8 de junio de 2019

Serie El rincón del hermano Rafael – Saber sufrir

¡Qué bien se vive sufriendo…, a tu lado, en tu Cruz…, viendo llorar a María! ¡Quién tuviera fuerzas de gigante para sufrir!” (Saber esperar, punto 312)

Lo que nos dice el hermano Rafael en este punto de su libro “Saber esperar” tiene mucho de verdad pero tiene, también, mucho de dificultad por cómo somos los seres humanos al respecto del sufrimiento.
Nosotros sabemos que quien acabaría siendo santo, con el nombre de San Rafael Arnáiz Barón, estuvo enfermo los últimos años de su corta vida. También sabemos que tenía una profunda espiritualidad que le llevó a ingresar en la vida religiosa porque era grande su ansia de servir a Dios y a los hombres y así quería entregar y dar su vida.
Sabía, pues, mucho de lo que significa, digamos, padecer físicamente. Pero también sabía más que bien lo que era el padecimiento espiritual. Y nos lo muestra muchas veces en sus textos escritos. Así, en este también.
Ciertamente, hay que saber sufrir. Lo que le pasa al hermano Rafael es que a él sufre sabiendo que puede hacerlo junto a la Cruz de Cristo. Al menos… eso es lo que quiere porque bien nos dice que le gustaría tener fuerzas para sufrir. Y eso lo que ha de querer decirnos no es que no sufra, porque sí sufre, sino que quisiera hacerlo de esa forma tan especial como es hacerlo junto a Cristo, hermano suyo y nuestro y hacerlo, así, junto a la Cruz donde entregó su vida para que todo aquel que quiera se salve…
En realidad, decir que se vive bien sufriendo no quiere decir que le guste, eso, sufrir. Y es que pensamos que tampoco era del gusto de Cristo está allí colgado, muriendo de aquella forma. Lo que pasa es que tanto el Hijo de Dios como el mismo hermano Rafael sobrenaturalizaron el dolor y el sufrimiento y eso los hizo pasar a la historia, primero, como el Hijo que se entrega a la Voluntad de su Padre del Cielo y, segundo, como aquel hermano del Hijo que sabe, en eso, imitar a su hermano y Dios hecho hombre.
Y, además, el hermano Rafael sabe que no está allí solo.
Nosotros sabemos que junto a la Cruz había unas cuantas personas muy allegadas a Jesucristo. Y, entre ellas, su propia Madre, María. Allí estaba, sufriendo lo insufrible y dando ejemplo de cómo ha de actuar quien ama y quien tiene fe. Y a ella se acoge el hermano Rafael y, con él, nosotros también nos acogemos a nuestra Madre del Cielo.
Sufrir, así, con la Cruz, tiene un sentido que va más allá de nuestras obviedades humanas. Y es, además, salvador para nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

Lo que hizo Cristo


Jn 21, 20-25
“20 Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21 Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» 22 Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». 23 Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga». 24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. “


COMENTARIO

El último texto del Evangelio de San Juan es verdaderamente revelador de qué es lo que, a lo largo de su vida predicadora, hizo el Hijo de Dios. Y es que, en verdad, hay mucho que, seguramente, no sabemos.

No extraña, para nada, que Pedro, una vez sanada su herida por Jesucristo, quisiera saber qué sería de su hermano en la fe más joven de los Apóstoles. Y es que Juan había tenido un comportamiento, ¡A qué negarlo!, mucho más digno que el primero de los Apóstoles.

Jesucristo, sin embargo, que bien sabía el papel que, en todo eso, había jugado el joven Juan, quiere que esté con Él… siempre. Y es una manera, como, de decirle a Pedro que él lo que tiene que hacer es seguirlo y no de preocuparse por sus preferencias espirituales.


JESÚS, gracias por saber hacer lo que debías hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de junio de 2019

Y Pedro conoce el Amor

Jn 21, 15-19
"15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». 16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». 17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. 18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». 19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: 'Sígueme'".
COMENTARIO

No podemos negar, tampoco lo hacía él, que Pedro había actuado más que mal cuando negó, por tres veces (y estaba avisado) a su Maestro y Señor. Por eso el hombre debía pasar, desde entonces, por muy malos momentos. Pero todo iba a arreglarse por bien del Amor.

Jesucristo sabía que Pedro lo estaba pasando muy mal y también sabía que lo había elegido para cumplir una gran misión. Y lo perdona. Y no lo hace de cualquiera manera sino que le pregunta tres veces (las mismas que lo había negado su amigo Cefas) si lo quiere. Y Pedro, a la tercera vez, se entristece porque debe creer que su Maestro no lo cree y que no cree que lo ame cuando, en realidad, lo ama y más que lo ama.

Una vez perdonado podemos imaginar que aquel hombre, Pedro, se sentía muy mejor, espiritualmente hablando. Había quedado más que liberado de una carga muy pesada. Y, estamos seguros de ello, sigue a Jesucristo cuando le dice, en efecto, que lo siga. Y lo hizo hasta su propia muerte.


JESÚS, gracias por haber perdonado a Pedro.

6 de junio de 2019

Jesucristo ruega por nosotros

Jn 17, 20-26
"20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, 21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. 26 Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos."
COMENTARIO

El Hijo de Dios sabe que, a lo largo del tiempo (a partir de su partida a la Casa de Su Padre) habrá muchos seres humanos que, aún no habiéndolo conocido en vida, creerán en su persona, en que es el Enviado del Todopoderoso y que había venido al mundo para que el mundo se salvase. Y eso es lo que pide a su Padre, en este discurso, acerca de ellos de todos esos que han de venir y que van a creer en Él.

Jesucristo quieren que cada uno de ellos sean uno como lo son Él mismo y Dios, Creador y Todopoderoso. Y ruega al Padre que eso pueda ser posible y que, así se conozca verdaderamente que Él es Dios hecho hombre y eso salve al ser humano de la perdición y el Infierno.

Quiere, además, el Hijo de Dios, que cada uno de los seres humanos que Dios le había dado y, claro, los que en Él creerán a lo largo del tiempo estén, con Él, en el Cielo. ¡En el Cielo!

JESÚS, gracias por rogar por nosotros, tus hermanos.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2019

Cristo intercede por nosotros

Jn 17, 11b-19
11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. 14 Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. 18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

COMENTARIO

El Hijo de Dios sigue dirigiéndose a su Padre del Cielo para pedir por todos aquellos que el Creador le entregó, en su día, para que los cuidase. Y es que Jesucristo sabe cercana la hora de su muerte y eso le hace estar más que seguro (conociendo a sus discípulos) de que es muy necesario que Dios sepa que ha hecho lo que debía hacer, que los suyos saben a qué atenerse y, pronto, además, lo sabrán mejor.

Jesucristo sabe que a los suyos también los va a odiar el mundo que es lo que a Él le ha pasado. Por eso, en tal sentido, los iguala a sí mismo y pide a Dios por ellos, para que no se pierdan, para que sean guardados de la influencia del Mal y de Satanás.


JESÚS, gracias por interceder por tus hermanos


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de junio de 2019

Estamos salvados: Cristo ruega por nosotros

Jn 17, 1-11a

“1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. 2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. 3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. 4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 5 Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. 7 Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; 8 porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; 10 y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. 11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti’”.


COMENTARIO


Este, digamos, discurso que el Hijo de Dios dirige a su Padre del Cielo, a Dios Todopoderoso, podemos ver que tiene relación directa con sus hermanos los hombres o, en general, con todo aquel que el Creador le había dejado para que, como Buen Pastor, los cuidase.

Cristo tiene más que claro que la vida eterna no es algo metafórico o irreal sino que supone, que existe y que es, amar a Dios sobre todas las cosas y tener a su Hijo como el Mesías. Ahí radica el meollo de toda nuestra fe cristiana y, aquí, católica.

Ruega, por tanto, Jesucristo, por todos aquellos que han aceptado, que aceptan y que aceptaran su Palabra porque es Palabra de Dios. Y en tal confianza se gana la vida eterna. Y es por esos por los que ruega Jesucristo.

JESÚS,  gracias por rogar por nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2019

Confiar, siempre, en Jesucristo


Jn 16, 29-33

“19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’ 20 ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. 22 También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. 23 Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.”


COMENTARIO

Seguramente, si hay algo muy importante en este texto del Evangelio de San Juan no es que Cristo dijera lo que iba a pasar sino que supiera lo que iba a pasar. Y es que, para aquellos que puedan sostener que Jesucristo no sabía quién era, bien pueden quedar en entredicho cuando, al unir lo que entonces dijo y lo que luego pasó… lo bien cierto es que sabía lo que había de suceder porque era, en efecto, el Mesías y el Hijo de Dios.

Aquellos que le escuchan, como podemos entender, debieron quedar consternados ante aquellas palabras. Y es que no es para menos que alguien diga que se irá, en el sentido de morir, pero que habría de volver pronto. Y eso, la circunstancia de volver es lo que debía alegrar a los que habían sido sus discípulos más allegados. Y a fuerza de lo que acabó pasando… estamos seguros que cabían en sí de gozo.

JESÚS,  gracias por cumplir con lo prometido.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2019

Y ascendió al Cielo




Lc 24, 46-53

“46 y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47   y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48       Vosotros sois testigos de estas cosas. 49 ‘Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.’ 50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. 51        Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, 53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.”


COMENTARIO

Lo que tenía que pasar y Jesucristo había anunciado varias veces a sus discípulos… ¡había ocurrido! Por eso el Hijo de Dios les muestra que todo había sucedido tal y como había dicho que sucedería.

Jesucristo sabe a ciencia y corazón ciertos que cuando llegue al lado de su Padre del Cielo, enviará el mundo al Espíritu Santo. Es una promesa que había hecho y que iba a cumplir en tanto subiese, eso, a la Casa de su Padre.

Después de haber visto lo que vieron: la muerte pero, sobre todo, la resurrección de su Maestro, no nos extraña, para nada, que los Apóstoles estuvieran siempre en el Templo. Y es que tenían razones más que suficientes para ello.


JESÚS,  gracias por haber cumplido con todas tus promesas.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2019

Serie el rincón del hermano Rafael - Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo


Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo
“¡Cuántas almas, aún religiosas, ignoran esto! ¡Qué pena! ¡Cuánto tiempo perdido en pláticas, devociones y ejercicios que son santos y buenos…, pero no son la Cruz de Cristo, no son lo mejor!” (Saber esperar, punto 308)

San Rafael Arnáiz, con ser religioso, debía conocer, por decirlo así, el ser y estar de muchos de sus compañeros de instituto religioso. Y esto lo decimos porque las palabras que traemos aquí, algunas de ellas, reflejan la situación (al menos entonces, en su tiempo de vida en el mundo) también se refieren a ellos.
Nosotros sabemos que rezar, que orar, es muy importante para un hijo de Dios. Pero el hermano Rafael nos dice que no siempre es lo mejor. Y no es que no sea importante sino que, en muchos casos, se hace de menos una realidad espiritual que nunca deberíamos olvidar nunca porque no es, sólo, un símbolo espiritual sino, en todo caso, el símbolo espiritual por antonomasia.
Pues sí. Al parecer, muchas veces estamos equivocados, incluso, en nuestra fe.
Perdemos el tiempo, según nos dice San Rafael Arnáiz Barón, cuando hacemos según qué cosas. Y estas palabras nunca las deberíamos olvidar.
De todas formas, no debemos confundir una cosa con otra. Es decir, sí, son muy importante las pláticas, las devociones y los ejercicios espirituales. Y por eso, el hermano Rafael las pone como eso, como importantes para que nuestra fe siga adelante, se alimente. Pero…
Aquí hay un pero.
El pero lo pone San Rafael Arnáiz en lo que verdaderamente es importante de todo esto: la Cruz de Cristo.
Sí, la Cruz, aquellos maderos en los que colgaron al Hijo de Dios con gran ignorancia por parte de muchos y con mucha culpabilidad y complicidad de parte de otros, ha de estar muy por encima de todo aquello, que, de todas formas, es importante para nosotros.
El caso es que a San Rafael Arnáiz, todo esto le da pena. Es decir, no lo deja ahí, sin darle importancia sino que, al contrario, sabe que es una verdadera pena que haya quien, muy a pesar de que lo que pueda hacer en su vida espiritual, no sepa, al parecer, lo que importa, lo que le debe importar a él mismo: la Cruz de Cristo.
Mucho se ha dicho sobre la importancia que tiene la Cruz para un discípulo de Cristo. En general, esto: toda, total, sin nada que pueda tener más.
La Cruz de Cristo se ha de ver reflejada en el quehacer diario de cada discípulo de Cristo. Y si no es así, de poco sirve todo lo que haga en otro tipo de realidades espirituales. Y eso no quiere decir que no sirve da nada sino que servirá, en todo caso, en segundo plano, en segunda posición o, en fin, luego, siempre, de la Cruz de Cristo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Pedir en nombre de Cristo




Jn, 16, 23b-28

“En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. 24 Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. 25 Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. 26 Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 27 pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. 28 Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre”.


COMENTARIO

Cuando Jesucristo, que sabe todo lo que está pasando y lo que va a pasar, se dirige a sus discípulos más allegaros, es consciente de que debe calmar el corazón de aquellos que le han seguido más de cerca. Y por eso les habla de El mismo y de su Padre Dios.

Es cierto que, para que ellos entendieran lo que quería que conocieran, muchas veces les ha hablado con un lenguaje basado en la parábola. Pero bien sabe Jesucristo que pronto, cuando lleguen al Cielo, todo se entenderá, todo se comprenderá mejor o, simplemente, se comprenderá.

Lo último que nos dice el Hijo de Dios es que va al Padre, a su Padre. Y eso quiere decir, entonces, que todo se ha cumplido y debe, aún, enviar al Espíritu Santo. Por eso nos conviene más que nada creer en que Jesucristo es el Enviado del Creador, Dios hecho hombre.


JESÚS,  

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2019

Confiar en la Palabra de Cristo

Jn 16, 16-20
"16 «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». 17 Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre"?» 18 Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir». 19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a  ver?" 20 «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo"

COMENTARIO

En realidad, no es nada raro lo que pasó entonces. Y queremos decir con eso que cuando Jesús comunica a sus Apóstoles que va a morir de la forma cómo va a morir la tristeza era lo que era de esperar. Y eso es lo que pasa porque ellos se preguntan porque no entienden las palabras de su Maestro y eso los desazona más que mucho y pregunta, se preguntan entre ellos.
Ciertamente, la cosa no era para menos porque después de haber estado unos años con aquel Enviado de Dios (creemos que, a tal altura de la vida, sabían que lo era) que les dijera que los iba a abandonar y que se iba a la Casa de Su Padre… en fin, que no era para menos lo que pasa por los corazones de aquellos hombres.
Sin embargo, hay esperanza: el Hijo de Dios les dice que no deben estar tan tristes porque su tristeza se convertirá en gozo y alegría.

JESÚS, gracias por tranquilizarnos con tu regreso.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2019

Ser guiados por el Espíritu Santo

Jn 16, 12-15

12 ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. 13 Cuando venga a él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no halará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. 14 El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.’”

COMENTARIO

Jesucristo sabía, primero, que no podía, que no tenía tiempo, para instruir y enseñar a sus Apóstoles con todo aquello que era necesario que supiera. Sabía que se iba a ir a la Casa de Su Padre. Sin embargo, no iba a abandonar a nadie de los que le habían sido entregados por Dios.
Enviaría, iba a enviar, a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Y lo iba a hacer porque era crucial, en primer lugar, que acabara de enseñar y, luego, que actuara con Defensor, como Paráclito.
Y algo que es muy importante para todo creyente y discípulo de Cristo: Dios y Cristo son Uno y eso es tan crucial para la vida de todo aquel que quiera seguir al Hijo de Dios que desconocerlo supone no saber cuál es el camino que nos lleva al Cielo, a nuestra salvación eterna.

JESÚS, gracias por enviar al Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de mayo de 2019

Gozosos por el Paráclito




Jn 16, 5-11

“5 Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Dónde vas?” 6 Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: 8 y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; 9 en lo referente al pecado, porque no creen en mí; 10 en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; 11 en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.”


COMENTARIO

No es nada de extrañar, ni debe, por tanto, extrañarnos, que cuando el Hijo de Dios dijo a sus discípulos más cercanos que iba a marcharse a la casa de su Padre, mucho sintieran una gran desazón en su corazón.

Jesucristo sabe, de todas formas, que es una realidad que no se puede soslayar y, por tanto, deben saber a qué atenerse y qué va a ser de Su vida y de sus vidas.

Es conveniente que Jesucristo se marche a la Casa del Padre porque, de hacerlo, podrá enviar a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que cumplirá con su misión de forma más que perfecta. Y por eso debían alegrarse.


JESÚS, gracias por enviar al Espíritu Santo a que nos susurre en el corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2019

Paráclito


Jn 15, 26-16,4a


“26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

1 Os he dicho esto para que no os escandalicéis. 2 Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. 3 Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. 4 Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.”


COMENTARIO

El Hijo de Dios sabe que, cuando vaya al Padre, a Su Padre, muchos van a quedar desconsolados. Y les procura tranquilidad espiritual porque conoce a sus hermanos los hombres.

Sabe que, cuando vaya a la Casa del Padre desde allí enviará a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, llamado Paráclito porque es el Defensor de los hijos de Dios.

Resulta, de todo punto, terrible, que diga Jesucristo que sus discípulos serán perseguidos porque, en efecto, así será. Y eso es posible, fue posible porque había muchos que no conocían, siquiera, a Dios.



JESÚS,  gracias por ser dan bondadoso con nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2019

Guardar la Palabra de Dios

Jn 14 23-29

“23 Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él,  y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras.  Y la palabra que escucháis no es mía,  sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. 26  Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo  y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27 Os dejo la paz,  mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.


28 Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros.’ Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre,  porque el Padre es más grande que yo. 29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.’” 

COMENTARIO

Amar a Cristo

No es poco importante atender a las palabras del Hijo de Dios: debemos amarlo pero no porque sea nuestro Maestro (que también) sino porque es Dios mismo hecho hombre. Y ahí radica, está la raíz, de nuestra salvación eterna.

Paráclito, Defensor

De todas formas, vamos a tener ayuda. Cuando Cristo subió al Padre tras su resurrección, envió al Espíritu Santo, llamado Paráclito porque es nuestro Defensor. Y a Él debemos escuchar porque mora en nuestro corazón que es como su templo.

Dejar que Cristo se marche al Padre

Es cierto que podemos ser, que somos, egoístas. Por eso, como aquellos otros nosotros, no queremos que Cristo se marche al Padre. Lo queremos siempre con nosotros aunque era de la mayor importancia que se marchara. Y, gracias a Dios, se marchó.


JESÚS, gracias por marcharte a la Casa del Padre y cumplir con tu misión.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2019

Serie El rincón del hermano Rafael – Encontrar un tesoro así










“Yo no sé rezar, no sé lo que es ser bueno…, no tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría, a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias…, sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, ¡mi cruz…, la Cruz de Jesús! …, esa Cruz que es mi único descanso…, ¡cómo explicarlo!… Quien esto no haya sentido, ni remotamente podrá sospechar lo que es.” (“Saber esperar”, punto 306)

Palabras como éstas dicen mucho de quien las dice:

mundo,
rezar sin saber,
alegría,
virtudes que no se tienen,
miserias que sí se tienen,
y, por fin:
Cruz de Cristo.

El hermano Rafael, que se conoce muy bien a sí mismo y, lo debemos decir, también conoce muy bien a sus hermanos los hombres, sabe a ciencia y corazón ciertos la verdad de lo que pasa por su alma.
Por una parte, sabe que es un hombre de mundo. Y no entendamos esto como que está en el mismo y sigue todo lo que sigue el mismo. No. Quiere decir que es mundano. Y lo dice en desdoro de sí mismo porque eso supone que su mundanidad lo aleja de Dios.
¡Eso lo dice quien, entonces, en su propio tiempo, tenía fama de santidad! ¡Podemos imaginar lo que podemos decir nosotros mismos de nuestra vida!
Pero, por otra parte, sabe a qué atenerse. Es algo más que conocido pero que, en demasiadas ocasiones, tenemos por realidad espiritual de poca importancia cuando es lo más importante que tenemos los discípulos de Cristo: la Cruz, Su Cruz.
En la Cruz se apoya San Rafael Arnáiz Barón porque reconoce en ella mucho más que un símbolo. Y es que en la Cruz de su hermano, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, el consuelo, en ella encuentra. Y es en ella donde puede llorar, ante ella, porque sabe que sus lágrimas son de verdad y no fingen nada que no pase por su corazón.
El hermano Rafael dice que no sabe ser bueno. Sin embargo, algo debe ser cuando se centra en la Cruz de Cristo para ser mejor. Con ella, por tanto, nada malo se aprende y sí todo lo bueno se recibe de parte de Dios. Y San Rafael Arnáiz Barón, que mucho ansiaba su propia salvación eterna, sabía que la Cruz era, por eso mismo, el camino más directo hacia el Cielo, hacia el definitivo Reino de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

Un honor ser odiados por Cristo



Jn 15, 18-21
"18 'Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. 19 Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. 20 Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. 21 Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.'"

COMENTARIO

El Hijo de Dios, como es Dios mismo hecho hombre, todo lo sabe en cuanto que es Dios. Por eso habla de aquello que ha de pasar. Y lo hace a sabiendas de que lo conoce. Por eso nos avisa acerca de lo que puede pasarnos en cuanto discípulos suyos.

Que seremos perseguidos es algo que se ha visto a lo largo de la historia del cristianismo. Y es que se cumple perfectamente eso de que no podemos ser más que el Maestro y, en cuanto a persecución, menos.

En realidad, Jesucristo sabe más que bien las, digamos, razones, de los perseguidores: no lo conocen a Él y, por tanto, tampoco conocen a Dios mismo que lo ha enviado al mundo. Y odia sin saber.


JESÚS, gracias por no ser del mundo

Eleuterio Fernández Guzmán




24 de mayo de 2019

Un nuevo Mandamiento

Jn 15, 12-17
"'12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 No  Os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. 17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros'".

COMENTARIO
Pudiera parecer imposible que después de que Dios entregara a Moisés los Diez Mandamientos algo nuevo pudiera decirse a tal respecto o, lo que es lo mismo, que alguno nuevo pudiera ponerse sobre la Mesa. Dios, sin embargo, tenía una sorpresa en boca de su Hijo.
Lo que nos dice Jesucristo, en el fondo, no es nada nuevo. Y es que los Mandamientos, más que conocidos por todo el pueblo judío, tienen un destino bien claro y que tiene que todo que ver con el Amor: de Dios por su criatura humana; de la criatura humana entre sí.
Jesucristo es bien claro: hemos sido elegidos por Él. Y, por eso mismo, debemos seguir lo que llama nuevo mandamiento: el Amor, amarse unos a otros como amó a los suyos y al prójimo él mismo. Y tal es el tan importante mensaje y consejo que nos muestra el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por amarnos tanto.


Eleuterio Fernández Guzmán