31 de agosto de 2013

Sobre los talentos






Sábado XXI del tiempo ordinario

Mt 25,14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 
‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.


COMENTARIO

La parábola de los talentos es una forma que tiene Jesús de darnos a entender, de dar a entender a los que entonces le escuchaban, que la voluntad de Dios no puede ser aquella que quiere lo peor para nosotros sino, al contrario, lo mejor.

Dios nos entrega, a  cada uno de nosotros, una serie de dones, de gracias, de talentos. Espera que hagamos lo mejor con ellos pues, de otra forma, no tendría, siquiera, que molestarse en hacer tal cosa con sus hijos. Pero, como quiere lo mejor, eso hace.

Unos hacen rendir los talentos mucho pero otros, ¡Ay!, por vagancia o, simplemente, por no creer en tal entrega de parte de Dios, nada hacen con ellos. Así, en primer lugar, traicionan al Creador y, en segundo lugar, se perjudican a sí mismos y a quienes pudieran beneficiarse con ellos.




JESÚS, ayúdanos a hacer rendir los talentos que el Padre nos entregó para no desairar al Creador y cumplir su voluntad.





Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2013

Nos conviene estar preparados





Viernes XXI del tiempo ordinario
Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.


COMENTARIO


Saber qué somos

Aquellas personas que estamos bautizadas sabemos que somos hijos de Dios y que, por eso mismo, no podemos actuar como quien dice que no lo es o como quien está convencido de que no lo es.

Tener en cuenta lo que nos conviene

Antes que nada, aquello que sabemos es nuestro afán es encontrarnos, cuando Dios quiera, en su definitivo Reino y gozar de la vida eterna. Otra cosa no debería interesarnos y, por tanto, deberíamos olvidarnos de acumular en este mundo donde, como sabemos, muchas clases de polillas lo corroen todo.


Estar preparados

Jesús sabe que en cualquier momento podemos ser llamados por Dios para comparecer ante su tribunal. Por eso debemos estar preparados y no hacer como aquellas mujeres necias que confiaron su realidad a la situación de otras mujeres. A cada cual nos corresponde cuidar nuestro corazón y nuestra alma.



JESÚS,  sabes que es muy importante que estemos preparados para alcanzar la vida eterna. Ayúdanos a no caer en la tentación de creer que eso no es importante para nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


29 de agosto de 2013

Juan, el Precursor



Mc 6,17-29

En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO

La vida de Juan el Bautista estaba destinada a ser objeto de mucho escarnio y de mucho escándalo de parte de los poderosos de su tiempo. Como profeta no decía lo querían escuchar aquellos que, entonces, tenían el poder. Y eso le costó la vida.

Juan había anunciado al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y lo hizo en aquel lugar donde bautizaba con agua pero avisaba que Quien tenía que venir lo haría con fuego. Y se refería a su primo Jesús, hijo de María, hermana de su madre Isabel.

El pueblo judía había cumplido, otra vez, con la muerte de Juan, con una trágica tradición: matar, enviar al cielo de forma precipitada, a los que Dios había suscitado de entre ellos para darles aviso de qué era lo que no hacían bien y qué era lo que tenían que hacer Y eso, como suele ser ordinario, no gusta a los que hacen, exactamente, lo contrario de lo que tienen que hacer.


JESÚS, tu primo Juan te bautizó en el Jordán y luego dio su vida por la Ley de  Dios. Ayúdanos a tenerlo como ejemplo de cómo debemos actuar en todas las circunstancias de nuestra vida.





Eleuterio Fernández Guzmán


28 de agosto de 2013

No ser hipócritas

Miércoles XXI del tiempo ordinario

Mt 23,27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!’.”


COMENTARIO


Jesús tenía en mente y en su corazón algo muy importante: desenmascarar a los que llevaban una vida aparente religiosa pero que, en verdad, actuaban muy en contra de la verdadera Ley de Dios y de su santa voluntad. Y contra aquellos, contra los que hacían lo que debían, lanza estas palabras.

Jesús no lo hacía contra todos sino contra aquellos que eran hipócritas y no hacían como decían que hacían. Los corazones los tenían podridos mientras que presentaban, en el exterior de su corazón, una apariencia de fe que era, en realidad, más que falsa.

El caso es que Jesús sabía qué le iba a pasar a lo largo del tiempo y cuál sería su final. Por eso les recuerda que personas como ellos, sus propios padres –por antepasados- habían matado a los profetas que Dios había suscitado entre su pueblo elegido. Y eso era, fue, una verdadera profecía.


JESÚS,  no te gusta nada de nada que se actúe hipócritamente. Por eso acudes en aviso de aquellos que así actúan. Ayúdanos a ser fieles con Dios y francos con nuestra fe.





Eleuterio Fernández Guzmán



No ser hipócritas





Miércoles XXI del tiempo ordinario

Mt 23,27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!’.”


COMENTARIO


Jesús tenía en mente y en su corazón algo muy importante: desenmascarar a los que llevaban una vida aparente religiosa pero que, en verdad, actuaban muy en contra de la verdadera Ley de Dios y de su santa voluntad. Y contra aquellos, contra los que hacían lo que debían, lanza estas palabras.

Jesús no lo hacía contra todos sino contra aquellos que eran hipócritas y no hacían como decían que hacían. Los corazones los tenían podridos mientras que presentaban, en el exterior de su corazón, una apariencia de fe que era, en realidad, más que falsa.

El caso es que Jesús sabía qué le iba a pasar a lo largo del tiempo y cuál sería su final. Por eso les recuerda que personas como ellos, sus propios padres –por antepasados- habían matado a los profetas que Dios había suscitado entre su pueblo elegido. Y eso era, fue, una verdadera profecía.


JESÚS,  no te gusta nada de nada que se actúe hipócritamente. Por eso acudes en aviso de aquellos que así actúan. Ayúdanos a ser fieles con Dios y francos con nuestra fe.





Eleuterio Fernández Guzmán


27 de agosto de 2013

Lo que, de verdad, es importante

Martes XXI del tiempo ordinario



Mt 23,23-26


“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que la misión que le había sido encomendada consistía, sobre todo, en hacer cumplir la Ley de dios. Por eso se enfrenta a los que, debiendo hacer lo mismo, se desvían por caminos egoísta puramente mundanos.


Había que tener en cuenta, en efecto, tanto al justicia divina como la misericordia y la fe. Tales realidades espirituales tenían que ser cumplidas por los hijos de dios y, más que nada, por aquellos que debían dar ejemplo al resto de la sociedad. Si ellos se equivocaban, harían lo mismo con el resto.


Jesús les advierte sobre algo que es muy importante: lo que, de verdad, ha 
de estar limpio, es el interior del hombre, su corazón. Sólo así el resto, lo de fuera, se manifestará de forma, también, limpia. Sin embargo, había muchos que el interior lo cuidaban poco y mucho, en exceso, el exterior.


JESÚS, determinadas cosas las dices en bien de las personas que te escuchan porque sabes cuál es la voluntad del Padre. Ayúdanos a no tergiversar la Ley de dios y a ponerla en nuestra vida tal como es.
Eleuterio Fernández Guzmán

26 de agosto de 2013

Lo que es verdaderamente importante



  

Lunes XXI del tiempo ordinario


Mt 23,13-22

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’.”

COMENTARIO

Jesús sabía que muchos de los que eran tenidos por sabios y conocedores de la Ley de Dios estaban haciendo muy mal su labor. Actuaban de forma tal que podían hacer creer a los que les escuchaban y seguían que lo que hacían estaba bien cuando no lo estaba.

Seguramente era muy común en tiempos de Jesús que le dieran a las realidades espirituales un sentido que, para ellos, era correcto pero, para Dios, totalmente equivocado. Se hacían las cosas en según intereses egoístas y según las conveniencias de aquellos que tenían el poder.

Lo sagrado es sagrado y siempre ha de ser sagrado. No se puede, por lo tanto, poner por delante de lo que es sagrado a lo que es puramente mundano (ejemplo, el oro o la ofrenda del altar) y que nunca puede ser tenido por más importante que aquello que está relacionado con Dios.


JESÚS, muchos de tus contemporáneos estaban muy equivocados en cuanto a lo que era importante para ellos refiriéndose a lo sagrado. Algo parecido nos pasa a nosotros, hoy día. Ayúdanos a comprender lo que, verdaderamente, es importante.


Eleuterio Fernández Guzmán


25 de agosto de 2013

Entrar en la vida eterna

 

Domingo XXI (C) del tiempo ordinario


Lc 13,22-30


En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’. Él les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos’”.


COMENTARIO


Cuando Jesús habla de la vida eterna y, claro, de cómo se entra en ella, sabe perfectamente lo que dice y a qué se refiere. No habla, por lo tanto, de oídas sino que ha visto cómo es y,  por tanto, cuál es la voluntad de Dios al respecto.

Entrar por la puerta estrecha en la vida eterna supone, para nosotros, una vida de lucha continua y de entrega por la causa de Dios y, así, por la nuestra. De otra forma, nos quedaremos en las puertas del cielo sin poder entrar nunca porque, para entonces, ya nada tendrá remedio. Es ahora cuando nos ganaremos nuestra entrada en el definitivo Reino de Dios.

Pero la recomendación general para esto la da Jesús cuando dice que los últimos serán los primeros, algunos, y que los primeros, aquí, serán los últimos. Y esto porque algunos habrán, esperemos poder decir habremos, entendido de qué habla Jesús y otros, para su desgracia, no.


JESÚS, entrar en la vida eterna es lo único que deberíamos tener en mente y en el corazón. Ayúdanos a conseguirlo, hermano y Padre.




Eleuterio Fernández Guzmán

24 de agosto de 2013

Conocer a Jesús es conocer a Dios



Jn 1,45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

Los contemporáneos de Jesús sabían, por su conocimiento de las, hasta entonces, Sagradas Escrituras, que el Mesías tenían que nacer en tal o cual pueblo y nada les podía sacar de tales ideas. También que las cosas eran como les decían que eran.

Jesús, Dios hecho hombre, había visto a Natanael debajo de una higuera. Para quien sabe que Jesús es quien es nada de esto extraña pero para Natanael, que no conocía aún al Hijo de Dios, aquello era expresión, lo era es cierto, de que aquel hombre, aquel Maestro era, en efecto, el Rey de Israel y del mundo.

Pero Jesús sabe que aún tiene que ver, aquel hombre que por poco se sorprendía, muchas cosas que le harían determinar en su corazón lo que aún no sabía ni entendía. Es más, Jesús le profetiza que cuando llegara su Parusía, Natanael asistiría a la misma y lo vería todo.

  


JESÚS, muchos de los tuyos se sorprendía de lo que hacías por ellos y por el mundo entero. Sin embargo, no acababan de comprenderlo todo. Ayúdanos a estar en la verdad de las realidades espirituales.





Eleuterio Fernández Guzmán


23 de agosto de 2013

La verdadera Ley de Dios




Viernes XX del tiempo ordinario


Mt 22,34-40

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’”.


COMENTARIO

Los querían poner a prueba a Jesús lo hacían porque su ignorancia acerca de Quién era parece que no la podían evitar. Preguntarle a Jesús por la Ley de Dios resultaba, cuanto menos, propio de personas que no saben lo que hacen.

Jesús responde como debe responder quien es Dios mismo hecho hombre. Para Dios existen diversas leyes pero todas ellas se resumen en dos que, por decirlo así, contienen a todas las demás: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Así, son sólo dos.

El Hijo de Dios dice algo muy importante: los dos mandamientos citados no es que sean muy, pero que muy, importantes (que lo son) sino que, nada más y nada menos, todo lo demás depende de ellos. Por eso aquellos que le preguntaban debían corregir muchos de sus comportamientos porque, con ellos, demostraban que no amaban del todo a Dios y no digamos a sus prójimos…


JESÚS, los que te preguntan no saben que eres Dios hecho hombre. Por eso son tan atrevidos al hacer eso. Ayúdanos a comprender la verdadera Ley del Padre.





Eleuterio Fernández Guzmán


22 de agosto de 2013

Acudir cuando Dios nos llama



Jueves XX del tiempo ordinario
Mt 22,1-14

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.


COMENTARIO


Dios llama a todos

Nuestro Padre celestial quiere tener siempre a sus hijos junto a sí. Por eso, de muchas formas, se dirige a nosotros para hacernos la llamada acerca de nuestra ida al definitivo Reino de Dios. No discrimina, no olvida a nadie.

No aceptar la llamada del Creador

Es cierto que Dios nos ha regalado la libertad. Pero libertad tan cierta que nos está permitido, incluso, no hacer caso cuando nos llama y mirar para otro lado porque estamos a las cosas del mundo con sus mundanidades. Somos libres, por eso, también para actuar así.

Cómo presentarse ante Dios Nuestro Señor

De todas formas, no podemos presentarnos ante Dios de cualquiera manera. El Creador nos quiere limpios de corazón y de alma, espíritu blanco y no torcido. Tenemos, pues, que estar preparados y la mejor manera para eso es llevar una vida espiritual acorde a su voluntad.


JESÚS, quieres que vayamos al Padre. Pero sabes que no vale cualquiera manera de ir al Creador. Ayúdanos a tener el corazón y el alma preparadas para tal momento.





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2013

Ser de los últimos




Miércoles XX del tiempo ordinario


Mt 20,1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.

COMENTARIO

Dios no deja de buscar a sus hijos porque los/nos ama. Por eso en cualquier momento de nuestra vida sale a los caminos del mundo, se nos aparece en diversas formas para que nos demos cuenta de que nos quiere a su lado, trabajando para su viña.

Los hijos de Dios escuchan su voz pero en demasiadas ocasiones entienden otra cosa distinta, muy distinta, a lo que quiere el Creador. Así, como aquellos jornaleros, actuamos de forma egoísta no pensando en el bien ajeno sino, exclusivamente, en nosotros mismos.

Los que son considerados últimos son aquellos que, a lo mejor, no han tenido, en su vida, unas circunstancias adecuadas para su desarrollo (material, espiritual, etc.) Sin embargo, para Dios es más que posible que sean más importantes que aquellos que se creen todo en este mundo sin darse cuenta de que, aquí, todo lo corroe la polilla.

JESÚS, muchos últimos serán los primeros. Eso debería hacernos pensar en ser, mejor y antes que nada, de los últimos por el servicio al prójimo. Ayúdanos, Hijo de Dios, a conseguirlo.





Eleuterio Fernández Guzmán


20 de agosto de 2013

Saber lo que vale la pena




Martes, 20 de agosto de 2013




Martes XX del tiempo ordinario

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’ Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Es seguramente cierto que Jesús tenía de la riqueza un sentido puramente utilitario: está bien cuando se utiliza con sentido caritativo y misericordioso; está mal cuando sólo tiene fin egoísta. Por eso a los ricos que hacían uso de su riqueza de una forma no caritativa les estaba vetada la entrada en el cielo.


No es poco cierto que, incluso los apóstoles, tenían pensamientos muy humanos. Se preocupan por lo que van a tener. Ellos suponían que lo iban a tener en el tiempo de entonces, en su vida terrena. Pero Jesús tiene algo mucho mejor para ellos y para todo el que le siga.

Quien todo lo deja por Cristo pero lo deja de verdad (sin mirar atrás, por ejemplo) obtendrá el mejor regalo que se puede pedir y se puede soñar: la vida eterna donde el gozo es para siempre, siempre, siempre. Por eso muchos de los que se creen primeros pero, en realidad, nada hacen de la voluntad de Dios, han de ser, por fuerza, los últimos en la vida eterna. Eso si acaso llegan a ella…


JESÚS, los que te siguen han de saber qué les espera: malo y bueno. Malo sobre persecuciones; bueno sobre la vida eterna. Ayúdanos a ir tras de Ti y a acercarnos, lo más posible, a la vida que nunca acaba.





Eleuterio Fernández Guzmán


19 de agosto de 2013

Cumplir, de verdad, con la caridad





Lunes XX del tiempo ordinario
Mt 19,16-22

 En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

COMENTARIO

Anhelar la vida eterna

Aquel joven quería vivir eternamente en el definitivo Reino de Dios. Expresaba la voluntad de aquel pueblo que fue elegido por el Creador y que tantas veces traicionó su fidelidad hacia el Todopoderoso.


Cumplir la Ley de Dios

Lo que le e Jesús es que ha de cumplir, con exactitud, la voluntad del Creador, su Ley. Y le cita los Mandamientos para ver si aquel joven ha sido coherente con la fe que dice tener. Y, en efecto, aparentemente lo ha sido.


Aceptar la caridad como realidad

Pero la voluntad de Dios tiene como Ley suprema de su Reino la caridad, el amor. Aquel joven lo ha dejar todo atrás, venderlo todo y dárselo a los pobres. Entonces... la realidad mundana y humana del joven puede más que el Dios a quien tanto dice amar. Ha actuado de forma egoísta y se ha alejado, precisamente, de la vida eterna que tanto quería alcanzar.


JESÚS,  nosotros también somos, muchas veces, como aquel joven que, aparentemente cumplía la Ley de Dios. Ayúdanos a no caer en la tentación de hacer como si fuera verdad lo que, en realidad, no lo es.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2013

Estar con Cristo


Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a encender fuego en el mundo, ¡y cómo querría que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba ¡y cómo he de sufrir hasta que haya terminado! ¿Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues os digo que no, sino división. Porque, de ahora en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra’”.


COMENTARIO

Lo que dice Jesús en este texto del evangelio de san Lucas es muy importante porque viene a poner sobre la mesa las razones exactas de su venida al mundo como Dios hecho hombre.

El fuego del que habla Jesús es, sin duda, el del Espíritu Santo. Purifica, como fuego, aquello que está podrido y limpia, así, el mal que pueda haber en el corazón de los hombres. Pero, para eso tiene que ser aceptado por aquellos a los que va dirigido.

Es cierto que lo que dice Jesús es muy duro. Dice, por ejemplo, que ha venido a traer división. Y es bien cierto que, a causa de Él muchos se pondrán a favor y otros en contra. Incluso dentro de las propias familias unos estarán con Cristo y otros contra Cristo.


JESÚS,  la división que has traído al mundo es una división santa porque muestra, exactamente, al que está contigo y al que está contra ti. Ayúdanos a ser del grupo de los que te siguen y no de los que te calumnian.



Eleuterio Fernández Guzmán


17 de agosto de 2013

Ser como niños




Sábado XIX del tiempo ordinario


Mt 19,13-15

“En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús los niños, junto con las mujeres, no eran muy tenidos en cuenta. Por eso era muy importante que un Maestro como Jesús los tuviera muy en cuenta.

Los discípulos adultos de Jesús actuaban como se esperaba que actuaran. Cuando los niños quieren acercarse al Maestro tratan de apartarlos de él porque creen que le van a molestar. Sin embargo, no acababan  de entender lo importante que eran y que son.

Jesús sabe que sólo quien tiene un corazón limpio y no lleno de negruras alcanzara el definitivo Reino de Dios. Los niños eran, precisamente, los que así actuaban. Y era en ellos en quienes tenían que mirarse los que, precisamente, no querían saber nada de ellos.


JESÚS,  los niños, su corazón aún limpio, son seres humanos a los que tú tienes muy en cuenta. Sin embargo, a los adultos pudiera parecernos que no comprenden y no entienden. Ayúdanos a ser, en tantas cosas, como ellos.





Eleuterio Fernández Guzmán


16 de agosto de 2013

La Ley de Dios no es la de los hombres



Viernes XIX del tiempo ordinario
Mt 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 
Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO

Jesús dijo que había venido no a abolir la Ley sino, muy al contrario, a hacer que se cumpliera. Y eso es lo que trata de que sea comprendido por aquellos que le escuchan y le siguen porque una cosa es lo que los hombres habían entendido por Ley de Dios y otra, muy distinta, lo que en realidad era.

Jesús pone muchos ejemplos para explicar el sentido verdadero, exacto y cierto de la Ley de Dios. El divorcio no es entendido por Dios porque lo que ha unido el Creador no puede separarlo el hombre. Decir esto estaba muy en contra de lo que se sostenía en el pueblo elegido por el Todopoderoso.

Pero, además, la condición de célibe para seguir a Cristo no es que no fuera bien vista sino que la tenían por muy difícil Por eso Jesús les dice que sólo quien tenga gran fe puede pasar por la situación de no contraer matrimonio para darlo todo por Él y por Dios mismo.

JESÚS,  les explicas a lo que te escuchan que cumplir con la Ley de Dios no es lo mismo que hacer lo propio con la de los hombres. Ayúdanos a ser fieles a Dios y no a las manipulaciones de los que puedan tergiversar la Ley divina.



Eleuterio Fernández Guzmán