26 de septiembre de 2020

Con miedo a saber

Lc 9, 43b-45


43b Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44 ‘Poned en vuestros oídos estas palabras; el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.’ 45 Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.”


COMENTARIO


Al parecer aún no había llegado el momento para que se comprendiera Quién era aquel Maestro que enseñaba con autoridad. Y, sin embargo, todos se maravillaban de lo decía pero, sobre todo (por ser un signo querido y necesitado por el pueblo judío) de lo que hacía.

Jesucristo, sin embargo, no escondía nada. Y es que les dice cuál va a ser su futuro y el mismo no es, precisamente, un camino de rosas sino, más bien, de espinas y de piedras puestas en el camino.

Lo que resulta más curioso es que, como se nos dice en el texto de este Evangelio de San Lucas, a los que le escuchaban les “estaba velado” para que no comprendiesen lo que escuchaban. Por eso ellos no querían preguntar… a lo mejor por no querer saber aquello que, a lo mejor, podían intuir.


JESÚS, gracias por decir la verdad, Tú, que eres la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de septiembre de 2020

Saber Quién es Cristo

Lc 9, 18-22


"Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: '¿Quién dice la gente que soy yo?' Ellos respondieron: 'Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos ha resucitado.' Les dijo: 'Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?' Pedro le contestó: 'El Cristo de Dios.' Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.


Dijo: 'El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.'" 


COMENTARIO


Que el Hijo de Dios quisiese saber lo que pensaba el común de la gente no es cosa rara. Y es que, humanamente hablando, era lógico que quisiese conocer el pensar general. Y, al parecer, había mucho despiste.

Cuando Pedro contesta que saben, ellos al menos sí lo saben, que su Maestro es El Cristo de Dios o, lo que es lo mismo, el Enviado o Mesías, está revelando algo que era muy importante saber y tener en cuenta.

Jesucristo, sin embargo, no quiere que se sepa todavía que es Quien es. Y es que aún no estaba preparado nadie para saberlo y eso podía traer consecuencias tan graves como las que dice a los que entonces lo escuchan pero antes de tiempo.


JESÚS, gracias por decir las cosas como son.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de septiembre de 2020

Buscar ver a Cristo

Lc 9, 7-9


7 Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; 8 otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. 9 Herodes dijo: ‘A Juan le decapité yo. ¿Quién es, pues, este de quien oigo tales cosas?’ Y buscaba verle.”


COMENTARIO


Es bien cierto que los poderosos de todos los tiempos siempre han tenido la sensación de poder hacerlo todo según su antojo. Y eso le pasaba a Herodes, tetrarca. Y es que conocía lo que se decía de aquel Maestro al que muchos admiraban pero otros odiaban.

Es cierto y verdad que Herodes quiere ver a Jesucristo. Sin embargo, una vez reconoce su injusta maldad de haber mandado decapitar a Juan, aquel hombre que vestía con ropa de camello y comía langostas porque, al fin y al cabo, le decía las verdades del barquero, quiere conocer al Maestro.

Las cosas que oía Herodes de Jesucristo debían ser de mucha enjundia porque hace intención de verlo. En verdad, lo que le gustaba a aquel depravado hombre era el espectáculo y no la fe.


JESÚS, gracias por haber mostrado hasta a Herodes la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de septiembre de 2020

Anunciar la Buena Noticia

Lc 9, 1-6

"1 Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; 2 y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. 3 Y les dijo: 'No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. 4 Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. 5 En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.' 6 Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes."

COMENTARIO


Era de esperar que el Hijo de Dios supiese que era necesario que otras personas, además de Él, anunciaran la Buena Noticia de que el Reino de Dios había llegado. Y eso es lo que hace con los que había escogido, los Doce, para que fueran sus Apóstoles.

No podemos negar que Jesucristo les de una serie de instrucciones que debían tener en cuenta. Y había una bien curiosa: no debían obligar a nadie a creer en lo que ellos iban predicando. Y es que Dios da libertad a sus hijos, incluso, para que lo rechacen.

Ellos, aquellos Doce que habían sido escogidos, ni cortos ni perezosos se encaminaron al mundo a transmitir que el Reino de Dios había llegado al mundo y que era más que importante seguir tan buena indicación.


JESÚS, gracias por anunciar la Buena Noticia.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de septiembre de 2020

Escuchar y cumplir

Lc 8, 19-21

"Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le avisaron: 'Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.' Pero él les respondió: 'Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.'"


COMENTARIO


Siempre que surge este texto del Evangelio de San Lucas salta la misma, digamos, prevención: diera la impresión de que el Hijo de Dios hace de menos a su madre (lo mismo pasó en Caná de Galilea, en aquella boda a la que fueron invitados y también parecía que no hacía caso a su Madre) porque dice lo que dice Jesucristo.

Sin embargo, la verdad es muy otra. Y es que escuchar lo que dice Jesucristo cuando le dicen que su Madre está fuera porque quiere hablar con Él. Y es que lo que dice no es que no quiera saber nada de ella sino que su madre y sus hermanos son aquellos que, al escuchar la Palabra de Dios no se limitan a escucharla sino que la cumplen.

Entonces se entiende mejor la cosa: la Madre del Hijo de Dios había cumplido siempre la Palabra de Dios y, desde la Anunciación se había declarado esclava del Señor. Por era quien más era su Madre y no quien menos.


JESÚS, gracias por dejar las cosas claras al respecto de la Virgen María.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de septiembre de 2020


 

¡Qué gran lección de parte de Cristo!

Mt 9, 9-13

 

“Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme.’ Él se levantó y le siguió.

 Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’ Mas él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.’”

 

 COMENTARIO

 

Resulta verdaderamente misterioso el influjo que tenía el Hijo de Dios con aquellas personas a las que se dirigía muy especialmente. Y Mateo, aquel al que consideraban pecador porque cobraba impuestos para el invasor, no iba a ser menos. Todo lo deja allí donde está trabajando y sigue a Aquel que lo ha llamado.

 

No es poco cierto, por otra parte, que había muchos que no entendía lo que hacía Jesucristo. ¿Cómo era posible que tomara como discípulo a un pecador así considerado? Por eso, exactamente por eso, había quien no quería, para nada, al hijo de María.

 

Había algo, sin embargo, que aquellos que perseguían a Jesús no acababan por comprender y era, nada más y nada menos, que tener en cuenta la misericordia o, lo que es lo mismo, que el amor se manifestase con aquellos que lo necesitaban. Y Mateo, lo mismo que en otro momento fue Zaqueo, la necesitaban y muy mucho.

 

 

JESÚS,  gracias por ser misericordioso con los que lo necesitan.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de septiembre de 2020

Domingo, 20 de septiembre de 2020 – Querer ser de los últimos

 MT 20, 1-16

‘Es que nadie nos ha contratado.” Díceles: ‘Id también vosotros a la viña.’ 8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ 9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. 10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno.11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ 13 Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. 15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’.

16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.’”

 

COMENTARIO

 

Resulta curioso, pero normal, que haya quien se pueda sentir disgustado por el bien ajeno como les pasa a los trabajadores que han trabajado todo el día. Sin embargo, ellos han recibido el salario prometido y no hay razón para que manifiesten su disgusto de tal forma.

 

Aquel contratista había cumplido con lo pactado con los trabajadores que había contratado y, a lo mejor, se había apiadado de aquellos que, de no ser por él, no habrían llevado nada a su casa para comer. Y habían esperado pacientemente la llegada de su salvación.

 

El Hijo de Dios lo dice muy bien: los últimos serán los primeros por ser los más perjudicados; los primeros, por haber sido los más agraciados, ya han disfrutado de su gracia en el mundo. 

 

JESÚS,  gracias por decir las cosas como tienen que ser dichas.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de septiembre de 2020

Ser buena tierra

 Lc 8, 4b-8.11-15

"Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Les dijo entonces en parábola: 'Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra y, después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado.' Dicho esto, exclamó: 'El que tenga oídos para oír, que oiga.' Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: 'A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.


'La parábola quiere decir esto: La simiente es la palabra de Dios. Los de a lo largo del camino son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría; pero no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.'"


COMENTARIO


La llamada “Parábola del sembrador” debe ser una de las más conocidas de la Sagrada Escritura. Y es que en ella, el Hijo de Dios manifiesta a qué debemos atenernos y, en realidad, cómo podemos ser al respecto de lo que nos dice con ella.

Nosotros podemos ser de muchas formas al respecto de nuestros corazones. Es decir, a la hora de recibir en ellos la Palabra de Dios, podemos tener una actitud u otra y, así, alejarnos de la misma o tenerla más que cerca, muy cerca de nuestra existencia.

Jesucristo quiere que sus hermanos los hombres tengan un corazón tierno y apto para recibir la Palabra de Dios y que la misma fructifique de tal manera que dé un rendimiento muy elevado llenando, así, nuestra vida, del buen proceder que Dios quiere de nosotros.


JESÚS, gracias por mostrarnos el camino cierto a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de septiembre de 2020

Acompañar y seguir a Cristo

Lc 8, 1-3

Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes. 


COMENTARIO


Como era de esperar, el Hijo de Dios, cuando fue enviado al mundo por su Padre, Dios Todopoderoso, debía cumplir una misión. Había sido, pues, enviado, para anunciar al mundo la Buena Noticia del Reino de Dios. Es decir, que Él era el Reino porque era Dios hecho hombre. Y eso es lo que hace muy a pesar de que muchos quisieran matarlo por no creer en lo que decía y por tenerlo por un blasfemo

Había, sin embargo, quien sí creía en lo que decía porque, además, había sido objeto de su bondad y su misericordia: a unas personas las liberó de los demonios que las poseían; a otras, simplemente, les robó el corazón con su ternura y su Amor. Y por eso le seguían.


JESÚS, gracias por ser bueno.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de septiembre de 2020

La fe salva


Lc 7, 36-50

"Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: 'Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.' Jesús le respondió: 'Simón, tengo algo que decirte.' Él dijo: 'Di, maestro.' 'Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?' Respondió Simón: 'Supongo que aquel a quien perdonó más.' Él le dijo: 'Has juzgado bien.' Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: '¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: 'Tus pecados quedan perdonados.' Los comensales empezaron a decirse para sí: '¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?' Pero él dijo a la mujer: 'Tu fe te ha salvado. Vete en paz.'"
 




COMENTARIO



Es cierto que, en tiempos del Hijo de Dios, había muchos que andaban equivocados al respecto de lo que el Todopoderoso quería de su descendencia. Por eso ponían a Jesucristo a los pies de los caballos cuando hacía algo que no les cuadraba y que se salía de sus anquilosados esquemas espirituales y mentales. Y el caso de aquella mujer es bien curioso porque según las palabras del Mesías hizo todo lo que debería haber hecho quien lo había invitado a su casa que era, al parecer, el común proceder de cualquiera que invitara a alguien a comer con él y su familia.

Aquella mujer había cumplido lo que no había cumplido el dueño de aquella casa. Y no nos extraña nada que, al perdonarle Cristo los pecados hubiera allí quien se preguntara lo que se preguntaba. Y es que no acababan de entender ni lo que era el amor ni lo que era la misericordia.



JESÚS, gracias por hacer comprender la verdad de la Voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2020

Las cosas como son


Lc 7, 31-35

'¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo:
`Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado.'
'Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.' Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publícanos y pecadores.' Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.'"


COMENTARIO

No es nada desconocido que el Hijo de Dios tuvo que enfrentarse, en su primera venida al mundo, a los que no estaban, para nada, de acuerdo con aquello que predicaba. Y es que les parecía que siempre se salía del “guion” establecido y diera la impresión de que quería ser más que Dios mismo. Y eso, como es más que sabido, estaba más que alejado de la realidad.
Cuando Jesucristo de los “hijos de la sabiduría” le han dado la razón nos está diciendo que aquellos a los que su Padre del Cielo ha querido que conozcan la Verdad, los sencillos y que tenían el corazón dispuesto para recibir el vino nuevo de la Buena Noticia, han sido los que han aceptado sus palabras y, en fin, han estado de acuerdo con Él.
Sólo, en realidad, los que aceptan a Cristo saben que es la Verdad.

JESÚS, gracias por haber escogido a los sencillos.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2020

Nos dio a su Madre

Jn 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tiene a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tiene a tu madre”. Y desde aquella Hora el discípulo la recibió como suya.
COMENTARIO

Lo que hoy nos trae el Evangelio de San Juan, vivido por quien lo escribe de forma directa y presencial, es algo tan importante que deberíamos grabarlo a fuego en nuestro corazón. Y es que el Hijo de Dios, antes de morir, le dio a su discípulo Juan a su Madre como Madre y a su Madre le dio Juan como hijo. Y eso no quería quedarse ahí porque en tal disposición entendemos que estamos todos incluidos. Es decir, todos somos hijos de la Virgen María porque que Juan, Jesucristo, veía a toda la humanidad que lo reconociera como Enviado de Dios y Mesías.

Y nosotros, que somos fieles discípulos de Cristo, aceptamos a su Madre para ser la nuestra, faltaría más.

JESÚS, gracias por darnos a tu Madre para que fuera la nuestra.

14 de septiembre de 2020

Creer en Cristo para salvarnos


Jn 3, 13-17

"13 Jesús dijo a Nicodemo: 'Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.'"

COMENTARIO

La conversación de Jesucristo con Nicodemo refleja mucho: las ansias de Cristo de enseñar y las de Nicodemo de aprender. Por eso el segundo pregunta acerca de lo que no entiende: quiere saber, quiere amar al Maestro.

Lo importante de esto es que el Hijo de Dios vincula la salvación eterna con algo. Es decir, no se salva quien quiere salvarse y ya está sino que se ha de creer en el Enviado de Dios, confesar que es su Mesías.

Pero, además, quien creyera que el Mesías había venido, entonces, a juzgar al mundo, se equivocaba. Él había venido a que el mundo se salvase creyendo en su persona. Sólo así es posible salvarse.



JESÚS, ayúdanos a creer siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de septiembre de 2020

Nuestras deudas con Dios


Domin
Mt 18, 21-35

21 Pedro se acercó entonces y le dijo: 'Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?' 22 Dícele Jesús: 'No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.' 23'Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: 'Paga lo que debes.'"

29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: 'Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.' 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: 'Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo  suplicaste.

33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?' 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.'”
       
COMENTARIO

La pregunta que le hace Pedro al Maestro es muy importante porque no es poca cosa saber cuántas veces debemos perdonar a quien nos ofende. Y pretende, con eso, saber hasta dónde ha de llegar su misericordia.

El Hijo de Dios aprovecha la ocasión para que todos comprendan que se ha de perdonar, dicho así y pronto, siempre pues las veces que dice que se debe perdonar es lo mismo que decir que siempre, siempre, siempre.

Es más, bien claro lo dice Jesucristo al respecto del perdón que debemos manifestar. Y es que, como pasa siempre, Dios todo lo ve y sabrá “compensar” esos fallos que tengamos de no perdonar a quien nos ha ofendido.


JESÚS, gracias por avisarnos de la importancia que tiene perdonar.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de septiembre de 2020

Construir sobre la Roca

Lc 6, 43-49

"'Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.«¿Por qué me llamáis: `Señor, Señor' y no hacéis lo que digo? 'Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.'"

COMENTARIO

Lo que nos dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Lucas tiene que ver, en realidad, con cómo somos en materia de fe y, en resumen, con cómo debemos proceder.
De lo bueno sólo puede salir lo bueno pero, de lo malo, sólo lo malo puede salir. Y esto porque el corazón, de donde salen las obras, atesora el cómo somos.
En realidad, todo esto tiene que ver con sobre qué construimos nuestra vida y sobre qué, en realidad somos. Y nos dice Jesucristo que debemos construir sobre la Roca, que es Él porque, de otra forma, naufragará nuestra vida.

JESÚS, gracias por decir las cosas como deben ser dichas.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de septiembre de 2020

De parte de Dios, consejos

Lc 6, 39-42
"Les añadió una parábola: '¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?¿Cómo puedes decir a tu hermano: `Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo', si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.'"

COMENTARIO

Muchas veces el Hijo de Dios aprovecha para darnos a entender qué es lo que, en diferentes realidades, debemos tener por bueno y mejor. Y es cierto que no siempre lo que dice nos viene bien porque nos propone aquello que, para nosotros, resulta difícil de llevar a cabo.
En el texto del Evangelio de San Lucas que corresponde hoy nos dice que:

-No creamos que somos más que el Maestro,

-Tengamos en cuenta nuestros propios fallos antes de hacer ver a los demás los que creemos son los suyos,

-Debemos procurar sanar nuestras maldades.

Jesucristo nos dice esto no para molestarnos o para que quedemos mal ante nadie. No. Nos lo dice porque sabe que son cosas que debemos evitar y, en caso de caer en ellas, corregir.


JESÚS, gracias por darnos a entender lo que nos conviene entender.

Eleuterio Fernández Guzmán

10 de septiembre de 2020

Tener cuidado

Lc 6, 27-38
'"Pero a vosotros, los que me escucháis, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.'" 

COMENTARIO

Rogar por los que nos maldicen,
presentar la otra mejilla,
dar al que pida y dar más de lo que te pida,
hacer a los demás lo que queremos nos hagan,
amar a lo que no nos aman,
hacer el bien a todos,
prestar aún sabiéndolo que no será devuelvo lo prestado,
amad a los enemigos,
sed compasivos,
dar para que nos dé Dios,
medid según queramos que nos mida Dios.

Todo esto es, en efecto, manifestación de fe. Así de sencillo

JESÚS, gracias por ser tan claro con lo que importa.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2020

Bienaventurados

Lc 6, 20-26
"Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:
'Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.
'Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre.
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto.
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas."
COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Lucas aparecen, digamos, algunas de las denominadas Bienaventuranzas que también aparecen en el de San Mateo. Aquí, sin embargo, lo hacen refiriéndose a temas muy concretos.
El evangelista recoge que el Hijo de Dios, que tenía muy en cuenta a los pobres, les dice que de ellos es el Reino de Dios. ¿Hay, pues, que ser pobre para alcanzar la vida eterna?
En realidad, Jesucristo se ha de referir a los que son injustamente tratados por la sociedad. Por eso habla de los ricos y los zahiere si es que no hacen uso de sus muchos bienes para mitigar algo la pobreza ajena. Y es que Cristo dice las cosas de una manera que parece no seamos capaces de entender.

JESÚS, gracias por salir siempre en defensa del Bienaventurado, por serlo.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2020

Nace María, Madre nuestra

Los textos bíblicos que se nos ofrecen para el día de hoy, 8 de septiembre, tienen que ver con la generación de Jesucristo, con la venida al mundo del Hijo de Dios.

Permita Dios que, sin embargo, dediquemos este pequeño comentario a lo que celebramos hoy: el nacimiento de su Madre.


María debía venir al mundo, así estaba dispuesto en el corazón de Dios desde ante de todo, en su misma eternidad. Por eso la privó, para su bien, del pecado original en el momento de ser concebida, también, de forma milagrosa por una mujer ya anciana. 
María vino al mundo para que el mundo se salvara. Tal era la misión que tenía encomendada en su corazón. Y, como no podía fallar… no falló.

Pero hoy, 8 de septiembre, celebramos (y damos gracias a Dios por eso) que nuestra Madre, y la suya (o, mejor al revés) nació. Y estamos exultantes y gozosos, como el salmista que da gracias al Todopoderoso por haberlo defendido. Y es que no fue poco que María nos defendiese del Mal aceptando, con un sí eterno, la propuesta que, años después (tampoco muchos, la verdad) le hiciera Gabriel, el Ángel de Dios.



DIOS Y PADRE NUESTRO,  gracias por darnos a María, tu Madre y la nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán