.
Eleuterio Fernández Guzmán
9 de febrero de 2025
Y fue presentado
Lc 2, 22-40
"Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley:
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años.
No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
COMENTARIO
Es cierto y verdad que el Evangelio de hoy, que corresponde al de San Lucas, lo hemos leído o escuchado muchas veces porque es, además, un texto que nos revela muchas cosas y, sobre todo, porque deducimos del mismo que el Espíritu Santo en verdad ilumina los corazones de los hijos de Dios.
Cuando el Niño es presentado en el Templo de Jerusalén aquellos dos ancianos se dan cuenta de que no se trata de un niño más de los que todos los días veían que acercaban a la capital judía para presentarlo en aquel majestuoso lugar religioso. Ellos saben que se trata del Mesías aunque es cierto que fuera un Mesías pequeñito.
El caso es que Simón profetizó lo que iba a pasar exactamente. Y pasó, como bien sabemos.
JESÚS, gracias por seguir la Ley de Dios tan a rajatabla entonces y siempre luego.
Eleuterio Fernández Guzmán