2 de abril de 2019

Lo que vale la pena saber sobre la misericordia


Jn 5,1-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo’. Jesús le dice: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado”.


COMENTARIO

Socorrer al necesitado

Quien se considera hijo de Dios ha de tener en cuenta que existe un Mandamiento de carácter general que dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo se ama. Y eso lo tiene muy en cuenta, en toda su vida, Jesucristo, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre.
  
Saber superar el qué dirán

Era de esperar, al menos para Dios, que su Hijo no tuviera en cuenta aquello que podían decir de su persona su actuaba conforme a la voluntad del Padre. Aquello, lo que dijeran de Él era de poca importancia si podía socorrer a un necesitado. Y tal era el caso.
  
Tener fe

Aquel hombre, enfermo, sabía que si era entrado en la piscina quedaría curado. Tenía fe en tal realidad y eso le salva pues Jesús siempre tiene muy en cuenta tales manifestaciones de confianza en Dios.


JESÚS, aquel hombre llevaba demasiados años enfermos soportando que nadie lo entrara en la piscina. Además, tenía fe y eso, Jesús, no lo ibas a dejar pasar. Ayúdanos a tener una fe perseverante.





Eleuterio Fernández Guzmán


1 de abril de 2019

Creer en Dios




Jn 4, 43-54

“43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea. 44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. 46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. 47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. 48 Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis’. 49 Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo’.50 Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive’.  Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. 52 El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre’. 53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. 54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.”


COMENTARIO

El final del texto evangélico lleva, en sí mismo, una gran verdad: los signos que Cristo hizo a lo largo de su vida de predicación colaboraban de forma decisiva a la conversión de las personas. Aquella familia creyó en el Hijo de Dios. Tenía una prueba insoslayable de que aquel Maestro no era un Maestro cualquiera sino que venía, no sólo, en nombre del Creador, sino que era el Creador mismo hecho hombre. Y es aquel hombre puso su total confianza en Jesucristo cuando le pidió que curara a su hijo que estaba más que mal.

Como muchas otras veces sucede, la fe salva y en este caso no salva de una realidad cualquiera sino, simplemente, de la misma muerte. Y no nos extraña, para nada, que aquel hombre y toda su familia creyeran. ¿Qué otra cosa podían hacer?



JESÚS, gracias por curar para enseñar.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de marzo de 2019

Hijos pródigos e hijos desagradecidos



Lc 15, 1. 11-32

“Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos.’ Entonces les dijo esta parábola. Dijo: ‘Un hombre tenía dos hijos;  y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió  la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. ‘Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.  Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me  muero de hambre!  Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. ‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.  El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas  sandalias en los pies.  Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta. ’Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca  me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo  cebado!" ‘Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba  perdido, y ha sido hallado.’"


COMENTARIO

No es poco importante la parábola a la que damos en llamar “Del hijo pródigo”. Y es que aquel hijo, que todo lo quería para acabar en nada, supo darse cuenta de que no debía haber abandonado a su Padre. Y quiere regresar para pedir perdón. Y su padre no sólo se lo da sino que, además, le prepara una gran fiesta porque sabe que aquel hijo, que estaba perdido en el mundo, había regresado y estaba de nuevo a su lado.

Había, sin embargo, quien no estaba nada contento. Y es que el hermano de aquel que había dilapidado su fortuna de mala manera (por ser suaves decimos esto) no sabe que también cuenta con el amor de su Padre. Pero a él le corroe la envidia porque, a lo mejor, no amaba tanto a su hermano. Y no supo comprender lo importante de aquel momento. Y se mostró desagradecido hasta con su propio padre.

JESÚS, gracias por esta parábola que tanto bien nos hace.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de marzo de 2019

Conscientes o inconscientes



Lc 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado’”.


COMENTARIO

La parábola que Jesús les pone ante sus corazones a los que escuchan y, ahora, a nosotros mismos, tiene mucho que ver con el comportamiento que seguimos más veces de las convenientes.

Aquel hombre, el fariseo, se cree muy buena persona porque dice cumplir con todo aquello que la ley, hecha a medida por el hombre, establece. Se cree por encima de otras personas y tiene poca, muy poca, humildad.

El otro hombre, el publicano, sabe que es un pecador. Lo sabe y se lo dice a Dios que, por otra parte, nada tiene que escuchar de nadie porque lo sabe todo. Sin embargo, aquel hombre se conoce y reconoce ante Dios como lo que es, y como lo que somos, nada de nada.




JESÚS, aquellos hombres de la parábola andaban por caminos muy distintos. Ayúdanos a seguir el camino de quien se conocía bien y se sabía pecador.





Eleuterio Fernández Guzmán

29 de marzo de 2019

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Santos anhelos que debemos tener



Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” – Santos anhelos que debemos tener

“Feliz, mil veces feliz, aunque en mi flaqueza me queje algunas veces. Nada deseo, nada quiero, sólo cumplir mansamente y humildemente la Voluntad de Dios. Morir algún día abrazado a su Cruz y subir hasta Él en brazos de la Santísima Virgen María.” (Punto 288)

No podemos decir que el hermano Rafael tenga malas intenciones sino, al contrario, buenas y más que buenas. Y  es que esto que nos dice es expresión de un anhelo que, por fuerza espiritual de su sentido, ha de ser santo.
Es bien cierto que nosotros queremos, para nuestra propia realidad y también para la del prójimo, lo mejor. Y hablamos de lo mejor pero de lo mejor para nuestra alma y el alma del prójimo. Y lo mejor es, sin duda alguna, morir en gracia de Dios.
San Rafael Arnáiz Barón lo tiene todo más que claro. Para él importa lo que importa y lo demás es todo superfluo.
¿Y qué es lo que le importa a nuestro santo?
Sería muy fácil sostener que, como era santo y llevaba una vida, así, de tal tipo de personas, para él todo era fácil. Y, sin embargo, en su vida muchas circunstancias (físicas y espirituales) hicieron que se sintiese mal con su forma de ser. Y es que, eso sí, tenía afán de perfección espiritual. Y aquí lo muestra.
Sabe que hay ocasiones, porque se sabe débil, en las que se ve sometido a un mal y tal mal hace que muestra su concreta queja. Y eso, en realidad, no es nada malo porque una cosa es saber que se ha de sufrir y sobrenaturalizar el sufrimiento y otra, muy distinta, es no manifestar nada de nada a tal respecto. Él, sí, se queja cuando cree que debe quejarse.
Eso, sin embargo, le preocupa tanto como para poner por escrito que es feliz, más que feliz… aunque se queje.
Pero ¿cuál es la razón de que sea tan feliz el hermano Rafael?
Como podemos imaginar, todo tiene relación con Dios, con su Hijo y con su Madre. Y ahí encuentra el consuelo que necesita pero, sobre todo, encuentra la esperanza que le es más que necesaria.
Le hace feliz cumplir con la Voluntad de Dios. Y eso, aunque pueda parecer lo más lógico el mundo… no siempre es lo que solemos porque no pocas veces nos viene mal o muy mal según somos nosotros, sus hijos.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón lo hace, cumplir con tal Voluntad, de una forma mansa, de una forma humilde. Y así lo hace porque tiene, en el Hijo de  Dios, el ejemplo importante y necesario que le hace hacer las cosas como debe hacerlas por mucho que, en un principio, le pueda costar hacerlas.
Pero hay más. En la esperanza de nuestro hermano Rafael entra en juego mucho más. Así, por ejemplo, anhela algo tan importante como morir abrazado a la Cruz de Cristo. Y podemos decir que así fue debido a su enfermedad. Y así cumplió con un ansia tan grande como era parecerse lo más posible a Quien había dado su vida por él; por él también.
Pero aún quiere algo más el hermano Rafael. Y es que quiere, así lo expresaba entonces y nosotros creemos que lo consiguió, subir hasta Dios, nada más y nada menos, que en brazos de su Santísima e Inmaculada Madre.
Y es que, como podemos ver, hay quien no se conforma con poco sino que lo quiere todo. Y por eso mismo debemos agradecer a quien, como San Rafael Arnáiz Barón, supieron lo que querían para que nosotros supiéramos lo que debemos querer, ansiar, anhelar.


Eleuterio Fernández Guzmán



Conocer la Ley de Dios


Mc 12,28b-34

En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas”.


COMENTARIO

Decir lo que era evidente no es un gran problema para quien sepa qué es lo evidente. Y aquella persona que le pregunta a Jesús no es alguien que no conozca la Ley de Dios sino que, como maestro, ha de saber todo al respecto de la misma.

El Primer Mandamiento de la Ley de Dios es amar al Creador por sobre todas las cosas. Y el segundo o, mejor, la expresión de los otros es amar al prójimo como a nosotros mismos. Eso lo sabía muy bien aquel maestro en la Ley. Otra cosa es que lo cumpliera.

Jesús le dice que aquel hombre que le pregunta no está lejos del Reino de Dios. Si dice que no está lejos es que aún no ha llegado. A lo mejor sabía Jesús que le faltaba la práctica de aquello que decía pues era probable que aquel maestro fuer partidario de los sacrificios y holocaustos que él mismo tenía como menos importantes que la mismísima Ley de Dios.




JESÚS, la Ley de Dios es clara al respecto de qué es más importante. Ayúdanos a no tergiversar nunca lo que la misma es y significa.





Eleuterio Fernández Guzmán

26 de marzo de 2019

Perdonar siempre, a lo mejor no es fácil, pero es más que bueno


Mt 18, 21-25

“21 Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ 22 Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. 23 ‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes.’ 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31 Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?" 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.


COMENTARIO

No podemos negar que tiene mucha fuerza espiritual la parábola de los talentos que debe una persona a otra. Y es que aquella cantidad, si la llevamos a lo que sería hoy día una deuda económica era, al parecer, una barbaridad, mucho dinero. Lo que pasa es que el corazón de la persona a quien se le debe dinero es tierno y perdona una deuda tan grande a quien tanto le debe que, como sabemos, no devuelve el mismo trato a quien le debe, al contrario que debía él, una miseria.

El corazón, según nos enseña el Hijo de Dios, ha de ser de carne, tierno y blando para perdonar a quien algo nos debe: una ofensa o, en general, lo que sea. Por eso le dice a Pedro que ha de perdonar a su hermano...¡siempre!


JESÚS, gracias por enseñarnos una lección tan importante como es la del perdón.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de marzo de 2019

Anunciación y Encarnación

Hoy , 25 de marzo, recordamos y celebramos la Anunciación del Señor y su Encarnación. Para el que esto escribe, sobran las palabras y vale mucho una imagen. 







Eleuterio Fernández Guzmán

24 de marzo de 2019

Necesaria conversión



Lc 13, 1-9

“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.’  Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo  encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’ Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.’”

  

COMENTARIO

Es más que cierto que, en el tiempo de Jesucristo, el pueblo judío establecía una relación demasiado directa entre el devenir de una persona, en lo malo, y lo que se podía considerar pecado. Es decir, si una persona sufría alguna desgracia o percance era, según se creía, porque había sido castigada por Dios por haber pecado. Pero el Hijo del Todopoderoso sabía que las cosas no siempre eran así porque, en realidad, lo que debían hacer ellos, para aceptar la verdadera Voluntad de Dios en sus vidas era convertirse.

Jesucristo pide, pues, la conversión porque la sabe necesaria para la salvación eterna. Y por eso avisa con toda claridad: si no hay conversión, entendemos que de verdadero corazón y no falsa, no habrá salvación eterna. Así de simple y de sencillo de comprender.

JESÚS, gracias por poner en nuestro corazón la necesidad de conversión.

Eleuterio Fernández Guzmán

23 de marzo de 2019

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Una santa voluntad

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“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” – Una santa voluntad

“¡Virgen María, Madre de los Dolores! Cuando mires a tu Hijo ensangrentado en el Calvario, déjame a mí que humildemente recoja tu inmenso dolor, aunque indigno, enjugue tus lágrimas.”

Saber cómo somos nos viene la mar de bien para hablar con Dios o, en este caso, con la Madre de Dios en la seguridad de ser escuchados. Y no queremos decir con esto que Dios mire para otro lado cuando no sabemos cómo somos sino que es, sencillamente, mucho mejor, no esconder nada de nuestra forma de ser, espiritualmente hablando. Y es que, además, esto  no sirve de nada porque Dios todo lo sabe de nosotros y todo lo conoce de nuestros hijos.
Bien. Esto lo sabemos y estamos seguros de que es un principio básico de nuestra vida de fe. Y nos viene, además, muy bien saberlo porque puede ayudarnos a salir de muchas tinieblas…
El hermano Rafael, que muchas veces habla con Dios o, como en este caso, con la Virgen María, no quiere olvidar lo que supone el Calvario, la Sangre del Hijo de  Dios y, en fin, todo lo que contiene aquello que entonces pasó.
Para empezar, debemos decir que todo aquello que, decimos, entonces pasó (en un tiempo determinado de la historia, en la propia del Imperio Romano y del pueblo judío) pasó entonces. Es decir, que creemos que todo sucedió según sabemos que sucedió. Y es que está escrito y no sólo por autores cristianos sino, también, judíos o paganos...

No se trata, sin embargo, de hacer discursos sobre algo que sabemos pasó. No. De lo que se trata es de lo que nos dice San Rafael Arnáiz Barón y que tiene que ver con nuestra capacidad, no sólo de aceptar que Cristo murió como murió sino de hacer algo más, de dar un paso más.

Antes hemos dicho que aquello pasó entonces pero estamos más que seguros que, en un modo más que cierto, sigue pasando ahora mismo, cuando crucificamos al Hijo de Dios por nuestros pecados y en ellos.

Esto lo decimos porque sólo así podemos entender que el hermano Rafael se dirija a la Virgen María para decir que cuando mire a si Hijo ensangrentado… Y es que eso sólo puede ser si, en efecto, Jesucristo sigue ensangrentado.

Pues bien, entonces, en tal caso, ¿qué podemos hacer nosotros con tal situación a sabiendas de que seguramente somos culpables que Cristo aún, hablando así, no haya bajado de la Cruz?

San Rafael Arnáiz Barón nos lo dice con toda claridad. Y es que, claro, no podemos quedarnos mirando lo que pasa y ya está. Demos un paso más.

Se nos dice que, hablando con la Virgen Inmaculada, que nos deje recoger el inmenso dolor que debe estar acumulando la Madre cuando ve así al Hijo. Y, es cierto, aún sabiéndonos indignos de eso (sabemos cómo somos y en qué pecados estamos…) lo que queremos es que sí, que se nos deje echar una mano así,  estando al lado de quien sufre al ver a un Hijo en tales circunstancias y, ¡Ay!, al ver que, por muchos siglos que pasen sigue en tal situación…

Dice el hermano Rafael que quiere enjugar las lágrimas de la Virgen María. Y no ha de ser mala cosa hacer eso cuando en la mismas está todo el amor que una Madre como ella puede atesorar. Eso lo hizo ella en su corazón a lo largo de la vida de Jesucristo y eso es lo que quiere hacer San Rafael Arnáiz Barón. ¿También nosotros?


Eleuterio Fernández Guzmán 




Todos pródigos somos



Lc 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre. 

‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’”.


COMENTARIO

Muchos de los que escuchaban a Jesús no estaban de acuerdo con lo que decía porque, por ejemplo, estaba con pecadores. No entendían que un Maestro pudiese hacer eso. Pero el Hijo de Dios sabía que sólo los enfermos necesitan médico.

La parábola del hijo pródigo la cuenta Jesús para que entiendan en qué situación se encuentran aquellos que tanto le critican. Son como quien se aleja del Padre y, después de dilapidar su herencia espiritual tiene que volver a su casa para pedir perdón.

Pero, entre aquellos, había muchos como el hermano que no se alegra de que vuelva quien todo lo había gastado de mala forma. Siempre hay quien, entre los hermanos, guarda rencor por el bien que a otro le pueda suceder. Y eso a Dios no puede gustarle nada de nada.


JESÚS, los que te persiguen no quieren entender que es primero la misericordia y luego, en todo caso, la ley de los hombres. Ayúdanos a tener siempre presente la voluntad de Dios. 





Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2019

Cuidar de la viña del Señor



Mt 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’. 

Dícenle: ‘A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo’. Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos’. 
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.”

COMENTARIO

Jesús sabía más que de sobra que el pueblo elegido por Dios para ser su pueblo y él su Dios lo había traicionado muchas veces. Otras tantas veces se había vuelto a convertir porque sabía que el Creador era, sin duda alguna, su Dios.

Jesús pone, por eso mismo, el ejemplo de aquella viña que es cuidada queriendo decir que los profetas, que cuidaron del pueblo elegido por Dios transmitiendo su voluntad, habían sido matados uno a uno por aquellos que debían dejarse cuidar.

Aquello no gusta a los poderosos que le escuchan. Era de esperar que unas personas que se sentían, espiritualmente, superiores a los demás, no admitiesen que se les hiciera aquella advertencia. Por eso querían matar al Enviado de Dios.



JESÚS, los que no te querían no podían aceptar lo que les decías. Ayúdanos a tener siempre en cuenta las grandes verdades que salen de tu corazón.





Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2019

La verdad, a veces, duele


Mt 20, 17-28

“17 Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: 18 ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte 19 y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’. 20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. 21 Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’ Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. 22 Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’ Dícenle: ‘Sí, podemos’. 23 Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. 24 Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. 26 No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; 28 de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.



COMENTARIO

La misión que debía llevar a cabo el Hijo de Dios era importante que fuera conocida por aquellos que le seguían más de cerca. Por eso es avisa acerca de lo que va a ser su inmediato futuro. Pero ellos, seguramente, no querían escuchar nada de eso y, es más, la madre de dos de ellos quiere que sus hijos estén en los mejores puestos. Pero Jesucristo tiene muy claro que ellos seguirán su mismo camino pero sabe que no le corresponde a Él decidir sobre la posición de cada uno de los que le siguen.

De todas formas, hay algo que deben aprender y aprender más que bien: lo que importa es servir y no ser servido. A eso había venido el Maestro y eso es lo que deben aprender sus discípulos.


JESÚS, gracias por poner sobre la mesa la verdad de tu existencia.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2019

Y José crió a Dios


Mt 1, 16. 18-21. 24a


“16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. 17 Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.  18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.

21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: 23 Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’. 24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.”



COMENTARIO

Cuando recordamos al padre adoptivo del Hijo de Dios traemos al hoy la vida de alguien que tenía fe en el Todopoderoso y estaba seguro de que era muy importante cumplir Su Voluntad. Por eso cuando José duda acerca del embarazo de su desposada María, el Ángel del Señor se le presenta en sueños y le dice qué es lo que debe hacer.

Lo que se le dice a José es de una importancia absoluta. Y es que tiene que ver con la salvación del mundo y del nacimiento de quien será su hijo adoptivo. No nos extraña, nada de nada, que José, tras la advertencia del Ángel, haga exactamente lo que se le dice que debe hacer y tome a María y la acepte como esposa.



JESÚS, gracias por haber tenido un padre como José.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de marzo de 2019

Misericordia quiero, dice Dios

Lc 6,36-38

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.

COMENTARIO


Lo que dice Jesús en esta ocasión tiene mucho que ver con la importancia de tener, en el corazón, bien arraigada la Ley de Dios. No se trata de cosas de poca importancia sino, al revés, de aquello que debemos tener como bueno y mejor para nosotros.

Ser compasivos. Lo dice Quien fue más compasivo que nadie y Quien tanto enseñaba acerca de la compasión y el amor. Ser compasivo es mostrar, con el prójimo, que hemos entendido lo que supone el Amor de Dios. Y que no juzguemos porque seremos juzgados; y que perdonemos…

Dice Jesús algo que es más que importante: debemos medir con el corazón de carne porque de hacerlo con el de piedra, lo mismo seremos medidos nosotros. Y lo seremos cuando ya nada tenga remedio ante el Tribunal de Dios. Pensemos, pues, lo que ahora hacemos.



JESÚS, lo que nos dices es demasiado importante como para olvidarlo con tanta facilidad. Ayúdanos a no caer en tal trampa del enemigo.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de marzo de 2019

Escuchad a Cristo




Lc 9, 28b-36

“Tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. 29 Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, 30                    y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; 31 los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.32 Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 33 Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’, sin saber lo que decía. 34 Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. 35 Y vino una voz desde la nube, que decía: ‘Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.’ 36 Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto”.
                                      

COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios toma a aquellos tres discípulos y los lleva al monte estamos seguros de que sabía qué iba a pasar. Y es que aquello no era de lo más normal y sólo quien conoce la Voluntad de Dios y tiene conocimiento real de todo lo que pasa es posible haga lo que entonces hizo Jesucristo. Y ellos escuchan la voz del Todopoderoso diciéndoles que Aquel que es su Maestro, no sólo lo es sino que, además, es Su Hijo, el de Dios, y que debe ser escuchado. Pero ellos, al parecer, aún no acaban de comprender lo que significaba todo aquello que estaban presenciando y actúan como hombres que eran, demasiado pegados al suelo.

JESÚS, gracias por cumplir la misión que te fue encargada por parte de Tu Padre y el nuestro.

Eleuterio Fernández Guzmán